martes, 9 de junio de 2026

    Horizonte con buenas perspectivas

    Loma Negra, la mayor cementera argentina, llegó a un acuerdo a fines
    de abril para refinanciar US$ 400 millones en deudas con bancos, tras ocho meses
    de tratativas. Pagará US$ 70 millones en efectivo (recomprando deudas
    nominales por US$ 150 millones en subasta pública) y emitirá alrededor
    de US$ 250 millones en bonos. La operación fue timoneada por Morgan Stanley
    y los principales acreedores eran Bayerische Hypovereinsbank, J. P. Morgan Chase,
    Citibank y BankBoston (67% de la deuda total del grupo).
    Como parte del acuerdo, Loma Negra emitirá tres tipos de bonos por esos
    US$ 250 millones. La mayoría será a cinco años, parte en
    pesos y parte en dólares. Los papeles en moneda local se indexarán
    por tasa de inflación. El resto será a ocho años, avalado
    por los activos de la compañía. Todos los papeles serán
    rescatados una vez que el flujo de caja llegue a determinado nivel. Sus rendimientos
    flotarán entre 2 y 8% sobre la London interbak offered rate (tasa Libor).
    En cuanto al pasivo, se dice que surgió de un error estratégico:
    la empresa lanzó un plan expansivo cuando la Argentina entraba en depresión.
    La clave de ese programa era una planta, la más moderna en América
    latina, que costó US$ 400 millones (la cifra del endeudamiento externo),
    se terminó en 2002 aunque comenzó a producir en 2001. Quienes
    conocen el sector justifican la inversión. “En los ’90 –aseguran–
    la industria cementera estaba en crecimiento. Cuando una firma como Loma Negra
    ocupa 80% de su capacidad requiere nuevas inversiones”. En off agregan
    que quienes aconsejaron invertir “no advirtieron que el consumo caería
    y que se estaba ante las puertas de una devaluación”.
    La economía empezó a recobrarse, especialmente en el sector construcción,
    en declive desde 1999. Pero el cuadro es difícil. En 2001, las ventas
    sectoriales habían caído 40% y, el año pasado lo hicieron
    en 30% (un acumulado de 58%).
    Así, empresas como Loma Negra, que habían creído firmemente
    en la convertibilidad –se endeudaban en dólares mientras sus ingresos
    eran en pesos–, acabaron con sus balances desquiciados. La firma había
    tomado fondos en el mercado internacional de capitales y, al final del proceso,
    apenas 100 de los US$ 430 millones adeudados estaban en moneda local. Poco más
    de 50% (US$ 204 millones) venció antes del 31 de diciembre de 2002.

    Crisis y superación

    En 1999, las ventas de Loma Negra sumaron algo más de US$ 395 millones.
    Dos años después, habían cedido a 260 millones (una caída
    de 34,2%).
    En mayo de 2003, la crisis de la construcción parecía superada.
    Según el Indec, en ese mes la actividad mostraba 36,1% de repunte en
    relación con el mismo mes del año pasado, aunque retrocedió
    0,5% con respecto a abril.
    Debe consignarse que, en todo 2002, la actividad se había contraído
    28% en relación con 2001. Otra señal favorable es que, tras cuatro
    años, la construcción volvió a tomar mano de obra (con
    un incremento de 7,6% entre el último trimestre de 2002 y el primero
    de 2003).
    Algunos segmentos crecieron con mayor ímpetu: la producción de
    asfalto saltó 19% de abril de 2002 a marzo pasado. Tomando el primer
    trimestre de 2003 contra igual lapso de 2002, la de ladrillos subió 50%
    y 117% la de tejas cerámicas.
    Las solicitudes de permisos de obra aumentaron 17% en marzo respecto de febrero
    y 42% entre el primer trimestre de 2002 y 2003. Se notaba mayor optimismo entre
    contratistas dedicados al sector privado: 38% tiene expectativas positivas y
    sólo 10% las tiene negativas.
    Pero desde la Dirección de Relaciones y Comunicaciones del grupo (a cargo
    de Carlos Aldao) afirman: “Si bien en 2003 el consumo de cemento en la
    Argentina subió 20% respecto de 2002, los valores de despacho y consumo
    per cápita se mantienen entre los más bajos de los últimos
    40 años. Y es de los más bajos de América latina”.

    Las cifras y la proyección

    La empresa ha prosperado bajo gobiernos constitucionales y de facto. Pero no
    se dejó arrastrar por la ola de privatizaciones de la década de
    1990. Su única intervención consistió en comprar una red
    de carga (Ferrosur Roca, de 3.000 kilómetros), probablemente amortizada,
    que mueve producción agroganadera e insumos y materiales para las plantas
    de Loma Negra.
    Hoy la empresa sigue dominando el sector cementero y representa casi la mitad
    de su producción total. “El market share de Loma Negra fue en junio
    de 48%”, dicen en su Dirección de Relaciones y Comunicaciones. La
    capacidad instalada asciende a 3,8 millones de toneladas anuales. No obstante,
    su hegemonía ha sido afectada por el ingreso de un líder mundial,
    Holderbank (hoy Holcin), que ha adquirido a dos competidores locales –Corcemar
    y Minetti– y controla ya un tercio del mercado. En ese sentido, circulan
    rumores de que Holcin negocia la compra de Loma Negra. Sin embargo, en Relaciones
    y Comunicaciones son tajantes: “Loma Negra no está en venta para
    nadie”.
    La tercera firma en la Argentina, Cemento Avellaneda, está asociada a
    la francesa Lafarge Coppé y representa 16% de las ventas.
    A fines de los ’90, Loma Negra afrontaba un dilema: crecer en el país
    o proyectarse al exterior. En 1997 lanzó un ambicioso plan de inversiones
    basado en expandir las instalaciones de Olavarría y construir otro complejo,
    más moderno, para producir 1,6 millón de toneladas al año.
    Esta planta, bautizada L’Amalie, comenzó a funcionar en noviembre
    de 2001 y ha originado 58% de la deuda total del grupo.
    Pero no descartaron completamente la proyección externa. En 1998, la
    firma tomó el management en la división cementera de Ancap (Administración
    Nacional de Alcohol y Petróleo), empresa estatal uruguaya. Hoy tiene
    exclusividad para vender su producción en la Argentina. En otro plano,
    diversificaba simultáneamente adquiriendo cuatro firmas dedicadas a concreto
    (Servicón, Sermac, Cenmex y Decamix) por un total de US$ 40 millones.
    Y, con cierto retraso, Loma Negra se convirtió en exportadora de cemento
    argentino: los primeros embarques se iniciaron este año a Jamaica.
    Ferrosur Roca es una red clave para las operaciones del grupo: forma parte del
    sistema computarizado de Loma Negra, provee de insumos y distribuye entregas
    de productos. Se afirma que la empresa contempla tender un ramal para transporte
    de frutas entre Choele Choel (valle medio del río Negro) y el puerto
    de San Antonio. La misma línea podría llevar exportaciones chilenas
    a Brasil, que todavía deben ir por camión cruzando los Andes o
    por barco, por el cabo de Hornos. Pero en el grupo afirman que “ni Loma
    Negra ni Ferrosur Roca contemplan entre sus proyectos el tendido de un ramal
    ferroviario entre Choele Choel y San Antonio”. Y agregan: “Existe
    en tal sentido un proyecto de trazado ferroviario originado en la Asociación
    Latinoamericana de Ferrocarriles, para atender las exportaciones de frutas del
    Valle del Río Negro y productos chilenos destinado a puertos del Atlántico”.
    M

    Grupo de
    familia

    Loma Negra se fundó
    en 1926 y sigue siendo el núcleo del grupo Fortabat, que también
    incluye explotaciones rurales y ferrocarriles de carga. Su incursión
    –durante los ’90– en radio y medios gráficos no
    tuvo éxito. Es un holding privado cuya mayoría accionaria
    está en poder de Amalia Lacroze de Fortabat, que se casó
    con el fundador de la firma, Alfredo Fortabat, en 1951 y enviudó
    en 1976. Hasta que la crisis local la alcanzó en 2002, parecía
    seguro que su nieto, Alejandro Bengolea, tomaría las riendas tras
    el retiro de Fortabat. Pero se lo relevó como vicepresidente ejecutivo
    de Loma Negra, aunque siga en el directorio y sea importante accionista
    individual. Bengolea pagó así por un oneroso programa de
    expansión basado en un diagnóstico erróneo. Lo reemplazó
    Víctor Savanti, ex CEO de IBM Argentina. El resto de la familia
    incluye a Inés Lafuente, sus nietas Bárbara Bengolea y Amalia
    Amoedo, con facultades decisorias en cuanto al futuro del grupo: seguir
    como empresa familiar, pasar a un management profesional o vender. La
    fortuna de Fortabat habría superado los US$ 1.000 millones en el
    mejor momento del mercado.