
Una investigación que se propuso detectar hasta qué punto el avance del proteccionismo y el nacionalismo económico en estos dos países centrales podrían impactar en la innovación mundial.
Tres especialistas de Strategy& realizaron una encuesta para sondear hasta qué punto el surgimiento del nacionalismo económico en el mundo puede impedir en el corto plazo el flujo de talento, de inversiones y de ideas que tanto importan para la I&D de las empresas globales.
Es cierto que están creciendo los argumentos políticos a favor del nacionalismo económico que reclaman políticas más restrictivas al comercio y la inmigración para así fomentar el crecimiento y el empleo. Varios de los países que adhieren a esta idea adoptan políticas que favorecen a la industria nacional y a las empresas locales.
Barry Jaruzelski, Volker Staack y Robert Chwalik, tres investigadores de Strategy &, fueron los encargados de realizar el estudio 2017 de “Profiling the Global Innovation 1000”, la encuesta anual que investiga las tendencias predominantes en las 1000 corporaciones globales que más invierten en Investigación y Desarrollo (I&D).
El nacionalismo económico es motivado por una serie de intenciones, muchas de las cuales se siguen debatiendo con entusiasmo. Pero tiene una consecuencia no buscada que hasta ahora ha pasado bastante desapercibida: cuando los políticos y legisladores en las principales potencias económicas del mundo miran hacia adentro de sus propios países, el ámbito de la innovación entra en una zona de incertidumbre. Corre peligro entonces el modelo de innovación global al que adhirieron durante mucho tiempo las principales multinacionales, un modelo basado en la libre circulación de la información, del dinero y del talento.
Tendencias peligrosas
Pero las políticas inspiradas en el nacionalismo económico pueden resultar contraproducentes, fundamentalmente porque impiden las actividades de I&D que luego terminan en los nuevos productos y servicios que generarán los empleos, el crecimiento y la riqueza del futuro. El peligro de esta nueva realidad se acrecienta con la tendencia general que se observa en el mundo a reducir la inversión que el sector público destina a I&D.
El estudio que realizó Strategy & hace dos años, el 2015 Global Innovation 1000, que consistió en un análisis anual del gasto en I&D de las empresas cotizantes más grandes del mundo, y es el mapa resultante del desarrollo del modelo global de innovación, reveló que cada vez más las empresas buscan talento fuera de su país de origen e instalan centros de investigación y desarrollo cerca de sus mercados objetivos.
Ese estudio reveló también que 94% de las empresas que más gastan siguen ese modelo global de innovación, y que las que utilizan 60% o más de sus inversiones en I&D fuera de su país de origen, ganan 30% más en márgenes operativos y 20% más en ingresos operativos frente a los competidores que prefieren el mercado interno.
Hacia adelante, las empresas multinacionales no saben si la actual retórica política se va a convertir en estrategias que puedan alterar sus redes globales de I&D. Siguen de cerca la evolución de la situación mientras planifican el negocio y sus estrategias para innovar.
Pero aun suponiendo que las metas de la innovación empresarial no se modifiquen aunque el nacionalismo político siga avanzando, el modelo innovador global sí va a tener que evolucionar. En muchas empresas, lo que ahora es una red interdependiente y ágil podría convertirse en un grupo de centros autónomos. En ese escenario, es muy posible que pierdan eficiencia, creen redundancias y sufran mayores costos.
En realidad, aunque la inversión empresarial en I&D en las 1000 globales siguió aumentando sostenidamente en 2017, el estudio muestra que muchas empresas ya están sintiendo los efectos del nacionalismo económico.
“Hay restricciones en el otorgamiento de visas, limitaciones en el movimiento del talento y aumentan los inconvenientes para compartir tecnología y conocimiento. Nada de eso era un problema antes de 2016, ahora todo eso está en el radar” dice Robert Pagano, CEO de Watts Water Technologies, proveedor norteamericano global de productos y soluciones para sistemas de plomería, calefacción y calidad del agua. “Hoy hay que ser flexible y cuidadoso de no comprometerse a largo plazo en lugares que podrían resultar políticamente críticos. La incertidumbre siempre crea incertidumbre”.

Frente a lo desconocido
Hace muchos años que las grandes empresas vienen realizando actividades de investigación y desarrollo fuera de sus países. IBM fundó su primer centro de investigación en el extranjero en Suiza en 1956, y las automotrices japonesas comenzaron a abrir centros de diseño en Estados Unidos en los años 60. Pero fue a partir de fines del siglo 20 que se aceleró la tendencia a la investigación global, no solo porque los mismos negocios se iban globalizando sino también porque las comunicaciones explotaron con la world wide web.
Dos fueron los principales motores de la innovación: la posibilidad de aprovechar los grandes bancos de talento dispersos por el mundo y la oportunidad de llevar las instalaciones de I&D cerca de mercados en crecimiento y centros de producción.
Pero el nacionalismo económico está obligando a las empresas instaladas en distintos lugares del mundo a cuestionar la sustentabilidad de sus redes globales integradas.
Quiénes ganan y quiénes pierden
Los investigadores preguntaron a los encuestados cuáles son las economías que más perderían si el nacionalismo económico afecta sus actividades de I&D y cuáles ganarían.
Como se sabe, el modelo global de innovación se nutre de un relativo flujo libre de información, dinero y talento. Estados Unidos tiene el mayor volumen de inversión “importada” por empresas extranjeras. China es el segundo importador de gasto en I&D, pero sus importaciones constituyen un porcentaje mucho más grande del gasto total de las empresas en el país (81% mientras en Estados Unidos es 36%). De eso se desprende que los esfuerzos de innovación en el país asiático dependen mucho más de empresas con sede en el extranjero.
Estados Unidos. Este país es especialmente vulnerable a las disrupciones en el flujo de talento. Los inmigrantes constituyen solo 16,9% de la fuerza laboral total pero tienen una participación muy grande en los empleos de alta tecnología, ciencia e ingeniería. Representan 32% de los trabajadores en cargos relacionados con matemáticas y computación y 24% en otros de ciencias e ingeniería. Los datos surgen del Migration Policy Institute.
En las universidades la proporción de estudiantes internacionales en los programas de ingeniería y ciencias de la computación (el principal lugar adonde van a buscar talento las empresas para sus empleos en I&D) es mucho más alta que la proporción de inmigrantes en la población total. Ochenta por ciento de los graduados en ingeniería eléctrica son originarios de otros países; lo mismo ocurre con 79% de los de computación; 75% en ingeniería industrial y 62% en ingeniería mecánica, según la National Foundation for American Policy.
El giro que ha dado el país hacia el nacionalismo económico ya afectó el número de solicitudes de candidatos extranjeros para ingresar a instituciones educativas en el país.
Simultáneamente, hay otros países decididos a aprovechar esto en su favor y tratan de atraer a los estudiantes internacionales hacia sus propias universidades con políticas de apertura, procesos transparentes de admisión y simplificando el proceso de otorgamiento de visas de estudio y de trabajo. También con políticas simples de adquisición de ciudadanía para aquellos estudiantes que desean permanecer allí después de su graduación. China ha hecho grandes inversiones para financiar su sistema de educación superior con el fin de desarrollar, atraer y retener su propia base de talento en I&D desde los años 90.
Gran Bretaña. El segundo país más vulnerable, según la encuesta, es Gran Bretaña. Con las negociaciones del Brexit en curso, no está claro hasta qué punto su retiro de la Unión Europea, va a inhibir la capacidad de reclutamiento de las empresas y universidades británicas.
Ya durante la campaña para el referéndum, la Institution of Engineering and Technology británica, una de las organizaciones más grandes del mundo en ingeniería, advirtió que la escasez actual de trabajadores capacitados podría llegar a punto de crisis si las empresas se topan con barreras para contratar ingenieros de países de la UE.
Además, los directivos de universidades británicas advirtieron que las solicitudes de estudiantes procedentes de la Unión se reducirían en 2017 luego de haber crecido en años anteriores. A fines de 2016, la Universidad de Cambridge informó una caída de 17% en las solicitudes de europeos para carreras de grado en 2017.
China. El tercer país que fue citado como potencialmente en riesgo es China. Y se entiende: el gasto empresarial total en I&D creció en ese país 120% de 2007 a 2015, pero más de 80% de los US$ 44.000 millones invertidos en 2015 fue desembolsado por empresas con sede en otros países, fundamentalmente, por empresas estadounidenses. Además, aunque el gasto de las empresas nacionales viene creciendo desde hace muchos años a razón de cifras de dos dígitos, la tendencia se revirtió en 2017.
La inversión de empresas chinas en I&D cayó 3,3%, la primera caída desde que Strategy& creó el Global Innovation 1000 en 2005. Todas juntas, esas tendencias convierten al país en especialmente vulnerable a disrupciones en las inversiones que podrían llegar desde el exterior.
No obstante, 25% de los respondentes cree que la economía china se beneficiaría con el impacto del nacionalismo económico sobre la actividad global de I&D (43% opina lo contrario). China conserva muchos atractivos para la instalación de operaciones de investigación y desarrollo, como su proximidad a un mercado de gran crecimiento y lugares clave de manufactura con bajos costos de inversión y desarrollo. Si las políticas comerciales y de inmigración en otros países se vuelven hostiles a las operaciones de I&D, China podría beneficiarse con mayores flujos de innovación de compañías basadas en Australia, Canadá o Europa y también en Estados Unidos y Gran Bretaña.
Otros países
Los respondentes creen que hay otros países que corren peligro con el nacionalismo económico, aunque en menor medida que Estados Unidos, Gran Bretaña y China.
Uno de ellos es México, que podría verse afectado por las medidas políticas estadounidenses dadas las relaciones comerciales relativamente estrechas entre ambos países.
India es un país dominado por las inversiones de multinacionales basadas en otros países. Eso la hace especialmente vulnerable. El total del gasto en I&D creció 115% de 2007 a 2015. Ese crecimiento fue motorizado casi totalmente por compañías de otros países que convirtieron a la India en el gran destino global para las operaciones offshore de investigación en software. Pero también podría resultar ganadora si esas empresas deciden instalar allí centros autónomos de investigación.
La encuesta indica además que la I&D en varios países podría beneficiarse tímidamente con el crecimiento del proteccionismo y el nacionalismo económico. La lista la encabeza Canadá que se propone atraer talento internacional a sus universidades mientras Estados Unidos endurece sus programas de inmigración de visas de estudio.
Canadá ya es una alternativa interesante para las multinacionales. Microsoft, por ejemplo, abrió en 2016 un centro de I&D en el centro de Vancouver, justo al otro lado de la frontera con Estados Unidos. El centro ofrece 750 empleos y tiene un impacto económico estimado en US$ 180 millones por año.
El segundo país con posibilidades de beneficiarse, según los encuestados, es Alemania, que en reiteradas oportunidades ha manifestado su postura a favor de la globalización. Esa apertura es importante para la economía alemana; las exportaciones constituyen cerca de 47% de su PBI. Le sigue Francia, donde el nuevo presidente Emmanuel Macron ganó con una plataforma que destacaba la importancia de la innovación para la economía francesa. Ambos países están en la mira de las empresas que podrían tener que reubicar los centros en Gran Bretaña; varios bancos ya anunciaron planes de transferir empleos de Londres a Frankfurt.

