jueves, 2 de abril de 2026

    Líder de “una fuerza con vocación de centro”

    El titular de Recrear recibió a MERCADO en un despacho que todavía huele a nuevo. Desde septiembre, la sede partidaria ocupa los dos últimos pisos de un edificio en la peatonal Florida y el movimiento de personas insinúa que las elecciones en las que participó la fuerza este año sólo fueron el punto de partida. El economista habló, entre otros temas, del empresariado local, la reestructuración del sistema financiero y las AFJP.
    Tras conocerse el resultado de la elección presidencial del 27 de abril pasado, Ricardo López Murphy asumió que los más de tres millones de votos que lo colocaron en el tercer lugar, debían ser la plataforma para erigirse como el referente de la oposición al nuevo gobierno justicialista, un rol que, en principio, disputaría con Elisa Carrió, otra ex dirigente radical. A poco más de seis meses de aquel logro, el titular de Recrear se muestra firme en la decisión de ejercer ese liderazgo desde una fuerza con vocación centrista, que espera reflejar a un espectro amplio.
    Así, López Murphy levantó su voz en varias oportunidades para marcar sus diferencias con el rumbo del gobierno de Kirchner: ¿Alguien ha escuchado un plan sobre cómo va a resolver la Argentina las dificultades económicas u organizar el sistema financiero? ¿Alguien tiene una idea de cómo vamos a enfrentar el problema del sistema federal, donde hemos tenido quiebra en buena parte de las provincias? ¿O un proyecto de coparticipación federal en materia de responsabilidad fiscal? ¿Qué cambios regulatorios, impositivos y educativos, cuál es el plan para resolver el nivel de desempleo? ¿Cuál es el programa para resolver la cuestión de la seguridad social?.
    Una buena parte de esas preguntas sigue sin contestarse, sentencia al comenzar la entrevista.

    ­Hace muy poco, usted habló de un clima antiempresario en la Argentina. Dijo que el empresariado local padecía un gran descrédito. ¿Cómo reconstruir el empresariado nacional?
    ­Dije que la actividad empresarial, vital en una sociedad mixta, con entidades estatales y privadas, no tenía en la Argentina un reconocimiento social. No se ha creado un clima de respeto y admiración por el éxito, la innovación y la asunción de riesgos. Los empresarios no son figuras emblemáticas y eso genera un desánimo. La reconstrucción debe partir con una visión cultural del valor y la importancia de los empresarios. Es decisiva esa cultura para fomentar el éxito y la toma de riesgos. Como decía Deng Xiaoping a los líderes del Partido Comunista chino: Haceos ricos y sed exitosos. Ése es el camino del progreso, ésa es la consigna, la visión de que el éxito, el crecimiento y el esfuerzo son los motores de la historia.

    ­Esa reconstrucción, ¿va de la mano de la reestructuración del sistema financiero?
    ­No, me parece que el sistema financiero necesita una reestructuración porque se ha roto la contractualidad y se han acumulado monumentales pérdidas. Allí hay que reestructurar, no hay más remedio, porque es un problema casi de supervivencia.

    ­¿Cuál sería el papel de la banca pública?
    ­Leandro N. Alem decía que los bancos públicos estaban para hacerle préstamos a los amigos. Una visión muy crítica de las capturas de las instituciones financieras. En la Argentina pasaron cosas que sólo pueden ser explicables en términos de una banca que es manejada por consideraciones políticas. El rol de la banca pública tiene que ver con el de una empresa testigo. El rol de abrir rumbos y proporcionar financiamiento en lugares donde normalmente no lo habría; el de generar servicios en lugares en donde no podría hacerlo el accionar privado por dificultades geográficas, por ejemplo. En los hechos, ha funcionado más como capturada por los grandes lobbies y por el aparato político, generando las peores pérdidas. Yo sugerí que emitiera acciones, que fuera mixta. O sea, que tuviera que estar sometida al escrutinio de los analistas de balances, de los calificadores de riesgo, y no sólo de la auditoria del Banco Central y las consultoras privadas, sino también a las auditorías del mercado. No creo que el Estado deba hoy asignar recursos presupuestarios a ampliar el rol de la banca pública. Hay actividades mucho más prioritarias que proveer banca y hacer de empresarios minoristas.

    ­¿Por qué cree que las empresas no están tomando crédito? ¿Cómo alentarlo?
    ­Si no toman crédito es porque no deben necesitarlo. Y muchas no deben poder hacerlo, porque están en cesación de pagos. ¿Usted le prestaría a alguien que no le paga? En este contexto no es fácil prestar. Se están buscando algunos sujetos de crédito con una conducta tal que en la emergencia hayan procurado cumplir con las normas. Creo que mucha gente aprovechó la emergencia para incumplir, y eso impone hacia el futuro que entonces no le presten. Además hay muchas dificultades y un orden regulatorio e impositivo insostenible. Mucha gente tiene problemas en ese sentido: empleo y ventas en negro, por ejemplo. Pienso que si no saneamos esa situación va a ser muy difícil que vuelva el crédito.

    ­¿Y qué papel deberían jugar las AFJP en el sistema financiero?
    ­Tienen que hacer lo que hacen los fondos previsionales de todo el mundo, que son las fuentes del mercado de capitales más grandes que tiene la historia. En ese marco, es comprensible que las AFJP hagan la misma tarea que hacen en Chile, Estados Unidos, Suiza, Inglaterra y el resto de Latinoamérica.

    ­En relación con la deuda, ¿cuál es a su juicio el nivel de quita más aceptable para los acreedores?
    ­No lo sé. En primer lugar, lo que hay que tener claro en el marco de la negociación es que lo que más les conviene a las dos partes es acordar. Si tenemos en claro que el acuerdo es mejor que el no acuerdo, dimos un salto cualitativo. Segundo, lo peor que puede pasar es que la deuda se judicialice y se lleve a un callejón del cual no haya retorno. Porque cuando alguien lleva estas cuestiones al terreno judicial es cuando ya no le interesa arriesgar, le interesa que el deudor se pudra. Eso es lo que tenemos que evitar, porque será el camino más costoso de todos. Por último, el diseño tiene que ser tal que si a la Argentina le va bien, los acreedores participen de su éxito; mientras que si la Argentina no logra mejorar, los acreedores participen en parte de sus dificultades. Ese diseño permite llegar a un acuerdo. Hay que negociar de buena fe.

    ­¿Cuál es su visión de la política del gobierno frente a las privatizadas?
    ­Bueno, supongo que ahí hay un conjunto de problemas muy serios. Hay un régimen de contrato que está roto y que habrá que reponer. Esa situación ha generado innumerables juicios por arbitraje. El país firmó convenios internacionales que se convirtieron en leyes, por las cuales se previeron ciertos seguros para las inversiones, para actitudes que fueran discriminatorias. Me parece que tenemos un gran problema en marcha, los juicios internacionales. Lo que hay que hacer es minimizar nuestra vulnerabilidad ante los fallos adversos y la acumulación de deuda pública implícita para compensar las barbaridades regulatorias. Se necesita una estrategia prudente, no sólo en términos de mejorar la eficacia de las regulaciones para prestar servicios, para reponer la inversión y la infraestructura, sino también para ser lo menos vulnerable a los convenios internacionales que firmamos y, tarde o temprano, deberemos enfrentar.

    ­Por último, si usted se ubica en el centro y Carrió en el centroizquierda, ¿dónde ubicaría a Kirchner?
    ­En la tradición del PJ que ha ejercido el gobierno en la década pasada. Forma parte de la troupe de gobernadores justicialistas y de sus propias traiciones y prácticas institucionales: las reelecciones ilimitadas, las cortes con mayorías propias, los sistemas electorales que le dan una mayoría especial al gobernador. Reglas y prácticas que no comparto ni me parecen apropiadas y que a ellos les gustan.