miércoles, 15 de abril de 2026

    Qué quieren los empresarios

    La consultora Deloitte & Touche elaboró, en colaboración con MORI Argentina y MERCADO, un cuestionario que respondieron 550 directivos de firmas de diversos sectores. Los resultados fueron ponderados por tamaño y actividad, para obtener un cuadro representativo de las opiniones, expectativas y creencias de los empresarios que trabajan en la Argentina.


    La encuesta se realizó entre el 27 de junio y el 13 de julio, un período particularmente traumático de la economía, lo que se refleja claramente en las respuestas sobre la situación. Nueve de cada diez empresarios califican a la coyuntura económica como “mala” o “muy mala”. Apenas 8% opta por el término medio, y la proporción de los que emiten un diagnóstico positivo es más que exigua: 2%.


    Las respuestas son bastante homogéneas. En las empresas medianas (de 51 a 200 empleados) se advierte, sin embargo, una visión algo menos sombría. En ese segmento, el índice de respuestas negativas desciende de 90 a 77%.


    A la hora de manifestar sus expectativas para el próximo año, sólo uno de cada cuatro encuestados se muestra optimista. Cerca de un tercio avizora un empeoramiento y otro tanto no espera cambios (lo que, dadas las circunstancias, podría interpretarse como otro signo de pesimismo). Es bastante elevado, por cierto, el número de los que reconocen su incertidumbre: 14%.


    El panorama del futuro cambia de color a medida que se asciende en la escala de tamaño. Sólo 23% de las Pymes espera que las cosas mejoren. Pero el índice crece a 33% en las firmas medianas y a 38% en las grandes compañías.


    “Estamos estancados, no vamos para atrás ni para adelante”, es la frase que mejor define la situación actual, según 53% de los entrevistados. No es desdeñable, sin embargo, la proporción (38%) de los que suscriben un juicio contundentemente negativo (“estamos cada vez peor, en retroceso”), en tanto que sólo 7% se anima a entrever el comienzo de una recuperación.


    Las diferencias de percepción entre grandes y chicos se tornan, aquí, particularmente visibles. Casi cuatro de cada diez empresarios con menos de 50 empleados en su plantel afirman que “estamos cada vez peor…”. La proporción desciende a 24% en las organizaciones medianas y a sólo 16% en las compañías con más de 200 empleados, donde 22% de los directivos advierte síntomas de una mejoría incipiente (frente a apenas 6% en la franja de las Pymes).


    El signo negativo de las expectativas se advierte, sobre todo, en el plazo que, según los empresarios, deberá transcurrir hasta que el país retome el sendero del crecimiento. Casi la mitad (46%) piensa que hay que esperar entre uno y tres años. En cambio, sólo uno de cada diez tiene sus esperanzas puestas en los próximos meses. Sugestivamente, una proporción similar lanza un pronóstico apocalíptico (“nunca”) y 15% augura un largo período de penurias (más de tres años).


    Resulta también notablemente elevado el porcentaje de los que no se sienten en condiciones de arriesgar una respuesta: casi dos de cada diez. La incertidumbre es, por cierto, más marcada en la industria y entre las firmas pequeñas.


    El gobierno en el banquillo


    El poder de erosión de la crisis se hace sentir en el juicio que reciben las principales figuras del gobierno, pero el desgaste muestra diferentes grados. El presidente Fernando de la Rúa recibe el mayor impacto: tres de cada cuatro empresarios lo desaprueban. En cuanto al ministro de Economía, las opiniones aparecen divididas en porciones casi idénticas (44% de votos negativos, 45% de apoyo).


    Surgen, aquí, algunos matices sugestivos. Las críticas a De la Rúa arrecian, particularmente, desde el comercio y los servicios (con 81% de juicios desfavorables), en tanto que los industriales le conceden un índice de aprobación de 24% (una cifra magra, por cierto, pero bastante superior al promedio de 16%).


    Domingo Cavallo, por su parte, obtiene sus mejores notas entre los comerciantes (53% de aprobación) y las grandes compañías (donde seis de cada diez directivos se muestran conformes con su gestión).


    Cuando se les pregunta a los empresarios si creen que Cavallo logrará sacar al país de la recesión, las aguas vuelven a dividirse, con 48% de respuestas afirmativas y 39% de negativas. La fe en el ministro parece más fuerte en el sector del comercio y en las empresas medianas.


    Los planes de competitividad, que constituyeron la principal apuesta del actual equipo económico a la reactivación, cosechan, llamativamente, una contundente muestra de escepticismo. Tres de cada cuatro entrevistados responden que sus empresas no fueron ni serán beneficiadas por estos programas. Esta visión negativa se fortalece en las empresas de servicios (77%), en tanto que las firmas medianas muestran un índice levemente más favorable (28% de respuestas afirmativas).


    Otro dato sorprendente ­y preocupante­ es el índice de 15% de directivos que no se sienten en condiciones de responder sobre este tema en el segmento de las grandes compañías, donde se dispone de mayor acceso a la información y al análisis.


    El optimismo empieza por casa


    Cuando se les solicita a los entrevistados que enfoquen su diagnóstico y sus expectativas en la propia empresa, surgen discrepancias llamativas frente al cuadro general del país. Ya sea porque confían más en sus propias fuerzas que en el destino colectivo, o porque creen que el contexto económico no es determinante para el rumbo de sus negocios, los empresarios argentinos se muestran mucho menos pesimistas al trazar su autorretrato. La proporción de los que describen su situación como buena o muy buena es casi idéntica a la de los que formulan un juicio negativo (28% y 27%, respectivamente). Los que optan por una respuesta neutral suman 44%.


    Y en cuanto a lo que esperan para el próximo año, cuatro de cada diez confían en que la performance de su empresa mejorará, en tanto que 36% no anticipa cambios, y sólo 12% prevé un empeoramiento.


    Si se analizan las respuestas por tamaño de empresa y actividad, surge un nítido cuadro de ganadores y perdedores en la historia económica reciente. Más de la mitad (52%) de las grandes compañías manifiesta que sus negocios se fortalecerán en el próximo año (frente a apenas 39% de las Pymes). El optimismo es, también, claramente superior en el sector de los servicios (47%).


    Las evaluaciones de la realidad actual son también más alentadoras en las grandes organizaciones, donde seis de cada diez califican su situación como buena o muy buena, en tanto que sólo 27% de las Pymes formula ese diagnóstico. Y los empresarios del comercio exhiben un índice de apreciaciones negativas considerablemente más elevado que sus colegas de la industria y los servicios.


    Enfrentados a la cuestión de la competitividad, algo más de la mitad de los encuestados señala que las tasas de interés, los impuestos y las cargas laborales son los principales obstáculos. No llega a un tercio la proporción de los que encuentran el mayor impedimento en la debilidad de la demanda. El atraso cambiario y la demora en la incorporación de nuevas tecnologías reciben un número insignificante de menciones.


    Los industriales son los que con más insistencia se quejan de la presión del fisco y de los costos financieros. Las grandes compañías, por su parte, formulan un diagnóstico propio. La mitad de ellas atribuye al tamaño del mercado local las desventajas competitivas y 13% busca la razón en la desactualización tecnológica. Sólo 25% de los empresarios de este segmento (frente al promedio general de 51%) señala a las tasas de interés, los impuestos y los costos laborales como las principales trabas.


    Alrededor de la moneda


    El apoyo de los empresarios a la fórmula un peso = un dólar es inequívoco. Siete de cada diez no consideran conveniente abandonarla. Y la prudencia se hace sentir, incluso, en la franja de 21% de los que se pronuncian a favor de un cambio de la paridad: la mitad impulsa una decisión inmediata, pero 45% preferiría esperar a que se despeje la situación económica.


    La idea de la devaluación está, por cierto, mucho más difundida entre los industriales: 32% se pronuncia a favor, frente a 15% de los empresarios del comercio y los servicios. Entre estos últimos, ocho de cada diez se oponen a la modificación de la paridad. Y el mayor índice de negativas (84%) se registra en las grandes compañías.


    Entre los directivos de empresas manufactureras y comerciales que propugnan el abandono de la convertibilidad, más de la mitad propone esperar a que se normalice la situación. En el sector de los servicios, en cambio, casi ocho de cada diez de los que estarían de acuerdo con una devaluación piensan que hay que aplicarla ya.


    La canasta de monedas es una idea poco favorecida y escasamente entendida por los empresarios. Sólo 42% de los entrevistados aprueba la reciente inclusión del euro en el régimen cambiario, y 21% sencillamente opta por no opinar. Cuando se menciona la posibilidad de incorporar el real brasileño a la canasta, casi siete de cada diez rechazan la idea. Los directivos de las grandes compañías son aún más categóricos, con 78% de respuestas negativas.


    Llega a 58% el número de empresarios que están en contra de un esquema de flotación cambiaria. Pero es aun más elevada (64%) la proporción de los que se oponen a la alternativa de la dolarización.


    Entre los que no estarían de acuerdo con la flotación se destacan los empresarios del comercio y los servicios (ambos con 64% de respuestas negativas) y las grandes compañías (donde la desaprobación trepa a 83%).


    El rechazo a la dolarización es parejo en todos los sectores, con apenas un leve aumento de respuestas positivas en el comercio.


    Riesgo y avaricia


    El difícil acceso y el alto costo del crédito suelen ser citados como obstáculos permanentes para los esfuerzos reactivadores. Parece pertinente, por lo tanto, preguntarles a los empresarios cuáles son, en su opinión, las causas de las penurias financieras en la Argentina.


    En este caso, se recurrió al formato de una pregunta abierta; es decir que cada entrevistado pudo elaborar libremente su propia respuesta.


    Las dos razones más mencionadas reconocen, en definitiva, una misma matriz: 28% señala el riesgo país (la percepción predominante entre los acreedores externos de que la Argentina no podrá pagar sus deudas), y 16% se refiere, más específicamente, al déficit fiscal.


    Pero el tercer factor que empuja hacia arriba las tasas de interés, espontáneamente citado por 15% de los empresarios, es “la usura de los bancos”. Los entrevistados asignaron escasa importancia, en cambio, a los “problemas políticos” o a “la desconfianza en el gobierno”. Apenas 6% se refirió a estas cuestiones.


    Los industriales son los que con más insistencia aluden al riesgo país. Las empresas medianas asignan particular importancia a los problemas políticos. Pero el dato más sugestivo es que son las grandes compañías las que en mayor medida señalan a los bancos como responsables del encarecimiento del crédito.


    El lugar del Estado


    Una de las cuestiones estratégicas que pretendió abordar esta encuesta fue la del papel del Estado, eje de buena parte de las discusiones políticas y económicas en las últimas décadas.


    Una abrumadora mayoría de 84% de los empresarios suscribe la idea de que “el Estado debe promover actividades en las que la Argentina pueda ser más competitiva a nivel internacional”. Sólo 11% adhiere, en cambio, al precepto de que “el Estado no debe intervenir sobre los mercados, ni regulándolos ni implementando políticas que favorezcan a algunos sectores”.


    El consenso alrededor de la necesidad de contar con un Estado promotor es apreciable en todos los sectores y tamaños de empresas. Las Pymes muestran el mayor grado de acuerdo (85%), que desciende a 69% entre las firmas medianas y vuelve aumentar a 79% en el segmento de las grandes compañías.


    Esta concepción del papel estratégico del Estado no viene acompañada, sin embargo, de una actitud de tolerancia hacia lo que ha dado en llamarse el gasto de la política.


    Casi nueve de cada diez entrevistados afirman que es necesario reducir la cantidad de diputados y senadores, eliminar concejos comunales o unificar las cámaras legislativas en las provincias. Las opiniones aparecen algo más repartidas cuando se lleva la propuesta al extremo de cambiar la actual división política del país, fusionando provincias en regiones. Quienes aprueban la idea suman 46%, en tanto que 43% considera esto poco o nada necesario.


    Ante la alternativa de reducir drásticamente organismos y personal del sector público para avanzar hacia el equilibrio fiscal, una mayoría de 77% se manifiesta de acuerdo.


    ¿Socios no queridos?


    Se confirma, en esta investigación, una tendencia que viene registrándose sistemáticamente en las encuestas semestrales de expectativas que realiza MERCADO desde comienzos de la década pasada. En épocas de bonanza, el Mercosur suele ser contemplado por los empresarios argentinos como una fuente de oportunidades. En tiempos de vacas flacas, como éstos, el pacto regional asoma como una amenaza.


    En esta ocasión, siete de cada diez entrevistados manifiestan que su empresa se beneficia poco o nada con la vigencia del Mercosur. Sólo 25% encuentra ventajas.


    Un dato particularmente curioso es que la actitud más favorable hacia el Mercosur se encuentra en el sector de los servicios, con 33% de respuestas positivas, en tanto que sólo dos de cada diez comerciantes e industriales advierten oportunidades en el área de libre comercio. La falta de entusiasmo es, por otra parte, particularmente notable entre las Pymes.


    No se advierte, por otra parte, una tendencia clara acerca de la posición que debería asumir la Argentina para negociar acuerdos comerciales con Europa o con la zona de libre comercio de América del Norte (Nafta). Las respuestas se dividen parejamente: 46% opina que es mejor actuar en forma conjunta a través del Mercosur, y la misma proporción de entrevistados dice que la Argentina conseguirá mejores resultados actuando en forma individual, sin Brasil ni los otros miembros del Mercosur.


    En las grandes compañías, sin embargo, predomina la opinión de que es más conveniente moverse de acuerdo con los socios: 54% de los entrevistados de esta franja adhieren a esta posición.

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