jueves, 23 de abril de 2026

    Esperanza para pacientes y médicos en el tratamiento de la diabetes

    Por supuesto, no revierten los efectos de un mal –que afecta, por ejemplo,
    a unos veinte millones de estadounidenses– que se vincula con obesidad
    y falta de actividad física. Por ende, los especialistas advierten que
    (en el futuro previsible) la diabetes continuará siendo una enfermedad
    de avance paulatino, con complicaciones devastadoras.
    Lo que es evidente –como lo demostró el reciente congreso mundial
    sobre la especialidad que se realizó en Buenos Aires– es que se
    avecinan cambios sustanciales en los modos de tratar la enfermedad y de prevenir
    sus consecuencias.
    Con el mercado anual de tratamientos diabéticos en vías de pasar
    de US$ 15.000 millones ahora a no menos de 25.000 millones hacia 2011 (más
    de 66%), las compañías farmoquímicas están invirtiendo
    a gran ritmo. Datos expuestos en la última conferencia anual de la American
    Diabetes Association
    (ADA), en junio pasado, señalan que ya se han
    logrado algunos éxitos. Uno de los nuevos tratamientos, Byetta (inyectable)
    está ya en plaza. Otro, Exubera –insulina inhalable–, ha
    sido probado y llegará a las farmacias estadounidenses este mes o el
    próximo. Los restantes, Galvus y Januvia (píldoras), esperan ser
    autorizados por la administración federal de alimentos y drogas (FDA)
    a principios de 2007.

    Gente optimista
    “Hay motivos de optimismo” cree el doctor John Buse, director del
    Centro para Diabetes, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad de North
    Carolina. “Disponemos ahora de compuestos capaces de controlar la diabetes
    2 en 90% de los pacientes”.
    Byetta, presentada en junio de 2005, causa notable pérdida de peso en
    muchos enfermos tratados, a la inversa de casi todas las terapias existentes,
    que suelen producir aumentos de peso y, a veces, pueden agudizar el mal. Por
    otra parte, estudios hechos en animales sugieren que Byetta podría permitir
    al páncreas reconstituir células insulinógenas, proceso
    crucial para frenar la diabetes.
    El específico se ha popularizado tanto que los fabricantes, Amylin Pharmaceuticals
    y Eli Lilly, tienen problemas para cubrir la demanda. Semanas atrás,
    empezaron a solicitar a los médicos postergar el inicio de tratamientos
    hasta que una nueva planta esté operando (quizás tome varios meses).
    Los analistas bursátiles se entusiasman ante las perspectivas comerciales
    y financieras de los cuatro medicamentos. Anticipan para cada uno ventas mundiales
    por US$ 1.000 millones al año. Como es habitual, sus precios excluyen
    a dos tercios del planeta: los costos pueden alcanzar US$ 1.500/2.000 anuales
    por paciente. Bastante más que las terapias actuales.
    No obstante, Byetta está siendo bien aceptada por los aseguradores médicos.
    Galvus y Januvia probablemente tengan igual éxito. Sucede que las complicaciones
    diabéticas suelen resultar tan caras que cualquier tratamiento se condiciona
    a los costos. Así afirma Richard Evans, de la banca inversora Sanford
    C. Bernstein & Co.

    Algunos problemas
    Según el analista, Exubera podría encontrar más dificultades
    con las coberturas médicas, dado que es sólo una nueva forma de
    los tratamientos existentes. La insulina inyectable, al respecto, insume unos
    US$ 1.200 anuales por paciente.
    Los enfermos de diabetes tipo 2 pierden gradualmente la capacidad natural de
    generar insulina, una hormona segregada por el páncreas que controla
    los niveles de azúcar en sangre. En el proceso, sus organismos se hacen
    más resistentes a la insulina que producen y, en las últimas etapas,
    surgen complicaciones como ceguera y gangrena (ésta lleva a amputaciones).
    Las actuales drogas contra la diabetes actúan disminuyendo el azúcar
    en el torrente sanguíneo, sea sensibilizando el cuerpo a la insulina,
    sea haciendo que el páncreas genere más. Pero, con el tiempo,
    las terapias convencionales tienden a perder efectividad y la mayoría
    de pacientes deben eventualmente inyectarse a sí mismos. Por eso los
    nuevos específicos resultan tan atractivos.
    Galvus, de la suiza Novartis, y Januvia –Merck estadounidense– elevan
    el nivel de una hormona natural que se libera vía estómago e intestinos
    durante la comida. Esta hormona, llamada GLP-1, estimula en el páncreas
    mayor generación de insulina y, simultáneamente, bloquea la producción
    de azúcar por vía hepática.
    Menos efectos colaterales
    Galvus y Januvia, conocidas también como gliptinas, parecen tener menos
    efectos colaterales y combinan bien con otras drogas antidiabéticas.
    Así lo sostienen estudios presentados en la conferencia de la ADA por
    sus fabricantes. Mientras tanto, la FDA sigue haciendo pruebas.
    “Son otra clase de compuestos y serán de mucha ayuda”, sostiene
    el doctor Joel Zonszein, jefe de clínica diabética en el centro
    médico Montefiore (Bronx).
    No obstante, Galvus y Januvia no parecen aún tan potentes como la metformina
    para reducir los niveles de azúcar en sangre. Pero, dados sus efectos
    colaterales benignos, probablemente sean administrados junto con un grupo de
    compuestos existentes –llamado sulfoinilureas–, como segunda o tercera
    terapia.
    Las sulfonilureas hacen subir de peso a muchos pacientes. También presuponen
    alto riesgo de hipoglucemia, es decir bajo nivel de azúcar en sangre,
    una condición potencialmente peligrosa que suele darse cuando los niveles
    de insulina suben demasiado rápido. Aun así, Wall Street cree
    que las ventas de Galvus y Januvia quizás alcancen –cada una–
    US$ 2.000 millones al año.

    Inhalable vs. inyectable
    La cuarta novedad es Exubera, insulina inhalable de Pfizer, que la FDA aprobó
    en enero y entró al mercado en junio. Insulina, tratamiento común
    para la diabetes desde los años 20, sigue siendo el método más
    potente para controlar el azúcar en sangre y hoy lo emplean unos cinco
    millones de estadounidenses. Pero, hasta ahora, sólo venía en
    forma inyectable. De ahí que, según Pfizer, Exubera será
    adoptado por quienes no sean proclives a autoinyectarse.
    Eso indica el doctor Michael Berelowitz, vicepresidente primero de Pfizer, a
    su vez endocrinólogo. Empero, otros expertos sostienen que las ventajas
    de Exubera han sido exageradas, en particular porque ensayos clínicos
    han demostrado que la droga reduce levemente la capacidad respiratoria. ”Pacientes
    y médicos deberán sopesar cuidadosamente riesgos y beneficios”,
    observa Buse.
    Entretanto el éxito de Byetta ha hecho que algunos profesionales se pregunten
    si la gente odia inyectarse tanto como imagina Pfizer. Como la insulina, Byetta
    se inyecta. A diferencia de la insulina, causa significativa pérdida
    de peso en muchos pacientes, pero no parece ofrecer riesgo de hipoglucemia.
    Eso sí: puede producir severas náuseas.
    Eli Lilly y Amylin, que fabrican juntamente Byetta, no hacen publicidad orientada
    a la gente y prefieren un marketing dirigido a profesionales. No obstante, cerca
    de 200.000 personas toman Byetta, señalan las empresas, y se calculan
    ventas próximas a los US$ 400 millones este año.
    Mientras, ambas compañías ensayan una versión que requerirá
    sólo una inyección por semana, no ya una cada día. Si lo
    aprueban, ese compuesto –llamado exenatida LAR– podrá llegar
    fácilmente a US$ 1.000 millones en ventas anuales.
    Alan Garber, profesor de medicina, también sostiene que a los pacientes
    no les molesta inyectarse Byetta, dados sus efectos contra el aumento de peso.
    Por otro lado, experimentos en animales parecen revelar que el específico
    puede hacer que el páncreas –la clave de todo– reconstituya
    células beta, que generan insulina. Garber así lo cree y, de paso,
    aclara que no es consultor de Eli Lilly ni Amylin. Por las dudas.
    El doctor Dennis Kim, jefe de investigaciones médicas en Amylin, confirma
    que su firma y Eli Lilly trabajan para determinar si Byetta puede ayudar a las
    células pancreáticas a regenerarse. “Llegar a resultados
    será arduo –explica Kim-, porque no es posible éticamente
    pedir voluntarios para biopsias pancreáticas”. “Me encantaría
    disponer de datos concluyentes sobre semejantes efectos a largo plazo. Por hoy,
    la teoría sigue sin probarse”. M