miércoles, 24 de junio de 2026

    Wi-Fi: un comodín en el futuro juego de las telcos

    “Desde que estalló la burbuja bursátil en torno de la vanguardia
    tecnológica e Internet, el negocio de las telecomunicaciones viene muy
    castigado. Los gigantes que no están en concurso o protagonizan escándalos
    de toda laya navegan, con las deudas al cuello, entre guerras de tarifas y sobreoferta
    de redes, servicios, etc. Aun la franja brick de la industria –fabricantes
    de equipos como Lucent Technologies o Nortel Networks– pugna por recobrar
    rentabilidad.”
    Así empieza un informe de la Escuela de Negocios Wharton (Universidad
    de Pennsylvania). “Durante el auge, sólo se trataba de esperar que
    los clientes acudiesen como moscas, mientras los inversores arriesgaban cuantiosos
    capitales. De pronto, la gente dejó de gastar y los sueños se
    esfumaron. Hoy, con exceso de capacidad y escasez de ingresos, vivimos los peores
    tiempos en 10 o 15 años”. Así ve las cosas Michael Reuschel,
    presidente de Operaciones Globales en Unisys Corporation.

    En la Argentina también
    se consigue

    Sin llegar a que toda una ciudad
    sea un hotspot como en la localidad de Zamora, España, en la Argentina
    es posible conectarse a Internet en forma inalámbrica en algunos
    espacios. De hecho, Intel anunció en marzo el lanzamiento de Centrino,
    tecnología móvil que integra capacidad wireless a una nueva
    generación de PC portátiles, permitiendo a usuarios de negocios
    y consumidores mayor libertad para conectarse.
    Con el objeto de comercializar el servicio, Intel se asoció a HotSpot
    International. Como producto de este acuerdo, el Museo Renault, el Spell
    Café de Puerto Madero, los hoteles Conquistador y Elevage, y Le
    Parc Gym & Spa, han sido habilitados para disponer del servicio en
    el país. Pero atentos a los que aseguran que es una tendencia creciente,
    HotSpot afirma que tiene en carpeta más de 60 solicitudes de locaciones.
    El precio de los equipos portátiles basados en esta plataforma
    arranca en los US$ 1.399.

    Ambos diagnósticos provienen de un panel en el marco de la Conferencia
    Tecnológica 2003, organizada semanas atrás en Wharton. El objeto
    era cómo sacar de aprietos a las telcos, y su veredicto final es duro:
    “Hace falta tiempo y aceite de ricino”. En otras palabras, una mezcla
    de efectos ya en curso –colapso de los más débiles, consolidaciones
    y reformas en los sobrevivientes–, disciplina contable y financiera, innovación
    continua de productos o servicios y… papel más activo de reguladores
    nacionales y locales.
    “Uno de los problemas ha sido la sobreinversión de capital de riesgo
    en redes y equipos”, señala Frank LaPlaca (del fondo OGG Ventures).
    “Los nuevos modelos operativos, entonces, deben apoyarse en menores erogaciones
    de todo tipo. Al fin de cuentas, ninguna firma hace dinero si gasta más
    de lo que vende”. Por ende, “las compañías precisan
    una buena base de clientes o abonados y un flujo sostenido de ingresos para
    cubrir inversiones en plantas, equipos, etc.”, admite Steve Gaus (ejecutivo
    de ventas en Siemens). “No obstante, nuestro sector, donde se han perdido
    600.000 puestos laborales en dos años, ya no recobra los niveles de empleo
    registrados en el auge tecnológico de 1998-2000.”

    Surgen esperanzas

    Según las conclusiones del panel, los sobrevivientes vislumbran áreas
    tan prometedoras como las líneas para subscriptores digitales o el video
    a pedido. “Si uno hace que la vida cotidiana sea más productiva
    o entretenida, encontrará abonados; al menos, en las economías
    centrales”, cree Reuschel. Otra franja con potencial expansivo es la telefonía
    inalámbrica: “10% de la población emplea preferentemente
    una línea de ese tipo –estima Gaus– y la tendencia se afirmará,
    más que sus problemas sectoriales. Hay una demanda joven en ascenso,
    porque los chicos quieren estar conectados a Internet continuamente y requieren
    celulares que funcionen también como laptops”.
    Por su parte, “los reguladores debieran establecer normas más estrictas
    y consistentes”, cree Thomas White, vicepresidente para marketing de servicios
    telefónicos en Comcast Corporation, Filadelfia. “Las autoridades
    federales han comenzado a simplificar y aclarar normas, pero los estados y municipios
    siguen siendo un mosaico abigarrado que eleva costos. No sólo en Estados
    Unidos”. John Baker, de Verizon Communications, lo sintetiza: “Nos
    faltan hojas de ruta coherentes”.
    En el contexto norteamericano, la Comisión Federal de Comunicaciones
    eliminó algunas incertidumbres el 20 de febrero, poco antes del seminario
    en Wharton. Pero, objeta Baker, “esa decisión resulta de un compromiso
    político y pasa por alto realidades comerciales. Por ejemplo, determina
    que las telefónicas locales debamos arrendar con descuento líneas
    y redes a competidoras. Esto se hace para sacar de apuros a las prestadoras
    de larga distancia, pero afecta nuestra rentabilidad y resta incentivos para
    invertir en infraestructura local”.
    El airado ejecutivo reconoce, empero, que otra parte de la normativa aprobada
    en febrero beneficia a firmas como Verizon. En especial, porque les evitará
    en adelante cobrar tarifas bajas en sus redes de banda ancha. Esto no les gusta
    a las telefónicas de larga distancia.
    En el futuro, sin embargo, los cables plantearán las mayores amenazas
    a las telcos. En esto estuvo de acuerdo el panel íntegro. “Ese negocio
    está en tan buena posición competidora porque nosotros lo hemos
    ignorado”, confiesa LaPlaca. “Eso ya no vale para Verizon –replica
    Baker–, porque ya vemos en el servicio de cable una alternativa obvia para
    los abonados. Hemos desarrollado una estrategia triple: video, datos y voz por
    vía inalámbrica, a alta velocidad”.
    ¿Hay un comodín o un tapado en el nuevo juego? Sí: la tecnología
    llamada “alta fidelidad inalámbrica”, la ya célebre
    Wi-Fi, que permite conexiones a Internet y hace que los datos viajen, vía
    frecuencias radiales, a antenas instaladas en computadoras. Estas señales
    son de corto alcance, por lo cual los usuarios deben estar a pocas cuadras del
    transmisor, área conocida como hot spot (punto clave). Algunos hoteles
    y aeropuertos ya están equipados para esa modalidad.
    Los sistemas Wi-Fi exigen una conexión a la Red en alta velocidad mediante
    un nexo estación base-punto de acceso. Vale decir, un transceptor inalámbrico
    local. Cada terminal enganchado a esa red local requiere un receptor Wi-Fi (una
    tarjeta que cuesta US$ 50 en Estados Unidos). El punto de acceso y el receptor
    “conversan” entre sí por las mismas frecuencias libres que
    emplean los teléfonos portátiles en una casa. Habitualmente, 15
    a 20 personas comparten un punto de acceso.
    Por supuesto, los servicios celulares temen la competencia de la Wi-Fi en materia
    de datos, aunque estas señales sean menos veloces y más fáciles
    de bloquear que las celulares. Sea como fuere, “la Wi-Fi es tanto una amenaza
    como una oportunidad. Si es gratis –sostiene White–, se pierden ingresos.
    Pero si aparece alguna manera de armar un modelo de negocios rentables, habrán
    más productos, servicio y crecimiento”.
    En verdad, la Wi-Fi es un tema tan interesante –amén de uno de los
    pocos componentes optimistas en la actualidad– que la conferencia en Wharton
    optó por armar un panel específico, cuyos debates recién
    arrancan y ya se han recalentado.
    La facilidad de acceso a Wi-Fi preocupa a varios. Cualquiera con conocimientos
    mínimos puede ir a Radio Shack –típico ejemplo estadounidense–
    y, por pocos cientos de dólares, armar su propia red. Pero, para que
    el recurso se popularice, las compañías telefónicas e inalámbricas
    deberán asumirlo y “todavía no saben exactamente cómo”,
    confiesa Naveen Dhar, de Mobility Network Systems. “Por ahora, los costos
    no permiten ofrecer Wi-Fi sola. Tampoco hay ya esos capitales que llegaron a
    financiar redes de US$ 100.000 millones. Cuando aparecen inversores, buscan
    retornos en dos años, no en ocho”.
    De un modo u otro, los panelistas coinciden en que las compañías
    inalámbricas tienen en las de Wi-Fi su mayor desafío. Pero algunos
    expertos no descartan cierto grado de complementación, pues ambas tecnologías
    tienen ventajas e inconvenientes opuestos. M

    MERCADO
    On Line le amplía la información:

    • “Special report. Wi-Fi Means Business”. Business Week,
    28 de abril de 2003.
    http://www.businessweek.com/magazine/content/03_17/b3830601.htm
    • Wi-Fi Alliance. Home page de Wi-Fi Alliance, organización
    sin fines de lucro formada en 1999 para certificar la interoperabilidad
    de los productos IEEE 802.11.
    http://www.wi-fi.org
    • “El futuro a corto plazo. Las diez tendencias de 2003”.
    MERCADO, marzo de 2003.
    https://mercado.com.ar/mercado/vernota.asp?id_producto=1&id_edicion=1022&id_nota=27
    • “Internet inalámbrica: una segunda oportunidad”.
    MERCADO E-Commerce, abril de 2001.
    https://mercado.com.ar/mercado/vernota.asp?id_producto=23&id_edicion=12&id_nota=3