Por Carina Martínez

A Martín Rappallini no le faltan cargos. Es titular del Polo Industrial Ezeiza; presidente de la Red de Parques Industriales de la Provincia de Buenos Aires; miembro del Comité Ejecutivo de UIPBA, y presidente de la Comisión PyME, Desarrollo Regional y Transporte de la UIA. Sin embargo es, ante todo, un apasionado conocedor de temas de industrialización y competitividad, y un acérrimo defensor del sistema de parques industriales, como modelo urbano y como concepto económico-productivo. En entrevista con Mercado, repasa las virtudes que ofrece a los distintos actores sociales y también las potencialidades y obstáculos que debe superar el país para lograr su expansión.
–¿Cuáles son las principales ventajas que brindan los parques industriales?
–La primera ventaja que logra un empresario que radica su operación en un parque industrial es la seguridad jurídica que estos brindan al capital invertido. Los parques industriales, al no estar sujetos a los cambios de zonificación que frecuentemente ocurren en áreas mixtas o residenciales, garantizan al empresario que la inversión realizada en adquirir el terreno, construir una nave industrial o realizar instalaciones y mejoras mantendrá su valor en el tiempo.
Por otra parte, operar en un parque industrial permite desarrollar la actividad en un lugar especialmente pensado, diseñado y aprobado para realizar actividades industriales y logísticas, con todo lo que ello implica en materia de permisos ambientales y administrativos. Muchos riesgos desaparecen en los parques industriales, que justamente existen para aislar la actividad de las empresas, evitando que generen algún tipo de daño o trastornos en las zonas residenciales o comerciales.
Otro beneficio para las pymes, e incluso para las grandes empresas que se instalan en un parque industrial, es el hecho de formar parte de una comunidad, lo cual les permite establecer sinergias y generar mejores soluciones a problemáticas comunes. En muchos casos, esa integración trae de la mano un proceso de clusterización, que más allá de los beneficios logísticos que persigue, permite bajar los costos operativos a todas las empresas por el mero hecho de compartir diferentes servicios.
Otro aspecto que las pymes suelen destacar especialmente es la eficiencia que logran en materia de inversiones, al compartir obras de infraestructura que les resultaría muy costoso asumir en soledad, tales como redes de media tensión para la energía eléctrica, de gas de media presión o ductos para el vuelco, todo lo cual las ayuda a bajar considerablemente sus costos.
La seguridad que brinda un parque industrial es otro de los factores más valorados por las empresas, en tanto les permite operar en un lugar cerrado e interconectado, mucho más seguro que aquel que encuentran al operar en barrios abiertos. El hecho de que los parques industriales contengan lugares como bancos, empresas de servicio, restaurantes o aulas de capacitación favorece también esta dinámica.
La segunda mirada está relacionada con los beneficios que los parques industriales generan a la comunidad y al Estado. El hecho de ubicar a los sectores productivos en áreas determinadas y preparadas para ello beneficia directamente la ecología, porque mitiga el impacto ambiental, y mejora servicios como el transporte y el comercio. Los parques industriales cuentan con bandas forestales que los rodean, y que también circundan a las distintas naves industriales en su interior, para morigerar olores, deshechos, ruidos y cualquier tipo de molestia que la actividad de cada planta pudiera producir. Al estar ubicados cerca de rutas o autopistas, permiten también retirar de las zonas residenciales los camiones de alto porte, lo cual ayuda a preservar la infraestructura vial, facilitando el buen mantenimiento de las calles y logrando una correcta circulación del tránsito.
En suma, el parque industrial es un ordenador urbanístico por excelencia. En este sentido, debe ser entendido como una institución más de la sociedad, a la par de la escuela, el hospital, el polideportivo o la iglesia.

Martín Rappallini
–¿Cómo está configurado el parque industrial en el país?
–Encontramos una gran cantidad en el segundo cordón del Conurbano Bonaerense. Son los parques que más crecieron en el último tiempo, porque muchas empresas que estaban en CABA o en el primer cordón tuvieron que relocalizarse. También hay casos exitosos en el interior de la provincia de Buenos Aires; su crecimiento no fue tan vertiginoso, pero al estar construidos desde hace 20 o 25 años, han logrado que muchas empresas los elijan para radicar sus actividades, en muchos casos por la posibilidad de estar cerca de su materia prima. En general, este tipo de parques son públicos. Así es el caso de Tres Arroyos, que le llevó casi 30 años y fue paulatino, pero logró un enorme impacto en esa ciudad, generando gran cantidad de empleos directos e indirectos. Chivilcoy es otro caso exitoso. En las ciudades más grandes de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Mendoza también hay casos muy exitosos. Este proceso debería acelerarse en los próximos años, y sería muy bueno que así como se considera a las autopistas como infraestructura básica, ocurra lo mismo con los parques industriales. Hoy en la Argentina hay unos 400 parques; 140 en la provincia de Buenos Aires.
–¿Cuál es el potencial de expansión?
–Es muy grande si uno lo mira en términos macroeconómicos. En la Argentina hay 60.000 empresas industriales y un número también importante de empresas de logística y servicios, que quizás en algún momento lleguen a ser 100.000 en total. Radicadas en parques industriales, hay apenas 4.500 o 5.000, dependiendo del censo. El éxito dependerá de que en el interior se sigan creando parques industriales públicos, con infraestructura adecuada para recibir empresas. Y también es muy importante que haya créditos para que las empresas puedan hacer inversiones y se puedan ir relocalizando. En menos de 10 años se deberían duplicar los parques y triplicar las empresas en parques. En algún momento va a ser muy difícil pensar en actividades que se desarrollen fuera de parques industriales, por lo que el potencial –insisto– es muy grande.
–¿Cuáles son las tendencias que se vislumbran en el mundo respecto de los parques industriales? ¿Está la Argentina alineada con estas tendencias mundiales?
–Las tendencias mundiales son bastante parecidas a las que ocurren en la Argentina. Básicamente son ubicar todas las actividades industriales o que puedan tener un impacto ambiental en un área determinada que esté cuidada y preparada para ese tipo de uso. En algunos casos, hay en el mundo parques temáticos que cuentan con plantas de tratamiento específicas para un tipo de actividad. Los cambios que están ocurriendo en la operación logística por las ventas masivas a través de internet también han generado parques especialmente diseñados para ello, pero la tendencia es la misma: generar actividades industriales y logísticas sostenibles, que mejoren la calidad de vida y tengan el menor impacto social, de infraestructura y ambiental.
–¿Cuáles son las ventajas comparativas con las que cuenta el país y cuáles los principales obstáculos que limitan su expansión?
–La ventaja comparativa radica en la cantidad de tierras disponibles, cerca de los ejidos urbanos, para poder reordenar la producción en áreas específicas. A esto se suma que es un país con fuerte tradición industrial, lo cual facilita que los Estados provinciales y municipales busquen atraer empresas a sus territorios. El obstáculo más importante es que no ha habido una gran inversión en materia de energía, y en algunos casos eso plantea dudas en cuanto al abastecimiento. La dificultad para acceder al crédito o al mercado de capitales es otro obstáculo, máxime si nos comparamos con el bajo costo de financiamiento que un empresario puede obtener en EE.UU. o Europa.
–¿De qué manera influye el difícil acceso al crédito industrial que caracteriza a las pymes argentinas?
–Es un tema que me apasiona. El gran problema de las pymes industriales es el grado de obsolescencia que tiene la industria. Esta tiene un costo oculto que es la obsolescencia de la maquinaria y está absolutamente relacionada con el costo del capital, es por eso que el sistema financiero y la industria deben ir de la mano y de manera conjunta.
Los países en los que ha habido gran desarrollo de pymes industriales tuvieron detrás una decisión por parte del Estado de subsidiar tasas y conceder otras facilidades, considerando el beneficio que traen estas pymes, generando riqueza a través del empleo y de los impuestos. El crédito no es una prebenda; es una ayuda para que las pymes sean competitivas y tengan la posibilidad de desarrollarse.
Hay que tener en cuenta que una pyme industrial no es como una pyme de servicios, porque la pyme industrial “entierra” el capital cuando hace un galpón, invierte en instalaciones, en la compra de maquinaria y, tiene que ser pagada en un plazo de cinco a seis años. Es por esto que el costo del crédito es fundamental para el desarrollo de este tipo de empresas. Desde el Estado argentino se están tomando una serie de medidas correctas, por medio de los bancos Provincia, Nación o Bice, para incrementar las líneas de créditos para pymes.
Es clave advertir que todo este esfuerzo las pymes lo devuelven en impuestos, en generación de empleos e, idealmente, en exportaciones. Generar un creciente ingreso de dólares al país será fundamental para afianzar el crecimiento, y las pymes deben ocupar un rol fundamental en este proceso.
–¿Qué instrumentos –políticos, fiscales, estratégicos– se requerirían para impulsar el sector de manera de redundar en un desarrollo de la industria en el país?
–Desde el punto de vista político, hay que entender que las empresas son las grandes generadoras de empleo y de riqueza. Debe haber un cambio cultural, para que se entienda que el empresario pyme no es nuestro enemigo, sino el que puede sacar de la pobreza a nuestro país. Desde el punto de vista fiscal habría que revisar la carga y la cadena de valor de impuestos que se ha generado en los últimos tiempos y que representan un costo altísimo para las pymes, máxime para aquellas que deben competir contra productos importados.
Además, hay que potenciar las líneas de crédito para la inversión, e implementar sistemas fiscales que premien la reinversión y la reconversión de las empresas. Otro punto problemático es la legislación laboral, que en muchos casos impide el nacimiento de una pyme, y en muchos otros determina su muerte.
–¿De qué manera participan, o podrían participar, los Gobiernos en sus distintas escalas (nacionales, provinciales, locales)?
–Hoy el mundo ofrece la posibilidad de adquirir maquinarias de última generación, así como know how y tecnología de procesos, lo cual nos permitiría fabricar productos de primer mundo. Esto representa una gran oportunidad para nuestro país, que necesita reconvertirse tecnológicamente para no perder la carrera con el mundo. Respondiendo la pregunta, lo que los Gobiernos pueden hacer es ayudar e incentivar este proceso, privilegiando aquellos sectores en los que somos naturalmente más competitivos como la agroindustria, a fin de generar productos de alta calidad que sean competitivos a escala mundial.
–¿Cuáles son los costos aproximados de una estructura –en comparación con una similar fuera de un parque– y cuál es la tasa de retorno de inversión estimada?
–La inversión que tiene que hacer una fábrica adentro o afuera de un parque es exactamente igual. La diferencia estriba en la protección jurídica que esa inversión encuentra dentro de un parque industrial, frente a la incertidumbre y riesgos que enfrenta afuera. Un galpón básico, por ejemplo, cuesta entre 170 y 200 US$/m2 y si uno le agrega oficinas de calidad, y todas las instalaciones necesarias, el costo se duplica. El riesgo de hundir ese importante capital en áreas mixtas, sujetas a todo tipo de cambios y problemas, es muy grande. En un parque industrial, la tasa de retorno de esa inversión es de entre 10% y 12% anual en dólares, y con mucha mayor seguridad y previsibilidad.
–¿Qué aspectos debería considerar una empresa a la hora de elegir el parque industrial más conveniente?
La empresa debe considerar varios aspectos, comenzando por conocer la categorización que necesita en relación al tipo de industria, así como el tipo de servicios que requiere, etc. Además debe evaluar la cercanía a sus proveedores y sus clientes, por un tema de logística. A su vez, ponderar de qué lugares provendrán los recursos humanos con los que contará para operar, tema no menor en grandes metrópolis como Buenos Aires. Finalmente, analizar la infraestructura del parque industrial que más se adapte a sus necesidades y posibilidades económicas, con especial foco en los costos, ya que existen parques demasiado chicos, cuyas expensas terminan siendo demasiado altas para una pequeña empresa. Por último, estar atento a la seguridad jurídica en cuanto a certificaciones, a fin de no correr riesgos en materia de habilitaciones y permisos.
–Considerando los parques industriales como desarrollo inmobiliario, ¿qué nuevas alternativas ofrecen? ¿Qué ventajas tienen respecto de la inversión residencial?
Hoy por hoy, la diferencia y la ventaja están dadas por la tasa de retorno de la inversión. En general, el inversor inmobiliario aspira a una tasa de renta aproximada de 3%, y en el caso de los parques industriales estamos hablando de un 9, 10 y hasta 12% de rentabilidad anual, en función a la inversión. O sea, se triplican o cuadriplican los valores de rendimiento en comparación a la inversión en proyectos residenciales. Las residencias permite tener un ticket mucho más bajo para entrar, pero en términos de rendimiento, el emprendimiento industrial es muy superior.
Hay distintos negocios inmobiliarios posibles en un parque industrial que recién se inicia.
Todo industrial que invierte en una planta también debe mirar ese inmueble como valor residual, ya que si el día de mañana desiste de seguir con su actividad industrial, o por necesita trasladarse, todo lo que invirtió tendrá un valor mucho más alto que en un área mixta, ya que el valor de reventa de una nave construida es mucho más importante que lo que cuesta en los inicios.
Otra posibilidad que se está dando es la de invertir en un parque industrial para alquilar el predio a otras empresas, que a su vez tienen la posibilidad de descontar del impuesto a las ganancias el alquiler que pagan por dichas naves industriales. A futuro, existirá también la posibilidad de armar centros de incubación de empresas, donde quien hace la inversión inicial luego subdivide el predio en galpones de 300 a 700 metros, para que las empresas que están comenzando puedan hacerlo allí.
En EE.UU. hay grandes fondos que invierten en naves industriales para alquilarlas, y los pequeños inversores pueden comprar cuotapartes para participar del negocio. No me extrañaría que esta modalidad pronto llegue a la Argentina, tal como en su momento florecieron los pools de siembra.

