miércoles, 24 de junio de 2026

    La fragmentación de los intereses empresariales

    Fragmentación es la palabra. Describe la situación social en la
    que quedó la Argentina al cabo de décadas de deterioro de variables
    esenciales de bienestar social. Describe también el escenario de la política
    nacional, partida en mil pedazos e incapaz de hilvanar programas o estrategias
    más allá de breves e interesados acuerdos de tiendita política.
    Fragmentación es, finalmente, el nombre justo para describir el estado
    de las cosas en el universo empresarial argentino. Dólar alto versus
    dólar bajo. Estado ausente versus Estado que acompañe el desarrollo
    de mercados. Tarifas por decreto (para arriba) versus tarifas controladas. Renegociación
    por empresa de las deudas privadas versus garantía estatal para renegociar
    deudas privadas. La lista de opuestos es larga. Nunca como ahora los empresarios
    mostraron tanta incapacidad para definir una visión económica
    de mediano y largo plazo unificada.
    La pregunta es: ¿pueden los empresarios, como segmento social, definir
    una estrategia de crecimiento y resumir visiones de país?, ¿o
    apenas son capaces de forzar negociaciones por intereses de sus empresas o sectores,
    alejados de una cosmovisión política, social y económica?
    “En general no es la burguesía la que aporta los grandes proyectos
    políticos –sostiene Carlos Acuña, politólogo y director
    de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad
    de San Andrés–. En la Argentina y en el resto del mundo, aunque
    la mayoría de los autores suele criticar a su burguesía por no
    hacer lo que hacen otras burguesías, los empresarios no llegan a tener
    la capacidad para desarrollar proyectos hegemónicos”.
    Tras el estallido de la convertibilidad, en diciembre de 2001, los principales
    grupos empresarios, cruzados por enfrentamientos y pugnas sectoriales in crescendo,
    atinaron a unirse en la Asociación Empresaria Argentina (AEA), una organización
    que apenas ha logrado consensuar en 12 meses posturas principistas a favor de
    un mejor marco institucional para el desarrollo de los negocios. Pero al mismo
    tiempo, en las trincheras calientes de la militancia empresarial, los bancos
    se dividieron en tres grandes asociaciones ahora enfrentadas, las grandes alimentarias
    nacionales y exportadoras armaron su propia central empresarial (Adipa, Asociación
    para el Desarrollo de la Industria y Producción Agroalimentaria), separada
    de la Copal, y la Unión Industrial Argentina rompió un tradicional
    acuerdo de alternancia en su conducción entre el Movimiento de Industriales
    Argentinos (MIA) y el Movimiento de Industriales Nacionales (MIN) y atravesó
    una dura disputa electoral que ha dejado más heridos que consensos tras
    el triunfo de la lista de Alberto Álvarez Gaiani, enfrentado a muerte
    con Techint.
    Si los ’90 se caracterizaron por la unidad de reclamos y posturas empresariales,
    el próximo gobierno está destinado a habilitar varias ventanillas
    para escuchar qué quieren los industriales, los banqueros, los grandes
    holdings, los extranjeros de servicios, los extranjeros de la producción,
    las pymes, etc. A la AEA (una organización que muchos prefieren llamar
    Asociación de Ejecutivos Argentinos, dada la abrumadora mayoría
    de empresas internacionales que muestra el listado de miembros), le costará
    demostrar que tiene chances de conformar el grueso conglomerado de intereses
    empresariales que –durante los ’90– representaba el Grupo de
    los Ocho, en el que reportaban las asociaciones de bancos, los ruralistas, los
    industriales, las empresas de servicios públicos y el comercio.
    A la falta de acuerdos y la dispersión que generan las divisiones de
    las principales organizaciones empresariales, se agrega lo que muchos analistas
    ven como un progresivo deterioro de la capacidad de representación de
    las grandes e históricas cámaras corporativas. Esa falta de representatividad
    es producto de una inercia en el discurso y de la forma de hacer política
    de los más conocidos dirigentes industriales y empresariales, que aún
    no alcanzan a reconocer los profundos cambios ocurridos al interior de las empresas
    que dicen representar. La interna de la UIA fue, en ese sentido, más
    una puja de personalidades (Techint y anti-Techint) que una confrontación
    de proyectos industriales inspirados desde las bases.
    La falta de consensos y enfrentamientos entre corrientes y sectores empresariales
    no es sólo una cuestión de incapacidad de alcanzar acuerdos: ahora,
    los hombres de negocios ven –a diferencia de los noventa– un Estado
    más permeable a reclamos sectoriales y que crecientemente se va reinstalando
    en un rol más activo en términos económicos.

    Burguesía nacio… ¿qué?

    Por el nivel de fragmentación, o porque en época de elecciones
    la creatividad discursiva aumenta en proporción directa a la cantidad
    de voces opinantes, de la mano de las divisiones dentro de las grandes organizaciones
    empresariales se coló el viejo debate sobre el resurgir de la llamada
    “burguesía nacional”.
    En el breve lapso de semanas, al enfrentamiento entre banqueros de la Asociación
    de Bancos Argentinos (ABA) y la Abapra (cooperativos, públicos nacionales
    y provinciales), se agregó la eyección de los privados nacionales,
    que refundaron Adeba (Asociación de Bancos de la Argentina) para ganar
    espacio de lobby y negociación frente al futuro gobierno. Adeba está
    capitaneada por viejas espadas del negocio financiero local, como Eduardo Escasany
    (Galicia) o Jorge Brito (Banco Macro), sepultados en los noventa por la ola
    de extranjerización de la banca y resucitados tras un 2002 que mostró
    a los grandes bancos internacionales en retirada, ahuyentados por los interminables
    escraches anticorralito y perdiendo posiciones frente a la banca pública,
    cooperativa y privada nacional, que aprovechó sus buenos contactos políticos
    y el soporte de millones de redescuentos para recuperar terreno perdido.
    “Hay gente de bancos que, detrás de esas ideas de resurgimiento
    de la burguesía nacional, lo único que alientan es generar situaciones
    diferenciales a su favor, que les aumenten la capacidad prestable y les permitan
    olvidarse de las normas financieras de Basilea”, interpreta el presidente
    de una automotriz europea, espantado por la posibilidad de que se sume un nuevo
    frente de tormenta –el de las militancias a favor y en contra de la “burguesía
    nacional”– al vendaval de divisiones internas entre las grandes organizaciones
    empresariales. “Si se piensa en burguesía nacional, la Argentina
    se tiene que parecer a España –señala– no al estilo
    de la Venezuela de Chávez, plagada de nacionalismos industriales que
    lo único que hacen es ganar con favores políticos lo que no pueden
    con competencia en el mercado”.
    Desde Adeba, la estrategia de posicionamiento político y búsqueda
    de espacio negociador ante el próximo gobierno es bastante clara: “Además
    de negocios, buscamos tener buen diálogo con otras agrupaciones, como
    la UIA y la SRA… y participar en forma más activa en la reconstrucción
    del país”, le dijo a Clarín Jorge Brito, presidente de la
    nueva Adeba. Un papel que los bancos extranjeros creían reservado sólo
    para sí mismos, pero que fue minado durante 2002 por los enfrentamientos
    con buena parte de la dirigencia política, la falta de apoyo de sus casas
    matrices, hastiadas de mandar a pérdida inversiones realizadas en la
    Argentina, y por el descrédito popular, que no olvida que las grandes
    marcas bancarias internacionales nunca cumplieron la promesa de “respaldo”
    internacional que tendrían los depósitos en dólares en
    caso de una crisis financiera.
    “Los privados nacionales sólo quieren sacar una buena tajada”,
    se lamenta un socio de ABA. Más aún que la interna entre Álvarez
    Gaiani y Gotelli en la UIA, el relanzamiento de Adeba abrió heridas profundas
    y nunca curadas sobre el papel de los bancos en la definición de un modelo
    de crecimiento y el del Estado en esa interacción entre empresas tomadoras
    de crédito y entidades financieras. Por eso Brito, con oportunismo político,
    anunció que los bancos de Adeba, a diferencia de los de ABA, sí
    saldrían a dar créditos a los productores y empresarios. Pero
    de allí a hablar de un resurgimiento de la “burguesía nacional”…
    Desde la Universidad de San Andrés, Carlos Acuña sostiene que
    es anacrónico hablar de burguesía nacional porque cambiaron estructuralmente
    las condiciones que dieron marco, cuarenta años atrás, a esa categoría.
    Acuña describe dos grandes cambios que impiden imaginar una “burguesía
    nacional” al estilo años ’70:
    1) hay importantes conglomerados de capital local que han quedado en posiciones
    muy fuertes y oligopólicas, y que muestran capacidad de exportación.
    Esos grupos, ex integrantes de la burguesía nacional o doméstica,
    antes dependían del subsidio estatal para poder exportar. Hoy la novedad
    es que esos grupos, gracias a la incorporación de tecnología,
    pueden ofrecer productos a escala internacional sin el subsidio estatal, lo
    cual muestra una gran diferencia con respecto al viejo modelo de economía
    cerrada, en la que esos grupos no exportaban, sólo importaban; y
    2) el otro gran cambio es que en el viejo esquema había una gran tensión
    y contradicción entre el empresariado pampeano y el urbano, porque este
    último era básicamente importador, mientras el pampeano podía
    exportar. La incorporación de tecnología en los sectores agroproductivos,
    así como en sectores manufactureros permitió superar esa limitación
    a la capacidad exportadora y dependencia exclusiva del mercado interno, que
    definía a la burguesía nacional.

    Ahora exportan todos

    Con menos rigor académico pero más realismo de negocios, un empresario
    que militó a favor de Álvarez Gaiani dice: “Hay una Argentina,
    la de Duhalde, en la cual no se respeta nada, en la que se rompieron todos los
    contratos, en la que está bien no devolver la plata que se pidió
    prestada. Ésa es la Argentina que puede pretender que el Estado vuelva
    a convertirse en un asignador de favores y recursos a sectores específicos.
    No creo que nadie en la UIA, sin importar de qué lado de la interna se
    encuentre, quiera ese Estado prebendario”. En la misma línea, pero
    con más rigor, apenas ganó las elecciones Álvarez Gaiani
    anunció que “se acabó la UIA de tinte proteccionista o desarrollista,
    porque ésa fue una discusión de la década de los ’80”;
    una postura que arroja por tierra las aspiraciones de varios grandes grupos
    empresarios “mercado internistas” y que puede generar choques con
    el gobierno en caso de que sea Kirchner el que llegue al sillón de Rivadavia.

    Yo te quiero. Yo tampoco

    Con burguesía nacional o sin ella, la realidad muestra a los empresarios
    atomizados en reclamos puntuales o sectoriales, genéricamente alineados
    en los bandos del dólar alto o dólar bajo, según revisten
    en las filas de los exportadores o apunten con sus productos al mercado interno
    y necesiten una recuperación del salario. En forma paralela, aun dentro
    de cada cámara u organización empresarial, conviven dos grandes
    ejes o visiones sobre el perfil económico y productivo al que debería
    aspirar la Argentina. Aquellos más ortodoxos que creen que la única
    forma de curar los males del neoliberalismo de los ’90 es con más
    liberalismo: más reforma y ajuste del Estado, rebaja de impuestos y retenciones,
    apertura del flujo de capitales, más privatizaciones y dejar que el mercado
    mande. Y los empresarios que prefieren una salida “a la Lavagna”,
    con un Estado que recupere algo de terreno en áreas de promoción
    económica y de negocios y que maneje discrecionalmente herramientas cambiarias,
    arancelarias e impositivas.
    En todos los casos, los empresarios aceptan que “el gran error” de
    la década de los noventa fue haberse olvidado de las instituciones y
    de una regla de oro del capitalismo moderno: no hay mercado sin Estado. Pero
    subsiste un temor por la memoria cercana de las consecuencias sobre la economía
    y los negocios de un Estado subsidiador y prebendario. Es que del planteo de
    falta de institucionalidad que acompañe al desarrollo de la industria
    y las empresas argentinas, pueden derivarse dos posturas opuestas: una de quienes
    racionalmente piden un Estado moderno, modelo español, chileno o neocelandés,
    que ayude a ganar presencia en mercados internacionales, que desarrolle mercados
    para los privados y que promueva sectores con transparencia y equilibrio. Y
    otra de aquellos que buscan ampararse en ese diagnóstico de falta de
    institucionalidad para favorecer el desarrollo de un Estado que beneficie a
    los sectores con más poder de lobby, que extienda el clientelismo político
    a un clientelismo de negocios, prebendario, y que acabe por poner frenos a la
    libre competencia de mercado entre las empresas. M

     

    MERCADO On
    Line le amplía la información:

    • “Causas y efectos del enfrentamiento entre grandes grupos empresarios.
    Un país sin establishment”. MERCADO, noviembre de 2002.
    https://mercado.com.ar/mercado/vernota.asp?id_producto=1&id_edicion=1019&id_nota=34
    • “Contra la economía vudú. El verdadero objetivo
    de la Asociación Empresaria Argentina”. MERCADO, septiembre
    de 2002.
    https://mercado.com.ar/mercado/vernota.asp?id_producto=1&id_edicion=1017&id_nota=32
    • “Cambios en la cúpula empresarial. La Cámara de
    Comercio propone reeditar el Grupo de los Ocho”. La Nación,
    24 de abril de 2003.
    http://www.lanacion.com.ar/03/04/24/de_491154.asp
    • “Los empresarios de tinte liberal se impusieron a la lista apoyada
    por Techint. Ganó Gaiani y dijo que la UIA no apoyará el proteccionismo”.
    El Cronista, 23 de abril de 2003.
    http://www.cronista.com/
    • “Queremos discutir cómo se hace para recrear la burguesía
    nacional”. La Nación, 9 de abril de 2003.
    http://www.lanacion.com.ar/03/04/09/
    de_487310.asp