lunes, 25 de mayo de 2026

    La industria láctea

    Después
    de una fuerte y prolongada caída de la producción y tras
    diversos problemas que enfrentó el sector lácteo argentino,
    todos coinciden en señalar al 2004 como un año de "recuperación
    espectacular". Si bien era esperada, fue más allá de
    lo previsto al alcanzar entre 17 y 18%.
    En el sector industrial señalan diversos factores: un aumento de
    la productividad en los tambos como resultado del mejoramiento de los
    precios internos, un tipo de cambio favorable, muy buenos precios internacionales
    acompañados por un récord de exportaciones por más
    de 2.000 millones de litros y una reactivación del mercado local
    del orden de 7%.
    Pero esto siguió a cuatro años de crisis. "El sector
    viene de varios años de problemas serios. A partir de 1999 entramos
    en un cono de sombras debido a la incidencia de la recesión económica
    desde la segunda mitad de 1998; los problemas con Brasil -que representaba
    80% de las exportaciones- a raíz de su devaluación; bajos
    precios internacionales y una gran producción local que provocó
    una sobreoferta de leche, con caída de precios y de rentabilidad",
    resume Juan José Linari, coordinador del Programa Nacional de Política
    Lechera de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca
    y Alimentos (Sagpya).
    "Cuando explota la crisis económica argentina la lechería
    sufre un impacto mayor que otros sectores porque es muy dependiente del
    mercado interno. En los últimos meses del 2001 y los primeros del
    2002 hubo un descalce muy violento de precios relativos entre lo que cobraba
    el productor y el costo de producción. Hasta el 2003 fueron años
    de caída de producción y cierre de tambos más allá
    de lo normal en cualquier país lechero. En 1999 teníamos
    una producción de 10.300 millones de litros y terminamos el 2003
    con 7.950 millones de litros, retrocediendo a los niveles de casi una
    década", agrega.
    La apreciación es compartida por las empresas del sector. Desde
    SanCor, Jorge Giraudo, gerente de Relaciones y Comunicaciones, y Alejandro
    Galetto, de Relaciones Institucionales, coinciden en señalar que
    "la baja de la producción arranca con la caída del
    mercado interno y la recesión. A eso se sumaron la devaluación,
    el paquete tecnológico de la soja y el precio internacional del
    grano. Hoy la rentabilidad se equilibró y los productores de leche
    regresaron a la actividad".
    El presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL), Osvaldo Cappellini,
    explica: "Con el boom de la soja, muchos tambos medianos y chicos
    desaparecieron y tambos de medianos para arriba disminuyeron su producción
    (para dedicarse a la siembra). La industria de la lecha es de escala,
    y los costos de la industria con la producción baja fueron terribles,
    al igual que los resultados de las compañías. Para colmo,
    dos o tres empresas grandes que habían invertido con créditos
    del exterior quedaron, con la devaluación, en situación
    de default. A eso se sumó la inundación de Santa Fe".

    La recuperación

    A fin de aumentar la producción y garantizar el abastecimiento,
    la industria decidió subir el precio de la materia prima que, desde
    la devaluación, creció 260% frente a un promedio de 100%
    para los otros productos. Además, este año, explica Cappellini,
    "hubo una muy buena recuperación de los precios internacionales,
    la exportación se volvió muy rentable; la inversión
    ya estaba, y con los buenos precios por la materia prima el productor
    empezó a producir más".
    "Esos factores permitieron que la producción se destapara
    y, con un promedio de crecimiento de 17%, en un año recuperamos
    dos de caída, los balances de las empresas salen del rojo y los
    pronósticos permiten ser optimistas y calcular para el 2005 un
    piso de crecimiento de 5-8%, con lo cual estaríamos casi volviendo
    al récord de 1998", agrega.
    Linari explica: "La fuerte recuperación va a llevar a que
    terminemos el 2004 con alrededor de 9.300 millones de litros, un poquito
    menos que en el 2001". Con respecto al récord de exportaciones
    destaca que, además, se está dando con los mejores precios
    de los últimos años. "La Argentina está exportando
    con un promedio real en los últimos meses de US$ 2.000 por tonelada,
    sensiblemente mejor que los del año pasado y muchísimo mejor
    que los US$ 1.000 o US$ 1.100 por tonelada del 2002. Las exportaciones
    del 2004 van a representar alrededor de US$ 500 millones, y ya antes de
    terminar el año hemos duplicado los niveles del 2003".
    Giraudo y Galetto resaltan que también hubo cambios adentro del
    sector, en el que la leche es producida "por menos tambos".
    Y aunque "en el sector industrial no ha habido mayores modificaciones
    en cuanto a las empresas que participan, sí hubo novedades en la
    propiedad de las empresas".
    "En la producción primaria -añaden- se ha recuperado
    mucho la productividad por vaca y hay modestos intentos de invertir en
    nuevas instalaciones de ordeño; hay inversiones en compra de maquinarias
    y un proceso de renovación. En el mercado estamos atravesando un
    momento interesante y el aumento de la producción que no absorbe
    el consumo interno lo absorbe la exportación."
    Mercados interno y externo
    La facturación del sector, según el presidente del CIL,
    ronda los $ 10.000-11.000 millones, de los que aproximadamente US$ 550
    millones corresponden a exportaciones. El mercado de la producción
    láctea es -histórica y fundamentalmente- interno, no sólo
    en la Argentina sino a escala mundial. "Lo que se comercia internacionalmente
    es casi residual, entre 7 y 8% de la producción global, sin tener
    en cuenta lo que se intercambia dentro de la Unión Europea. Esto
    es en parte fruto de las grandes distorsiones que encabezan la UE y Estados
    Unidos en materia de subsidios", afirma Linari.
    Los directivos de SanCor señalan: "Salvo el caso de La Sibila
    y alguna más, el resto de las empresas mantiene como objetivo principal
    el mercado interno". Si bien reconocen que las exportaciones pasaron
    a representar este año casi 25% del volumen producido frente a
    un histórico de 10 o 15%, sostienen: "El año que viene
    podemos exportar 18%; en general, la tendencia es de tipo serrucho, aunque
    a largo plazo se nota un crecimiento del peso de las ventas al exterior".
    El acotado comercio internacional de productos lácteos explica
    también la volatilidad de precios. "El mercado internacional
    -dicen Giraudo y Galetto- es relativamente muy pequeño, de unos
    40.000 millones de litros sobre una producción global de 500.000
    millones de litros. Un crecimiento de 1% en la producción mundial
    son 5.000 millones de litros, pero eso produce 11% de aumento en la cantidad
    exportable. También la demanda tiene una alta volatilidad, debido
    a que algunos de los principales compradores dependen del petróleo".
    De todos modos, asevera el funcionario de la Sagpya, "todo indica
    que la lechería mundial entró en un período estructuralmente
    de mayor demanda que oferta". Y agrega: "Una variable para nosotros
    importante es la relación del dólar con otras monedas que
    hoy están fortalecidas (como el euro o el dólar neocelandés).
    Pero nada hace pensar que los precios o esa relación caigan a un
    nivel tal que para la Argentina deje de ser más rentable el mercado
    externo".
    En cuanto a la composición de las ventas al exterior, Cappellini
    indica: "La Argentina se especializó en leche en polvo, aunque
    hoy todo hace pensar que gradualmente va a empezar a exportar un poco
    más de quesos. Este año estamos cubriendo más de
    100 mercados distintos. Me animo a predecir que en el corto y mediano
    plazo la exportación va a seguir teniendo un rol protagónico
    y que, muy probablemente, el año que viene 30 o 33% de la producción
    esté en el mercado externo".
    El presidente de Williner, Alfredo Curiotti, también considera
    importante el mercado externo: "Nuestra firma orientó histórica
    y preferentemente sus estrategias hacia el mercado interno, con esporádicas
    intervenciones en el comercio internacional. Pero desde hace aproximadamente
    20 años fue creciendo y solidificando su presencia en el exterior.
    A partir del 2002, los efectos de la devaluación llevaron a la
    actividad a una posición muy competitiva internacionalmente que,
    agregada a una fuerte caída del mercado interno, nos enfrentó
    a la necesidad de redefinir nuestra estrategia comercial para llegar al
    50% y 50% que hoy estimamos nuestro punto de equilibrio ideal".
    Consumo por segmentos
    Del total de producción primaria de leche destinada al consumo
    interno, 45% se usa para la producción de quesos, mientras que
    20% se industrializa como leche fluida, 15% como leche en polvo y el resto
    como yogures, mantecas, dulce de leche, cremas y postres.
    Esa relación es muy similar a la producción de SanCor, que
    procesa 18% de la producción primaria. Sus directivos explican:
    "SanCor es una cooperativa de segundo grado. Los dueños son
    las 66 cooperativas primarias asociadas, pertenecientes a 2.100 productores
    tamberos". La cooperativa tiene actualmente "un nivel de facturación
    anualizado de entre $ 1.300 y 1.400 millones, con aproximadamente 75%
    en el mercado interno y 25% en exportaciones".
    La Serenísima representa 17% de la producción. La compañía
    encabezada por Pascual Mastellone, que este año refinanció
    su deuda e incorporó nuevos socios, recibe unos cinco millones
    de litros de leche por día, que destina en 48% a leche fluida,
    33% a leche en polvo, 16% a quesos y el resto a mantecas, cremas y dulce.
    La firma prevé terminar el 2004 con una facturación de $
    1.300 millones. Según informan desde la empresa, tiene 60% del
    share en yogures (Danone), 56% en leche fluida, 42% en crema, 35% en manteca
    y 34% en dulce de leche. En el 2004 exportó más de 40.000
    toneladas por unos US$ 72 millones a 32 países encabezados por
    Brasil (55,8%), México (26,1%), Argelia (19,7%), Venezuela (19,3%)
    e Irak (6,9%). Por lejos, el principal producto exportado es leche en
    polvo.
    Williner es otra de las firmas con peso en la producción local.
    La firma, de capital netamente argentino y familiar, "procesa anualmente
    400 millones de litros de leche en una línea de productos con la
    marca Ilolay", informa Curiotti. En el último año alcanzó
    un volumen de facturación de $ 350 millones, de los cuales 58%
    lo representó el mercado doméstico y 42% correspondió
    a exportaciones a 39 destinos. El presidente de Williner indica que la
    empresa procesa por día 1,2 millón de litros de leche, de
    los cuales 17% proviene de 37 tambos propios y el resto de alrededor de
    550 productores independientes de la cuenca del centro-oeste de Santa
    Fe y el centro-este de Córdoba.
    En cuanto a inversiones, agrega Curiotti: "Actualmente, se está
    instalando en nuestro principal complejo industrial de Bella Italia (Santa
    Fe) una nueva planta de leche en polvo con capacidad de secado de 650.000
    litros de leche por día. Además, se está finalizando
    con la instalación y puesta en marcha de un recibo de leche totalmente
    automatizado, con una capacidad de recepción y procesamiento que
    supera el millón de litros por día y está en proceso
    de montaje una nueva planta de elaboración de quesos de pasta blanda
    y mozzarella. Estas tres inversiones alcanzan los US$ 15 millones".
    Principales desafíos
    Al hablar sobre los problemas que enfrenta el sector, los consultados
    coinciden en que el principal está dado por la enorme atomización
    en la industrialización.
    "El sector tiene un índice muy bajo de concentración.
    Para llegar a 70% de la leche hay que sumar más de 25 empresas,
    y se calcula que en el país hay unas 1.000 empresas, sin hablar
    de los emprendimientos directamente marginales", reconoce Linari.
    "La atomización y, producto de ella, la marginalidad, son
    la pata débil de este mercado. En cualquier parte del mundo la
    lechería -sobre todo la de exportación- está altamente
    concentrada; la Argentina es el único país exportador que
    presenta una fragmentación brutal. Las razones son muy sencillas:
    la carga impositiva del sector es altísima, lo que hace que el
    productor marginal tenga costos 32% más bajos, y en un negocio
    en el que una rentabilidad de 3 o 4% es muy buena, ese 32% es una diferencia
    enorme", denuncia Cappellini.
    Los directivos de SanCor indican, además, que el consumo equivalente
    per cápita cayó de 230 litros en 1999 a 180 en el 2003.
    Y agregan: "Con la caída del poder adquisitivo, la gente optó
    por productos más baratos que, en muchos casos, tienen en su origen
    evasión impositiva, producción primaria con personal salido
    del convenio colectivo de trabajo, sin los controles sanitarios y bromatológicos,
    y con alteraciones del contenido".
    Señalan también un problema político: "Cada
    provincia aprueba sus productos lácteos y sus plantas, cuando no
    son internacionales. Cuando un funcionario provincial quiere cerrar una
    planta en malas condiciones, el intendente llama y protesta porque se
    cierra una fuente de trabajo para cuatro personas. Pero para proteger
    esa fuente de trabajo para cuatro personas que cobran $ 600 cada una,
    se pone en riesgo una industria láctea de 15.000 empleos que paga
    $ 1.800 por persona".
    Los expertos coinciden también en criticar a Córdoba, una
    de las tres principales provincias lecheras junto con Buenos Aires y Santa
    Fe (a las que si se suman Entre Ríos y La Pampa se llega a 90%
    de la producción), como un lugar en el que la falta de control,
    la evasión y la informalidad son especialmente preocupantes.
    Contra la evasión
    Para el titular del CIL, la lucha contra la informalidad y la evasión
    es "una de las batallas a pelear el año que viene". Al
    respecto, la Sagpya y la industria lechera están impulsando la
    promulgación de una ley para que la Oficina de Control Comercial
    Agropecuario (ONCCA), encargada de verificar la lealtad comercial hoy
    sólo dirigida a granos y carnes, maneje también leche.
    Con las exportaciones como motor del crecimiento, otro desafío
    se da en el comercio internacional, con grandes distorsiones por los subsidios
    a las exportaciones de los países centrales y las restricciones
    a las importaciones en muchas naciones.
    El presidente del CIL sostiene que el segmento "es, dentro del ya
    ultraprotegido sector agropecuario, casi de la mano del azúcar,
    el más distorsionado a escala mundial. Hay, desde altísimas
    barreras de protección arancelaria y no arancelaria hasta subsidios
    a la exportación, pasando por ingentes ayudas internas".
    De todos modos, Linari asegura: "Se está viendo como buena
    señal que algunas cosas han cambiado: los compradores ligados al
    petróleo hoy pueden comprar a buen precio; hubo un freno al crecimiento
    de la producción en algunos países con subsidios y; según
    proyecciones de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para
    la Alimentación y la Agricultura), hasta el 2010 se prevé
    que el consumo de lácteos aumente a un ritmo de entre 2 y 2,5%,
    y la producción en torno a 1,5%, lo que es una buena noticia para
    países como la Argentina, productores con capacidades competitivas
    de exportación".
    La Argentina, Australia, Brasil, Chile, Nueva Zelanda y Uruguay crearon,
    hace tres años, la Alianza Láctea Global, una suerte de
    grupo Cairns del sector lácteo que hoy preside Cappellini. El grupo
    está integrado por los sectores privados de estos países
    lecheros netamente exportadores sin subsidios.
    "Nuestro mandamiento es empujar una negociación en la Organización
    Mundial de Comercio (OMC) que sea equilibrada y equitativa para el sector.
    Como está en juego la ronda Doha, entendíamos que era el
    momento de divulgar el daño que provocan estas políticas
    proteccionistas y asesorar a nuestros gobiernos para que esta negociación
    contemple al sector. Estamos trabajando en forma intensiva, hacemos estudios,
    empujamos negociaciones y tuvimos giras con gobiernos norteamericanos
    y europeos", resume el titular del organismo.
    Aun con los problemas internos y las distorsiones externas, resalta Cappellini,
    "la lechería argentina es tan competitiva que logró
    100 mercados a los que exporta". Y Linari concluye con un pronóstico
    optimista: "Se vienen tiempos razonablemente buenos para el sector,
    pero hay que trabajar para que esta lechería sea más competitiva
    todavía, generar oportunidades y medidas de transparencia y combatir
    la marginalidad donde todavía existe".

    J. R. P.