viernes, 29 de mayo de 2026

    principios para la gestión del cambio

    Antes,
    los directivos de las grandes compañías tenían una
    sola meta: estabilidad. Los accionistas querían dividendos previsibles.

    Estas expectativas se satisfacían mediante modestos cambios en el
    plan estratégico. Los precios se mantenían, igual que la gente
    en sus empleos, mientras que los ge-rentes duraban mucho tiempo.
    Pero hace mucho que las cosas ya no son así. Mercados más
    trasparentes, movilidad laboral, flujos globales de capital y comunicaciones
    al instante liquidaron ese pasado.
    La competencia internacional obliga al management a vivir en continuo movimiento.
    Las nuevas transformaciones a largo plazo poseen cuatro características:
    escala (afectan toda la organización), magnitud –alteraciones
    del statu quo, duración (meses, si no años) y relevancia estratégica.

    Pero las empresas recién cosechan frutos cuando el cambio llega al
    nivel individual, sostiene un ensayo publicado en Strategy & Business.
    Entretanto, los ejecutivos involucrados en cambios están pendientes
    de cómo reaccionará el personal o cómo hacer que sus
    propios equipos actúen juntos.
    También les preocupa retener valores e identidad peculiares de la
    compañía, pero creando una cultura de compromiso y desempeño.
    No existe una única metodología al respecto, pero sí
    un conjunto de prácticas, instrumentos y técnicas adaptables
    a diversas situaciones. Eso se resume en los siguientes diez principios
    que guían la gestión de cambios.

    Dirigirse sistemáticamente
    a la gente.

    Surgen nuevos
    líderes, cambian las tareas, deben desarrollarse nuevas aptitudes
    y los empleados resisten por incertidumbre.
    Tratar caso por caso pone en riesgo los resultados. Por ende, ha de encararse
    todo un proceso para manejar cambios –empezando con la conducción
    y llegando a las bases–, lo más temprano posible, y adaptarlo
    a medida que una transformación avanza dentro de la estructura.
    Esto exige tanta recolección de datos, planeamiento e implementación
    como cualquier rediseño de estrategias, sistemas o procesos.
    La gestión de cambios debe integrarse totalmente al diseño
    de programas y la toma de decisiones.

    Empezar

    desde arriba.

    Dado que
    todo cambio es perturbador en cualquier nivel, la gente apelará
    al CEO y su equipo en pos de apoyo y orientación. Los propios líderes
    han de ser primeros en absorber los nuevos conceptos, hablar con una sola
    voz y conformar actitudes.
    Los grupos de conducción que operan de consuno son los mejor preparados
    para el éxito. Se han alineado con vistas a cambios, entienden
    los comportamientos que buscan fomentar y pueden moldearlos.
    Recién cuando el liderazgo está comprometido con el cambio,
    podrá imponerlo hacia abajo en la escala jerárquica.
    Involucrar todos
    los estamentos.

    Una transformación afecta a todos los niveles. Por eso, deben incluirse
    planes para identificar líderes e imbuir hacia abajo la responsabilidad
    de diseñar cambios y llevarlos a cabo. Así, el proceso desciende
    en cascada a través de la organización. En cada estamento,
    líderes identificados y adiestrados estarán motivados para
    generar el cambio.
    Por ejemplo, una aseguradora múltiple de gran volumen, cuyos ingresos
    eran sistemáticamente bajos, optó por la gestión
    de cambios antes de registrar sus acciones en la bolsa. La compañía
    siguió la metodología del "liderazgo en cascada".
    Primero, diez directivos fijaron estrategias y metas. Luego, más
    de sesenta ejecutivos y gerentes superiores diseñaron el núcleo
    de la iniciativa transformadora, Por fin, quinientos líderes de
    base se encargaron de la puesta en práctica. El programa dobló
    los ingresos mucho antes de lo previsto y, de paso, demostró ser
    una forma magnífica de ubicar la próxima generación
    de líderes.


    Dar
    explicaciones.

    Las personas
    son inherentemente racionales e inquirirán hasta qué punto
    se precisa un cambio y si la empresa marcha en la dirección correcta,
    antes de comprometerse individualmente con la transformación. Acudirán
    a la conducción por respuestas. Por tanto, articular razones sólidas
    para el cambio y producir una declaración escrita son oportunidades
    valiosas para promover alineamiento.
    Tres pasos han de darse al desarrollar una exposición de motivos.
    Primero, confrontar la realidad y convencer sobre la necesidad del cambio.
    Segundo, demostrar fe en un futuro viable. Tercero, proveer una hoja de
    ruta para la toma de decisiones. Los líderes deben, luego, adaptar
    el mensaje a distintas audiencias internas, describiendo las transformaciones
    en términos que interesen a la gente.

    Crear

    responsabilidad.

    En grandes
    programas de cambio, los lideres deben sobreactuar, convertirse en fundamentalistas
    capaces de generar en la fuerza laboral "masa crítica"
    en favor del cambio. Esto exige responsabilidad pro–activa entre
    líderes dispuestos a promover cambios en áreas que influyen
    o controlan. A menudo, eso se consigue haciendo que la gente identifique
    problemas y proponga soluciones. El proceso puede reforzarse con incentivos,
    premios y sanciones.

    Comunicar

    el mensaje.

    Con excesiva
    frecuencia, los líderes del cambio cometen el error de suponer
    que otros entienden las cosas, captan la necesidad de cambios y ven el
    futuro tan claramente como ellos. No es así. Por eso, los mejores
    programas refuerzan su mensaje clave a través de asesoramiento
    regular y oportuno. La comunicación fluye desde abajo y desde arriba,
    orientada a ofrecer la información apropiada en el momento justo.
    A menudo, esto requiere muchos canales, a veces hasta redundantes.

    Evaluar
    el contexto
    cultural.

    Los buenos programas de cambio ganan en velocidad e intensidad a medida
    que fluyen hacia abajo. Por tanto, los líderes deben entender y
    tener presente cultura y comportamiento en cada nivel. Las empresas suelen
    cometer el error de evaluar una cultura demasiado tarde o, simplemente,
    no hacerlo. Un profundo diagnóstico puede, en verdad, evaluar la
    actitud organizacional ante el cambio, sacar a luz problemas fundamentales,
    detectar conflictos y definir factores capaces de influir las fuentes
    de liderazgo o las de resistencia. Estos diagnósticos identifican
    valores, creencias, comportamientos y percepciones básicas.

    Apelar
    explícitamente
    a la cultura.

    Una vez captada
    la cultura, debe apelarse a ella, en forma explícita y continua,
    durante todo un programa de cambio. Los líderes han de ser claros
    en lo tocante a conductas básicas capaces de apoyar la nueva manera
    de hacer negocios, buscando oportunidades de inducirlas y recompensarlas.

    La cultura de la empresa en una amalgama de historia compartida, criterios
    y actitudes en común. Un programa de cambio puede implicar la creación
    de una cultura (en firmas nuevas o armadas vía una cadena de absorciones),
    su combinación –mediante fusiones y adquisiciones) o su consolidación
    en firmas antiguas.
    Detectar el núcleo cultural suele ser la mejor manera de acelerar
    un cambio. Pero ha de hacerse a tiempo y con eficacia, y no hay necesariamente,
    garantías de éxito.

    Prepararse
    para
    lo inesperado.

    Ningún
    cambio marcha siempre según los planes. La gente reacciona de modo
    inesperado, ciertos obstáculos de pronto se licúan o muta
    el entorno externo.
    La gestión de cambios requiere una continua reevaluación
    de impactos y la capacidad de la organización para hacer frente
    a sorpresas. Los líderes pueden hacer los ajustes necesarios para
    mantener el impulso y obtener resultados.

    Actuar
    sobre
    las personas.

    El cambio
    es tanto institucional como individual.
    Las personas precisan saber cómo se modificarán sus tareas,
    qué se espera de ellas durante y después de una transformación
    y qué significará para ellas un éxito o un fracaso.

    Los líderes deben ser sinceros y explícitos, para que la
    gente se comprometa (además de comprometerse con el proceso en
    forma inequívoca).
    Para eso, han de brindarse recompensas muy perceptibles a quienes se involucren
    en el cambio.
    Por otro lado, sanciones o exclusión de personas que obstruyan
    un cambio reforzarán el compromiso institucional