miércoles, 27 de mayo de 2026

    ¿Cuál sería el costo del contagio griego?

    Opinión |

    La pesadilla europea –y de los mercados financieros mundiales– es calcular y cuantificar los posibles efectos de un default griego y de su salida de la órbita del euro. Por primera vez los directivos de los bancos centrales europeos analizan abiertamente cómo proceder si Atenas abandona la moneda común. Hasta ahora era un tema tabú. Salir de ese pacto era impensable.
    El mismo Paul Krugman, Premio Nobel estadounidense en economía, ha vaticinado que Grecia puede concretar la salida de la Eurozona, precisamente durante este mismo mes.
    Los expertos financieros apuntan a costos directos e indirectos. Los primeros se han calculado en € 395.000 millones, producto de € 240.000 millones involucrados en los rescates efectuados, de € 130.000 millones de préstamos de bancos centrales europeos, y de € 25.000 millones aportados por bancos comerciales europeos. Además de poner a prueba los famosos “firewall” erigidos para esta emergencia, la incidencia sobre todo el sector bancario continental y sobre algunas naciones de la región será extrema. En verdad la gran inquietud es por el efecto contagio sobre otras economías (Portugal, Irlanda, España e incluso Italia).
    Si se advierte que “el emperador está desnudo”, todo el edificio puede tambalear. Si lo hace Grecia, es un peligroso precedente que otras naciones pueden verse obligadas a seguir. Además, el contagio puede actuar como bola de nieve, creciendo sin parar a cada vuelta.
    Es cierto que existen el Mecanismo de Estabilidad Europea y el Fondo de Estabilidad Financiera Europea que tendrían disponible una masa plausible de ser prestada de € 750.000 millones. Pero los acreedores institucionales, como la Unión Europea, pierden todo lo que pusieron en Grecia, ¿qué pasará cuando haya que salir a respaldar de urgencia a Madrid o Roma? ¿Lo harán?
    No hay que olvidar que los tenedores extranjeros de bonos soberanos de España e Italia tienen en su poder títulos por valor de € 800.000 millones. El camino más riesgoso es un desordenado default griego y una venta masiva de bonos de ambos países. La evolución de este proceso es inimaginable.
    La alternativa menos dañina sería una respuesta política coordinada, con el Banco Central Europeo comprando bonos soberanos de los países más comprometidos y otorgando mayor respaldo a los bancos.
    El mundo financiero tiene diferentes perspectivas de cómo puede terminar este escenario catastrófico. Algunos bancos creen que el sistema monetario europeo sobrevivirá intacto, aunque con algunos remezones. Son los que ya han actuado para bajar su riesgo, desprendiéndose de deuda griega y de otros países del sur europeo. Si Grecia restaura el dracma como moneda nacional, dicen, en 24 horas habrá planes de contingencia para operar con alguna dosis de normalidad.
    La mayoría no es tan optimista. Se ignora qué herramientas actuales o futuras pondrá en marcha la Unión Europea, y también se desconoce qué cambios legislativos podría introducir Grecia en la emergencia, con controles y prohibiciones que inhiban todo pago por al menos un periodo.
    En cualquier caso habrá una etapa con falta de liquidez, mayores costos financieros y controles de cambio. Eso es inevitable. Y en ese caso, lo más probable es que todos los ojos estén fijos en España. Los planes de contingencia no estarán pensados para un país, sino para todo el sistema.