jueves, 30 de abril de 2026

    Un fideicomiso con los créditos de grandes deudores

    Carlos Heller no se anduvo nunca con medias tintas. Jamás aceptó que el descenso del PBI se explicara únicamente por el déficit fiscal. A su juicio, lo que estamos viviendo es la consecuencia natural de un modelo de acumulación configurado durante la década del ´90, de integración pasiva en el contexto internacional. En este esquema ­dice­ entraron las privatizaciones, la instalación del régimen de capitalización previsional y la desarticulación de los sectores productivos. Su propuesta de armar un fideicomiso con los créditos de los principales 1.200 acreedores del sistema para reintegrar los ahorros de pequeños y medianos ahorristas, fue dejada de lado.


    Esta es la síntesis de la conversación que mantuvo con MERCADO sobre la responsabilidad y el futuro del sistema bancario, sobre el papel del Estado y del Banco Central, y sobre la necesidad de restaurar la confianza tanto en los bancos como en otras instituciones.


    ­El sistema financiero ­y el bancario en particular­ ¿es co-responsable de la debacle económica sufrida por el país?


    ­Es difícil hablar del sistema bancario o financiero en su conjunto. Indudablemente hubo importantes sectores dentro del sistema bancario que apoyaron decididamente el modelo aplicado durante la década de los ´90 y, seguramente, estos sectores han sido mayoritarios. No es nuestro caso. Desde el movimiento cooperativo nucleado alrededor del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (entidad a la cual estamos adheridos) hemos sido críticos desde el inicio y en forma permanente de un modelo que hemos caracterizado como dependiente, concentrador y regresivo en lo social. No nos sentimos alegres por haber acertado en nuestro diagnóstico, pero tampoco nos sentimos responsables de esta debacle.


    ­Los bancos privados y extranjeros acusan al gobierno por el corralito, pero ¿acaso no aceptaron ­e incluso impulsaron­ la medida?


    ­En mi opinión subsisten algunas interpretaciones equivocadas sobre este tema. El corralito fue la consecuencia de la crisis económica, a la cual hicimos referencia y, en particular, a una intensa fuga de capitales y depósitos a lo largo de todo el año 2001, que amenazaba con agotar totalmente los recursos líquidos de todo el sistema bancario. El corralito impuso restricciones y perjuicios a los ahorristas. Sin embargo, de no haberse adoptado medidas para detener los retiros de fondos bancarios, las consecuencias sobre el patrimonio de los ahorristas y sobre la economía en su conjunto hubieran sido de mayor gravedad. Para proteger los depósitos de los pequeños y medianos ahorristas hemos propuesto la constitución de un fideicomiso conformado con los créditos de los grandes deudores, pero la iniciativa no fue aceptada.


    ­Las casas matrices de las filiales locales, ¿deberían responder por los depósitos?


    ­La extranjerización de la banca argentina se hizo con el argumento de que en una situación de crisis las casas centrales de los bancos internacionales actuarían como prestamistas de última instancia de sus filiales. Lejos de ser así, la banca extranjera redujo su exposición en la Argentina potenciando la crisis. Los bancos extranjeros deberían traer fondos del exterior, pero hay que tener cuidado que en esa eventualidad (que hoy la banca extranjera no contempla) no se perjudique a la banca nacional y se extranjerice más aún el sistema. Si las casas centrales actúan como prestamistas de última instancia (repito, algo que por ahora no se vislumbra), el Banco Central de la República Argentina debe cumplir esa función con la banca nacional, como ocurre en cualquier país del mundo.


    ­Los bancos extranjeros que promocionaron en su publicidad que la casa matriz garantizaba la liquidez del banco, ¿no incurrieron en fraude?


    ­No entro en el tratamiento de casos particulares, ni de aspectos legales que, por otra parte, no conozco en detalle. Lo que quiero destacar es la importancia de que exista una banca nacional que responda a los intereses nacionales y a nuestras necesidades de desarrollo económico y social. Así como es necesario un empresariado nacional. Es un tema fuera de discusión en todos los países serios del mundo. Prueba de esta necesidad es que los niveles de extranjerización de la banca argentina no tienen parangón con ningún otro país del mundo.


    ­Durante la década pasada, ¿trató el Banco Central de perjudicar a la banca pública y a bancos como el Credicoop, al tiempo que beneficiaba a la banca extranjera?


    ­Debo decir que como Banco Credicoop no nos hemos sentido perjudicados por medidas dirigidas específicamente contra nuestra entidad. Prueba de ello es que durante este período hemos crecido y aumentado nuestra presencia en la actividad financiera nacional. Lo que sí cuestionamos es la orientación de la política financiera y el modelo que la contenía. Hemos criticado la extrema liberalidad en el tratamiento de la banca extranjera. Las regulaciones no pueden ser las mismas para un banco cooperativo (una entidad sin fines de lucro formada gracias al aporte de pequeños y medianos empresarios) que para la filial de un gran banco transnacional. Esperamos que esta política se modifique a la luz de la experiencia pasada.


    ­”Ningún sistema financiero puede reintegrar la totalidad de sus depósitos”, dicen los bancos. Y explican que, además, parte de ese dinero fue prestado al Estado, que colocó bonos y luego se declaró en default. Se pueden formular objeciones: una, el banco no puede dejar de pagar a los depositantes porque los deudores no le pagan. ¿Es esto así? La otra: cuando un deudor no puede pagar, el banco lo castiga con más intereses. Cuando los bancos no pueden pagar, se los premia bajando los intereses. ¿Es razonable que los depósitos congelados por falta de liquidez de los bancos paguen alrededor de 7% anual, mientras que, por ejemplo, un banco cobra más de 60% anual ante la falta del resumen de una tarjeta de crédito?


    ­Efectivamente, ningún banco en el mundo, por solvente que sea, puede reintegrar la totalidad de los depósitos a los ahorristas en un momento determinado, aun cuando los créditos sean totalmente cobrables. Los bancos captan depósitos y, luego de guardar el encaje correspondiente sobre los mismos, realizan préstamos. Para devolver todos los depósitos bancarios en un momento determinado es necesario que todos los créditos sean reintegrados en el mismo momento (al margen de los plazos a los que fueron colocados), algo que resulta obviamente imposible. Por eso las corridas bancarias terminan en crisis financieras. Lo que se debe hacer es tomar medidas preventivas para evitar la corrida bancaria. Para ello un contexto macroeconómico de estabilidad y crecimiento es imprescindible.


    No cabe duda que el costo del crédito fue muy alto en la Argentina durante toda la década y el escaso crédito disponible en la actualidad tiene tasas exorbitantes. De todos modos, el análisis del spread bancario actual merece un análisis mucho más detallado. No me cabe duda que el margen financiero de los bancos (incluyendo los cargos por incobrabilidad) se ha reducido enormemente, algo que se reflejará necesariamente en el balance de las entidades.


    ­¿Los bancos podrán recuperar a los ahorristas? ¿Cómo será, en el futuro cercano, el sistema financiero?


    ­La confianza de los ahorristas en los bancos no se va a recuperar fácilmente, del mismo modo que tampoco lo hará con otras instituciones del país. Este proceso será más fácil si el contexto político económico y social mejora. También en la medida en que se comience a cumplir con los compromisos asumidos con los ahorristas (pago del cronograma de la reprogramación y de los bonos que se canjeen). Asimismo, habrá que diseñar e implementar nuevos instrumentos de captación y financiación que atiendan las necesidades de ahorristas y tomadores de crédito.


    El sistema financiero en el futuro cercano se concentrará en las prestaciones vinculadas con lo transaccional. En la medida que el contexto mejore, irá recuperando su función vinculada con la asistencia crediticia, concentrándose en una primera etapa en la financiación de corto plazo mediante el descuento de documentos autoliquidables (cheques de pago diferido, facturas).


    ­¿Qué tipos de regulaciones habrá que imponer sobre los bancos para no repetir la experiencia de los ´90? ¿Cuál será el papel del Estado en el futuro del sistema financiero?, ¿mayor o menor?


    ­La experiencia nos debe servir para sacar algunas lecciones para el futuro. La intermediación financiera debe desarrollarse mayoritariamente en moneda local y sólo accesoriamente en moneda extranjera. Esto permitirá que el Banco Central actúe como prestamista de última instancia, como en cualquier país del mundo. No hay sistema financiero sólido (al margen de la severidad de las regulaciones) si los deudores no tienen capacidad de repago en un contexto de crecimiento y costo crediticio razonable.