
En varias ocasiones había adelantado que China debía cumplir un rol importante en la construcción de un nuevo orden mundial. Pero ahora dio un paso más: anunció que liderará ese proceso. Durante un seminario sobre la seguridad nacional destacó que el país habrá de asumir un rol más activo en delinear una visión global que garantice la seguridad externa a la par que guiar a la comunidad internacional en materia de seguridad planetaria.
Los medios del partido comunista recogieron sus dichos y destacaron la diferencia entre los comentarios más antiguos (jugar un papel importante) y los más actuales (liderar el proceso).
Los cuadros partidarios han instalado ahora el concepto de “las dos guías”, en referencia al nuevo orden mundial, y a la seguridad internacional. Según el discurso presidencial, la tendencia general en materia de globalización económica, multipolaridad, y democratización de las relaciones internacionales, continúa inalterable. Pero, hacia adelante, ese proceso será guiado por China.
Una afirmación de notable significado si se repara en que fue formulada en forma simultánea con la conferencia anual sobre seguridad en Munich y el grupo G20 a través de sus ministros del área financiera. Un claro desafío a Occidente. Además, agregó en esa ocasión el viejo orden occidental está cercano a su fin, como resultado de la política externa aislacionista orientada por Donald Trump.
Este seminario anual en Beijing, que usualmente pasa desapercibido sin ninguna información que lo transparente, tuvo lugar pocos días antes de que se celebre el 19° congreso partidario, en el que se espera una reorganización de los cuadros directivos y nuevas políticas hacia el futuro.
Desde la elección de Trump a la Casa Blanca, China parecía observar cada paso con gran detenimiento. Ahora se siente más inclinada a la acción. El presidente estadounidense anunció, en su primer día en el Gobierno, que no respaldaba el Tratado Transpacífico, el TTP, una obra arquitectónica de Washington para mantener control del Pacífico y respaldar a sus aliados, a la par que contener el expansionismo chino. Una novedad que altera todo el escenario geopolítico. Ahora Beijing impulsa su versión de un pacto comercial alternativo que naturalmente, deja afuera a Estados Unidos, del mismo modo que el TPP lo hacía con China.
Después, Donald Trump habló por teléfono con las autoridades de Taiwan, en lo que fue un abandono de la tradicional política exterior de su país: una sola China. Por último, Trump ha dicho varias veces que China manipula su divisa, debilitando su valor frente al dólar para tener ventajas desleales en materia comercial. Una afirmación que el nuevo Secretario del Tesoro estadounidense se abstuvo de ratificar.
El antecedente de Davos
Mientras la principal democracia mundial gira hacia el populismo, contra el libre comercio mundial, y busca redefinir el mapa geopolítico, el partido comunista en el poder en la segunda economía planetaria se vuelve campeón de la globalización.
En Davos, la personalidad más relevante que se hizo presente este año fue Xi Jinping, Presidente de China. Él dio el discurso inaugural y se lució como el nuevo campeón de la globalización, cuando la mayoría de los asistentes temen un feroz rebrote del proteccionismo.
Fue curioso ver al máximo dirigente comunista chino defendiendo el orden liberal en este templo del capitalismo, amenazado por las intenciones de un nuevo presidente estadounidense.
La percepción fue que se está viviendo el fin de una era, pero que se desconocen los rasgos fundamentales de la que la reemplazará. Tal vez el momento más difícil es esa transición. Hay un verdadero cambio de paradigma.
Pero la lucha por el poder en el escenario del Pacífico continuará, a pesar del inexplicable comienzo de la política exterior de Trump.
Nuevo equilibrio de poder global
A principios de esta década, la corriente central de pensamiento en los países centrales y en otros grandes actores internacionales imaginaba la consolidación de un nuevo orden internacional, asentado sobre tres pilares básicos.
La hegemonía de Estados Unidos respaldaría la paz internacional y el continuo avance de la democracia liberal. El exitoso modelo de integración continental sería el aporte de la Unión Europea, que podría llegar a ser imitado en otras latitudes. Una Rusia en declinación sumaría fuerzas con la China que no cesa de crecer, reconociendo ambas las ventajas que ofrecía para sus países ser parte de este mundo diseñado por las potencias occidentales.
Toda esa visión ha desaparecido y todos los actores están siguiendo un libreto distinto.
De modo que el actor secundario, que debía operar entre bambalinas, ocupa ahora el centro del escenario. Y China auspicia otro acuerdo: el de la Asociación Económica Regional Comprensiva (RCEP por su sigla en inglés) que abarca a 16 países, pero excluye a Estados Unidos.
Unilever, el exitoso ciudadano corporativo

Unilever no se vende. Sigue comprometido con sus planes de crecimiento sustentable y de utilidades en el largo plazo, pero busca demostrar que aprendió la lección. Prometió entregar valor a la brevedad posible. El fallido comprador crece con un programa de adquisiciones y fusiones, con la meta en el corto plazo. Unilever promete tener resultados positivos en el largo plazo, de modo sustentable.
Pero a pesar de ello, acusó el golpe y anunció un proceso de revisión –y de disminución de costos–, un camino que puede mejorar su actual posición, pero que si se extralimitan, puede cambiar la identidad del grupo.
La oferta de Kraft Heinz, para comprar Unilever, fue de US$ 143.000 millones. La firma oferente (la fusión de las viejas Heinz y Kraft) es propiedad del grupo financiero 3G Capital, del millonario brasileño Jorge Paulo Lemann. Si se hubiera concretado la compra, el grupo Berkshire Hathaway de Warren Bufett, (a pesar de su estilo paternal y tono de capitalista bueno) habría hecho su aporte como socio de este takeover inesperado, pero de trasfondo hostil.
El intento de comprar a la gran firma angloholandesa, especializada en alimentos, cuidado personal y del hogar, fue coherente con el accionar de este grupo inversor que ya tomó control de otras empresas mundiales de estos rubros, para reducir drásticamente sus costos, y luego usarlas como palancas para nuevas adquisiciones.
Pero las cosas no funcionaron como esperaban. No solamente Unilever rechazó de modo inmediato y categórico la oferta, sino que lo hizo de modo tajante y brutal. Lo que dejó malparado al oferente, que debió retirar la invitación con la cola entre las piernas, tras el fracaso de una empresa mucho menor en tamaño por engullirse a un gigante.
Para los observadores es obvio que 3G y Warren Buffett cometieron un grave error de apreciación. No pensaron que los directivos (e incluso los accionistas) de Unilever tienen una fuerte convicción en la cultura empresarial ligada a la búsqueda de crecimiento sustentable en el largo plazo.
Los observadores dudaron: ¿vendrá ahora un abierto intento de takeover hostil, sin ningún cosmético? No lo parece. Más bien 3G y sus socios buscarán nuevas oportunidades globales de hacerse con firmas de primer nivel para seguir con su estrategia. Reducir costos, vender partes no demasiado rentables de la empresa comprada, y apalancar la compra de otras nuevas.
De manera que por ese lado, no parece que Unilever tenga algo que temer. Sin embargo la fallida experiencia puede tener otras consecuencias sobre el orgulloso coloso anglo-holandés.
Una revisión íntima
El accionar de Kraft Heinz, que puede desembocar en otras compras no deseadas, obliga a todas las firmas candidatas a estar en la mira, a modificar de alguna manera la forma en que operan. Incluso a Unilever que comienza a reaccionar (los fans de la firma esperan que no haya una sobreactuación que vaya contra la coherencia del programa de largo plazo).
La receta de 3G es clara y contundente: reducir los costos al máximo, eliminar personal y plantas, y fusiones con otras empresas. Y tiene experiencia en la materia. 3G ha logrado armar la firma cervecera más grande del mundo, Anheuser-Busch InBev, que el año pasado se quedó con el control de otro rival, SAB Miller.
Lo que hace distinto a cualquier otro, este caso de la oferta y rechazo, es que Unilever es un modelo ejemplar –en todo el mundo– de lo que debe ser el capitalismo responsable.
Tiene la mejor imagen como un respetuoso ciudadano corporativo. La tesis central de su CEO, Paul Polman (líder del fuerte rechazo a la oferta de Kraft Heinz) es que los productos que satisfacen los más altos estándares de sustentabilidad ambiental y social, tienen mejores resultados que lo que no reúnen estos requisitos.
En honor a la verdad, también es cierto que el margen de utilidad operativo de la firma, está por debajo del que exhibe Kraft Heinz, una empresa con foco en las utilidades y que no presta atención a otros temas sensibles, como por ejemplo, la utilización del agua con fines industriales.
El estado actual es de un delicado equilibrio. Unilever sigue comprometido con el crecimiento a largo plazo, con todo lo que ello significa. Pero, por otra parte, y sintiendo la presión de algunos inversores, la alta gerencia del grupo promete una revisión integral de todos los negocios, con el objetivo de “acelerar la entrega de valor”.
Afrontar las erogaciones que demanda el futuro a largo plazo, o reducir costos y aumentar valor en los próximos tres años. Seguir con su estrategia de adquisición de empresas medianas o pequeñas que encajen en su modelo de negocios, o hacer como Kraft Heinz y concentrarse en mega compras y fusiones.
Si las decisiones se inclinan en la última dirección, la reputación y el modelo de Unilever pueden sufrir. Además, habría cambios significativos en la conformación de la alta gerencia del grupo.

