En la actualidad, hay simultáneamente desempleo y escasez de talento. La asociación escuela-empresa todavía no ha dado los resultados que podrían esperarse pero, bien encarada, encierra un potencial enorme para mejorar la adecuación entre la formación de los trabajadores y empleados, y las necesidades de las corporaciones.

Matías San Juan
Para mayor precisión tal vez convendría decir falta adecuación de talento a las necesidades del mercado laboral. En Estados Unidos, en Europa y también en estas latitudes. Las empresas reclaman reforma educativa en las escuelas públicas, que consideran proveedoras de talento e incubadoras del futuro. Los reclutadores buscan candidatos con habilidades que las escuelas secundarias y universidades no brindan.
Muchas de las sociedades que se han hecho hasta ahora entre entidades educativas y empresas se crearon alrededor de un conjunto de ideas de reforma educativa que son atractivas en teoría pero no funcionan en la práctica. Reformas que jerarquizan la competencia, el pago de incentivo a educadores, la capacitación en management para profesores y el uso intensivo de tecnología digital educativa.
La premisa básica de esas reformas es que las escuelas deben manejarse como empresas. En la práctica, esto significa adoptar un estilo gerencial competitivo que imponga metas numéricas, que premie el buen desempeño y condene el malo y obligue a todos a demostrar su valor todos los días. Estas ideas gerenciales que proponen los reformadores de la educación son, a veces, poco confiables y otras, contraproducentes.
Muchos de los estudios realizados hasta la fecha demuestran que las iniciativas de reforma intentadas no lograron mejorar los resultados de la educación. Ni siquiera hay investigaciones concluyentes sobre el impacto de la tecnología digital en las escuelas. Los estudios realizados por Apple, Microsoft, Cisco Systems, News Corp. y otras empresas de software no son desinteresados y por lo tanto –para muchos actores del proceso educativo– son poco confiables.
¿Qué deben hacer entonces los empresarios genuinamente interesados en la reforma educativa? En primer lugar, reconocer que tienen mucho que ofrecer a la educación si son capaces de aprovechar aspectos del pensamiento y acción empresarial como transparencia, compromiso, responsabilidad compartida, mejora continua y aprendizaje organizacional.
Las asociaciones escuela-empresa deben promover oportunidades de innovación donde participen no solo estudiantes sino sus padres y donde se creen puentes con el mundo exterior, incluyendo empleadores potenciales. Las siguientes historias muestran algunos de los principios que contribuyen a que la asociación funcione. Lo que las distingue de los muchos fracasos es la calidad de la colaboración. En estos ejemplos, los líderes empresariales hicieron mucho más que donar fondos y tecnología; ambas partes de la asociación buscaron aprender de la otra.
Experimentos de Cisco Systems
Muchos reformadores de la educación se entusiasmaron con las posibilidades de la tecnología: netbooks, aprendizaje por video y juegos electrónicos educativos. Pero en la práctica, la tecnología diseñada para público general o enseñanza hogareña no se adaptan bien a las necesidades de los niños de barrios carenciados o para usar en las aulas de las escuelas públicas.
Cisco Systems, la gran empresa de hardware e infraestructura de computación, comenzó a experimentar hace algunos años en sociedades con escuelas, buscando la mejor forma de introducir la tecnología en las aulas. Sus experimentos demuestran la promesa y el valor de esos proyectos y las dificultades para mantenerlas.
“Cisco no es una empresa de tecnología educativa, es una empresa de redes de IT”, explica Mary Anne Petrillo, gerente de Marketing para RSE de la empresa. “Llevamos nuestras competencias centrales a las escuelas y los distritos escolares para ayudarlos a pensar sus procesos… y para crear capacidad para manejar tecnología”.
Una de las asociaciones de Cisco, llamada la 21st Century Schools Initiative, fue acordada con ocho distritos escolares en Luisiana y Mississippi en 2005, después del Huracán Katrina. Donó equipos y probó nuevas tecnologías para emprendimientos y nuevos tipos de capacitación en la zona del delta del Mississipi, donde la mayoría de los estudiantes son pobres, negros o latinos. Ante la destrucción por la tormenta y las inundaciones de muchas escuelas de la zona, Cisco donó pizarrones, laptops y prestó capacitación para desarrollo profesional.
En 2009 el Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York adoptó a Cisco como “socio para pensar”. Durante el primer año del proyecto iZone, la empresa brindó financiamiento y capacitación. Maestros y profesores iban a sus oficinas en Manhattan para asistir a sesiones sobre tecnologías para el aula, incluyendo tutoriales sobre teleconferencias con expertos externos usando presentaciones en PowerPoint y videos. Por su parte, Cisco buscó aprender de las escuelas enviando equipos de ingenieros a las aulas para ver cómo usaban la tecnología digital profesores y estudiantes.
Desde entonces, la iZone fue reorganizada tres veces. Ahora es un experimento doble: más de 100 escuelas participan en una versión limitada, con acceso online a software educativo. Unas 25 escuelas participan en una iniciativa más amplia llamada iZone 360, en la que cada estudiante recibe una laptop y el programa brinda a las escuelas “tutores de innovación”.
Para mantener credibilidad y evitar las sospechas, es fundamental la transparencia. Por ejemplo, más transparencia habría salvado el portal de Cisco, que era considerado por los educadores que vieron la tecnología como muy superior a la alternativa del NYCDOE.
En Louisiana, el desafío vino con la evaluación del valor de la asociación. Un informe, realizado por Center for Children and Technology, encontró que la asociación de Cisco con el distrito escolar local había ayudado a “lanzar una espectacular transformación educativa”. Pero el progreso quedó a la zaga de las expectativas.
Petroleum Academies
En Houston, una asociación público-privada fue establecida en 2005 entre los sistemas escolares y un grupo industrial petrolero, la Independent Petroleum Association of America (IPAA). La sociedad fue hecha para solucionar la escasez de trabajadores en energía brindando un programa de cursos diseñado para mejorar las habilidades en alumnos de un grupo de escuelas públicas. Los cursos reforzaban los contenidos de matemáticas y ciencia necesarios para trabajar en el yacimiento de la empresa. Desde entonces, la IPAA abrió academias petroleras en cuatro escuelas públicas del área de Houston. Entre ellas, Milby High School, que tiene un cuerpo de estudiantes pobres y latinos, y Young Women’s College Preparatory Academy.
En esas escuelas, los maestros reciben entrenamiento para ayudar a diseñar cursos en todo el currículum del foco energético de la academia. Por ejemplo, además de la materia literatura, hay lecciones de “lenguaje técnico” destinadas a ayudar a los estudiantes a leer y comprender textos no ficcionales.
La comisión de asesoramiento educativo IPAA incluye muchas empresas locales de la industria de petróleo y gas; esas firmas aportan financiamiento, programas de internado y conferenciantes a las escuelas. Por ejemplo, Milby, la primera academia petrolera de la IPAA, recibió de Shell el equivalente a US$ 115.000 en laptops. Halliburton Company donó US$ 27 millones de software para ingeniería y geociencia para que Milby pueda dictar cursos electivos en esas áreas. En 2010 se recibió la primera camada de estudiantes de la academia petrolera de Milby. De los 80 estudiantes que iniciaron, 62 pasaron a la universidad, casi todos becados.
Lograr mejor experiencia
La ruta más realista hacia la reforma educativa comienza con el reconocimiento de que las empresas tienen un interés tremendo en el éxito de las escuelas públicas. Por eso es que las asociaciones empresa-institución educativa van a proliferar, especialmente a medida que los colegios luchen con los distritos escolares en los experimentos más exitosos, como el de Global Tech y las academias petroleras, la innovación se convierte, casi literalmente, en tarea de todos.
Así como los administradores escolares, maestros y estudiantes pueden aprender de los ejecutivos de empresas, las empresas interesadas en la reforma educativa harían bien en aprender de las escuelas que quieren ayudar. Los desafíos que enfrentan, así como los remedios que funcionan mejor, podrían sorprenderlos.

