Seis años atrás, las impresoras tenían un valor 10 veces mayor que el actual. En un local especializado se pagaban, en promedio, $ 500 (en aquellos tiempos, convertibles a dólares). Para 2001, su precio había bajado tanto que casi costaba lo mismo comprar una máquina nueva antes que reponer los cartuchos de tinta gastados.
Pero, a diferencia de lo sucedido con las impresoras, la relación de precios de los cartuchos se mantuvo en dólares a lo largo del tiempo. Esa constancia en el valor de los consumibles, incrementado por la devaluación argentina, llevó a los usuarios a buscar alternativas para abaratar costos. Pero, según las marcas originales, lo barato puede terminar por resultar caro…
Una opción para cada modelo
Como punto de partida hay que discriminar entre dos tipos de impresoras: aquellas que trabajan a chorro de tinta, por un lado y, por el otro, las que imprimen con láser. Las primeras cuentan con distintas opciones para reemplazar el producto original: se pueden encontrar cartuchos rellenados -originales recargados-; cartuchos reciclados -también originales, pero sometidos a un proceso de reacondicionamiento; los desarman, los limpian y los vuelven a cargar-; y cartuchos de marcas alternativas que, a su vez, se dividen en dos grupos: los pensados para determinados modelos de máquinas y manufacturados por empresas distintas a las que fabrican las impresoras; y los cartuchos originales, reciclados, recargados, puestos en un nuevo envoltorio y presentados con otra marca. Para estas máquinas, también pueden encontrarse kits de recarga, compuestos por tinta, instrucciones y las herramientas necesarias para encargarse uno mismo de la tarea.
Para las autoridades de Lexmark Argentina, tres factores degradan la calidad de impresión obtenida a través de cartuchos no originales. Uno de ellos es la existencia de partículas ambientales en la tinta, que afectan al cabezal de un cartucho de última tecnología. Cuando se efectúan recargas, no se respetan los requerimientos mínimos de limpieza, afectando al cabezal. El otro efecto está relacionado con el rendimiento, ya que al recargar un cartucho se deja un espacio de aire que no permite cargar la misma cantidad de tinta que en los originales. Al obtener un rendimiento menor (de 20 a 35% del original), el ahorro aparente termina siendo muchísimo menor. El último factor tiene que ver con la tinta que, por sus distintas composiciones, puede resultar demasiado líquida o muy espesa, inutilizando el cartucho.
Las responsables del hardware insisten acerca de las ventajas de usar exclusivamente productos originales, exponiendo las razones ya detalladas. Así y todo, reconocen que la crisis empuja a los usuarios a tomar algunos riesgos. Eduardo Capanna, gerente de la división Consumibles de Epson Argentina, señala que “las ventas de cartuchos han bajado notablemente, y la recarga ha tomado una porción de mercado muy grande”.
Desde la empresa sostienen que las estadísticas respaldan lo que ellos pregonan. Según sus datos, el uso indiscriminado de consumibles no originales es una de las causas principales de fallas graves en los cabezales, que conducen a la reparación de sus equipos Inkjet. “El usuario está en todo su derecho de utilizar lo que le resulte conveniente, pero es necesaria una discusión esclarecedora sobre los medios de reemplazo, que explique los daños potenciales implícitos en un elemento de sustitución. Nosotros no podemos criticar a un usuario que, por falta de recursos, trata de mantener un nivel de uso de determinados productos en las condiciones que puede. Sólo hay que dejar en claro que ese beneficio económico puede resultar muy caro”, define el ejecutivo.
Con respecto a las impresoras de tecnología láser, la composición química de las partículas de toners alternativos también producen efectos adversos. Los cartuchos rellenados despiden gran cantidad de toner, que ensucia el interior de la impresora, provocando fallas internas electrónicas en algunos circuitos de la máquina. “La recarga de tintas y toners afecta a las máquinas, ya que cada una de ellas tiene una cualidad especial. En las impresoras láser, con el paso del tiempo, se hace necesario reemplazar partes del equipo que se afectan porque las partículas de toner no tienen el mismo tamaño que el original” , explica Mario Baltar, gerente comercial de Lexmark Argentina.
Números en baja y promociones en alza
Un cartucho original puede costar entre $ 120 y $ 150, mientras es posible conseguir un buen alternativo por cerca de la mitad. El costo de uno reciclado ronda entre 20% y 10% del original. Lexmark señala que las ventas de cartuchos de tintas bajaron, aproximadamente, 60% o 70% desde diciembre del año pasado. “Nuestro productos son todos importados, esto quiere decir que los precios se multiplicaron por tres o por cuatro”, admite Baltar. Capanna, de Epson, agrega: “Todas las empresas nos hemos tenido que adaptar a los nuevos requerimientos, producto de la crisis argentina. Con respecto al año anterior, ha habido un decrecimiento dramático de las ventas, tanto del hardware como de los consumibles”.
En este marco, las productoras de hardware han tomado algunas medidas para no perder mercado. Lexmark, por caso, oferta para un mismo equipo, cartuchos originales y cartuchos remanufacturados sin uso. “Estos últimos son cartuchos con una carcaza que se usó, pero que se despieza en Estados Unidos, se le cambia el fotoconductor y vuelve a la venta a la Argentina. Los remanufacturados se venden, prácticamente, a la mitad del valor de un original sin uso”, señala Baltar.
Por su parte, Epson pensó una promoción distinta: “Desde septiembre, damos dos cartuchos por el precio de uno”, señala Capanna. Y subraya que, además, con la venta de impresoras van dos cartuchos adicionales de regalo. “El lanzamiento al mercado de esta solución fue aceptado exclusivamente para la Argentina por la casa matriz en Japón. Está pensada con el objetivo de satisfacer las demandas de los clientes que buscan solucionar en forma práctica y económica su necesidad de impresión”, completa Pablo Roust, director comercial de la firma.
Ganancias de río revuelto
Más allá de las ventajas que presupone el uso de un repuesto original, lo cierto es que la caída del peso incentivó un nuevo negocio: el relleno y reciclado de cartuchos. La Compañía Argentina de Tintas es una de las empresas que decidió sacarle provecho a la situación.
Carlos Locoselli, gerente de Nuevos Negocios y Franquicias de la firma, asegura: “Debido a la devaluación, los cartuchos originales cuestan 600% más que los reciclados. Con el 1 a 1 el nuestro era un buen negocio, pero más acotado; hoy es un negocio excelente, muy rentable y de constante y notable crecimiento”. El objetivo de la Compañía Argentina de Tintas es instaurar el concepto del reciclado en la comunidad para hacer más duradero el negocio y, así, independizarse de la fluctuación económica.
Si bien las empresas recargadoras tienen la intención de instalarse más allá de cualquier coyuntura, las firmas de hardware ven un futuro esperanzador en su negocio porque sienten que la tendencia del rellenado ha comenzado a cambiar. “Hasta hace unos meses, a la gente se le terminaba un cartucho y lo rellenaba, pero cuando lo probaban se daban cuenta de que la impresión era mala. Ahora la gente comenzó a dejar el rellenado y compra el original porque entendió que, finalmente, es mejor”, concluye Baltar, desde la filial local de Lexmark.
