El argentino es “busca” por naturaleza y en su afán de “salvarse” de cuanta crisis lo golpee, no duda un instante en sumarse al negocio de moda. La historia reciente está plagada de emprendimientos diversos. En su momento, florecieron los lavaderos automáticos, las remiserías, las parripollos, las canchas de squash o de paddle y los videoclubes, por citar sólo algunos ejemplos.
Los locales que ofrecen juegos en red y acceso a Internet son una de las últimas expresiones de esta tendencia. A un promedio de uno o dos por cuadra, dependiendo del barrio, inundaron las ciudades del país creando comunidades para diferentes targets, que hasta ahora sólo se recluían en la intimidad del hogar.
Las razones de su éxito son varias. En líneas generales, atraen a los usuarios por razones económicas: limitan el gasto y el tiempo de navegación, recursos que ayudan en los tiempos que corren. Por el lado de los prestadores, la masificación de las tecnologías de banda ancha (ADSL, cable módem) les permitieron bajar los precios y aumentar la calidad del servicio. Unos años atrás, la hora en un cibercafé costaba entre $ 5 y $ 7. Actualmente está entre $ 1 y $ 2.
Los números de una verdadera pasión
Si bien es cierto que el auge de los jueguitos comenzó hace tiempo, con los enormes locales de Sacoa o las consolas, la posibilidad de participación simultánea de varias personas agregó un atractivo a los fanáticos, para quienes el famoso cartelito game over es historia del pasado. Por eso, no resulta exagerado decir que generan adicción: los juegos se extienden en el tiempo y no terminan nunca. Además, están realizados con efectos especiales supersofisticados y su grado de realismo es tan alto, que el impacto a primera vista es cautivante.
Los locales se clasifican según distintas variables: ubicación, público que ingresa, comodidades, velocidad de acceso y cantidad de computadoras, entre otras. A aquellos que sólo ofrecen juegos, se han sumado otros que, además, brindan el servicio tradicional de un locutorio.
Digital Video Communication (DVC) lanzó al mercado una solución integral con franquicia y marca propia que compatibiliza los dos tipos de ofertas. “Lo que proponemos es crear centros donde se brinde telefonía, video telefonía, Internet en alta velocidad, juegos en red y también video giro, una herramienta que permite hacer un giro de dinero y, al mismo tiempo, ver cómo el destinatario recibe los billetes en vivo”, explica Miguel Ángel Arena, director de la firma que ya cuenta con una red de 20 locales en el país. “Se trata de crear una red propia de interconexión entre todos los locutorios para ofrecer mejor servicio”, puntualiza.
El monto de la inversión total, llave en mano, de un local completo acondicionado por DVC, que incluye de siete a ocho cabinas telefónicas y un puesto de Internet con un servidor para juegos cuesta entre $ 20.000 y $ 25.000. Para que sea rentable, lo ideal es tener 20 máquinas en funcionamiento permanente, por lo que a la inversión mencionada hay que sumar alrededor de US$ 18.000 en hardware. DVC ofrece la franquicia dentro de este presupuesto, aunque también se puede instalar el centro y operar libremente por alrededor de $ 30.000, al margen de la inversión en máquinas. “Con una franquicia detrás, el negocio de los juegos en red puede dejar el equivalente a comprar, limpias, tres PC mensuales”, detalla Arena. “Como mucho, la inversión inicial retorna a los ocho o a los diez meses de efectuada”, remata.
