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Las entidades crediticias buscan torcerle el brazo para
salirse de una operación que podría dejarlos mal parados
frente a sus propios accionistas. Sus aliados circunstanciales podrían
ser los fabricantes de autos que, cansados de reclamar sin éxito
una mayor participación en las ganancias, amenazan con crear un
campeonato paralelo para el 2008.
En Londres se está dirimiendo un conflicto cuyo verdadero objetivo
podría ser doblegar la tozudez de Bernie Ecclestone, quien durante
20 años manejó el campeonato mundial de Fórmula Uno
como dictador de facto. Lo que está en juego es el futuro control
de la F-1, uno de los deportes más glamorosos y rentables del mundo,
sólo superado por la copa mundial de fútbol y los juegos
olímpicos. Los 800 millones de personas que siguen las carreras
por televisión constituyen una apetitosa plataforma de marketing
global para las empresas multinacionales.
El alto tribunal 59 de Londres deberá decidir si el inglés,
promotor original de F-1, seguirá controlando las millonarias ganancias
del gran campeonato. Si le falla en contra, el control podría pasar
a manos de tres bancos acreedores, quienes pronto negociarían con
la asociación de fabricantes, que avanzan con la idea de un F-1
paralelo.
La demanda ante el tribunal inglés fue presentada por los bancos
Bayerische Landesbank, JP Morgan Chase y Lehman Bros, que pretenden formar
parte del directorio de Formula One Holdings (FOH). Si lo logran, controlarán
también dos de sus subsidiarias: Formula One Administration (FOA)
y Formula One Management (FOM), a través de las cuales Ecclestone
manejó el F-1 durante 20 años. Los bancos ya tienen una
participación de 75% en SLEC Holdings, la controlante de todos
los negocios de F-1, que originalmente era exclusiva propiedad de Ecclestone
y Bambino, su fideicomiso familiar.
Los bancos aportaron los US$ 1.600 millones con que el grupo alemán
Kirch Media compró su participación en el paquete accionario
de SLEC. Cuando Kirch colapsó en el 2002, ellos se convirtieron
en dueños por defecto.
Según los términos de la venta original de SLEC a Kirch,
Ecclestone -con 25% de las acciones- retenía el control gerencial
a través de FOA y FOM. Los bancos -con 75%- no tenían poder
para manejar el negocio. Por eso en la demanda ante el tribunal, exigen
formar parte del directorio como socios
mayoritarios.
Un
personaje talentoso
El magnate del automovilismo de Fórmula 1 vive desde 1990 en
Gstaad, un refinado centro de ski de Suiza. Nacido en 1930 en Ipswich,
Inglaterra, Bernie Ecclestone es hijo de un capitán de barco
de pesca y desde los 16 años vivió apasionado con las
carreras de autos. Luego de varios accidentes dejó de competir
en 1951, comenzó a vender autos usados y en 1957 volvió
a las rutas, aunque esta vez como director de un equipo de F1. En
1972 compró el equipo Brabham, con el que Nelson Piquet ganó
la copa mundial en 1981 y 1983. A lo largo de 20 años convirtió
al automovilismo de Fórmula Uno en una gran máquina
de fabricar billetes.
Pero su gran éxito financiero se debe, no tanto a las carreras
mismas sino al control de los derechos comerciales del Grand Prix.
En 1996, creó una nueva compañía, "Formula
One Management", que vende los derechos de difusión de
los torneos. Quienes lo conocen bien dicen que amasó una fortuna
que hoy suma US$ 4.000 millones y que conserva en Bambino Trust, el
fideicomiso familiar a nombre de su mujer y sus dos hijas.
Aunque para nada inclinado hacia la ostentación, la percepción
general es que con el paso de los años se ha convertido en
un dictador de facto, serio, adusto y sólo movido por la pasión
de conseguir un buen acuerdo comercial.
Con 74 años bien cumplidos, es probable que no le quede otra
alternativa que soltar las riendas del negocio.
Algunos creen que cualquiera sea el desenlace, su persona sale perdiendo.
Las escuderías seguirán con su plan de crear un nuevo
campeonato en el cual no habrá lugar para él. |
El otro riesgo
Pero ése no es el único enemigo que tiene el mandamás
del certamen de carretera. Está la asociación de fabricantes
de autos para F-1 (GPWC) que, disconforme desde hace mucho con un estilo
de manejo que considera injusto en el reparto de las regalías,
avanza con el proyecto de crear un F-1 paralelo. A finales de octubre,
BMW, Daimler-Chrysler (Mercedes), Renault y Fiat (a través de Ferrari),
agrupadas en la GPWC, anunciaron la designación de ISE (International
Sports and Entertainment) para crear las estructuras necesarias para llevar
a cabo el proyecto "no más allá del 2008".
Los cuatro constructores llevan tiempo reclamando mayores ingresos de
la explotación comercial de la actual competición y una
gestión más democrática. La GPWC asegura que su competición
"potenciaría los puntos fuertes de la Fórmula 1 y evitaría
sus puntos débiles".
La nueva competición llevaría el nombre de Grand Prix World
Championship. Los derechos del nombre "Fórmula Uno" pertenecen
a Ecclestone por los próximos 97 años. El nuevo campeonato
quitaría valor a la SLEC y, por ende, a la participación
que los bancos tienen en ella, los cuales se verían en la difícil
situación de explicar la pérdida a sus accionistas.
Si los demandantes triunfan en Londres y se adueñan del manejo
del negocio, es probable pensar en una alianza con las automotrices para
doblegar la intransigencia de Ecclestone.
Porque, en definitiva, ni a los bancos les interesa de verdad el manejo
del grupo ni a las automotrices aventurarse en un proyecto que tiene antecedentes
poco halagüeños. Todo podría ser un juego de fuerzas
cuyo objetivo último no es defenestrar al fundador sino torcerle
el brazo para obligarlo a negociar y conseguir dos objetivos: una salida
elegante para el aprieto en que se encuentran los bancos y mayor participación
en las ganancias para
los equipos participantes.
El futuro en manos del juez
El tribunal se expedirá sobre dónde debe dirimirse el conflicto
y quiénes tienen derecho a integrar el directorio de la SLEC, dueña
de los derechos televisivos y comerciales de F-1. Si, como se espera,
el juicio se realiza en Gran Bretaña, las audiencias tendrán
lugar a principios de diciembre y sellarán de una buena vez el
futuro del veterano jefe.
Si Ecclestone sigue siendo dueño del circo, el mundo de la Fórmula
Uno sufrirá una partición que seguramente tendrá
consecuencias dolorosas, porque los grandes equipos que participan en
las competencias acelerarán la concreción del Grand Prix
y prometerán mayores regalías a las escuderías.
Si pierde, los tres bancos dueños de 75% de las acciones de SLEC,
recibirán autorización judicial para ocupar varios puestos
-los suficientes para darles la mayoría- en el directorio de SLEC
y de FOH. Con sus representantes en la mesa directiva y Ecclestone relegado,
renovarían los contactos con las escuderías y modificarían
los términos de la relación para que el nuevo campeonato
no se haga realidad.
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