Antonio Erman González
Romper la inercia
Fue ministro de Economía desde fines de 1989 hasta enero del ´91. Procesado en la causa por la venta ilegal de armas, desde su lugar de detención respondió a MERCADO. No descarta una salida “a la Calomiris” (un default organizado, con ayuda del FMI).
–La deuda pública consolidada pasó de US$ 64.600 millones en 1991 a US$ 154.000 millones en el 2000. ¿Qué es lo que explica este incremento?
–Hay diversos orígenes, aunque no todos explicables con certeza y sencillez. Podemos enumerar algunos:
- El claro anatocismo (cobro de intereses sobre intereses) que surge del
canje de deuda de corto plazo, por títulos de más largo plazo
pero con mayores tasas, lo que significa pagar mayores intereses y acrecentar
la deuda sin recibir ingresos. Y no nos referimos solamente al último
megacanje, sino que desde 1991 procedemos del mismo modo para cubrir compromisos
que no podemos asumir con superávit fiscal. - Los pasivos de las empresas estatales, cuyos montos superaban en la mayoría
de los casos los activos a transferir. De esas deudas debía hacerse
cargo el Estado y las tuvo que afrontar con nuevo endeudamiento. - El proceso de modernización del Estado, incluyendo su racionalización,
exigió ingentes esfuerzos financieros que también debieron asumirse
con programas financiados con recursos de préstamos externos. - Por cada crédito recibido de estos organismos, el Estado argentino
debía aportar un elevado porcentaje para cumplir los programas implementados,
con mayores gastos que tampoco se podían cubrir con recursos fiscales
genuinos, incrementando la necesidad de financiamiento externo o interno.
–¿Cómo se sale de esta situación?
–Sólo será posible con el incremento genuino de los recursos fiscales, la racionalización del gasto público prescindible, el crecimiento de la economía y el combate a la evasión. Tampoco podemos dejar de lado la necesidad de revisar todo el sistema tributario, haciendo estables y confiables las medidas fiscales y terminando con las viejas prácticas de “arreglos sectoriales” que desalientan al excluido y transfieren recursos desde un sector productivo o racional a otros que no asumen la competitividad.
–¿La argentina es una economía sin oportunidades de inversión?
–El panorama que se observa es el fuerte desplazamiento de recursos que debieran financiar proyectos del sector privado absorbidos por el sector público para financiar su déficit primario y secundario. En esta competencia, uno de los resultados perniciosos es la suba de tasas que afectan todo proyecto de inversión privada y llegan a paralizar el normal funcionamiento de las empresas ya establecidas con niveles de interés que hacen casi imposible lograr rentabilidad. La Argentina sigue teniendo importantes oportunidades de inversión, frenadas por factores macroeconómicos que la paralizan, sin ocultar la tensa situación social, la inseguridad personal y los fuertes rumores sobre eventuales devaluaciones o cesación de pagos.
–¿Cree que había un problema de competitividad desde el inicio del programa de convertibilidad o que apareció en 1998 con la crisis asiática y la devaluación brasileña?
–El problema de la competitividad argentina existió siempre; cambiaron sus causas. En una economía cerrada, con mercados cautivos, fuga permanente de ganancias por evasión impositiva o simplemente desconfianza en las políticas económicas, la ineficiencia del Estado y otros factores hacían poco estimulante la incorporación de nuevas tecnologías para mejorar la productividad. Hoy, los problemas de competitividad pasan por otras causas, como los costos financieros, atraso tecnológico, costos internos elevados y un clima político y social que no alienta a mirar el futuro con optimismo.
–¿Cuál es, a su juicio, el principal problema actual de la economía argentina?
–Si quisiéramos dar un orden de prioridad, tendríamos que empezar por el creciente desequilibrio fiscal, que succiona la oferta monetaria disponible para financiar el déficit, incrementa las tasas de interés, desalienta la inversión privada y no genera políticas orientadas a superar la distorsión de precios relativos. Es decir, estamos frente a un enfermo del que tenemos a la vista los síntomas, pero no encaramos su tratamiento integral.
–¿Qué opina de las propuestas “a la Calomiris”, de organizar un default con el apoyo del FMI?
–Los analistas serios que monitorean la marcha de nuestra economía no pueden dejar de alertar sobre los síntomas ya enunciados y su agravamiento, de manera que sus advertencias no pueden ser desoídas. Muy por el contrario, debieran sincerar nuestros análisis para llegar a soluciones factibles, y si el camino aconsejable o insoslayable es la solución “a la Calomiris” debería encararse con total seriedad.
–¿Qué consejo le daría a Cavallo?
–Que anuncie menos medidas de coyuntura, que significan marchas y contramarchas que desorientan a todos los operadores de la economía. Debe elaborar un verdadero plan integral para romper la inercia actual y procurar encolumnar tras ese plan a los actores políticos más importantes del país.
Roberto Alemann
La peor es el riesgo de insolvencia
Fue ministro de Economía por primera vez en 1961, con Arturo Frondizi. En 1981 volvió al Palacio de Hacienda durante la dictadura de Leopoldo Galtieri. Propicia una ofensiva contra la evasión, apoya al Mercosur y cree que el Alca nada aportaría al país.
–¿Cómo se resuelve el problema de la deuda externa?
–Pagando. El primer paso es eliminar el déficit. El segundo es generar sobrantes bajando gastos y aumentando los ingresos, cobrándole a los que no pagan impuestos. La recaudación de los que no pagan puede instrumentarse con medidas como la asistencia privada en el cobro de impuestos, para que tenga efectos rápidos en la economía.
–¿Usted está entre los que creen que la retracción de las inversiones es la causa de la actual recesión?
–La caída de las inversiones es la consecuencia, no la causa de la recesión. La causa es la altísima tasa de interés que sube desde la famosa cesación de pagos de Rusia, que por contagio hizo subir nuestra prima de riesgo país. Y a través de ella, aumentó la tasa de interés local, que impide financiar cualquier proyecto de inversión y reduce la expansión de las ventas de bienes de consumo por cuotas. Las cuotas tienen una tasa de interés estrafalaria y ningún vendedor de bienes de uso le dice al comprador cuál es la verdadera tasa implícita de interés a la que vende. Muchos usan esta tasa como pretexto para ganar plata como usureros y no les interesa vender al contado, porque la ganancia está en el financiamiento, y la gente no pregunta a qué tasa compra, sino que sólo se fija cuánto vale la cuota y si la puede pagar o no.
–¿La forma en que se reformó el sistema previsional influyó en el actual problema fiscal?
–En lo que se refiere a la formación de las AFJP, no. Se mejoró el sistema previsional y se resolvió el problema de financiación del sistema a largo plazo. Lo que nos afecta es la reducción de las contribuciones patronales, que son otra manera de calcular el impuesto a las ganancias de las personas que trabajan. Estas reducciones nos generaron buena parte del déficit acumulado en los últimos ocho años.
–¿Cuáles son las causas del problema fiscal argentino?
–Es que el sistema fiscal reposa sobre el principio de que la Nación recauda y las provincias gastan. Esto no es muy sano, pero no veo que haya otro mejor.
–¿Qué opina del Alca?
–No nos ofrece nada. Estados Unidos lo único que quiere es que bajemos los aranceles para que ingrese todo lo que ellos exportan, pero no nos ofrecen nada para nuestros productos.
–¿Cree que las reglas actuales de la economía mundial son equitativas para la Argentina?
–No son nada equitativas. Los resultados de los últimos siete años de negociaciones de la Ronda Uruguay muestran que los grandes países asumieron responsabilidades concretas para permitir el ingreso de nuestras exportaciones, reducir los precios de garantía y sus subsidios y no lo han hecho. Al contrario, inventaron nuevas cosas, como el precio sostén de US$ 193 por tonelada de soja en Estados Unidos. No cumplen y la Rueda Uruguay se cerró en forma no recíproca: ellos obtuvieron ventajas en servicios y patentes y nosotros no obtuvimos nada. Hay que negociar.
–¿Cuál es el principal problema actual de la economía argentina?
–El riesgo de insolvencia, que nos aumenta mucho la tasa de interés y nos torna no competitivos. Además aletarga la demanda.
–¿Cree que la propuesta de realizar un default acordado con el FMI es correcta?
–Es un despropósito total. En primer lugar, un default no se puede organizar. Por otra parte, el FMI de ninguna manera asumiría ese compromiso. En tercer lugar, si lo hace con la Argentina, la cola para pedir lo mismo llegaría hasta los polos.
–¿Qué le recomendaría al ministro de Economía?
–Que recaude de los que no pagan.
