| Por “viaje frecuente” se entiende seis o más viajes de negocios al año, cada uno de por lo menos tres días. Se sabe que los viajeros frecuentes experimentan cansancio corporal y mental, desórdenes en el sueño y en la alimentación, problemas respiratorios y síntomas psicosomáticos entre otras muchas afecciones. Después del repentino ataque al corazón que costó la muerte a James R. Cantalupo, presidente de McDonald’s, uno de sus ex ejecutivos comentó que Cantalupo había estado viajando mucho últimamente y “ésa es una de las cosas más estresantes que existen”. El Banco Mundial hizo un estudio sobre los efectos del estrés provocado por los viajes. En un análisis de 1997 sobre 10.000 reclamos médicos que presentaron los empleados por enfermedades físicas y psíquicas, descubrió que la tasa de problemas era 80% más alta para viajeros internacionales varones y 18% más alta para viajeras internacionales mujeres de la que correspondía a colegas no viajeros. El banco descubrió también que los empleados que realizaban cuatro o más viajes al año tenían tres veces más posibilidades que los no viajeros de necesitar ayuda psicológica por problemas de ansiedad y reacción aguda al estrés. Las empresas deberían tomar en cuenta la carga que ponen sobre algunos empleados. También deberían entrenar a los viajeros, incluso a los más acostumbrados, sobre lo que hay y no hay que hacer en tierras extranjeras. De todas maneras, para la mayoría de los viajeros frecuentes, el riesgo de cometer un error cultural empalidece frente a la más cotidiana lucha con los trámites en los aeropuertos. La mayoría de los ejecutivos puede salvarse de pequeñas molestias como asientos estrechos o bebés que chillan refugiándose en business class, pero otros problemas no desaparecen tan fácilmente, como la deficiente calidad del aire. Diana Fairechild, una ex camarera de avión que escribe y asesora sobre los riesgos de volar, dice que muchas veces las personas que viajan frecuentemente no logran asociar sus viajes con algunas enfermedades crónicas que los aquejan, como fatiga o alergias. A ella le llevó años darse cuenta de que era alérgica a los pesticidas que se pulverizan en las cabinas de los aviones. El estrés, además, no termina cuando termina el viaje. Los investigadores dicen que muchos ejecutivos sufren de “resaca viajera” cuando llegan a casa, con síntomas como ausentismo, mal desempeño y dificultad para reajustarse a la vida familiar. Jim Striker, clínico psicólogo del Departamento de Servicios Sanitarios del Banco Mundial, dice que el banco recomienda para los empleados no más de 90 días de viaje por año calendario, y que ninguno de los viajes supere los 30 días. Además, cuando un viaje toma más de nueve horas, el empleado tiene derecho a 24 horas de licencia Crisis en un negocio gastronómico Meses atrás, el chef francés Bernard |
