El balance sobre el negocio de las ferias y exposiciones, que siempre ha movido cientos de millones de pesos por año, hoy arroja resultados preocupantes: la inversión cayó más de 20%, provocando una baja de casi 30% en los montos que este sector maneja habitualmente. El problema es profundo: las exposiciones que no pasaron al año próximo quedaron para el segundo semestre, momento decisivo en que deberán adaptarse a la nueva economía.
Para los operadores de comercio, las ferias y exposiciones constituyen una herramienta importante en la búsqueda y promoción de productos y servicios. Entre 1992 y 2000, el sector había registrado un crecimiento superior a 50%, pero en el 2001 la inversión en este tipo de eventos cayó cerca de 30%, mientras que el número de exposiciones y convenciones cedió 18,3%. En lo que va del año, el récord de congresos cancelados o suspendidos fue ampliamente superado.
En este marco, las perspectivas para lo que resta del 2002 no parecen ser las mejores. Según Enrique Pichon Rivière, presidente de Pichon Rivière Consultores y vicepresidente del Centro Costa Salguero: “A medida que fue aumentando la crisis, agravada por los problemas políticos y la devaluación, el primer semestre ferial se vio fuertemente dañado. Prácticamente, todas las exposiciones que estaban programadas para los seis primeros meses del año han sido levantadas, con algunas honrosas excepciones. Por otro lado, muchas de ellas han cambiado sus fechas de realización al segundo semestre”.
Entre las ferias ya canceladas se encuentra Fematec, la importante muestra de la construcción cuya realización estaba prevista para los primeros días de junio en el predio ferial de La Rural.
Sin embargo, en el sector no pierden las esperanzas de que la tendencia se revierta en los próximos meses, factor que contribuyó a que varias ferias postergaran unos meses su inauguración. Entre ellas se encuentra Automechanika, la feria sudamericana comercial de autopartes y equipos que pasó de mayo a noviembre, además de la exposición de la industria plástica, Argenplast, prevista para abril y repensada, también, para el penúltimo mes del año.
Que la actividad en el primer semestre ha sido muy baja, quizá la más baja que se registre en la historia de las ferias en la Argentina, es elocuente per sé. Lo que tal vez no sea tan claro es que, más allá de la crisis, existe un factor estacional que contribuye a la conformación de este escenario. De hecho, siempre hubo más ferias en el segundo semestre que durante el primero, pero sucede que hoy la actividad acusa recibo de esta merma. No sorprende entonces que para Pichon Rivière, la segunda mitad del 2002 sea la que marcará la pauta de lo que va a pasar con la ferias en la Argentina, “a partir de poder entender el plan económico cuando éste realmente se concrete y, también, a partir de que puedan establecerse cuáles serán los verdaderos efectos de la devaluación en el negocio que, hasta ahora, se presentan graves porque se ha roto la cadena de pagos”.
Un problema de costos
Las ferias se comercializan con un año y medio de anticipación ya que es la única manera de garantizar que, finalmente, haya una exposición. El problema es que 80% del gasto se produce en el momento en que la feria se lleva a cabo. “¿Cómo puede hacer una empresa para garantizar que lo que recaudó oportunamente alcance para poder hacer la feria un año después?”, se pregunta Pichon Rivière. “Hoy, el gran dilema para el mercado es saber cómo cobrar, ya que no hay un mecanismo de ajuste para las cuotas”, desarrolla el directivo del centro Costa Salguero.
En esta coyuntura, caracterizada además por las bajas expectativas de los licitantes, el circuito de la organización se termina rompiendo por dos vías. Por un lado, por un expositor muy poco motivado y, por el otro, por un organizador muy responsable que sabe que hoy no puede convocar la cantidad de compradores necesarios como para que el individuo que confió en esa feria obtenga resultados. “Lo más razonable fue lo que se hizo: se reprogramaron las ferias que se pudieron para el segundo semestre, y las que no, se extendieron para el año que viene”, explica Pichon Rivière.
Así y todo, el programa de algunas exposiciones fue estrictamente respetado debido a que, para algunos sectores, la devaluación abre expectativas muy concretas. Además, la crisis del sector también provocó una baja en los precios de los lotes para instalar los stands, con tarifas iguales o incluso inferiores a las del 2001, y medidas en pesos a pesar de la fuerte devaluación, lo que colaboró a amortiguar la caída de esta actividad.
A corto y mediano plazo
La incertidumbre se apodera de los protagonistas de este segmento a la hora de delinear el futuro mediato. Según Pichon Rivière, nadie se anima actualmente a participar del lanzamiento de una feria, razón por la cual los efectos de este alicaído primer semestre se harán sentir, también, durante los primeros meses del año entrante.
“Es probable que el próximo año sea producto de la cautela por razones de emergencia”, señala el especialista, quien, no obstante, estima que la actividad va a retomar su ritmo en algún tiempo. “En ese sentido soy completamente optimista porque las ferias siguen siendo los medios preferidos para las empresas, sobre todo para las Pymes que no tienen grandes presupuestos, a los efectos de promocionar sus productos”, subraya.
Lo cierto es que si la producción nacional va a recobrar su protagonismo, las ferias tendrían su continuidad asegurada más allá de los cambios en la composición de expositores, ya que seguirán siendo uno de los medios más eficientes para recomponer el mercado. Por lo pronto, habrá que observar cómo se reagrupa el sector durante los próximos meses. “Por un lado, tenemos a las ferias y, por el otro, a los organizadores. Hay que observar quién sobrevive, quién puede esperar que se recupere la actividad, y qué mecanismos se utilizan para lograrlo”, reflexiona Pichon Rivière, dando las claves para el seguimiento del sector en el futuro cercano.
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