jueves, 16 de abril de 2026

    Este es el momento para la Argentina

    Uno
    de sus temas preferidos es el futuro del trabajo. ¿En qué
    consiste básicamente su perspectiva?
    No hablamos de robots haciéndose cargo del mundo, ni nada por el
    estilo; es una perspectiva práctica: con qué tendrán
    que vérselas las empresas y los individuos. Porque no se excluyen
    mutuamente. Los individuos contribuyen a lo que las compañías
    pueden hacer, y éstas influyen el pensamiento de los individuos,
    les dan oportunidades o no. Hay que tener algo claro: la globalización
    ahora es diferente. Hasta hace un tiempo consistía en que las empresas
    instalaran fábricas en diferentes países, y todavía
    sucede, pero ahora analizan la cuestión de un modo mucho más
    sofisticado. Con este fenómeno de ERP, –entrerprise resource
    planning–, las empresas saben todo lo que ocurre: los mejores materiales
    están en tal lugar, los puntos de embarque en tal otro, y así
    todo. Pero no hay un sistema para decir si hoy tengo mejores talentos
    en Asia que en la Argentina, o si el mes próximo voy a tener más
    oportunidades de tener talento en Norteamérica que lo que tengo
    en Europa. Así que las empresas están machacando acerca
    de cómo fluir en el nivel global desde la perspectiva del trabajo,
    porque el resto de sus desafíos fueron resueltos. Si les pregunta
    cuándo llega su próximo embarque de acero, con un sistema
    GPS se lo dicen con día y hora; pregúnteles cuáles
    serán sus próximos requerimientos de talentos, y la respuesta
    será no sé. Y necesitan saber dónde está el
    talento que necesitan.

    El
    mejor talento por el que menos tengan que pagar.

    No, eso es la globalización con ojos de factoría, “pónganla
    allí porque es más barato”. Las grandes corporaciones
    ya han hecho el arbitraje del trabajo, ahora viene la cuestión
    más sofisticada, que no es si pago US$ 3 la hora o US$ 20, es dónde
    está el talento, cómo me muevo si detecto acceso a capacidad
    aquí. Las compañías se están viendo a sí
    mismas en una escalada de talento cada día. ¿Qué
    significa eso para los individuos en un país con una demografía
    de gente mayor (Francia, Japón, Italia, etc.)?; esa población
    mayor es todo un tema. Y está la generación X, la Y, gente
    que creció con Internet, con tecnología , y hay que integrar
    todas estas cosas. El futuro es que las compañías se transformarán
    en menos geográficas, serán más una red; cuando surge
    algo que tiene que ser resuelto, toma la red y hace un nodo director,
    con un project team de cinco o seis personas que ni siquiera necesitan
    estar en la misma locación. Se trata obviamente de algo muy diferente
    a las organizaciones actuales –presidente, vicepresidente, etc–;
    a los jóvenes no les gustan esos entornos, Así que esta
    globalización es elegir esas capacidades, identificarlas, y usarlas;
    no es algo fácil de hacer. Nosotros tenemos 2.000.000 de personas
    trabajando en 68 países, y fue sólo hace seis meses que
    armamos bloques y estamos en condiciones de organizar esas fuerzas de
    tareas alrededor del mundo. La gente joven ama esto y la tecnología
    permite hacerlo.

    Las
    poblaciones más jóvenes están en Asia, India y Latinoamérica,
    regiones menos desarrolladas y con severas imposibilidades de acceder
    a la educación requerida. Mientras que el mundo desarrollado en
    15 o 20 años será viejo. ¿Cómo impactará
    ésto en el trabajo?
    La edad de retiro será más alta, los ya retirados tendrán
    que volver a trabajar no necesariamente porque lo quieran Y las compañías,
    por necesidad, tendrán que invertir más en entrenamiento
    en los países en desarrollo. China es un gran ejemplo, hoy en Beijing,
    Shanghai, todas las grandes ciudades están llenas de hermosos edificios
    destinados a la capacitación, porque las empresas vieron que lo
    necesitaban. Ahora la pregunta es, ¿puede la Argentina jugar en
    este partido?

    ¿Por
    qué las compañías no lo han hecho acá, con
    la situación de desempleo existente?
    Creo que está en el radar, lo veo venir. Cinco años atrás
    no se hubiera escuchado a una empresa decir ‘vamos a usar fuerzas
    de IT de la Argentina’, se iban a la India; pero ese mercado ya
    está maduro, y en China no hay más de 10 ciudades a las
    que se puede ir. Se están creando desafíos, hay entonces
    una ventana, una oportunidad; ahora que la globalización está
    más madura las compañías miran a la Argentina desde
    la especialización en IT. Están los recursos humanos pero
    todavía no capturaron el momentum, ¿por qué? Hay
    una historia detrás de esto. El gran interrogante era ¿qué
    va a pasar con mi inversión? La Argentina tiene la demografía
    adecuada, un sistema educacional bueno, o sea que se dan los atributos
    necesarios. Yo veo que éste es el momento, los próximos
    cinco años son los decisivos.

    Durante
    muchos años la desocupación en la Argentina sirvió
    para mantener salarios bajos y eliminar derechos laborales. ¿Quizá
    ahora se empieza a percibir que no es un buen negocio en el largo plazo?

    No, no lo es. Eso genera bajo empleo, la fuerza de trabajo se deprecia
    en su capacitación y los más capacitados se van. El ejemplo
    más claro es Irlanda; tenía 25%, 27% de desocupación,
    los jóvenes se iban a Europa continental, a Estados Unidos y no
    volvían. Ahora hay 5% de desempleo. Si se analiza el rol de la
    inversión en ID en el desarrollo irlandés es un caso clásico.
    Singapur lo mismo. Los países se las ingeniaron para parar ese
    drenaje de cerebros, porque si se van para perfeccionarse y vuelven es
    fantástico; si no, la inversión hecha en su educación
    es aprovechada por otros países.
    Una vez que ocurre eso, el desarrollo, se entra en el escenario global,
    se genera empleo y el mundo pone sus ojos en ese país.

    El
    trabajo temporario resuelve muchos problemas de las empresas, pero ¿es
    bueno para los individuos, para la sociedad?
    Empecemos por los individuos. Seamos realistas, yo no soy un trabajador
    temporario.
    Hay cinco razones para serlo: perdí mi trabajo, soy estudiante
    universitario y tengo que pagar mis estudios, soy nuevo en el mercado
    laboral y necesito experiencia, mi esposo/a cambió de sede, y por
    último, –el porcentaje más pequeño–,
    ésto es lo que quiero. Quizá sólo 3% o 4% que eligen
    esta condición son los más tecnicos y profesionales. Estos
    por ejemplo plantean ‘voy a trabajar nueve meses y después
    me voy tres al Kilimanjaro’; todos los demás están
    en alguna clase de transición. Y si nosotros no existiéramos,
    no podrían trabajar. Nuestro país más grande como
    porcentaje de la fuerza total de trabajo es el Reino Unido y es 3,2%;
    en Estados Unidos es 1,7%. Lo que hacemos es proveer un puente hacia otro
    empleo, al que entra le ofrecemos mejorar sus capacidades y lo ayudaremos
    a encontrar un trabajo. Cuando estás desempleado tu preparación
    se deteriora; cuando trabajás te mantienes al día. Creo
    que nuestro rol tiene que ver con temas sociales, buscarle trabajo a la
    gente. Lo hacemos bien, y no nos avergüenza hacer dinero con ello.

    Hay
    quienes auguran que en el futuro todos seremos trabajadores temporarios.
    ¿Cuál es su opinión?
    Yo no lo creo. El personal de una compañía requiere estabilidad,
    y además no creo que la lealtad haya muerto. Es difícil
    de obtener –por lo que las empresas se han hecho a ellas mismas–
    pero no ha muerto. Es cierto que el mundo se mueve muy rápido y
    por ejemplo en Estados Unidos hace 15 o 20 años una persona tenía
    uno o dos trabajos a lo largo de su vida; hoy el promedio es nueve.
    V.R