viernes, 1 de mayo de 2026

    Costumbres argentinas

    Por Martín Cuccorese


    Foto: Gabriel Reig

    Standard
    Fitz Roy y Guatemala, Palermo Soho.
    Tel. 4779 2774.
    Lunes a sábado, mediodía y noche. Domingo cerrado.

    Los nuevos restó abren sus puertas con orientaciones de culinaria fashion étnica y/o fusión sin miramientos hacia el comensal originario de las pampas, quien necesita la dosis obligada de pastas y milanesas para no perder la costumbre. Standard no da lugar al sayimi ni a fusiones del Pacífico, estilo LA (Los Angeles). El menú propuesto es breve, pero de una brevedad inteligente que no deja a nadie afuera, ni a herbívoros ni a carnívoros. A su vez, los platos principales están pensados con la abundante idea de ser compartidos. Otra clave, a pesar del menú “argento”, no es un restó familiar; más bien da para encuentros con amigos o parejas, en situación décontracté.
    Nos dimos una vuelta un jueves por la noche, día ideal, sin saturaciones humanas. Como aún eran las 21.30 hs decidimos abrir un poco el apetito con un pisco sour “acholado” ($21). Vale la pena mencionarlo por la muy interesante variedad de pisco peruano –muy difícil de conseguir– que Standard ofrece, tanto para el desarrollo del sour como para beber solo. Acepte las recomendaciones del bartender, no solamente es peruano sino que también sabe.
    El apetito no se hizo esperar. Comenzamos con “gallina y foie” ($19) que es el resultado de una combinación de hígados y carnes (aves y mamíferos), en textura foie para untar. Viene acompañado de pepinillos dulces. La combinación es sabrosa aunque, debemos decir, que para paladares no acostumbrados a sabores lípidos puede resultar algo intenso. Otra propuesta interesante son las “empanadas de cebolla” (tres por $16, probamos una por curiosidad), con queso, más suaves. Al momento de los platos principales dividimos la búsqueda. El ADN argentino nos inclinó, primero, por una “milanesa napolitana” ($28) acompañada de mandioca frita ($8). Se trata de un plato también contundente, la milanesa (de lomo) lleva una fina lonja de bacon, que conformará a dos comensales tranquilamente y por qué no, a tres, si el hambre no arrecia. Acto seguido, el segundo plato principal, “arroz sustancioso” ($25) –ideal para compartir al mediodía–. Se presenta con pollo, achicoria, arvejas y morcilla desgranada. Rico y con un lúdico intercambio de texturas entre el arroz y la morcilla por un lado, y las verduras por otro.
    Luego de un breve descanso cerramos con “dulce y queso” ($12). Este no tiene nada que ver con el porteño “postre vigilante”, sino que rinde tributo a la cocina regional del país: quesillo hilado de vaca, higos y batatas en almíbar, y cuaresmillo (el durazno típico cuyano). Aquí paramos. No obstante, en oportunidad, también probamos “ravioles de espinaca y seso” ($26), no los dejen pasar. Por último, el lugar también ofrece por pedido otros platos vernáculos (cochinillo, locro, chivito) que preparan de acuerdo al número necesario de comensales.
    La tourné fue acompañada por un Amalaya tinto de bodega Colomé ($31), también hay vinos en copa ($10 aproximadamente).
    La ambientación es agradable y enfatiza en la visibilidad del lugar a través de grandes ventanas. Las mesas se disponen correctamente (cubiertos $3 p/p). Un detalle: el agua ($6) se sirve en tradicionales vasos.
    Complementó esta agradable noche, el buen servicio y el timming de cocina. En todo momento, el mesero respondió las preguntas con solvencia.
    Standard redondea una propuesta sin baches para quienes desean reencontrarse con algunos sabores argentinos. Y está muy bien. M