jueves, 30 de abril de 2026

    Los cafés del recuerdo

    Por Julia Iribarne


    La Biela


    Homero Manzi


    Tortoni


    Las Violetas


    El Federal

    Aún se respira ese aire de olvido y melancolía. Memoria de un recuerdo inolvidable, sus paredes rescatan las fotografías en blanco y negro que alguna vez retrataron a personajes célebres de la literatura y la política argentina.
    Extensas noches de cafés y charlas íntimas parecen revivir en los bares de Buenos Aires, aquellos que a pesar de los años se mantienen intactos, como si las agujas del reloj se hubieran detenido en el tiempo.
    Hace ocho años, la Legislatura porteña creó la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables con el objetivo de proteger, conservar o restaurar estos lugares considerados patrimonio cultural.
    La Ley 35, sancionada por la Legislatura, define como notable “aquel café, bar, billar o confitería relacionado con hechos o actividades culturales de significación; aquel cuya antigüedad, diseño arquitectónico o relevancia local le otorgue un valor propio”.
    Dentro de esta distinguida clasificación se encuentran, entre otros, el Café Tortoni, Las Violetas, La Biela, Homero Manzi, El Federal y Seddon.
    Para mantenerlos en el imaginario colectivo, la Comisión “los incluye en circuitos patrimoniales de la Dirección General de Patrimonio, crea recorridos turísticos de la Dirección General de Turismo (GCBA), ofrece espectáculos de música y canto de manera gratuita u otorga subsidios para la realización de obras de restauración o mantenimiento de su arquitectura original”, explica su presidente, Horacio Spinetto.
    Con sus casi 150 años, el Café Tortoni es el bar notable más antiguo de Buenos Aires. Fue inaugurado por un joven francés llamado Jean Touan, en 1858. Su nombre proviene de un barcito parisino ubicado en el Boulevard des Italiens, donde se reunía la élite del siglo XIX.
    En un principio, el Tortoni funcionó sobre la calle Esmeralda, a metros del Hospital de Mujeres. A fines de siglo, fue adquirido por otro francés, Celestino Curutchet, quien inauguró la entrada con dos accesos por la Avenida de Mayo, que iba desde la Plaza hasta la avenida Entre Ríos.
    Este distinguido personaje, impulso la moda parisina en Buenos Aires, al ocupar la acera con mesas para tomar el café, el chocolate o la clásica leche merengada con helado de leche, crema, azúcar, canela y clara de huevo.
    A pesar del paso de los años, la decoración del Tortoni se mantiene intacta, como si el tiempo no hubiera transcurrido. Junto al salón principal se encuentran tres pequeñas salas. Una de ellas es el salón “César Tiempo”, donde antes se ubicaba la peluquería para hombres.
    Decorada con fotografías en blanco y negro, sillones y espejos, todavía mantiene íntegra la calidez de aquellos inmemorables momentos donde los peluqueros cortaban el cabello y afeitaban las barbas.
    Actualmente, esa sala se convirtió en una completa biblioteca con más de mil libros sobre la historia y las costumbres de la ciudad.
    Otro de los salones del Tortoni es el de los billares, iluminado con hermosas lámparas de vidrio y decorado con una boiserie de roble y mesas de billar.
    La última sala de este bar es “Alfonsina Storni”, bautizada en un primer momento como Salón para Familia. Según parece, el nombre se modificó en honor a esta famosa escritora, una de las únicas mujeres que frecuentaba el Tortoni y que se animaba a platicar con escritores renombrados como Adolfo Bioy Casares o Federico García Lorca.
    Por último, se encuentra la bodega del subsuelo, donde actualmente se realizan conciertos y grandes espectáculos musicales.
    La Biela fue otro de los bares notables elegidos por intelectuales de la talla de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Ernesto Sábato.
    Ubicado en la esquina de Quintana y Roberto Ortiz, en pleno barrio de la Recoleta y rodeado por la Iglesia Nuestra Señora del Pilar y el Cementerio de los Monjes Recoletos, La Veredita, tal como se lo bautizó hace más de 150 años, fue el centro de reuniones de los amantes de los automóviles.
    Justamente, ese fanatismo fue el instigador del cambio, pasándose a llamar La Biela Fundida y luego, simplemente, La Biela.
    Rescatando ese valor indiscutido que posee el café porteño, las paredes de La Biela, atesoran, desde los famosos radiadores Hispano Suiza y antiguos faroles y bocinas viejas, hasta fotografías de los más prestigiosos corredores automovilísticos, como Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón de la Fórmula Uno, José Froilán González y Clay Reggazzoni.
    Las fotos más distinguidas son las que están sobre la barra y que, extrañamente, fueron tomadas por la cámara fotográfica del escritor Adolfo Bioy Casares para ilustrar uno de los libros escritos por Borges.
    Con el glamour propio de la moda parisina y al igual que el Tortoni, La Biela, declarada Sitio de Interés Cultural en 1999, colocó mesas y sillas en la vereda para poder disfrutar del clásico café expreso desde la mañana, o del té de las cinco bajo la sombra del centenario gomero hindú.
    Sin embargo, la tradición del five o’clock pertenece a la tradicional confitería Las Violetas. Tortas, masas, chocolate caliente y sabrosos tés nacionales e importados caracterizan la carta de esta confitería porteña fundada un 21 de septiembre de 1884, el día de la primavera, y que dio origen a su nombre.
    A su apertura concurrieron diferentes personalidades del espectáculo y de la política, hasta el entonces ministro y futuro Psresidente de la Argentina, Carlos Pellegrini, se hizo presente en la esquina de Medrano y Rivadavia, acompañado por sus amigos y colegas.
    En el año 1920, se realizaron algunas modificaciones y se construyó el actual edificio con sus puertas de vidrios curvos, sus vitrales franceses, sus arañas doradas y sus pisos de mármol italiano.
    Como la mayoría de los bares porteños, Las Violetas también cerró sus puertas por algunos años. En 2001, se decidió reabrirla con todo el brillo y el glamour que la caracterizó en aquellos años felices.
    El trabajo de restauración y remodelación de la confitería no fue sencillo, se pulieron las arañas, se remodelaron todas las mesas y hasta se revistió la boiserie.
    De esta manera, se recuperó gran parte de la memoria de Las Violetas, declarada Lugar Histórico de la Ciudad y que hasta hoy atesora en sus mesas amistades, anécdotas y romances de café.

    La esquina arrabalera
    San Juan y Boedo es considerada la esquina del tango. Letras nostálgicas y música de bandoneón repican en las paredes del Homero Manzi, uno de los bares notables de Buenos Aires declarado Área de Protección Histórica por la Legislatura.
    Sin lugar a dudas, es el más antiguo de Boedo y una leyenda histórica para el barrio del 2×4. Nació en 1927 y se lo conoció con muchos nombres, como Canadian, El Aeroplano o Nippón. Recién en 1982 adquirió el nombre de Homero Manzi.
    Es que, según dicen, este poeta y periodista escribió allí los versos del tango Sur, sentado en una de las mesas del bar, entre 1948 y 1950.
    Bodegón de barrio, de charlas de café y vermú, Homero Manzi fue el centro de reunión de intelectuales como Roberto Arlt o Alfredo Palacios que buscaban un refugio en el corazón del tango porteño.
    Las persianas de este bar también se bajaron y en 2001, Eulogio Pérez Ogando y su socio decidieron restaurarlo y decorarlo al estilo de los cafés de la década del 40.
    La fachada se mantuvo intacta, pero el interior se remodeló colocando madera de cedro en las paredes y en la barra y mármol en las mesas.
    El estilo del bar esta demarcado por aquellos objetos personales que pertenecieron a Homero Manzi, como su máquina de escribir, sus cuadernos o su partida de nacimiento.
    Las diferentes propuestas gastronómicas como el Che Bandoneón o la Gran Malena, se presentan junto al espectáculo de tango conformado por un elenco estable de artistas. Sin lugar a dudas, un rincón porteño ideal para disfrutar del tango y soñar, aunque sea por un momento, que es el santiagueño Manzi quien escribe Sur en la mesa de al lado.
    En la calle Defensa y alejado del sentimiento arrabalero de Boedo, se encuentra Seddon, otro de los bares notables de Buenos Aires.
    El barrio de Monserrat es una novedad para este bar, que tuvo que abandonar la calle 25 de mayo al 700 para ubicarse en la esquina de Defensa y Chile, en 2001.
    Sin embargo, la historia de Seddon comienza en la zona del “bajo” en el 40, convertida en el centro de diversión nocturna para portuarios, con bares para marineros, pequeños hoteles y grandes pensiones.
    Seddon abrió sus puertas en 1980 en el mismo lugar donde años antes funcionó Las Tres Bolas, un típico boliche en el que los hombres se juntaban a jugar al truco y a las bochas.
    Acogedora y enigmática, la decoración no sólo atrajo a los turistas, sino también a reconocidos directores, pintores y cantantes, como Fito Páez, Pérez Celis, Ricardo Carpani, Eliseo Subiela o celebridades internacionales de la talla de los integrantes del grupo U2.
    Hace cinco años, el café tuvo que mudarse al no renovar el contrato de locación y se instaló en la calle Defensa al 600.
    El mobiliario es el mismo, las mesas, las sillas vienesas y la barra, que pertenecieron a diferentes bares del microcentro porteño, continúan siendo parte del bar.
    Lo mismo sucede con la caja registradora, perteneciente a una mercería, y con las lámparas, las tulipas y las arañas que, años atrás, fueron encontradas en un anticuario.
    Las paredes del renovado Seddon son un museo de óleos pintados por diferentes artistas, entre ellos un original de Carpani, partituras de Angel Villoldo y antiguos relojes de madera, carteles de calles o letreros que anuncian “venta de verduras”.
    Entre cafés, sabrosas picadas con cervezas y música agradable, este bar invita disfrutar y a observar cómo pasa la historia a través de los objetos.
    A pocas cuadras se encuentra El Federal. Ubicado en la esquina de Carlos Calvo y Perú, en pleno barrio de San Telmo, este almacén, que alguna vez también funcionó como despacho de bebidas, fue reabierto por su nuevo propietario, Pablo Durán, hace casi cuatro años atrás con el objetivo de resguardar la cultura de la ciudad.
    Al entrar por la puerta de madera, lo primero que se percibe es la barra, también de madera, decorada por un colorido vitreaux que rememora aquellos tiempos de pulpería cuando se lo conocía como “El boliche de López”, en 1864.
    Luego, se transformó en un almacén de ultramarinos con despacho de bebidas y, por último, en un almacén de ramos generales. Entre 1925 y 1935 también fue prostíbulo y, diez años después, se convirtió en despacho de bebidas hasta su cierre, en la década del 60.
    El Federal, nombre que adquirió por pura coincidencia o realmente debido a la eterna lucha entre federales y unitarios, es, en la actualidad, uno de los bares más pintorescos de San Telmo.
    Manteniendo una línea arquitectónica, todavía persisten las mesas y sillas de madera, la fiambrera Berkel y el reloj antiguo sobre la barra que, aunque ya no funciona, mantiene intactos viejos momentos.
    En el salón más pequeño, se encuentra la barra que perteneció al antiguo almacén y una pequeña librería con libros para comprar o leer mientras se deleita una picada, la especialidad de la casa, o algún que otro plato gallego sencillo, pero exquisito.
    Antiguas latas de arroz, de bizcochos o de tés decoran las vitrinas y los muebles de El Federal.
    Es que en este bar, donde se filmaron películas como Desde el abismo o Cafetín de Buenos Aires, todavía persisten el estilo y la tradición de los primeros años.
    Sin lugar a dudas, historias, personajes y anécdotas rodean estos bares notables de Buenos Aires. Tortoni, Seddon, Las Violetas, El Federal, Homero Manzi o La Biela son algunos de los rincones más preciados de la ciudad considerados Patrimonio Histórico de Buenos Aires.
    Ellos soportan airosos el paso del tiempo, quieren resistirse al olvido, buscan mantenerse vivos en cada uno de los barrios porteños. Ellos son los cafés del recuerdo, los bares de la memoria que, a pesar de los años, continúan siendo el punto de encuentro de los romances, las nostalgias, las amistades y las alegrías. M

    Información adjunta de interés:
    Tortoni: Avenida de Mayo 825. Tel. 4342-4328
    Seddon: Defensa 695. Tel: 4342-3700
    El Federal: Carlos Calvo 395. Tel: 4300-4313
    Las Violetas: Av Rivadavia 3899. Tel: 4958-7387
    Homero Manzi: San Juan 3601. Tel: 4957-8488
    La Biela: Av Quintana al 600. Tel: 4804-4135

    Fotos: Diego Fasce