ESTRATEGIA | En foco
Por Rubén Chorny

Por Rubén Chorny
De repente, el robot con pechera amarilla se detiene en seco frente a una alcantarilla de Pompeya y, más que una inundación como la del tango Sur, lo invade la emanación de una sustancia cancerígena llamada rodamina, que transita camuflada en la red cloacal proveniente de una planta que luce el logo de una marca internacional de bebidas con destino final al Riachuelo.
Allá lejos y hace tiempo resuenan los ecos del discurso que pronuncia el presidente de la corporación madre de la subrepticia exudadora del veneno: “La fortaleza y sustentabilidad de nuestras marcas están directamente relacionadas con nuestra licencia social para operar, la cual debemos renovar día a día”, preconiza como letanía.
Dos caras de una misma moneda que, por ahora, cayó culturalmente de canto: se trata del modelo de negocios de una economía de doble bolsillo, que aún separa el impacto social y ambiental de la renta.
A un cronista de la Historia Ecológica de Iberoamérica en dos tomos, de los Mayas al Quijote y de la Independencia a la globalización, como el economista Antonio Elio Brailovsky, no le extraña tal dicotomía: “No hay mercado ni demanda que acelere la fotosíntesis. El negocio ha sido arrasar con todo y poner la plata en otra cosa, esto desde la lógica misma capitalista. Después, siempre que hay una presión social se trata de armar una cultura que diga: hacemos otra cosa, pero en los países centrales cada vez que se pueden zafar, se zafan y hacen desastres, por más que estén más controlados que acá ante una mayor presión ciudadana. Les importa, están más activos, hacen reclamos, les están encima a los concejales, a los diputados. No es raro en la agenda política el tema ambiental. Está en la agenda ciudadana”.
Pese a esa brecha entre industrializados y emergentes, por estos lares el barrio de la Boca y las ONG empujaron la postergada limpieza del Riachuelo hasta que la Corte Suprema de Justicia se hizo cargo y lo que no se hacía en 20 años sucedió en cuatro: se creó una autoridad de cuenca, Acumar, que por primera vez publica en su página de internet una nómina de 1.200 empresas calificadas como contaminadoras, con expedientes donde constan infracciones y plazos para normalizarlas.
El Supremo Tribunal condenó al Estado y a 44 firmas, 230 tienen clausura efectiva y hay nombres de fuste entre los que recibieron la faja. Claro que solo figuran tres ilustres ignotos como detenidos .
El millar largo de compañías líderes y algunas selectas Pyme captaron en esta década la corriente internacional iniciada hace 20 años que involucra la ecología con la economía, y empiezan a aplicar prácticas y discursos sustentables.
El titular de la Cámara Empresaria del Medio Ambiente, Guillermo Pedoja, lo subraya: “Son cada vez más las que incorporan en su cadena de proveedores a aquellos que son más responsables ambientalmente. Los sistemas de gestión de seguridad, salud y ambiente implementados por las empresas y certificados por terceros independientes constituyen un camino que se inició en la Argentina hace más de 15 años y sigue creciendo”.
Más allá del grupo selecto de las líderes, que también tiene que lidiar con los precios por la competencia y la injerencia de la Secretaría de Comercio Interior en sus estructuras de costos, la cadena de certificación “verde” tropieza con interferencias cuando baja un escalón en el tamaño económico.
El director del grupo TyT y Kitec S.A. (que comercializa los productos tecnológicos de Telecom), Javier Ojeda, justifica la ausencia de Pyme nacionales en esta new age recordando que en la actualidad están sumergidas en un mar de “cambios dramáticos” de contexto, caracterizado por la hiperconectividad y la creciente escasez de recursos productivos, humanos e intelectuales.
Sin embargo, la Dirección de Relaciones Internacionales de Iram, insiste en que herramientas no les faltarían a las Pyme para acceder a planes evolutivos de certificación, como la norma 14005.
Ya la certificación de las gestiones ambientales bajo las normas ISO cambió por completo en algunas firmas de servicios la forma de encarar cada proyecto o revisión de procesos, donde la cuestión del impacto ambiental está ahora presente.
Es el caso de la rosarina de software Dattatec.com. Según su hombre de marketing, Diego Vitalli, “si bien ya tenemos resueltas cuestiones básicas sobre cómo utilizar hardware con tecnologías verdes, clasificar residuos, etc. apostamos también a la innovación y buscar nuestras propias soluciones. Por ejemplo, nos encontramos montando un sistema de refrigeración que desarrollamos totalmente, con el que vamos a obtener una reducción del consumo eléctrico mayor a 50%, aprovechando el aire exterior”. Bajo estas premisas construyen un edificio inteligente en la gran ciudad santafesina que mereció la distinción de la intendencia.

Energía limpia
Basta analizar el cariz de la reciente cumbre Río + 20 y la posición de las potencias para sintonizar por dónde transita hoy en el mundo la onda verde: “Vimos en esta conferencia un liderazgo fuerte de las ONG, del sector privado, de las comunidades locales”, pero “nada de la conferencia”, subrayó Lasse Gustavsson, del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF), quien confesó estar “desesperado porque los Gobiernos no tienen conciencia de cuán enfermo está el planeta”.
La propia precordillera argentina se acaba de constituir en meridiano de la tensión que aún separa la ecología de la economía. Yace la formación rocosa Vaca Muerta, (la Argentina es la tercera reserva mundial comprobada de gas shale), que recién el año pasado fue perforada de modo experimental para ver si convenía transformarla en rico manantial de gas y oro negro.
¿Venía siendo disuasiva la necesidad de utilizar cinco veces más cantidad de agua para fracturar las piedras que alojan la materia prima que la empleada en una explotación tradicional? ¿O era que el valor del barril de crudo y el BTU de gas no compensaba, hasta ese momento, cuantiosas inversiones?
Ahora, con una cotización internacional del petróleo y el gas que exprime varias veces la chequera para extraerlos, hasta puede asumirse “el lujo” de duplicar los costos aplicando tratamientos químicos que recuperen el agua tratada con tecnologías sofisticadas a fin de poderla reinyectar.
Ganancias al viento
Dada la enorme dependencia argentina en los hidrocarburos para generar electricidad y combustibles, no extrañó que en los últimos meses se multiplicaran anuncios en inversiones “verdes” por más de $1.500 millones.
Precisamente, uno de los mayores exponentes del desarrollo de este sector se traduce en la evolución del Cluster Eólico Argentino (un pool de 32 empresas y ocho provincias asociadas), que prevé crear 10.000 puestos de trabajo y generar una producción de 1.000 MW eólicos en ocho años. Planea, además, sustituir US$ 1.750 millones en equipos y otros 500 millones en combustible al año, desarrollar 500 proveedores y cuatro marcas de aerogeneradores nacionales.
El gerente de la Cámara de Industriales de Proyectos e Ingeniería de Bienes de Capital (CIPIBIC), Rubén Fabricio, previene que “el costo actual de la energía eólica es competitivo, ya que hoy es la mitad menor que el de la energía de punta. Y hay que agregar que los parques del Gen Ren I (Programa de Generación Eléctrica a Partir de Fuentes Renovables) tienen tarifas adjudicadas en contratos a 15 años que varían entre US$ 120 y 134 por MWh”.
Otras fuentes limpias en curso serían la generadora eléctrica Central San Martín, que aprovecha los gases producidos por la basura depositada en 120 hectáreas que pertenecen a la Coordinación Ecológica Área Metropolitana (Ceamse), y ya aporta al Sistema Argentino de Interconexión los primeros 5 MW generados a partir de rellenos sanitarios.
“Somos pioneros y los únicos en el país que generamos electricidad a partir del gas que produce la basura (gas lanfield)”, dijo José Alvarez, director de Industria Juan Secco S.A., con sede en Rosario, a cargo del emprendimiento.
Y hay muchas excelentes oportunidades que se proponen desde planes subsidiados y con contratos de provisión “calzados” que encara la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica junto con los Gobiernos provinciales, municipales y consorcios empresarios, a través de fondos como el de Innovación Tecnológica Sectorial de Energía Solar.
Por caso, entre Cañada Honda I y II producirán energía equivalente al consumo anual de 3.500 hogares.

Naftas y biocombustibles
La multimillonaria, en dólares, factura anual de importación de las naftas abre otro mundo de posibilidades para proyectos alternativos que usen biocombustibles a partir de granos como la soja y el maíz.
Asimismo, al pronosticarse un crecimiento del parque automotor a 2.000 millones de vehículos en los próximos 20 años, abre la puerta a las industrias de desafíos tales como reducir la contaminación acústica y de carbono a partir de autos eléctricos y el desarrollo de nuevos combustibles, para superar los problemas de abastecimiento. Esta gesta requerirá del apoyo estratégico y económico de los Gobiernos locales y nacional, que en energías renovables se viene dando a través de alianzas entre sector público y privado.
Según Isela Constantini, CEO de General Motors Argentina, “el reto será alcanzar un acuerdo con todos los actores que componen la cadena de valor para generar un marco regulatorio que favorezca el desarrollo de tecnologías alternativas. Hemos logrado avanzar en materia de tecnologías de propulsión como la electricidad, los biocombustibles o el hidrógeno inclusive”, destacó.
Dominique Maciet, CEO de Renault, subrayó en un reciente coloquio que una de las tendencias de este sector de la industria es la “eficientización de los recursos energéticos, la minimización del impacto ambiental que provoca y el buen uso de los autos”. En tanto, previno, “la industria automotriz debe plantearse cómo hacer cada vez más accesible los vehículos para las personas”.
Objetivos convergentes
“Debemos diferenciar aquellas empresas que hoy diseñan y producen bienes y brindan servicios para aportar a hacer factible la economía verde de las que, dedicándose a otros objetivos, cambian sus paradigmas del negocio incorporando de manera efectiva y con peso los objetivos de la economía verde. Por ejemplo, el Invap ha desarrollado localmente los generadores de energía eólicos, pero por otro lado hay casos de compromiso con la temática, como el de Kimberly-Clark”, afirma Pedoja.
Y también entran en acción Gobiernos como el de la Ciudad de Buenos Aires, que encaran medidas puntuales como la conformación de una red de convenios con proveedores de bolsas, supermercados, tintorerías, cámaras de comercio que utilizan bolsas, a fin de bajar la cantidad de esas cientos de millones que vuelan sobre los basureros a cielo abierto de los suburbios.
Consensuaron un cronograma para que tintorerías, tiendas, supermercados y despachos alimenticios (con mercaderías que no sean frescas, como pescados o carnes) reconviertan su envasado. En áreas turísticas internacionales como San Martín de Los Andes y Bariloche se empezó a aplicar la misma política con las bolsitas.
Gracias a estas medidas que favorecen el manejo de la basura, los fabricantes de esos envoltorios reciclables ganan y el medio ambiente también. Lo mismo sucede con el aprovechamiento cuidadoso de recursos naturales que sean renovables para el progreso y bienestar de la civilización. O con el ahorro de emanaciones de carbono al usarse la energía. Todos contentos. Todos hacen negocio, aunque quizá no tan pingüe como el de la depredación.
Ya decía Mahatma Ghandi que “la tierra provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos los hombres pero no para la codicia de todos los hombres”.
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Dieta para hoy, pan para mañana
Julio Bresso
Agustín del Castillo El DJSI (Dow Jones Sustainability Index), el Ibex 35 o el Bovespa Sostenible suelen premiar con un mayor valor por acción a las empresas cotizantes comprometidas con el medio ambiente. |



