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Después
de una fuerte y prolongada caída de la producción y tras
diversos problemas que enfrentó el sector lácteo argentino,
todos coinciden en señalar al 2004 como un año de "recuperación
espectacular". Si bien era esperada, fue más allá de
lo previsto al alcanzar entre 17 y 18%.
En el sector industrial señalan diversos factores: un aumento de
la productividad en los tambos como resultado del mejoramiento de los
precios internos, un tipo de cambio favorable, muy buenos precios internacionales
acompañados por un récord de exportaciones por más
de 2.000 millones de litros y una reactivación del mercado local
del orden de 7%.
Pero esto siguió a cuatro años de crisis. "El sector
viene de varios años de problemas serios. A partir de 1999 entramos
en un cono de sombras debido a la incidencia de la recesión económica
desde la segunda mitad de 1998; los problemas con Brasil -que representaba
80% de las exportaciones- a raíz de su devaluación; bajos
precios internacionales y una gran producción local que provocó
una sobreoferta de leche, con caída de precios y de rentabilidad",
resume Juan José Linari, coordinador del Programa Nacional de Política
Lechera de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca
y Alimentos (Sagpya).
"Cuando explota la crisis económica argentina la lechería
sufre un impacto mayor que otros sectores porque es muy dependiente del
mercado interno. En los últimos meses del 2001 y los primeros del
2002 hubo un descalce muy violento de precios relativos entre lo que cobraba
el productor y el costo de producción. Hasta el 2003 fueron años
de caída de producción y cierre de tambos más allá
de lo normal en cualquier país lechero. En 1999 teníamos
una producción de 10.300 millones de litros y terminamos el 2003
con 7.950 millones de litros, retrocediendo a los niveles de casi una
década", agrega.
La apreciación es compartida por las empresas del sector. Desde
SanCor, Jorge Giraudo, gerente de Relaciones y Comunicaciones, y Alejandro
Galetto, de Relaciones Institucionales, coinciden en señalar que
"la baja de la producción arranca con la caída del
mercado interno y la recesión. A eso se sumaron la devaluación,
el paquete tecnológico de la soja y el precio internacional del
grano. Hoy la rentabilidad se equilibró y los productores de leche
regresaron a la actividad".
El presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL), Osvaldo Cappellini,
explica: "Con el boom de la soja, muchos tambos medianos y chicos
desaparecieron y tambos de medianos para arriba disminuyeron su producción
(para dedicarse a la siembra). La industria de la lecha es de escala,
y los costos de la industria con la producción baja fueron terribles,
al igual que los resultados de las compañías. Para colmo,
dos o tres empresas grandes que habían invertido con créditos
del exterior quedaron, con la devaluación, en situación
de default. A eso se sumó la inundación de Santa Fe".

La recuperación
A fin de aumentar la producción y garantizar el abastecimiento,
la industria decidió subir el precio de la materia prima que, desde
la devaluación, creció 260% frente a un promedio de 100%
para los otros productos. Además, este año, explica Cappellini,
"hubo una muy buena recuperación de los precios internacionales,
la exportación se volvió muy rentable; la inversión
ya estaba, y con los buenos precios por la materia prima el productor
empezó a producir más".
"Esos factores permitieron que la producción se destapara
y, con un promedio de crecimiento de 17%, en un año recuperamos
dos de caída, los balances de las empresas salen del rojo y los
pronósticos permiten ser optimistas y calcular para el 2005 un
piso de crecimiento de 5-8%, con lo cual estaríamos casi volviendo
al récord de 1998", agrega.
Linari explica: "La fuerte recuperación va a llevar a que
terminemos el 2004 con alrededor de 9.300 millones de litros, un poquito
menos que en el 2001". Con respecto al récord de exportaciones
destaca que, además, se está dando con los mejores precios
de los últimos años. "La Argentina está exportando
con un promedio real en los últimos meses de US$ 2.000 por tonelada,
sensiblemente mejor que los del año pasado y muchísimo mejor
que los US$ 1.000 o US$ 1.100 por tonelada del 2002. Las exportaciones
del 2004 van a representar alrededor de US$ 500 millones, y ya antes de
terminar el año hemos duplicado los niveles del 2003".
Giraudo y Galetto resaltan que también hubo cambios adentro del
sector, en el que la leche es producida "por menos tambos".
Y aunque "en el sector industrial no ha habido mayores modificaciones
en cuanto a las empresas que participan, sí hubo novedades en la
propiedad de las empresas".
"En la producción primaria -añaden- se ha recuperado
mucho la productividad por vaca y hay modestos intentos de invertir en
nuevas instalaciones de ordeño; hay inversiones en compra de maquinarias
y un proceso de renovación. En el mercado estamos atravesando un
momento interesante y el aumento de la producción que no absorbe
el consumo interno lo absorbe la exportación."
Mercados interno y externo
La facturación del sector, según el presidente del CIL,
ronda los $ 10.000-11.000 millones, de los que aproximadamente US$ 550
millones corresponden a exportaciones. El mercado de la producción
láctea es -histórica y fundamentalmente- interno, no sólo
en la Argentina sino a escala mundial. "Lo que se comercia internacionalmente
es casi residual, entre 7 y 8% de la producción global, sin tener
en cuenta lo que se intercambia dentro de la Unión Europea. Esto
es en parte fruto de las grandes distorsiones que encabezan la UE y Estados
Unidos en materia de subsidios", afirma Linari.
Los directivos de SanCor señalan: "Salvo el caso de La Sibila
y alguna más, el resto de las empresas mantiene como objetivo principal
el mercado interno". Si bien reconocen que las exportaciones pasaron
a representar este año casi 25% del volumen producido frente a
un histórico de 10 o 15%, sostienen: "El año que viene
podemos exportar 18%; en general, la tendencia es de tipo serrucho, aunque
a largo plazo se nota un crecimiento del peso de las ventas al exterior".
El acotado comercio internacional de productos lácteos explica
también la volatilidad de precios. "El mercado internacional
-dicen Giraudo y Galetto- es relativamente muy pequeño, de unos
40.000 millones de litros sobre una producción global de 500.000
millones de litros. Un crecimiento de 1% en la producción mundial
son 5.000 millones de litros, pero eso produce 11% de aumento en la cantidad
exportable. También la demanda tiene una alta volatilidad, debido
a que algunos de los principales compradores dependen del petróleo".
De todos modos, asevera el funcionario de la Sagpya, "todo indica
que la lechería mundial entró en un período estructuralmente
de mayor demanda que oferta". Y agrega: "Una variable para nosotros
importante es la relación del dólar con otras monedas que
hoy están fortalecidas (como el euro o el dólar neocelandés).
Pero nada hace pensar que los precios o esa relación caigan a un
nivel tal que para la Argentina deje de ser más rentable el mercado
externo".
En cuanto a la composición de las ventas al exterior, Cappellini
indica: "La Argentina se especializó en leche en polvo, aunque
hoy todo hace pensar que gradualmente va a empezar a exportar un poco
más de quesos. Este año estamos cubriendo más de
100 mercados distintos. Me animo a predecir que en el corto y mediano
plazo la exportación va a seguir teniendo un rol protagónico
y que, muy probablemente, el año que viene 30 o 33% de la producción
esté en el mercado externo".
El presidente de Williner, Alfredo Curiotti, también considera
importante el mercado externo: "Nuestra firma orientó histórica
y preferentemente sus estrategias hacia el mercado interno, con esporádicas
intervenciones en el comercio internacional. Pero desde hace aproximadamente
20 años fue creciendo y solidificando su presencia en el exterior.
A partir del 2002, los efectos de la devaluación llevaron a la
actividad a una posición muy competitiva internacionalmente que,
agregada a una fuerte caída del mercado interno, nos enfrentó
a la necesidad de redefinir nuestra estrategia comercial para llegar al
50% y 50% que hoy estimamos nuestro punto de equilibrio ideal".
Consumo por segmentos
Del total de producción primaria de leche destinada al consumo
interno, 45% se usa para la producción de quesos, mientras que
20% se industrializa como leche fluida, 15% como leche en polvo y el resto
como yogures, mantecas, dulce de leche, cremas y postres.
Esa relación es muy similar a la producción de SanCor, que
procesa 18% de la producción primaria. Sus directivos explican:
"SanCor es una cooperativa de segundo grado. Los dueños son
las 66 cooperativas primarias asociadas, pertenecientes a 2.100 productores
tamberos". La cooperativa tiene actualmente "un nivel de facturación
anualizado de entre $ 1.300 y 1.400 millones, con aproximadamente 75%
en el mercado interno y 25% en exportaciones".
La Serenísima representa 17% de la producción. La compañía
encabezada por Pascual Mastellone, que este año refinanció
su deuda e incorporó nuevos socios, recibe unos cinco millones
de litros de leche por día, que destina en 48% a leche fluida,
33% a leche en polvo, 16% a quesos y el resto a mantecas, cremas y dulce.
La firma prevé terminar el 2004 con una facturación de $
1.300 millones. Según informan desde la empresa, tiene 60% del
share en yogures (Danone), 56% en leche fluida, 42% en crema, 35% en manteca
y 34% en dulce de leche. En el 2004 exportó más de 40.000
toneladas por unos US$ 72 millones a 32 países encabezados por
Brasil (55,8%), México (26,1%), Argelia (19,7%), Venezuela (19,3%)
e Irak (6,9%). Por lejos, el principal producto exportado es leche en
polvo.
Williner es otra de las firmas con peso en la producción local.
La firma, de capital netamente argentino y familiar, "procesa anualmente
400 millones de litros de leche en una línea de productos con la
marca Ilolay", informa Curiotti. En el último año alcanzó
un volumen de facturación de $ 350 millones, de los cuales 58%
lo representó el mercado doméstico y 42% correspondió
a exportaciones a 39 destinos. El presidente de Williner indica que la
empresa procesa por día 1,2 millón de litros de leche, de
los cuales 17% proviene de 37 tambos propios y el resto de alrededor de
550 productores independientes de la cuenca del centro-oeste de Santa
Fe y el centro-este de Córdoba.
En cuanto a inversiones, agrega Curiotti: "Actualmente, se está
instalando en nuestro principal complejo industrial de Bella Italia (Santa
Fe) una nueva planta de leche en polvo con capacidad de secado de 650.000
litros de leche por día. Además, se está finalizando
con la instalación y puesta en marcha de un recibo de leche totalmente
automatizado, con una capacidad de recepción y procesamiento que
supera el millón de litros por día y está en proceso
de montaje una nueva planta de elaboración de quesos de pasta blanda
y mozzarella. Estas tres inversiones alcanzan los US$ 15 millones".
Principales desafíos
Al hablar sobre los problemas que enfrenta el sector, los consultados
coinciden en que el principal está dado por la enorme atomización
en la industrialización.
"El sector tiene un índice muy bajo de concentración.
Para llegar a 70% de la leche hay que sumar más de 25 empresas,
y se calcula que en el país hay unas 1.000 empresas, sin hablar
de los emprendimientos directamente marginales", reconoce Linari.
"La atomización y, producto de ella, la marginalidad, son
la pata débil de este mercado. En cualquier parte del mundo la
lechería -sobre todo la de exportación- está altamente
concentrada; la Argentina es el único país exportador que
presenta una fragmentación brutal. Las razones son muy sencillas:
la carga impositiva del sector es altísima, lo que hace que el
productor marginal tenga costos 32% más bajos, y en un negocio
en el que una rentabilidad de 3 o 4% es muy buena, ese 32% es una diferencia
enorme", denuncia Cappellini.
Los directivos de SanCor indican, además, que el consumo equivalente
per cápita cayó de 230 litros en 1999 a 180 en el 2003.
Y agregan: "Con la caída del poder adquisitivo, la gente optó
por productos más baratos que, en muchos casos, tienen en su origen
evasión impositiva, producción primaria con personal salido
del convenio colectivo de trabajo, sin los controles sanitarios y bromatológicos,
y con alteraciones del contenido".
Señalan también un problema político: "Cada
provincia aprueba sus productos lácteos y sus plantas, cuando no
son internacionales. Cuando un funcionario provincial quiere cerrar una
planta en malas condiciones, el intendente llama y protesta porque se
cierra una fuente de trabajo para cuatro personas. Pero para proteger
esa fuente de trabajo para cuatro personas que cobran $ 600 cada una,
se pone en riesgo una industria láctea de 15.000 empleos que paga
$ 1.800 por persona".
Los expertos coinciden también en criticar a Córdoba, una
de las tres principales provincias lecheras junto con Buenos Aires y Santa
Fe (a las que si se suman Entre Ríos y La Pampa se llega a 90%
de la producción), como un lugar en el que la falta de control,
la evasión y la informalidad son especialmente preocupantes.
Contra la evasión
Para el titular del CIL, la lucha contra la informalidad y la evasión
es "una de las batallas a pelear el año que viene". Al
respecto, la Sagpya y la industria lechera están impulsando la
promulgación de una ley para que la Oficina de Control Comercial
Agropecuario (ONCCA), encargada de verificar la lealtad comercial hoy
sólo dirigida a granos y carnes, maneje también leche.
Con las exportaciones como motor del crecimiento, otro desafío
se da en el comercio internacional, con grandes distorsiones por los subsidios
a las exportaciones de los países centrales y las restricciones
a las importaciones en muchas naciones.
El presidente del CIL sostiene que el segmento "es, dentro del ya
ultraprotegido sector agropecuario, casi de la mano del azúcar,
el más distorsionado a escala mundial. Hay, desde altísimas
barreras de protección arancelaria y no arancelaria hasta subsidios
a la exportación, pasando por ingentes ayudas internas".
De todos modos, Linari asegura: "Se está viendo como buena
señal que algunas cosas han cambiado: los compradores ligados al
petróleo hoy pueden comprar a buen precio; hubo un freno al crecimiento
de la producción en algunos países con subsidios y; según
proyecciones de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para
la Alimentación y la Agricultura), hasta el 2010 se prevé
que el consumo de lácteos aumente a un ritmo de entre 2 y 2,5%,
y la producción en torno a 1,5%, lo que es una buena noticia para
países como la Argentina, productores con capacidades competitivas
de exportación".
La Argentina, Australia, Brasil, Chile, Nueva Zelanda y Uruguay crearon,
hace tres años, la Alianza Láctea Global, una suerte de
grupo Cairns del sector lácteo que hoy preside Cappellini. El grupo
está integrado por los sectores privados de estos países
lecheros netamente exportadores sin subsidios.
"Nuestro mandamiento es empujar una negociación en la Organización
Mundial de Comercio (OMC) que sea equilibrada y equitativa para el sector.
Como está en juego la ronda Doha, entendíamos que era el
momento de divulgar el daño que provocan estas políticas
proteccionistas y asesorar a nuestros gobiernos para que esta negociación
contemple al sector. Estamos trabajando en forma intensiva, hacemos estudios,
empujamos negociaciones y tuvimos giras con gobiernos norteamericanos
y europeos", resume el titular del organismo.
Aun con los problemas internos y las distorsiones externas, resalta Cappellini,
"la lechería argentina es tan competitiva que logró
100 mercados a los que exporta". Y Linari concluye con un pronóstico
optimista: "Se vienen tiempos razonablemente buenos para el sector,
pero hay que trabajar para que esta lechería sea más competitiva
todavía, generar oportunidades y medidas de transparencia y combatir
la marginalidad donde todavía existe".
J. R. P.
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