Al cierre de esta edición de MERCADO, continuaban desarrollándose interminables rondas de negociaciones entre el gobierno central, las provincias y el sector financiero.
Las piezas en juego eran un canje de la deuda provincial con los bancos, a menores tasas de interés, a cambio de recortes en la coparticipación para cumplir con el déficit cero.
La pregunta que atormentaba a los banqueros era por qué el equilibrio fiscal debía salir de su flujo de fondos. La respuesta oficial era sencilla: a las tasas de interés vigentes hasta entonces, la deuda provincial resultaba impagable. La jugada, por cierto, no encontraba a todos los gobernadores en el mismo bando. Los que cargan con una deuda más tolerable no tenían nada que ganar cediendo coparticipación.
En un plano menos visible del escenario se definía la pulseada entre el gobierno y las AFJP. Las administradoras estaban dispuestas a canjear parte de los bonos públicos en su poder por otros de menor rendimiento, sólo si se les restituía la diferencia con títulos a más largo plazo, o si se dotaba a los nuevos bonos de garantías adicionales (es decir, la recaudación impositiva). El ministro Domingo Cavallo contragolpeó con la versión de que se estudiaba una rebaja temporaria pero importante de los aportes previsionales para fomentar el consumo.
Así estaban las cosas cuando intervino la calificadora Standard & Poors con una sorprendente amenaza: si la operación de canje involucraba una reducción de intereses, ello sería interpretado como una presión del gobierno sobre un segmento cautivo. Por lo tanto, S&P declararía un default selectivo.
La mitad del equipo económico se mostró sensible ante el argumento y se pronunció en el debate interno a favor de la capitalización de los intereses recortados. Esto, según varios analistas, permitiría cierto alivio financiero, pero difícilmente despejaría las dudas sobre la solvencia argentina como para reanimar la inversión.
Los cuatro Cavallo
Según estimaciones privadas confiables, durante septiembre y la primera mitad de octubre el nivel de actividad estuvo cayendo a un ritmo de 12% anual, con las consecuencias que esto tiene para el empleo, la salud de las empresas y la solvencia del sistema financiero. Los contratos entre el sector público y el privado no se cumplen (el gobierno no paga), tampoco los contratos entre entidades públicas (las obligaciones de la Nación con las provincias), ni los contratos entre privados (con el quiebre de la cadena de pagos).
Algunos economistas afirman que ésta es la demostración de que la deflación tiene, si es profunda, las mismas consecuencias que se le atribuyen a una devaluación en una economía dolarizada. Claro que la convergencia de la deflación con una devaluación sería el peor escenario posible.
Contra esta ecuación debe jugar sus cartas Cavallo. Al iniciar su gestión, el ministro estableció dos prioridades: aumentar la competitividad de la economía (reconociendo que el peso estaba sobrevaluado en 20%) y poner en marcha políticas reactivantes. Afirmó, en varias ocasiones, que el desequilibrio fiscal era una consecuencia y no una causa de la crisis. Sin embargo, el intento innovador fracasó: hubo esperanza pero no mayor consumo; sin recorte de impuestos, el ingreso disponible no aumentó. Los acreedores de la Argentina comenzaron a sospechar que este Cavallo heterodoxo podía ser capaz de devaluar o de declarar la cesación de pagos. El riesgo país aumentó y se cortó el financiamiento.
El segundo Cavallo apareció en junio por necesidad, no por convicción. Es el ministro del déficit cero, empujado a una hiperortodoxia que detesta. Se embarcó en una política deflacionaria que, para cumplir con sus objetivos, tiene que pasar por la depresión de la economía real y por un desempleo creciente. El riesgo de insolvencia del sistema financiero no es, en este escenario, una especulación intelectual.
Ahora asoma un tercer Cavallo que procurará una síntesis entre el primero y el segundo, entre las políticas reactivantes y el déficit cero. Para ello hay que atacar el gasto público recortando los intereses de la deuda y aumentar el ingreso disponible y la demanda agregada sin erosionar los recursos fiscales.
Si la reversión de las expectativas no se produce, habrá, probablemente, un cuarto Cavallo, el de la cesación de los pagos de los intereses externos: déficit cero y default. El tercer Cavallo tiene algún tiempo para exhibir su eficacia, quizá hasta principios del 2002. En estos meses calientes se jugará su suerte. Y no sólo la suya.
| Entre dólares y patacones La danza del fuego Pedro Rabasa, –En –La dolarización –Pero –En el –Los –Es lo D. |
