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Por Javier Rodríguez Petersen El embajador de Brasil, Mauro Vieira, describe la relación bilateral de su país con Argentina como privilegiada, intensa y compleja y señala que en los últimos años se vio atravesada por las cuantiosas inversiones en los dos sentidos y la convergencia de sistemas monetarios y cambiarios tras las serias diferencias entre la convertibilidad argentina y la flotación brasileña. El diplomático destaca el concepto de alianza estratégica: alianza implica la idea de una asociación que es más que la típica relación bilateral entre dos socios; estratégica transmite la idea al mismo tiempo de intereses permanentes y de centralidad en la defensa de esos intereses, y opina que por lo menos desde que en 1985 los presidentes José Sarney y Raúl Alfonsín sentaron las bases para dar una nueva dimensión a la amistad brasileño-argentina, se ha consolidado una relación de creciente convergencia e intensidad entre los dos países. El comercio es sólo una de las dimensiones de esa relación que es ejemplar a los ojos del mundo: creció de poco más de US$ 1.500 millones al inicio de los años ´80 a US$ 12.000 millones el año pasado; la cooperación militar es un éxito y el grado de convergencia en varios ámbitos es excelente. Aunque reconoce que una relación de esa complejidad presenta también elementos de divergencia o aún conflictos puntuales, pone de relieve que lo importante es que tengamos canales de conversación y negociación para tratar las diferencias o contenciosos que existan y los estamos desarrollando. ¿Cómo se inserta la discusión bilateral en el marco del Mercosur? Como todo proceso de integración profunda, el Mercosur desarrolla una normativa comunitaria extensa, que abarca distintos aspectos de las políticas públicas impulsadas por los gobiernos, no sólo en el área económica. Eso hace que temas de la agenda bilateral sean tratados en forma cuatripartita. Hay algunos, como, por ejemplo, aspectos del manejo del comercio exterior, donde ya no se puede legalmente tomar decisiones en forma unilateral o bilateral. Desde el punto de vista del proceso de integración, es saludable que sea así. Naturalmente, siempre existirán cuestiones de interés estrictamente bilateral, como son los referidos a las necesidades de las comunidades de frontera. ¿Se ve el Mercosur amenazado por los aparentes retrocesos en la profundización de la Unión Europea? No creo que se pueda establecer una analogía directa con el proceso europeo. Las cuestiones en discusión en Europa tienen una profundidad e implicancias muy distintas a las de nuestra región. En el Mercosur tenemos todavía un largo camino a recorrer para aproximar el Mercosur a los ciudadanos y no veo que esa idea enfrente resistencias, sino que hay, todavía, mucho desconocimiento de lo que representa el bloque. ¿Y por las diferencias entre los sectores industriales de los dos países? Los sectores manufactureros en los que hay problemas responden por un comercio que no llega a 5% del intercambio bilateral. No debemos sobredimensionar estos problemas y sí encontrar soluciones con pragmatismo, como venimos haciendo hace algunos años. En los sectores en que hubo reclamos los empresarios alcanzaron acuerdos que permitieron preservar los flujos de comercio. Pero es una situación que no debe eternizarse. En algún momento es fundamental que se efectúen inversiones que apuntalen la modernización, la especialización y el comercio intra-industrial para posibilitar que las empresas de estos sectores también puedan beneficiarse del mercado ampliado, como ya sucede con muchas otras empresas argentinas y brasileñas. Eso involucra, entre otras cosas, avances en el diseño de políticas industriales comunes o complementarias para determinados sectores. Un elemento muy positivo en el escenario actual son las muy buenas relaciones que están desarrollando las principales representaciones empresariales de ambos países. A pesar de todo lo que se dice, las manufacturas argentinas conforman la mayor parte de las exportaciones hacia Brasil 60% de manufacturas de origen industrial y 11% de manufacturas de origen agropecuario-. Es un índice muy por encima más del doble de la participación de las MOI y MOA en el comercio exterior argentino en general. Eso quiere decir que hay industrias argentinas muy competitivas y con un extraordinario potencial para aprovechar el crecimiento del mercado brasileño. El Mercosur parece atravesado por una discusión entre dos países, en la que incluso Venezuela o la Comunidad Andina de Naciones parecen tener una voz más fuerte que Paraguay o Uruguay. No hay que confundir el Mercosur con la Comunidad Sudamericana. Es una Unión Aduanera en formación. Fue creado por el Tratado de Asunción, que tiene fuerza de ley en los cuatro países miembros. Hay una estructura institucional que incluye órganos con capacidad de decisión, como el Consejo de Ministros. Esto significa que sus decisiones son jurídicamente obligatorias para los estados partes. La Comunidad Sudamericana es una asociación política. Su vocación, por ahora, es de concertación de posiciones y de identificación e implantación conjunta de iniciativas de interés para los países, por ejemplo en energía, infraestructura y seguridad ciudadana. Es perfectamente posible que la Comunidad Sudamericana coexista con esquemas subregionales de integración, como el Mercosur o la CAN, que por lo demás tienen un acuerdo de libre comercio que le da vertebración económica a la integración continental. Un día, ojalá, que la Comunidad Sudamericana pueda evolucionar hacia una etapa más avanzada de institucionalización, pero hay que darle tiempo. Cuando se trata de cuestiones específicas del Mercosur, como el manejo del Arancel Externo Común, su tratamiento se da necesariamente de forma cuatrilateral entre los miembros del bloque. ¿Cuál debería ser el foco en las relaciones bilaterales? El foco de nuestra alianza estratégica es multidimensional y polifónico. Es una relación de una gran complejidad y prácticamente en todos los campos del quehacer humano y de las políticas públicas hay espacio para una sociedad Brasil-Argentina. Un eje fundamental es aumentar el grado de conocimiento recíproco, aún insuficiente, y eso se hace a través de más turismo recíproco, más cooperación cultural, más enseñanza del portugués y del español, más cooperación educacional. Otros son mejorar la integración física y transfronteriza, que está lejos de responder a la intensidad del intercambio, e interiorizar nuestras respectivas diplomacias para fomentar las relaciones con y entre los estados brasileños y las provincias argentinas y ampliar los ejes geográficos de la relación. Hay una multiplicidad de áreas en que podemos seguir avanzando. Pero, sobre todo, hay que valorar el inmenso patrimonio común que hemos construído con nuestras relaciones y dejar de verlas solamente por los conflictos puntuales o las diferencias de enfoque sobre algunas materias. ¿Cuáles son los aspectos a enfocar en el desarrollo del Mercosur y cuál debería ser la relación con otros bloques?. ¿Impide las negociaciones individuales? La actual normativa del Mercosur determina que las negociaciones de acceso a mercados se dan necesariamente como un bloque. Se persigue el objetivo de diversificar sus relaciones comerciales. Por esa razón venimos negociando con importantes países en desarrollo como India y Sudáfrica, además de los acuerdos que se firmaron con los países andinos y las negociaciones todavía no concluidas con la UE. Creo que los aspectos más importantes del desarrollo del Mercosur hoy están en los temas vinculados al perfeccionamiento de la Unión Aduanera, principalmente en lo que hace a la libre circulación intrazona, la reducción de perforaciones al Arancel Externo Común y la armonización de regímenes nacionales, sea de importación, de defensa comercial o de otra naturaleza. Creo importante subrayar la reciente creación de un fondo estructural del Mercosur, que tendrá un monto inicial de US$ 100 millones en los primeros cuatro años. Se trata de un hito en la historia del bloque, pues señala la transición de una integración impulsada casi exclusivamente por la eliminación de barreras al comercio a una más completa, en la que se llevarán a cabo proyectos que ayuden a fortalecer sectores productivos y contribuyan a facilitar su participación en el bloque. ¿Cómo y en qué aspectos debería avanzar la convergencia bilateral y del Mercosur? Nuestros países mantienen un diálogo muy intenso y franco sobre el Mercosur, como sobre todos los asuntos de la agenda bilateral. Tenemos claro que el bloque no sólo presenta oportunidades sino que plantea también problemas nuevos, teniendo en cuenta la propia complejidad del proceso de integración y la necesidad de reacomodamiento que implica para diversos actores. Lo fundamental es preservar una visión estratégica común, no solamente sobre la importancia en sí misma del Mercosur sino también sobre la dirección en que queremos caminar. Si hay que hacer ajustes, que se trabaje en forma conjunta, con pragmatismo y dentro de una visión compartida sobre nuestros objetivos. Por eso, las discusiones entre nuestros países sobre cuestiones de integración se asemejan menos a una negociación clásica. No se trata de un juego de suma cero dónde un lado sólo gana si el otro pierde algo sino un ejercicio de construcción común. Desde Argentina se suelen criticar como de pretensión hegemónica ciertos planteos de Brasil. Los planteos de política exterior que hacemos tienen hondas raíces en la historia y en el interés nacional brasileño. No son actos de voluntarismo ni políticas fugaces de uno u otro gobierno, sino políticas de Estado. Brasil ha sido desde los albores del siglo XX un país hondamente reivindicacionista en el plano internacional, pero con una vocación de armonía, de entendimiento, con las credenciales que nos da nuestra historia de más de 130 años de paz completa con nuestros vecinos, ningún litigio territorial y ningún acto de fuerza en contra de nadie. Dentro de una política sólida de apoyo al multilateralismo político y económico-comercial, en la ONU o en el GATT/OMC, Brasil siempre ha buscado afianzar su identidad propia, de ahí el planteo sobre la identidad sudamericana y la valoración que hace de su espacio geográfico. Siempre ha buscado influir más el juego político y económico internacional, respaldándose en el multilateralismo, aún a sabiendas de que va a sufrir una fuerte oposición, porque así es la naturaleza de las relaciones internacionales. No nos anima ningún ánimo hegemónico, incluso porque sería una gran falta de realismo. No son pleitos que se hagan por una voluntad de competencia, sino por una real voluntad de buscar influir más en el juego. No es algo que esté en discusión. Y creemos que con ello gana nuestra región y gana el conjunto de las relaciones de Brasil con cada socio en desarrollo. A veces da la sensación, y así lo señalan analistas e industriales de ambos países, de que en Brasil hay políticas de Estado permanentes y que eso no es así en Argentina. Las trayectorias recorridas por Argentina y Brasil a lo largo de varias décadas presentan diferencias, pero es importante subrayar que hoy los factores de convergencia son los que predominan. En la economía tenemos hoy políticas más parecidas que las que tuvimos durante una parte de la década pasada. En lo que atañe a políticas de apoyo al sector productivo, si Brasil las tiene, y son virtuosas, legítimas y necesarias, no tiene sentido pensar en eliminarlas. Son fruto de un esfuerzo de décadas, muchas veces, y tienen que ser emuladas, no combatidas o criticadas. Lo que debemos hacer es buscar formas de incorporar a las cadenas productivas a empresas de los socios. De esa forma, cuando un país del Mercosur exporta para terceros mercados, empresas ubicadas en el espacio de los socios se benefician directamente. |

