miércoles, 29 de abril de 2026

    La nueva fuerza

    Las cifras oficiales indican que en la Argentina hay 5,6 millones de mujeres de más de 45 años. En el 2010 esta cifra habrá aumentado en un millón y representará 16% del total de la población. O, visto desde otra perspectiva: tres de cada diez mujeres superan los 45 años.


    La última Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que elabora el Indec, mostró también que en el Gran Buenos Aires la tasa de actividad de las mujeres que se encuentran en la franja de 45 a 65 años es de 50,5%. Un índice superior, por cierto, al promedio de 45,2% que registra el total de las mujeres que viven en ese conglomerado urbano.


    En contra de lo que podría suponerse, el desempleo afecta menos a las mujeres mayores, que exhiben una tasa de 11,1%, bastante por debajo de la media nacional para mujeres de 14 a 65 años, que llega a casi 17%.


    Los especialistas del Indec dicen que, en materia de empleo e ingresos, este segmento es particularmente heterogéneo: hay un grupo muy importante de mujeres que trabaja en el servicio doméstico, pero también en la educación, en posiciones calificadas dentro de industrias y empresas de servicios, y en la administración pública.


    Claro que en el lado más oscuro de las estadísticas se advierte que las mujeres con empleo, de 45 a 65 años, perciben un ingreso promedio por su ocupación principal de $ 553 mensuales, mientras que para los hombres de las mismas edades la cifra llega a $ 785, lo que resulta elocuentemente revelador de la discriminación salarial.


    Si se considera que en el Gran Buenos Aires hay 597.000 mujeres ocupadas de 45 a 65 años, cuyos sueldos suman $ 311,9 millones por mes, es razonable estimar que en todo el país este segmento maneja ingresos propios que superan holgadamente los $ 15.000 millones anuales.


    Otro dato no menos importante es que, al menos en el Gran Buenos Aires, algo más de 37% de estas mujeres son jefas de hogar.


    La primera ola


    “Las más jóvenes debemos agradecerles a las mujeres mayores que nos hayan abierto muchas puertas que los hombres mantenían bien cerradas”, señala María Luz González Carman, directora de la consultora Ipsos-Novaction. Entre las barreras derribadas, además de las que tienen que ver con la inserción en el ámbito laboral, González Carman destaca las que se refieren a la participación femenina “en ámbitos tradicionalmente masculinos, como la política. Estas mujeres son las que patearon el tablero, dejaron de depender de los hombres y salieron a la calle a buscar sus propios espacios. Además, a medida que se desciende en el nivel socieconómico, aparecen las mujeres que se hicieron cargo de los destinos económicos de sus hogares porque sus maridos quedaron desempleados.”


    Gustavo Lohfeldt y la psicóloga Gabriela Lis Nader, director de Ipsos-Novaction y directora del área cualitativa de la consultora, respectivamente, observan que el culto de la juventud que suele predicarse desde los medios tiende a desvalorizar el lugar que ocupan las mujeres de mayor edad. “A diferencia de otras culturas, la nuestra no le da un lugar a la experiencia. Por eso, el espacio que los medios de comunicación les dedican a estas mujeres parece reducido a buscar lo que no tienen: juventud. Y así es que se multiplican propuestas que van desde la cirugía estética hasta la vuelta a la facultad, pero pocas veces se encuentran piezas que revaloricen lo que sí tienen: experiencia y conocimiento”, sostiene Nader.


    Lohfeldt comenta que, con mensajes como los que se propagan desde los medios, cuando aparece una figura exitosa de esa edad suele ser mostrada como una excepción, y como no existe un discurso social en el que se reconozca que las mujeres de más de 45 años son tan activas y están tan insertas en la actividad y en el consumo como las más jóvenes, “las mismas mujeres no lo tienen en la cabeza”.


    Un lugar en el mundo


    Una de las grandes paradojas que surgen de esta investigación es que, a pesar de que las mujeres adultas suelen ser colocadas en un segundo plano por la publicidad y los medios, concentran un fuerte reconocimiento social a través de figuras emblemáticas. Eso es, al menos, lo que revela el estudio Equitrend que realiza todos los años la consultora Total Research, sobre la calidad percibida por los consumidores en marcas y personajes públicos. La medición se realiza a través de 1.600 entrevistas domiciliarias a la población de 18 a 65 años de Capital Federal y Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza y Tucumán.


    Si se toma, del ranking de 160 medios y personalidades, la nómina de las mujeres mejor calificadas, surge que cuatro de las que ocupan los cinco primeros se encuentran en la madurez: Norma Aleandro, María Elena Walsh, Mónica Cahen D´Anvers y Mercedes Sosa. Con respecto al ranking general, la primera mujer aparece en el octavo lugar y es Norma Aleandro, superada sólo por Gabriel Batistuta, el canal Discovery Chanel, Carlos Gardel, Julio Bocca, René Favaloro, Alfredo Alcón y la revista National Geographic. Los promocionados ideales de belleza y juventud quedan, curiosamente, relegados al puesto 13º en la lista de mujeres y al 97º en la nómina general, con Valeria Mazza.


    Aunque el público femenino otorga mejores calificaciones que los hombres a Aleandro y Walsh, en el caso de Mercedes Sosa, las opiniones son parejas en ambos sexos.


    Es interesante, por cierto, el cuadro que surge del análisis discriminado por las edades de los encuestados. Walsh alcanza su máximo puntaje entre los entrevistados de 30 a 39 años, que crecieron escuchando los versos de Manuelita y El mundo del revés. La valoración de Mónica Cahen D´Anvers aumenta a medida que se avanza en la escala de edad de los entrevistados. Y lo mismo sucede con Magdalena Ruiz Guiñazú, quien está en el puesto 11º del ranking de mujeres.


    El nido no tan vacío


    A partir de los 45 años, la vida diaria de las mujeres suele registrar importantes transformaciones. Los hijos comienzan a abandonar el hogar (y si no lo hacen porque la situación económica no lo permite, al menos dejan de requerir los cuidados y atención que demandan en la infancia). De modo que estas mujeres empiezan a encontrar más tiempo para pensar en sí mismas y en su futuro.


    La crisis económica y el alto desempleo han contribuido a que, en la Argentina, el famoso síndrome del nido vacío demore considerablemente en instalarse. Los hijos no se van de la casa como lo hacían hace 15 o 20 años. Las cifras del Indec comenzaron a dar cuenta de este fenómeno hace ya un quinquenio, y el Estudio Nielsen de Hábitos y Actitudes realizado en Capital Federal y Gran Buenos Aires a mediados del año pasado muestra que en 5,3% de los hogares, la edad del hijo mayor que vive con la familia supera los 35 años, pero la cifra se eleva a 11,3% entre las madres de más de 51 años.


    “Hay dos grupos de madres bien diferenciados: las que combinan el trabajo con la crianza de los hijos, y las que no tienen una ocupación remunerada. Pero estos dos segmentos comienzan a converger a partir de los 45 años. Las primeras buscan reorientar su carrera profesional y las segundas se interesan en la capacitación para insertarse en el ámbito productivo, buscando empleo o creando su propio negocio”, señala González Carman.


    El nivel educativo de las mujeres de 45 a 54 años no es muy distinto del que actualmente exhiben las mujeres más jóvenes, que representan 53% de la matrícula universitaria. El estudio sobre consumo que Ipsos-Novaction realizó recientemente entre 5.995 personas de 14 a 64 años indica que 8,3% de las mujeres que se encuentran en la franja de 23 a 44 terminaron sus estudios universitarios. El índice desciende muy levemente (a 6,9%) entre las que tienen de 45 a 54 años.


    Ahorro, inversión y seguros


    Según el Indec, menos de 10% de las mujeres que tienen entre 51 y 70 años ahorran, y lo hacen por razones bien distintas que las alientan a las más jóvenes.


    Mientras las mujeres de 36 a 50 años tienen como objetivo prioritario comprar una casa o refaccionar la que ya tienen, las mayores piensan, primero, en arreglar el hogar, pero se plantean inmediatamente, en segundo término, la meta de un viaje. La compra de la casa queda relegada a un tercer puesto.


    Aunque utilizan menos los cajeros automáticos, estas mujeres exhiben índices de bancarización similares a los del resto. Pero son más entusiastas con las tarjetas de crédito: el promedio general de usuarias llega a 16,4%, y se eleva a 18,6% para las que tienen entre 45 y 54 años de edad.


    Entre las que cuentan más de 55 años, 6,1% informó que era titular de una cuenta corriente, en tanto que para el total de la población el promedio baja a 4,6%. Estas cifras parecen reflejar, por cierto, la propensión de las mujeres de mayor edad a tener sus propios emprendimientos.


    Las compañías de seguros encuentran, por otra parte, un mercado particularmente interesante en esta franja. Mientras 3,9% del total de la población le respondió a Ipsos-Novaction que tenía asegurado su hogar, la cifra se eleva a 5,4% en el caso de las mujeres de 45 a 54 años, y a 5,1% para las que tienen más de 55 años.


    Aldo Rizza, gerente comercial de Principal Life, explica que el ingreso de la mujer al mundo laboral vino acompañado de nuevas necesidades de previsión y que en los casos de las mujeres casadas, muchas vuelcan el excedente de sus ingresos, que complementan con los del esposo, a los seguros de vida. Principal Group ofrece un producto denominado Future, que colocó entre 5.200 clientas con un promedio de ingresos de $ 2.467 mensuales. Durante este año, Rizza espera vender pólizas de vida individuales por US$ 7,5 millones y otros US$ 5 millones por seguros colectivos. Alrededor de 35% de este negocio provendrá del público femenino de más de 45 años.


    Los seguros de retiro también cosechan mayores adhesiones entre las mujeres maduras según Klaus Bhoner, director de Principal Retiro, donde algo más de dos tercios de la fuerza de venta están integrados por mujeres con una edad promedio de 45 años. “Son consultoras previsionales que ayudan a los beneficiarios a elegir a la compañía que administre sus pensiones. Se trata de mujeres que ya educaron a sus hijos y encuentran tiempo para desarrollar un trabajo part time con gran actividad social”, explica Bhoner.


    Préstamos y compras


    Una amplia mayoría de 77,9% de las mujeres que sobrepasan los 51 años no tiene deudas, según la encuesta de ACNielsen en Capital Federal y Gran Buenos Aires.


    En el sector de las mujeres mayores que toman crédito, el principal destino de los fondos suele ser la compra de indumentaria, en tanto que las más jóvenes tienden a usar los préstamos para adquirir electrodomésticos. (El dato plantea, por cierto, una interesante paradoja, si se tiene en cuenta que los fabricantes de ropa concentran su producción en talles y modelos para el público joven, y que, con las excepciones de unas pocas tiendas, como Fem Fem y Etam, casi no hay marcas de ropa que contemplen las necesidades del segmento de edad madura.)


    Por otra parte, la capacidad ­y la vocación­ emprendedora de las mujeres de más de 51 años se torna evidente si se considera que 7% destina los fondos obtenidos a través de un crédito a iniciar un negocio propio, en tanto que sólo 1,2% del total de mujeres le proporcionó esa respuesta a los encuestadores de ACNielsen.

    Mónica
    Cahen D´Anvers (66)
    “Hay
    una mirada más compartida”

    A mediados
    de 1965, cuando tenía 26 años, una agencia de publicidad
    aprovechó su éxito como actriz en los teleteatros El
    amor tiene cara de mujer
    y Cuatro hombres para Eva para crear
    Telenoche, que salió al aire el 3 de enero de 1966, luego de cientos
    de programas de prueba que no se emitieron. “Eran tiempos de vacas gordas
    en los medios, y aprendí el oficio de periodismo trabajando”, cuenta
    Mónica Cahen D´Anvers, a quien la encuesta Equitrend revela como
    una de las cinco mujeres más admiradas de la Argentina.

    -Usted
    fue, probablemente, una de las primeras mujeres argentinas que estuvo
    presente en zonas de guerra trabajando como periodista. ¿Cree que
    la incorporación creciente de las mujeres a la profesión
    ha marcado alguna diferencia en el modo en que se hace periodismo?

    -Hay una
    mirada más compartida. No sé si más femenina. Pero
    es verdad que, antes, la visión de los medios era totalmente masculina.
    Desde hace unos años, tenemos a una productora ejecutiva al mando
    de Telenoche. Obviamente, ella tiene una mirada distinta sobre la información.
    Los puntos de vista y la manera en que se toman las noticias en nuestro
    noticiero son compartidos entre los hombres y mujeres que trabajamos en
    él.

    -Suele
    decirse que, cuando un periodista introduce un enfoque humano o notas
    de color en su trabajo, suele recibir elogios, pero si lo hace una mujer
    se la tilda de cursi.

    -Creo que
    eso ya no es así. Lo que sí hay que aceptar es que en los
    medios hay miedo a que una mujer cubra temas reservados a los hombres,
    como política y economía. Y todavía hay mucha gente
    que piensa que el periodismo es política y economía y el
    resto es relleno.

    -¿Cómo
    cambió la forma en que la televisión se dirige a las mujeres?

    -La televisión
    ha seguido los pasos de la sociedad. Hace treinta años hubiera
    sido inconcebible decir la mitad de las cosas que se dicen hoy en día.
    Hoy quedan muy pocos temas tabúes.

    -Sin
    embargo, casi no se usan palabras como
    menopausia.

    -Es porque
    somos pacatos e hipócritas. Se dice boludo, como si quedara
    lindo, y no se dice menopausia porque es íntimo y de la
    mujer. Todavía muchas familias les dicen a sus chicos que está
    por llegar la cigüeña. Somos adolescentes; no sé si
    no queremos crecer, pero nos gusta quedarnos en esa cosa pacata.

    -¿En
    qué se distinguen las mujeres que hoy tienen más de 45 años?

    -Estas jóvenes
    abuelas trabajan o han trabajado. Eso no ocurría cuando yo era
    chica. Cuando decidí trabajar, mi grupo social me miraba como si
    estuviera loca, sobre todo porque yo no tenía necesidades económicas.
    Las mujeres de más de 45 años de hoy han abierto muchas
    más puertas y están más seguras de sí mismas.

    -¿Por
    qué cree que usted es una las cinco mujeres más admiradas
    de la Argentina?

    -Creo que
    es una cuestión de credibilidad. En un mundo donde cada vez más
    se deja de creer en los políticos y en las instituciones, no es
    frecuente demostrar por trayectoria, por trabajo, por la manera de ser,
    que uno no es macaneador.

    Ha recorrido un
    largo camino, señora

    Por
    Dolores Valle* (52)

    En 1973,
    apenas salida de la escuela de periodismo, me presenté a dar un
    examen en una agencia internacional de noticias. Me rechazaron con un
    argumento tan brutal como inapelable: “Aquí sólo trabajan
    hombres; ni siquiera tenemos un baño para mujeres”.

    Hace un
    par de años, en un artículo publicado por Clarín,
    se le preguntó al director de una revista femenina si no le parecía
    llamativa la presencia de tantos hombres al frente de publicaciones del
    género. “No veo por qué eso tiene que ser motivo de asombro.
    Lo raro es que en la principal revista económica del país
    haya una jefa de Redacción”, fue la aleccionadora respuesta.

    Pocas semanas
    atrás, en un programa de televisión por cable, una conductora
    de unos 50 años entrevistaba a un empresario. En medio de una pregunta
    sobre los alcances de la recesión, se interrumpió a sí
    misma para comentar, azorada: “Qué horror, mire a lo que hemos
    llegado… Una mujer hablando de estas cosas”.

    Estas pequeñas
    historias, de carácter casi doméstico, revelan cuánto
    hemos avanzado las mujeres en estas últimas tres décadas,
    y cuánto camino queda aún por recorrer.

    Hoy está
    rondando los 50 la primera generación de mujeres que accedió,
    masivamente, a la independencia económica, que no contempló
    el matrimonio como única salida laboral, que se asomó a
    la vida adulta con la legendaria píldora anticonceptiva y pasa
    sin tantos traumas por la menopausia gracias a otras hormonas que también
    se compran en las farmacias.

    El periodismo
    todavía no terminó de asimilar estas enormes transformaciones.
    Sería difícil encontrar, en esta época, una redacción
    que carezca de un cuarto con una silueta de mujer estampada en la puerta.
    Sin embargo, no puede decirse que la llegada de las mujeres se haya hecho
    sentir plenamente en la mirada con que los medios observan la realidad.

    Es una cuestión
    de tiempo (nada más, y nada menos). No recuerdo haber visto, en
    la colección de 32 años de MERCADO, alguna tapa ilustrada
    con una imagen femenina. Pero estoy segura de que ésta no será
    la última.

    * Jefa
    de Redacción de MERCADO.

    01

    02

    Las
    15 primeras mujeres. Ranking de calidad percibida

    Entre 160 personalidades y medios medidos. Junio-julio de 2000
    Posición Posición en el ranking
    general
    Nombre
    1 8 Norma Aleandro
    2 13 María Elena Walsh
    3 29 Inés Estévez
    4 35 Mónica Cahen D´Anvers
    5 46 Mercedes Sosa
    6 47 Soledad Silveyra
    7 53 Leonor Manso
    8 68 Georgina Barbarrosa
    9 79 Elisa Carrió
    10 85 María del Carmen Valenzuela
    11 94 Magdalena Ruiz Guiñazú
    12 95 María Laura Santillán
    13 97 Valeria Mazza
    14 99 Mónica Gutiérrez
    15 100 Patricia Miccio
    Fuente: Total Research.

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    Indice
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    La
    aventura, las emociones y lo cotidiano

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    borroso segundo plano

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