miércoles, 27 de mayo de 2026

    Marketing total en acción

    Marketing
    total en acción

    1. de estrategias
    de mercadeo a marketing con inteligencia.
    2. de “la nueva fórmula explosiva” a “la explosión
    de la fórmula”.
    3. evolución de la gestión de marketing. del marketing pasivo
    al nuevo marketing total.
    4. ¿qué significa marketing en el siglo XXI?
    (los capítulos 1 y 2 se publican a continuación. los dos
    últimos, en la próxima edición.)

     

    1. De estrategias
    de mercadeo a marketing con inteligencia

    Cómo
    hacer marketing con inteligencia
    El mundo está atravesando por una situación de cambios sin
    precedentes. Se nos impone una nueva era, cuyo avance ya nadie podrá
    detener. A diferencia de las revoluciones del pasado, ésta es enorme.
    Sin duda, estamos en los albores de una época que da origen a una
    nueva economía, a una nueva política y a una nueva sociedad.
    Época en la que los cambios que vivimos son cualitativos, no meramente
    cuantitativos, y la crisis que deviene de estos cambios no solamente altera
    “los números de la economía”, sino también
    los valores fundamentales.
    Todos sabemos que se acabó el mundo bipolar y que los tiempos que
    corren están dominados por lo imprevisible, por situaciones anteriormente
    no imaginadas cuyas implicaciones para nuestras vidas, tanto en lo profesional
    como en lo personal, son inexorables.
    Por ello, el cambio que estamos viviendo no nos impone el paso de un escalón
    a otro de una escalera. Nos exige “un cambio de escalera”.
    Ya no se trata de aprender a manejarnos en un “escalón diferente”,
    pues esto significaría un simple proceso de adaptación.

    Debemos aprender a subir por una “nueva escalera”, a utilizar
    en nuestro beneficio la inestabilidad y la crisis, provocando un cuestionamiento
    permanente de todo.
    Y esto implica un proceso de aprendizaje continuo.
    Sin duda, las economías están en un proceso de transformación
    y los gobiernos, de renovación. Si bien en las naciones existe
    una nueva promesa, también se perciben nuevos riesgos derivados
    de circunstancias disímiles.
    En los países desarrollados, como es el caso de España dentro
    de Iberoamérica, existen síntomas de declive en sus mercados.
    Esta circunstancia se deriva del grado de madurez alcanzada.
    En cambio, y tal como ocurre en Latinoamérica, los síntomas
    de declive son consecuencia de la crisis generalizada que viven sus mercados.
    Finalmente, los extremos se unen y tenemos frente a nuestros ojos una
    situación nueva que enfrentar, quizá con parámetros
    y metodologías diferentes.
    A su vez, la incertidumbre que nos genera la situación por la que
    atraviesa el mundo nos demanda cambiar algunas ideas y formas de trabajo,
    en aras de la supervivencia. En este paisaje turbulento, no hay cabida
    para actitudes pasivas. Debemos encarar una gestión del cambio,
    gestión que, como indica su nombre, se construye a medida que se
    avanza.
    Debemos “construir” antes de que el cambio nos sorprenda: debemos
    encontrar la forma de anticiparnos, de ser más flexibles y más
    rápidos. En definitiva, debemos ser protagonistas.
    Esta decisión implica una elección, y toda elección
    implica pérdidas y ganancias… que no deben ser vividas como victorias
    y derrotas, porque:

    No
    hay derrotas: siempre hay un aprendizaje, en el triunfo y en el aparente
    fracaso.
    A veces, es más valioso lo que aprendemos al no haber logrado lo
    que pretendíamos.
    A veces, hay que festejar el fracaso.

    Ésta
    es la base conceptual de lo que hemos definido “Marketing Total en
    Acción”, focalizado en el tema la evolución del cambio
    y su impacto en la actividad de negocios, para avanzar luego sobre lo
    que hemos denominado “La nueva fórmula explosiva”, compuesta
    por tres elementos: velocidad-complejidad-incertidumbre. Este tema apasionante
    amerita una revisión sobre la evolución del marketing, repasando
    los enfoques que tuvo en sus comienzos, cuando estaba orientado hacia
    la producción (marketing pasivo), hasta la época actual,
    en la que prevalecen la inteligencia en la conducción y la proactividad
    en las personas y en las organizaciones.


    Reinterpretación del cambio
    La palabra “cambio” aparece constantemente en nuestra vida,
    tanto en lo personal como en lo profesional. Está en libros, revistas
    especializadas, cursos de capacitación.
    Forma parte de nuestro lenguaje cotidiano y su presencia y vigencia no
    es casual. Más aún en la actualidad, cuando en los primeros
    años del tercer milenio nos encontramos repentinamente ante una
    realidad muy diferente de la que los teóricos anunciaban a principios
    de los años ’90.
    Estamos ante un escenario donde los cambios no sólo son cada vez
    más frecuentes, sino que la aceleración de esta frecuencia
    se ha incrementado.
    Cambios en los mercados, en la tecnología, en la competencia, en
    los clientes e incluso en el interior de nuestras organizaciones. Cambios
    que nos afectan durante las veinticuatro horas.
    A veces, encontramos que nuestras metodologías de trabajo ya no
    son tan buenas como para responder exitosamente a este desafío.
    Cabe que nos preguntemos, entonces, si nos enfrentamos a un cambio que
    “cambia” cada vez más rápidamente o si estamos
    frente a un sistema que tenemos que ver bajo una nueva luz, ante un nuevo
    juego que aprender a jugar.
    Creemos que, cuando se habla de cambio hoy, se habla fundamentalmente
    de situaciones que nos obligan a mirar la realidad desde una perspectiva
    a la que no estábamos acostumbrados y que nos exige “variar
    el enfoque”.

    En
    otras épocas “cambiar”
    significaba incorporar modificaciones.
    Hoy “cambiar” significa
    incorporar capacidad de cambiar.

    Y esto es
    posible solamente si esta capacidad se desarrolla en cada una de las personas
    que integran el grupo de trabajo, porque implica pasar del viejo sistema
    de organizaciones piramidales (aún vigente), donde el sentido de
    la comunicación va de arriba hacia abajo, a una organización
    enfocada en personas que puedan generar un flujo de comunicación
    de abajo hacia arriba, desde y hacia los costados y, ¿por qué
    no?, también desde abajo hacia arriba.
    En el camino para encontrar soluciones, es necesario que busquemos herramientas
    que nos ayuden a procesar la información. Sabemos que hay literalmente
    miles de libros en los escaparates que explican cómo hacerse rico,
    cómo ser poderoso, cómo conseguir amor o cómo adelgazar.
    Pero las soluciones no se encuentran en “paquetes”.
    Para comprender la situación en la que estamos inmersos, tenemos
    que aprender a mirar el mundo desde otra posición. Debemos elevarnos
    sobre el nivel del problema para analizarlo con una perspectiva más
    amplia.
    Nuestro análisis tradicional se centró en el estudio de
    las partes, sin embargo, para entender la realidad en una dimensión
    más profunda, es necesario comprender cada parte en su interacción
    con el todo. El análisis por separado no es real.
    Si partimos del todo desde un enfoque sistémico, entendiendo cada
    parte como un subsistema dentro de un sistema más grande, seguramente
    realizaremos apreciaciones más acertadas.
    A lo largo de este recorrido vamos a jugar con la superación de
    las dicotomías:

    Los
    elementos que en un nivel pueden
    parecer opuestos, en otro pueden
    ser complementarios.

    Esto significa
    que los distintos elementos que componen una situación pueden ser
    evaluados de manera diferente, según la percepción de cada
    observador.
    La realidad es que cada postura es una visión parcial del todo,
    y distintas posturas pueden fundamentar conclusiones opuestas, llegando
    cada una desde su ventana a sentencias válidas que, sin embargo,
    se contradicen.
    Dado que estas contradicciones forman parte de nuestra realidad y han
    modelado nuestra forma de pensamiento, guiando nuestra lógica de
    comprensión, negarlas no sería un enfoque inteligente.
    Lo que necesitamos es buscar una nueva forma de pensar, que integre en
    una visión más global aquellos elementos que, a primera
    vista, puedan parecernos diferentes o contrapuestos.


    El tiempo de cambiar y el cambio en el tiempo oportuno

    Es frecuente que un líder de una empresa, habitualmente Pyme familiar,
    se dé cuenta de que ya “no puede” con todas las decisiones
    que debe tomar o de que “ya no entiende este mercado de hoy”.

    Esto es así porque una de las mayores dificultades que tenemos
    los seres humanos es “cambiar a tiempo”.
    Habitualmente lo hacemos cuando nos damos cuenta de que hay “algo
    que no funciona”, algo en lo que nos “va mal”, un mercado
    que no responde, un producto que ya no se vende, un servicio que ya no
    se demanda.
    Y allí comenzamos el proceso de cambio… ¡tarde!
    El cambio debe iniciarse cuando, en pleno uso de nuestras mejores facultades
    y aun disfrutando del éxito del producto o servicio que estemos
    comercializando, tengamos los recursos y las fuerzas necesarias para “soportar”
    los costes del aprendizaje de quien nos sucederá, o las inversiones
    en un producto nuevo, o las pérdidas de un servicio que recién
    se inicia.
    Cuando la curva llega a su cúspide, el punto C de la gráfica,
    es casi irremediable el inicio de la pendiente que nos lleva al punto
    D de la declinación y desaparición como producto o como
    empresa.
    En el tramo que va entre A y C, en el proceso mismo de crecimiento, es
    donde debemos pensar.

    ¿Quién
    nos sucederá para que aprenda a conducir antes de que nosotros
    lleguemos al punto C?, o bien, cuando estemos ya en el punto C: ¿qué
    producto o servicio tendremos ya probado en el mercado, con sus costes
    de desarrollo digeridos y los ajustes realizados como para que sea “producto
    estrella” al llegar el anterior a su etapa de declinación?

    Estas preguntas deben ayudarnos a comprender que, aun cuando todo negocio
    y toda conducción deban atravesar los procesos sucesivos de declinación,
    desaparición y cambio, la organización en sí no debe
    someterse a las mismas circunstancias, porque la clave del éxito
    hoy está en lo nuevo, no en el perfeccionamiento de lo ya existente.


    El cambio es personal
    Obviamente, quienes llevamos adelante los cambios somos nosotros mismos,
    las personas. Por lo tanto, ningún sistema de gestión estratégica
    dará buen resultado si no se enfoca en la habilidad y desarrollo
    de las capacidades humanas.
    Es importante, entonces, incorporar un nuevo enfoque para afrontar las
    situaciones de cambio: capacidad de cambiar.
    Muchos directivos creen que el éxito procede de la estabilidad,
    de la armonía, de la disciplina. Sobre esa base, definen una misión,
    preparan planes a largo plazo y convencen a la gente para que comparta
    una cultura “establecida”.
    Esto lleva, inevitablemente, a formular estrategias que son repetición
    de lo que se hizo en el pasado o a imitar a otros que ya han avanzado
    o están avanzando hacia un futuro mejor.
    Lo que debemos hacer es vivir con una nueva actitud, incorporando aptitudes
    distintas en forma constante. En una organización, esto significa
    pasar del “cambio de escalones” al “cambio de escalera”,
    hasta llegar a incorporar la capacidad de cambio permanente que todo miembro
    de una empresa necesita.
    En los tiempos que corren, ya no tiene sentido preguntarnos si estamos
    o no de acuerdo con este proceso de cambios, porque el cambio ya no es
    una opción.
    Lo que debemos preguntarnos es si queremos ser agentes del cambio o si
    nos vamos a conformar con aceptar sus consecuencias.


    Niveles de cambio
    Los cambios tienen dos niveles. El primero es personal, y se refiere a
    la incorporación de nuevas habilidades y capacidades, tanto individuales
    como colectivas.
    El segundo tiene que ver con la organización de la empresa para
    garantizar un proceso permanente de aprendizaje que tienda a la conformación
    de una “organización inteligente”, autoevolutiva y con
    dinámica propia.
    Ahora bien, siguiendo el mismo hilo de pensamiento: para formar una organización
    inteligente es necesario contar con “integrantes inteligentes”.
    Y con este término nos referimos a quienes son capaces de resolver
    situaciones nuevas y originales sin contar con fórmulas o recetas
    previamente elaboradas.
    En la actualidad el cambio es multidisciplinario, por ello, la conducción
    de una organización requiere algo más que una especialización
    en determinada disciplina o profesión, pues los conocimientos aumentan,
    varían y se actualizan tan rápido que la especialización
    ya no alcanza a cubrirlos.
    Esto no significa que el individuo deba saber “de todo”, sino
    que es esencial el trabajo en equipo y una amplitud de criterio que permita
    ver las cosas desde un ángulo distinto al de nuestra especialización.
    Hay que desechar la estrechez de miras, los celos profesionales y la tozudez.

    LA
    EVOLUCIÓN DEL CONOCIMIENTO DE LA HUMANIDAD AÑOS QUE TARDÓ
    EN DUPLICARSE EL CONOCIMIENTO
    1 –
    1700 1.700 años
    1850 150 años
    1925 75 años
    1965 40 años
    1975 10 años
    1979 4 años
    fuente: elaboración propia. datos hasta 1979.

    Cada persona
    debe contar con la plasticidad suficiente para redefinir metas sobre la
    marcha, respondiendo a los cambios que el proceso requiera, disfrutando
    de la experiencia de ser creativo, y teniendo en mente un contexto global
    que le da significado a sus metas y a los diversos sucesos de la vida
    cotidiana.
    En este sentido, la flexibilidad, la posibilidad de ser más amplio,
    más lúdico, se apoya también en el proceso de globalización,
    que afecta a gobiernos, empresas e individuos. Hoy, la competencia se
    produce en la mente del individuo, donde puede no haber diferencias entre
    productos reales y productos imaginados.
    Compiten tanto los que el cliente tiene al alcance de su mano como aquellos
    de mercados remotos, que ha podido conocer a través de medios de
    comunicación como Internet, por ejemplo.
    La influencia de estos mercados remotos se traslada de esta manera al
    mercado local, debido a que la mente humana, eminentemente comparativa,
    incorpora en su imaginación tanto la percepción del producto
    físicamente presente como la de aquel que está distante.

    Así parece haberlo entendido, y con mucha claridad, Bill Gates
    cuando dijo:

    “El
    mercado potencial de cualquier empresa no sólo se ha ampliado,
    prácticamente ha explotado. El comercio electrónico ha multiplicado
    el número de compradores y ha ampliado al máximo la cobertura
    geográfica.
    ”En este sentido, Internet implica una oportunidad única para
    las empresas, les da una potencialidad que va mucho más allá
    que la ‘fiebre’ desatada por el ‘oro’.”

    Además
    de estas interesantísimas reflexiones de Bill Gates, otro aspecto
    que el marketing moderno no puede obviar es el cotejo que hace un cliente
    entre el producto que ve en una vidriera y el que tiene en mente.
    Precisamente por ello, una de las tareas más desafiantes de la
    inteligencia en Marketing es descubrir cómo es ese producto imaginario
    para luego fabricarlo tal y como el cliente percibe que debe ser.

    2. De “La
    nueva fórmula explosiva” a “la
    explosión de la fórmula”


    El desafío de cambiar
    ¿Podemos cambiar el mundo? Quizá sí… pero no
    si antes no cambiamos nuestra percepción del mundo.
    Comprender la diferencia entre cambiar el mundo y cambiar la idea que
    tenemos de él es el secreto del progreso y de la búsqueda
    de la excelencia.
    Para ilustrar este concepto, a continuación transcribiremos un
    conjunto de frases textuales, extractadas de la historia, que “lo
    explican” por sí mismas:

    “Pienso
    que existe mercado
    en el mundo
    para aproximadamente cinco
    computadoras”.
    Thomas Watson, presidente de IBM en 1943.

    “Es
    una necedad imaginar que
    las motocicletas ocuparán
    el lugar de los ferrocarriles
    en el desplazamiento a larga
    distancia de pasajeros”.
    American Road Congress, 1913.

    “Volar
    en máquinas
    más pesadas que
    el aire es inútil y
    totalmente imposible”.
    Dicho por un astrónomo de renombre en 1902.

    “No
    existe razón para que un
    individuo tenga una
    computadora en su casa”.
    Ken Olsen, presidente de Digital Equipment
    Corporation, 1977.

    “Las
    mujeres sensatas y
    responsables no desean votar”.
    Grover Cleveland, 1905.

    Como vemos,
    los seres humanos tendemos a ver el mundo a partir de nuestras propias
    percepciones, que muchas veces dificultan la verdadera comprensión
    de la realidad y generan una verdadera miopía sobre el futuro.
    Desde el momento en que una persona modifica favorablemente su percepción
    sobre sí misma y su entorno, descubre que muchas de las cosas que
    creía verdades absolutas, no lo son; y que muchas otras fuera de
    su alcance se convierten en posibles.
    Sin embargo, modificar nuestras percepciones puede ser un trabajo arduo,
    porque los seres humanos basamos nuestras percepciones y decisiones sobre
    “mapas de inteligencia”, que son esquemas sobre la base de los
    cuales hemos aprendido a entender el mundo.
    Un aspecto central para nuestr
    as vidas es mejorar estos mapas;o, mejor dicho, mejorar la capacidad de
    “construir” nuevos mapas para nosotros mismos.
    Las posibilidades de elección dependen siempre de la plasticidad
    o de la falta de plasticidad que tenga el individuo, entendiendo por tal
    la capacidad para hacer frente a las situaciones desde puntos de vista
    distintos.


    De la nueva fórmula explosiva a la “explosión de la
    fórmula”

    Hasta ayer,
    nuestra preocupación central era cómo reaccionar más
    rápidamente para adecuarnos a la mayor velocidad de los cambios
    del entorno y del mercado. Sin embargo, la realidad ha superado este esquema
    de comportamiento, ya que el impacto del cambio es tan profundo que deja
    sin efecto a las recetas.
    La “fórmula explosiva” que definíamos en Marketing
    Total1, compuesta por Novedad-Diversidad-Transitoriedad, ha mutado, en
    consecuencia, dando lugar a una nueva fórmula que podríamos
    denominar cuántica o rupturista.
    Esto significa un cambio profundo, no solo de forma sino también
    de fondo:
    Un sistema debe morir para que nazca otro
    Ya no son posibles las reformulaciones, porque estamos más allá
    del cambio mismo, en otras palabras, estamos ante “un cambio del
    cambio”, que influye tanto en los protagonistas como en los observadores.
    Esto se ve con claridad en los mercados, ya que durante los años
    recientes se ha alterado su estructura y, consecuentemente, la gestión
    de las organizaciones dentro de ellos.
    Como sabemos, las variaciones en las relaciones económicas, políticas
    y sociales han sido espectaculares.

    Hemos pasado
    de una sociedad industrial a una sociedad del conocimiento, y estamos
    pasando de una sociedad del conocimiento a una sociedad de la inteligencia.
    Esto es, exactamente, la modernidad.

    Ante este
    contexto, el empresario no tiene otra alternativa que despegarse de muchos
    de sus pensamientos tradicionales, ya que las crisis pueden ser fatales
    para las empresas que no cuenten con capacidad de cambiar.
    En este escenario, las estrategias de marketing adquieren entonces un
    rol fundamental, ya que aportan las metodologías necesarias para
    reducir riesgos y mejorar el aprovechamiento de oportunidades en el duro
    camino del crecimiento y el desarrollo.

    La nueva
    realidad sobre la que estamos reflexionando se caracteriza por variables
    cruciales que impactan en actitudes y decisiones, tanto en el ámbito
    organizacional como en el personal.
    Por ello hemos redefinido la vieja fórmula explosiva, considerando
    los tres pivotes fundamentales que marcan los aspectos sustanciales del
    cambio en la conducción organizacional.
    Éste es un momento especial, totalmente diferente de la humanidad
    y, por consiguiente, de la relación de las empresas con los mercados.

    Para sintonizar
    con el cambio
    debemos ir más allá de subir
    otro escalón de la misma escalera:
    debemos cambiar la escalera misma,
    modificar el punto desde
    el cual observamos la realidad
    y también nuestra manera de hacerlo.

    En consecuencia,
    a la hora de buscar el liderazgo en un mercado, es importante que tengamos
    en cuenta que ésta es una meta que lograremos únicamente
    si asumimos el cambio como algo interior.
    Las tendencias actuales del marketing están signadas por la velocidad,
    la información y su aplicación inteligente. Conceptos cuya
    combinación dan como resultado la nueva “fórmula explosiva”
    de los tiempos que corren, dejando atrás la previsibilidad y los
    conceptos clásicos de planificación.

    En estos
    tiempos, los antecedentes y los datos anteriores ya nada garantizan respecto
    de los acontecimientos que vendrán.
    Como estamos viviendo una era de discontinuidades, de cambios profundos,
    no podemos predecir cuáles serán las próximas reglas.

    El desafío hoy, pasa por crear empresas dinámicas que puedan
    aprovechar lo imprevisible. No se trata tanto de la velocidad de reacción
    ante el cambio sino de incorporar proactividad, de liderar el cambio.

    En las últimas décadas, el cliente se incorporó al
    proceso de lleno, saltando vallas y límites e imponiendo un estilo
    que exige un trato más personalizado, que contemple todo lo que
    él ya sabe sobre productos o servicios similares que se comercializan
    en este mundo globalizado.
    Esta realidad no es sencilla de abordar, aun cuando todos somos conscientes
    de que en los últimos años hemos vivido procesos de cambios
    hiperacelerados, fundamentalmente como consecuencia del desarrollo de
    la denominada “economía en red” tan brillantemente analizado
    por Bill Gates.
    Internet ha impactado rápidamente en un campo no analizado hasta
    entonces en el mundo del Marketing: la hiperglobalización de la
    “mente”.
    Este shock, en buena medida, aun se mantiene, lo que hace algunas conductas
    todavía más difíciles de predecir porque dependen
    de una variedad muy amplia de estímulos que no necesariamente pertenecen
    a la realidad física en la que vive el cliente.
    Por eso, el desafío pasa por construir liderazgos adecuados a esta
    nueva era, haciendo un esfuerzo prospectivo por imaginar cómo será
    el mundo en los próximos años.
    Aunque nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrirá, es posible
    especular con que tendremos frente a nosotros una sucesión de retos
    continuos que exigirán repensar las empresas en forma permanente.

    El impacto
    de la tecnología no solamente está poniendo a disposición
    de la humanidad y de sus organizaciones nuevas herramientas, también
    ha irrumpido en el ámbito del consumo, cambiando toda la cadena
    de punta a punta.


    El impacto del cambio
    en la actividad de marketing
    El nuevo siglo se inicia en un contexto turbulento, caracterizado por
    riesgos cada vez mayores y oportunidades cada vez menores para las empresas.

    Dentro de este marco, las estrategias de marketing deben centrarse en
    definiciones inteligentes que brinden alternativas flexibles para el aprovechamiento
    de las oportunidades.
    Desde la época de la Revolución Industrial, la función
    de Marketing ha recorrido un largo camino durante el cual ha respondido
    a cuatro enfoques que dieron lugar a diferentes estructuras organizacionales,
    distintas concepciones de la actividad empresarial e, incluso, influyeron
    en la interpretación de los objetivos de éstas.
    Nos concentraremos en la primera de estas etapas que, lamentablemente,
    encuentra a muchas empresas operando con el mismo criterio, a pesar de
    que hemos llegado al 2004.

    Primera etapa:
    marketing pasivo
    Bajo esta orientación, prevalece el área de “ventas”,
    que tiene el limitado rol de organizar la salida de los productos terminados,
    siendo prácticamente nula la actividad promocional y publicitaria.

    La tarea se reduce a vender los productos al precio fijado por los departamentos
    de producción y finanzas.
    La empresa está dominada por la función de producción,
    dado que la principal preocupación es precisamente desarrollar
    la capacidad productiva y la productividad. La máxima aspiración,
    en todo caso, es “elaborar un producto mejor”.
    El estilo de organización y su conducción se basan en el
    convencimiento de que la organización sabe mejor que nadie lo que
    es bueno para el comprador quien, por su parte, coincide con ello.
    Los dirigentes empresarios asumen que fabrican un producto superior y
    suponen que los compradores lo continuarán demandando indefinidamente;
    el hecho de que la demanda supere a la oferta también colabora
    en esta creencia.

    Como las
    condiciones de mercado
    son siempre temporales, el marketing pasivo puede dejar ciega a la empresa
    ante los cambios.

    Un muy buen
    ejemplo que ilustra este concepto es el caso Madera CBA, que relatamos
    a continuación.

    Ejemplo:
    MADERAS CBA

    El
    gerente de una empresa de fabricación de juguetes y accesorios
    de madera decidió, con su gerente de producción, copiar
    un modelo de “posa damajuanas” que realmente les gustaba, para
    fabricarlo en horas de capacidad ociosa, aprovechando el contacto comercial
    con varias bodegas de la zona. Luego de tener el producto terminado y
    hacer varios intentos de venta con sus potenciales clientes, tuvieron
    que desechar el proyecto ya no tuvo éxito.
    ¿Cuál fue el problema de Maderas CBA? Sin duda…
    …Su estrategia de Marketing pasivo
    1. No “poner el oído en el mercado” puede costarnos caro.
    Si analizamos los datos de consumo de vino de mesa de los últimos
    20 años, encontraremos que, no sólo el genérico perdió
    una importante participación de mercado frente a otras bebidas
    alcohólicas, sino que la damajuana fue la que más sufrió
    la caída, perdiendo hasta 80% de su volumen de ventas.
    2. La “percepción de valor” que genera este accesorio
    al segmento de clientes que aún consume este producto, no es alta.
    En general, son compradores “de precio” con motivaciones de
    compra funcionales y poder adquisitivo reducido.

     

    La
    nueva fórmula explosiva
    Velocidad Hay que tomar una actitud proactiva: la idea es no recurrir
    a fórmulas ya escritas, sino aprender a hacer nuevas fórmulas
    para cada caso.
    A fines de los noventa, la agilidad para reaccionar ante los cambios del
    entorno era lo más importante: tener una buena estrategia para
    detectar las nuevas características del mercado, de la competencia
    y de las preferencias del cliente eran las principales premisas de las
    organizaciones. En este nuevo siglo, se requiere una actitud cualitativamente
    distinta. Una reacción ante el cambio de la competencia o de los
    clientes, por más rápida que sea, puede llegar tarde. Se
    requiere una actitud proactiva, y la proactividad implica “aprender
    a hacer fórmulas para cada caso”. Esto es: tenemos que aprender
    a desarrollar fórmulas antes que a memorizar métodos ya
    escritos.

    Complejidad
    No sólo la realidad funciona como un conjunto de partes interconectadas:
    la relación entre las partes es más importantes que las
    partes mismas.
    Es central comprender que nuestra realidad funciona como un conjunto de
    partes interconectadas entre sí. Este no es un concepto nuevo,
    sin embargo, debe adaptarse a los tiempos que corren, porque complejidad
    implica que la relación entre las partes es más importante
    que las partes en sí. No hablamos de sistema como conjunto de partes
    interrelacionadas. Hablamos de “conectividad”.
    El tratamiento de la complejidad exige considerar que para evaluar y medir
    el éxito de una decisión es necesario extrapolarla a un
    contexto más amplio del ámbito en que se aplica.


    Incertidumbre Inteligencia de mercado ya no es sinónimo de búsqueda
    de información. Es capacidad para transformar la información
    en conocimiento nuevo.
    En procesos y circunstancias en que el cambio es más cualitativo
    que cuantitativo, donde no necesariamente el presente es consecuencia
    del pasado, y el futuro tampoco lo es del presente, tenemos ante nosotros
    el verdadero desafío de la incertidumbre. La incertidumbre tiene
    que ver precisamente con el hecho de que lo que vivimos en el presente
    no necesariamente es el precedente
    del futuro. En consecuencia, el foco central apunta al desarrollo de nuestra
    capacidad para «estar capacitados», para responder lo que
    no sabemos que mañana nos preguntarán. La intuición
    es una capacitad para la que es necesario prepararse.