Los artesanos del cuero, quienes desarrollan una de las actividades más tradicionales de la producción local, tienen su mirada fija en el exterior ya que, tras la devaluación, el consumo interno cayó estrepitosamente. Sin embargo, la crisis general no causó un alto impacto en el sector, alguna de cuyas empresas destinan más de 90% de su producción a las exportaciones.
Lo cierto es que una vez archivada la convertibilidad, el cuero de manufactura local se transformó en un bien de lujo para los argentinos. Al tratarse de un producto fuertemente exportable, sus costos de producción y elaboración fueron dolarizados, lo que provocó que los precios en algunos casos llegaran a triplicarse. Actualmente, la mayoría de los compradores son turistas que adquieren la mercadería a precios convenientes, beneficiados con el cambio.
Para el comprador argentino, las artesanías derivadas del cuero se han vuelto prácticamente inaccesibles. Por ejemplo, los polistas amateurs se han visto obligados a dejar de comprar los artículos que hacen a este deporte debido a los elevados costos que alcanzaron los insumos de cuero. Es decir, una montura, que hasta enero de este año valía aproximadamente $ 500, hoy pasó a costar US$ 500.
La mayoría de los productos que se venden en las talabarterías se destinan al polo, a la marroquinería y a la equitación. Los costos de manufactura de estos artículos son elevados, llegando a 60% del precio neto de venta. De esta manera, su comercialización deja escasos márgenes de ganancia, no más de 15%.
“La devaluación hizo que tuviéramos precios mucho más competitivos en el exterior, aunque todavía no se produjo el boom que se esperaba”, afirma Martín Salvadores, gerente de La Polera, talabartería cuyo stock se compone enteramente de productos destinados al polo. “El mercado de este deporte es estacional, los picos en el expendio de artículos se producen durante el otoño y la primavera. En otoño la operatoria fue regular, por lo que estamos con toda la atención puesta en lo que se pueda vender a partir de septiembre.”
Más allá del mercado local, La Polera ha decidido dedicarse a la exportación a distintos mercados como Europa, Estados Unidos y los países árabes. Salvadores asegura que ha tratado de acotar los costos en dólares: por ejemplo, el equipo completo para el caballo de polo, que antes salía US$ 500, ahora lo están cobrando a US$ 300 aproximadamente. En cuanto a las exportaciones, “en los últimos años hemos perdido muchos mercados. Teníamos precios poco competitivos: si el equipo salía US$ 500, nos enfrentábamos a la talabartería inglesa, que es la mejor del mundo, cuyo equipo costaba alrededor de US$ 650. Así era muy difícil competir ya que, prácticamente, no había diferencias en los precios y sí existían en lo referido a la calidad. Esto provocó que perdiéramos muchos mercados”, concluye.
Esta actividad enfrenta, como tantas otras, la crisis de financiamiento, un clásico de la Argentina de 2002. “Lo que antes pagábamos a 20 o 30 días, ahora debe hacerse con los billetes sobre la mesa. Por ejemplo, a quien la empresa le compra el cuero tampoco tiene la posibilidad de financiación, lo que genera que a su vez se vayan acortando los tiempos: la falta de crédito hace demorar la producción”, apunta Salvadores.
Otra talabartería con productos específicos para la práctica de polo es 30 Yardas. La producción de su línea Polo que cuenta con rodilleras, estribos, cinchas, botas, monturas y tacos, entre otros accesorios está enteramente destinada a Estados Unidos. En relación con un posible crecimiento en el nivel de exportaciones, Nicolás Quesada, representante de la firma, asegura: “No estamos vendiendo más porque los insumos están dolarizados. En el mercado exterior, el precio es exactamente igual al del año pasado, por lo que el nivel de pedidos se ha mantenido estable”.
Según explica el responsable de 30 Yardas, al tratarse de artículos exportables, a los productores no les conviene vender aquí y en pesos. Es mucho más rentable colocar los productos fuera del país, plazas que, por otro lado, representan casi 90% del expendio de esta empresa. “Si fuera por los polistas argentinos, tendría que cerrar mi negocio. Los amateurs cada vez juegan menos. En cambio, a quienes practican este deporte en el exterior, esta situación no los perjudica tanto porque cobran en dólares”, define Quesada.
En la talabatería Zafra que comercializa fundas para armas, cuchillos y cinturones, y cuyas exportaciones se destinan principalmente a Alemania, Brasil y Estados Unidos reconocen que la devaluación les permitió bajar 10% el precio de los productos destinados a la exportación, aunque ya le vendían a los mismos clientes en tiempos de 1 a 1. En su página Web (www. talabarteriazafra.com.ar) existe la opción de compra por encargo, aunque no han recibido hasta el momento ningún pedido del exterior, según informa Jorge Zafra, encargado del negocio. “Lo que sí hemos recibido son montones de e-mails de gente que vive fuera del país y que tiene la intención de montar pequeñas empresas de importación de productos argentinos”.
Artesanías, más allá del polo
Otra empresa que encontró una vuelta de tuerca dentro del negocio talabartero es Urban Gaucho. Se trata de una firma local que se dedica a la exportación de productos de factura típicamente argentina. “Nos acercamos a las talabarterías debido a que trabajamos con artesanos locales y con materiales típicos del país, como el cuero, la madera y los telares. La única diferencia es que nosotros convertimos estos productos en objetos de decoración”, informa Débora Averbuj, gerenta de Urban Gaucho. “Quisimos darles a las talabaterías un lenguaje más internacional. Conocemos las costumbres y el lenguaje gauchesco, pero lo queríamos poner en una mesa europea. Éste fue nuestro objetivo”, completa Andrea López Amitrano, socia de este emprendimiento.
El negocio comenzó en diciembre de 2000, y un año más tarde hicieron el lanzamiento de la marca. En mayo la empresa abrió un local en Bruselas, Bélgica, que, a la vez, es representante de Urban Gaucho en el resto de Europa. Con respecto a la estrategia de inserción en el mercado internacional, la gerenta asegura: “Nos estamos manejando con márgenes de utilidad muy pequeños, los cuales reinvertimos en la producción y en el desarrollo de nuestra marca. Apuntamos a un negocio importante en el largo plazo, sacrificando ingresos en el corto. Nuestros costos de producción representan un porcentaje muy alto, considerando que en cada producto interviene la mano de cuatro o cinco artesanos diferentes”.
En este momento, la empresa se dedica a exportar a Estados Unidos y ya ha enviado muestras a Canadá. Por otro lado, planean abrir otro negocio en París para febrero del año que viene. “Recién ahora tenemos pensado comenzar con el mercado interno asegura Averbuj. De hecho, nuestra empresa nació con la idea de exportar”.
