miércoles, 22 de abril de 2026

    Pensadores de quinta generación

    En el espacio de 100 años, tomando como indicador la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1896, se ha desarrollado en el país una actividad filosófica que ya cuenta con cinco generaciones de protagonistas, carreras de doctorado e institutos de investigación en las universidades nacionales más importantes, y que ha producido publicaciones traducidas a diferentes lenguas, encuentros académicos regulares de nivel internacional y al menos cinco revistas de filosofía indexadas en el Philosopher´s Index.


    En contraste con estos frutos, la situación filosófica argentina adolece de las dificultades estructurales y discontinuidades que signan la historia de la educación y de la ciencia en el país, como efectos del subdesarrollo. Contra este cuadro de fondo, sin embargo, la actividad filosófica autóctona, aun dispar y heterogénea, ha asomado en el paisaje mundial y sorprendido con aportes de indiscutible originalidad y penetración.


    La primera generación de filósofos argentinos se encarna en pensadores que proceden de profesiones liberales y que, como fruto de una investigación personal, llegan a la filosofía y la implantan en la universidad a principios del siglo XX. Sus exponentes ejemplares fueron José Ingenieros y Alejandro Korn, ambos procedentes de la medicina, con especialización en la psicología experimental y en la psiquiatría. La segunda generación de filósofos florece a partir de la década del veinte al amparo de la universidad reformista y de un despliegue cultural rioplatense y nacional que hace decir a Ortega y Gasset que “Buenos Aires es la Atenas del Plata”. Algunos exponentes de esta generación ya son filósofos de formación y acusan una marcada oposición al positivismo: Francisco Romero, Carlos Astrada y Coriolano Alberini son sus representantes más conspicuos. Más afines a las ciencias, Julio Rey Pastor y León Dujovne comienzan a desarrollar a principios de los cuarenta la enseñanza de la epistemología.


    Modernización y después


    La generación siguiente de filósofos argentinos se hará notoria en los ´50 y en la primera mitad de los ´60, una vez recuperada la libertad académica vulnerada por las rupturas institucionales en las décadas de los ´30 y los ´40. Desde fines de los ´50 se consolida una carrera académica de filosofía con un perfil de investigación científica que pretende contrarrestar el modelo profesionalista hegemónico hasta entonces en la Universidad. En el marco del proyecto desarrollista, el rectorado porteño de Risieri Frondizi emprende una transformación académica que promueve a las facultades de Filosofía y Letras y de Ciencias Exactas y Naturales al rango de modelos. A la luz de esa modernización universitaria florecerá una generación de filósofos, pioneros en el país de las nuevas especialidades pertenecientes a la filosofía y a las humanidades, en particular, la epistemología, la antropología, la lógica matemática y la lingüística.


    A esta ola modernizadora, que conllevó la generalización del régimen universitario de dedicación exclusiva y la creación de la carrera del investigador científico del flamante Conicet, ingresan también la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata y la carrera de sociología de la UBA, fundada entonces por Gino Germani.


    Si las obras de Risieri Frondizi y de Mario Bunge presentan un perfil más abarcador, las de Gregorio Klimovsky y Rolando García acotan su producción a la nueva lógica matemática, la filosofía de la ciencia y la teoría del conocimiento. Todas, sin embargo, alcanzan tempranamente notoriedad internacional por algunas de sus creaciones filosóficas y epistemológicas, publicadas también en revistas especializadas del exterior. En el caso de Bunge, fundador de la revista Minerva a mediados de los cuarenta y de la Agrupación Rioplatense de Lógica y Filosofía de la Ciencia, la notoriedad internacional va de par con la publicación de sus tratados en inglés y de su residencia en Canadá desde los ´60.


    Esta consolidación de una carrera académica de filosofía, que alcanza su pico durante los ´60, hasta que el golpe de Estado de Juan Carlos Onganía en 1966 dispersa sus recursos humanos, es un elemento de referencia en la construcción de la situación actual de la filosofía argentina. La generación de filósofos que protagoniza el rearmado institucional de la disciplina, con el retorno de la democracia en 1983, se había formado mayormente en la universidad de los ´60, y miró ese modelo académico para llevar a cabo su tarea. Sin embargo los recursos financieros ya no serán los mismos y el modelo de país distará mucho de fomentar y de apoyarse en el protagonismo de una ciencia autóctona y de su universidad estatal.


    Del libro al paper


    La escena filosófica que surge con la recuperación democrática, sin embargo, reconoce numerosas indagaciones nuevas. Una de ellas es la rehabilitación de la filosofía práctica, es decir, la indagación filosófica acerca de la fundamentación de las normas jurídicas y morales. Este dominio va de par con la preocupación por los derechos humanos, cuyo fruto más distinguido es la obra de Carlos Santiago Nino, traducida por la Oxford University Press. Nino explora la fundamentación moral del derecho y de la democracia. Aunque existía con anterioridad en la Argentina una tradición original en filosofía del derecho procedente del cruce entre la escuela de Kelsen y la escuela analítica (Carlos Alchourrón, Eugenio Bulygin, Genaro Carrió, Roberto Vernengo, Eduardo Rabossi), el aporte de Nino consiste en abrir la reflexión filosófica sobre el derecho a la filosofía política y a la ética.


    Asimismo el modo de producción en filosofía ha cambiado en relación con las décadas precedentes. Hoy ya es casi imposible el desarrollo individual de sistemas omniabarcadores, como lo fueron en su momento las obras de Ingenieros, Korn, Frondizi. En filosofía, como en ciencia, la magnitud de información tan sólo en un tema dado es tal que una persona individual no podría abarcarlo. Esta imposibilidad se refuerza, a fortiori, en la filosofía como un todo. La situación descripta conduce a una mayor especialización y a una mayor interdependencia cooperativa a la hora de la investigación, lo que se traduce en el carácter necesariamente acotado de las publicaciones ordinarias, expresado en el formato del paper, y en el carácter colectivo de las investigaciones, cada vez más dependientes de programas institucionalizados de investigación, los cuales remiten generalmente a programas y grandes líneas de investigación de alcance transnacional.


    Este es el cuadro en el que se desarrolla la quinta generación, avenida a la enseñanza universitaria en la década del ´90, y que acusa más las exigencias de la especialización y la interdependencia de un mundo integrado informáticamente. Los temas de ciencia cognitiva y de filosofía de la mente, de la fundamentación normativa del derecho y de la política, y de epistemologías regionales parecen dominar las especializaciones, mientras que los grandes debates internacionales en torno al relativismo, el particularismo y el universalismo siguen atravesando el panorama general de la filosofía. No hay dudas de que esta joven generación muestra ya un protagonismo que honrará la tradición rioplatense y nacional en filosofía, a pesar de las endémicas dificultades del país.