viernes, 19 de junio de 2026

    ¿Hay un escenario optimista?

    Hace casi dos meses que el tipo de cambio permanece estable en la Argentina. Esto es notable por tres razones. La primera, que en la crisis internacional todas las monedas latinoamericanas se están hundiendo frente al dólar; la segunda, que esa estabilidad se mantiene aun sin que el Banco Central intervenga en el mercado perdiendo reservas; la tercera, que la calma no es afectada ni por la incertidumbre política ni por las rencillas dentro del área económica del Gobierno.


    Hasta hace no más de un mes el consenso de los analistas era que el tipo de cambio se situaría en el entorno de los $ 5 por dólar antes de finales de año. Ahora, muchos de ellos han comenzado a dudar. Algunos de los consejeros enviados por el FMI que estuvieron en Buenos Aires preguntaron las razones de la estabilidad cambiaria.


    Se encontraron con un conjunto variado y contradictorio de respuestas: la mayor eficacia del control de cambios, la estacionalidad favorable de las exportaciones, la contención de la oferta monetaria, la inminencia (siempre inminente) de un acuerdo con el FMI, la administración más profesional de la flotación cambiaria. Algún interlocutor afirmó, incluso, que no había que prestarle atención al fenómeno porque sería efímero. Demasiados argumentos ad hoc como para que un visitante entrenado quedara convencido por alguno de ellos.

    Stagflation


    Entre tantas explicaciones es posible seleccionar algunos argumentos optimistas. La estabilidad ha sido la clave para que el programa monetario elaborado por el Banco Central quedara (afortunadamente) desautorizado por completo. El Directorio de la institución había estimado, para el mes de julio, una asistencia a los bancos en problemas por valor de casi $ 1.700 millones, y hasta el día 20 sólo había emitido redescuentos y pases activos por 300 millones.


    Es que si el dólar no sube los titulares de las cajas de ahorro no se desesperan por huir de los bancos y, por lo tanto, no ahondan la crisis de liquidez. En este aspecto, un dato es ilustrativo: el costo de convertir el dinero de las cuentas a la vista en dinero en efectivo es en estos días de apenas 2%, cuando había llegado a superar 15%. Por otra parte, la autoridad monetaria se ha dado el lujo de colocar letras en pesos a una tasa de interés menor que 100%.


    Parece evidente que la economía argentina ha ingresado en un escenario de stagflation, alejado del riesgo de hiperinflación pero también de una recuperación sostenida del nivel de actividad. Naturalmente, un escenario de esta clase no puede prolongarse por mucho tiempo: o alguna buena nueva determina el final de la larga crisis de cuatro años, o bien alguna mala nueva nos devuelve al riesgo de una dinámica caótica. Si el Gobierno cede a las presiones por un incremento del gasto público, la moneda caerá cruz. Sin embargo, los peligros mayores no están, por ahora, en el frente fiscal.


    Más interesante todavía, es lo sucedido con las cuentas a la vista: las cuentas corrientes ­que contienen, sobre todo, dinero transaccional­ se han mantenido constantes en unos $ 11.000 millones; las cajas de ahorro ­que constituyen predominantemente reservas de valor­ cayeron de $ 24.000 millones a $ 9.000 millones. A un tipo de cambio de $ 3,5 por dólar, el conjunto del sistema financiero residual podría comprarse por unos US$ 14.000 millones, quedándose el comprador con la cartera activa para satisfacer parcialmente las demandas adicionales de los ahorristas. Si ese negocio no se hace es porque bajo las actuales reglas de juego nadie sabe cuándo los bancos volverán a intermediar ahorro e inversión en un país tan golpeado como la Argentina.


    La apuesta es a que antes de que termine agosto ­o en la primera semana de septiembre en el peor caso­ haya un acuerdo con el Fondo. Sin embargo, hay que estar atentos al siguiente punto: el rechazo a un acuerdo mínimo con la Argentina por parte del FMI será un costo para el organismo internacional, tanto por la eventual agudización del contagio regional, como por las pérdidas que deberán anotar el Banco Mundial y el BID.


    Si el FMI cambia su postura actual y acuerda con la Argentina por un roll-over de la deuda multilateral, la Argentina no sólo mantendrá su actual nivel de reservas sino que las incrementará en aproximadamente unos US$ 2.000 millones (el monto de los pagos que ya se llevaron a cabo durante 2002). En tal caso, el escenario de stagflation quizá cambie a uno de recuperación económica, claro que con la incertidumbre que siempre impregna un proceso electoral.


    ¿Y en cuanto al sistema financiero? Cuidado con las modas: una banca off shore sólo blanquearía la fuga de capitales; quizá tengamos que aceptar que en este terreno no hay que ser especialmente innovador. De lo que se trata es de recuperar gradualmente la confianza en la banca universal.