Las cifras oficiales indican que en la Argentina hay 5,6 millones de mujeres de más de 45 años. En el 2010 esta cifra habrá aumentado en un millón y representará 16% del total de la población. O, visto desde otra perspectiva: tres de cada diez mujeres superan los 45 años.
La última Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que elabora el Indec, mostró también que en el Gran Buenos Aires la tasa de actividad de las mujeres que se encuentran en la franja de 45 a 65 años es de 50,5%. Un índice superior, por cierto, al promedio de 45,2% que registra el total de las mujeres que viven en ese conglomerado urbano.
En contra de lo que podría suponerse, el desempleo afecta menos a las mujeres mayores, que exhiben una tasa de 11,1%, bastante por debajo de la media nacional para mujeres de 14 a 65 años, que llega a casi 17%.
Los especialistas del Indec dicen que, en materia de empleo e ingresos, este segmento es particularmente heterogéneo: hay un grupo muy importante de mujeres que trabaja en el servicio doméstico, pero también en la educación, en posiciones calificadas dentro de industrias y empresas de servicios, y en la administración pública.
Claro que en el lado más oscuro de las estadísticas se advierte que las mujeres con empleo, de 45 a 65 años, perciben un ingreso promedio por su ocupación principal de $ 553 mensuales, mientras que para los hombres de las mismas edades la cifra llega a $ 785, lo que resulta elocuentemente revelador de la discriminación salarial.
Si se considera que en el Gran Buenos Aires hay 597.000 mujeres ocupadas de 45 a 65 años, cuyos sueldos suman $ 311,9 millones por mes, es razonable estimar que en todo el país este segmento maneja ingresos propios que superan holgadamente los $ 15.000 millones anuales.
Otro dato no menos importante es que, al menos en el Gran Buenos Aires, algo más de 37% de estas mujeres son jefas de hogar.
La primera ola
“Las más jóvenes debemos agradecerles a las mujeres mayores que nos hayan abierto muchas puertas que los hombres mantenían bien cerradas”, señala María Luz González Carman, directora de la consultora Ipsos-Novaction. Entre las barreras derribadas, además de las que tienen que ver con la inserción en el ámbito laboral, González Carman destaca las que se refieren a la participación femenina “en ámbitos tradicionalmente masculinos, como la política. Estas mujeres son las que patearon el tablero, dejaron de depender de los hombres y salieron a la calle a buscar sus propios espacios. Además, a medida que se desciende en el nivel socieconómico, aparecen las mujeres que se hicieron cargo de los destinos económicos de sus hogares porque sus maridos quedaron desempleados.”
Gustavo Lohfeldt y la psicóloga Gabriela Lis Nader, director de Ipsos-Novaction y directora del área cualitativa de la consultora, respectivamente, observan que el culto de la juventud que suele predicarse desde los medios tiende a desvalorizar el lugar que ocupan las mujeres de mayor edad. “A diferencia de otras culturas, la nuestra no le da un lugar a la experiencia. Por eso, el espacio que los medios de comunicación les dedican a estas mujeres parece reducido a buscar lo que no tienen: juventud. Y así es que se multiplican propuestas que van desde la cirugía estética hasta la vuelta a la facultad, pero pocas veces se encuentran piezas que revaloricen lo que sí tienen: experiencia y conocimiento”, sostiene Nader.
Lohfeldt comenta que, con mensajes como los que se propagan desde los medios, cuando aparece una figura exitosa de esa edad suele ser mostrada como una excepción, y como no existe un discurso social en el que se reconozca que las mujeres de más de 45 años son tan activas y están tan insertas en la actividad y en el consumo como las más jóvenes, “las mismas mujeres no lo tienen en la cabeza”.
Un lugar en el mundo
Una de las grandes paradojas que surgen de esta investigación es que, a pesar de que las mujeres adultas suelen ser colocadas en un segundo plano por la publicidad y los medios, concentran un fuerte reconocimiento social a través de figuras emblemáticas. Eso es, al menos, lo que revela el estudio Equitrend que realiza todos los años la consultora Total Research, sobre la calidad percibida por los consumidores en marcas y personajes públicos. La medición se realiza a través de 1.600 entrevistas domiciliarias a la población de 18 a 65 años de Capital Federal y Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza y Tucumán.
Si se toma, del ranking de 160 medios y personalidades, la nómina de las mujeres mejor calificadas, surge que cuatro de las que ocupan los cinco primeros se encuentran en la madurez: Norma Aleandro, María Elena Walsh, Mónica Cahen D´Anvers y Mercedes Sosa. Con respecto al ranking general, la primera mujer aparece en el octavo lugar y es Norma Aleandro, superada sólo por Gabriel Batistuta, el canal Discovery Chanel, Carlos Gardel, Julio Bocca, René Favaloro, Alfredo Alcón y la revista National Geographic. Los promocionados ideales de belleza y juventud quedan, curiosamente, relegados al puesto 13º en la lista de mujeres y al 97º en la nómina general, con Valeria Mazza.
Aunque el público femenino otorga mejores calificaciones que los hombres a Aleandro y Walsh, en el caso de Mercedes Sosa, las opiniones son parejas en ambos sexos.
Es interesante, por cierto, el cuadro que surge del análisis discriminado por las edades de los encuestados. Walsh alcanza su máximo puntaje entre los entrevistados de 30 a 39 años, que crecieron escuchando los versos de Manuelita y El mundo del revés. La valoración de Mónica Cahen D´Anvers aumenta a medida que se avanza en la escala de edad de los entrevistados. Y lo mismo sucede con Magdalena Ruiz Guiñazú, quien está en el puesto 11º del ranking de mujeres.
El nido no tan vacío
A partir de los 45 años, la vida diaria de las mujeres suele registrar importantes transformaciones. Los hijos comienzan a abandonar el hogar (y si no lo hacen porque la situación económica no lo permite, al menos dejan de requerir los cuidados y atención que demandan en la infancia). De modo que estas mujeres empiezan a encontrar más tiempo para pensar en sí mismas y en su futuro.
La crisis económica y el alto desempleo han contribuido a que, en la Argentina, el famoso síndrome del nido vacío demore considerablemente en instalarse. Los hijos no se van de la casa como lo hacían hace 15 o 20 años. Las cifras del Indec comenzaron a dar cuenta de este fenómeno hace ya un quinquenio, y el Estudio Nielsen de Hábitos y Actitudes realizado en Capital Federal y Gran Buenos Aires a mediados del año pasado muestra que en 5,3% de los hogares, la edad del hijo mayor que vive con la familia supera los 35 años, pero la cifra se eleva a 11,3% entre las madres de más de 51 años.
“Hay dos grupos de madres bien diferenciados: las que combinan el trabajo con la crianza de los hijos, y las que no tienen una ocupación remunerada. Pero estos dos segmentos comienzan a converger a partir de los 45 años. Las primeras buscan reorientar su carrera profesional y las segundas se interesan en la capacitación para insertarse en el ámbito productivo, buscando empleo o creando su propio negocio”, señala González Carman.
El nivel educativo de las mujeres de 45 a 54 años no es muy distinto del que actualmente exhiben las mujeres más jóvenes, que representan 53% de la matrícula universitaria. El estudio sobre consumo que Ipsos-Novaction realizó recientemente entre 5.995 personas de 14 a 64 años indica que 8,3% de las mujeres que se encuentran en la franja de 23 a 44 terminaron sus estudios universitarios. El índice desciende muy levemente (a 6,9%) entre las que tienen de 45 a 54 años.
Ahorro, inversión y seguros
Según el Indec, menos de 10% de las mujeres que tienen entre 51 y 70 años ahorran, y lo hacen por razones bien distintas que las alientan a las más jóvenes.
Mientras las mujeres de 36 a 50 años tienen como objetivo prioritario comprar una casa o refaccionar la que ya tienen, las mayores piensan, primero, en arreglar el hogar, pero se plantean inmediatamente, en segundo término, la meta de un viaje. La compra de la casa queda relegada a un tercer puesto.
Aunque utilizan menos los cajeros automáticos, estas mujeres exhiben índices de bancarización similares a los del resto. Pero son más entusiastas con las tarjetas de crédito: el promedio general de usuarias llega a 16,4%, y se eleva a 18,6% para las que tienen entre 45 y 54 años de edad.
Entre las que cuentan más de 55 años, 6,1% informó que era titular de una cuenta corriente, en tanto que para el total de la población el promedio baja a 4,6%. Estas cifras parecen reflejar, por cierto, la propensión de las mujeres de mayor edad a tener sus propios emprendimientos.
Las compañías de seguros encuentran, por otra parte, un mercado particularmente interesante en esta franja. Mientras 3,9% del total de la población le respondió a Ipsos-Novaction que tenía asegurado su hogar, la cifra se eleva a 5,4% en el caso de las mujeres de 45 a 54 años, y a 5,1% para las que tienen más de 55 años.
Aldo Rizza, gerente comercial de Principal Life, explica que el ingreso de la mujer al mundo laboral vino acompañado de nuevas necesidades de previsión y que en los casos de las mujeres casadas, muchas vuelcan el excedente de sus ingresos, que complementan con los del esposo, a los seguros de vida. Principal Group ofrece un producto denominado Future, que colocó entre 5.200 clientas con un promedio de ingresos de $ 2.467 mensuales. Durante este año, Rizza espera vender pólizas de vida individuales por US$ 7,5 millones y otros US$ 5 millones por seguros colectivos. Alrededor de 35% de este negocio provendrá del público femenino de más de 45 años.
Los seguros de retiro también cosechan mayores adhesiones entre las mujeres maduras según Klaus Bhoner, director de Principal Retiro, donde algo más de dos tercios de la fuerza de venta están integrados por mujeres con una edad promedio de 45 años. “Son consultoras previsionales que ayudan a los beneficiarios a elegir a la compañía que administre sus pensiones. Se trata de mujeres que ya educaron a sus hijos y encuentran tiempo para desarrollar un trabajo part time con gran actividad social”, explica Bhoner.
Préstamos y compras
Una amplia mayoría de 77,9% de las mujeres que sobrepasan los 51 años no tiene deudas, según la encuesta de ACNielsen en Capital Federal y Gran Buenos Aires.
En el sector de las mujeres mayores que toman crédito, el principal destino de los fondos suele ser la compra de indumentaria, en tanto que las más jóvenes tienden a usar los préstamos para adquirir electrodomésticos. (El dato plantea, por cierto, una interesante paradoja, si se tiene en cuenta que los fabricantes de ropa concentran su producción en talles y modelos para el público joven, y que, con las excepciones de unas pocas tiendas, como Fem Fem y Etam, casi no hay marcas de ropa que contemplen las necesidades del segmento de edad madura.)
Por otra parte, la capacidad y la vocación emprendedora de las mujeres de más de 51 años se torna evidente si se considera que 7% destina los fondos obtenidos a través de un crédito a iniciar un negocio propio, en tanto que sólo 1,2% del total de mujeres le proporcionó esa respuesta a los encuestadores de ACNielsen.
| Mónica Cahen D´Anvers (66) “Hay una mirada más compartida” A mediados -Usted -Hay una -Suele -Creo que -¿Cómo -La televisión -Sin -Es porque -¿En -Estas jóvenes -¿Por -Creo que |
| Ha recorrido un largo camino, señora Por En 1973, Hace un Pocas semanas Estas pequeñas Hoy está El periodismo Es una cuestión * Jefa |
![]() |
![]() |
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
|









