Un pueblo, una plaza, una esquina. Así en estas sencillas palabras podríamos resumir el emprendimiento que llevan adelante, desde el año pasado, el chef Francis Mallman y los hermanos Antonio y Manuel Mas de la mendocina bodega Finca La Anita. A fines del 2004, una vez abierto, algo se rumoreaba por Buenos Aires del nuevo lugar. Los cuchicheos sirvieron para que más de uno, auto en mano, condujese unos veinte minutos, desde José Ignacio, para llegar hasta Garzón y curiosear un poco, beber algo o cenar.

A pesar de la cercanía con Punta del Este -menos de cuarenta minutos-, Garzón Hotel & Restaurante queda casi en las antípodas de la febril city balnearia. De ser posible una comparación, está más cerca de las chacras de las cercanías de Punta Ballena; no sólo por paisaje, también por la tranquilidad.
Al principio mencionamos un conjunto: pueblo, plaza, esquina. El pueblo, fundado en 1892, apenas tiene seiscientos habitantes que se dedican a la actividad rural y también a la explotación de canteras de granito de las cercanías. Como todo pueblo tiene su bar – pulpería donde los parroquianos se juntan a apurar un trago luego de la faena diaria. No sorprende bajo este marco, ver gauchos, por las calles, arreando ganado; mucho menos a los chiquillos con sus escolares moños azules. Por su parte, la plaza, con sus palmeras, conforma el epicentro de la actividad pueblerina con la iglesia y el club social.
Finalmente, en una de las esquinas de la plaza se encuentra Garzón Hotel & Restaurante, en lo que era un viejo almacén de ramos generales. Allí, ha comentado Manuel Mas, en su primera visita residía un caballo, último habitante del almacén. La casona de ladrillos fue refaccionada por el arquitecto Diego Montero, respetando las características del lugar. Cinco habitaciones muy bien equipadas y un patio central donde se encuentra la piscina completan el conjunto arquitectónico.
La unidad invisible
Sin este preámbulo no se entendería el concepto Garzón. Al igual que en una pintura donde los espacios se unen y limitan -marco, pass-partout y obra-; aquí existe una unidad invisible entre el pueblo, la plaza y la esquina del Hotel Restó. Los amplios sillones de estilo noruego privilegian el encuentro tanto en las mesas que dan a la calle como en las del patio interior. Por dentro el restaurante conjuga confort, sencillez y buen gusto. La disposición permite observar oblicuamente el quehacer de la cocina. Aquí como en sus otros emprendimientos, Francis Mallman desarrolla su particular filosofía gastronómica. Lejos de los ruidos de las nuevas ol(l)as, el restó es un auténtico Mallman. En tanto su cocina es cocina de terruño, de lugar de origen. Por ello mismo aquí no veremos los sifones para hacer espumas ni la thermo-mix para las texturas, que tanto desvela a muchos chefs. La propia carta determina los elementos de cocción: parrilla, horno de barro, infiernillo; siempre con fuegos de leña. Las cacerolas de cobre dan el tono a la templada sopa de zapallo con queso de cabra (US$ 32), de suave cremosidad y seductor equilibrio de las notas dulces y el envolvente aroma del queso. La misma idea, el mismo juego se repite en el graten de remolachas y queso de cabra con ensalada verde (US$ 24). El horno de barro da cuenta de lechones y corderos que se acompañan de un sencillo aderezo de polen de hinojo.
Del infiernillo, también el cordero con hierbas aromáticas (tomillo, romero) y papas aplastadas a la mostaza (US$ 35); en una cocción de la carne a punto en contrapunto con el fresco aporte de las hierbas. Por último, de la parrilla de los pescados (salmón con papa rosti y tapenade, US$ 38). Como postre un exquisito y tradicional panqueque de dulce de leche (US$ 11).
La lista de vinos incluye propuestas uruguayas y el portfolio completo de Finca La Anita. Entre ellos algunas joya que ya creíamos extintas como el Chenin Blanc 1995 (US$ 240), un blanco fuera de serie en todos los sentidos. Y hasta encontrar los Finca La Anita Syrah de las emblemáticas cosechas 95, 96 y 97 (desde US$ 250).
Una atención amable y profesional, sin rebuscamientos ni confianzuda, completan la propuesta de Garzon. El equipo de cocina aceitadísimo triangula con los otros restaurantes de Mallman, Los Negros en José Ignacio y 1880 en Mendoza.
Garzón es un lugar para descansar o cenar a la luz de los canceles frente a la placita, dejar que las horas pasen a fin de cuentas el tiempo, de todas formas, pasa.
DATA
¿Cómo llegar?
Desde Punta del Este o el aeropuerto de Maldonado, por la ruta 9 hasta el km 175. De allí son 17 km por camino consolidado, tomar hacia la izquierda hasta la plaza del pueblo, frente a la que está el hotel/restaurante. Son 50 minutos desde el aeropuerto de Maldonado.
Restaurante
Abierto mediodía y noche en temporada veraniega. El resto del año abierto los fines de semana.
Hospedaje
Habitación con cama doble: US$ 180 (p/p + 23 por ciento IVA).
Habitación single: US$ 290 (+ 23 por ciento IVA).
Incluye desayuno – almuerzo – cena; bar y vinos Luna de Finca La Anita. Además de caballos, sulky, bicicletas y lavado de ropa.
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