De la cría de lombrices y caracoles no sólo la naturaleza se encarga. Hay empresas que aprovechan las características de estas dos especies para darles un destino comercial y generar un negocio. Pampa y Mar es una firma que opera en Mar del Plata desde diciembre del año pasado. Se trata de un microemprendimiento formado por dos matrimonios: la socia gerente María Chimondeguy y Carlos Piñol, y el ingeniero agrónomo Hugo Zunino y su esposa Hilda Broers.
Además de la búsqueda de rentabilidad, en la compañía predomina “un respeto por la naturaleza y el medio ambiente, algo que permite la lombricultura“, dice Chimondeguy.
“Trabajamos con lombrices californianas, porque dentro de las aproximadamente 2.500 especies existentes, éstas se adaptan particularmente bien al clima argentino. Se alimentan de materia orgánica en descomposición. Así transforman toda clase de residuos orgánicos. De esa manera se crea un humus de lombriz, que es muy importante para restablecer la estructura de los suelos”, agrega Zunino, quien aclara que las californianas se mueven en superficie.
La utilidad agroindustrial de la lombricultura puede observarse en casos concretos. “En Camet, partido de General Pueyrredón, hay una quinta que tiene un descarte de 50 a 100 kilos de verdura por día. Esto sirve como alimento para la lombriz, que produce humus y abona los cultivos”, explica Zunino. Además, las lombrices aportan nutrientes a la tierra y favorecen la regeneración de suelos, entre otros beneficios.
En el microemprendimiento se invirtieron US$ 50.000, utilizados en la adquisición de los núcleos de lombrices para trabajar, que pueden tener entre 10.000 y 20.000 unidades. El capital inicial también se destinó a sistemas de riego y drenaje, las cunas donde se crían las lombrices, maquinaria y herramientas para trabajar la tierra, y el espacio para la cría de caracoles.
Un plato requerido
La cría de caracoles para uso gastronómico se realiza en invernaderos y requiere ciertos cuidados, como la provisión de alimentos balanceados. “Es importante que no coman alimentos que no estén en condiciones, como plantas que contengan residuos tóxicos”, explica Zunino.
Además de la alimentación, los caracoles requieren un hábitat apto para su protección. “Hay que protegerlos de sus enemigos, como algunos insectos, ratas o comadrejas”, dice el ingeniero.
La constitución de la red para comercializar la producción se basa en normas internacionales, como el protocolo de la Unión Europea y cumple con todas los requisitos del Senasa.
El objetivo de la firma es la venta de lombrices en el mercado interno y externo para empresas que necesiten utilizarlas en el reciclado de residuos orgánicos. “Es que la lombriz es un negocio para desarrollar como complemento de una actividad agroindustrial”, dice Zunino.
Pampa y Mar no dispone de estimaciones en cuanto a cifras de facturación, pero ha elaborado una estrategia de promoción. “Preparamos acciones de marketing, prensa, promociones y divulgación de recetas y todo tipo de información en el site www.pampay mar.com.ar”, dice Chimondeguy.
