miércoles, 4 de febrero de 2026

    Entre tragedias ingobernables y el regreso de las utopías

    Por Fabio J. Quetglas (*)

    Un escenario rico de matices, apasionante para el análisis y angustiante a la hora de pensar soluciones.
    A su vez esas tendencias generan un escenario que en absoluto está consolidado. Veamos de qué hablamos:
    1. Lo dicho hasta el hartazgo, el planeta es crecientemente urbano, y lo es por muchos motivos, empezando porque los migrantes rurales de los países pobres (que son los que sostienen –en general– el crecimiento demográfico) encuentran en las ciudades mejores oportunidades de progreso que en sus aldeas y parajes de origen.
    A los sectores medios urbanos les cuesta entender la lógica de la migración, porque sus referencias de comparación son su propia vida, sin embargo los datos estadísticos son elocuentes y ponen blanco sobre negro el contexto de desigualdades transterritoriales al interior de los países y también en las macro–zonas de referencia de los grupos migratorios.
    Quizás el dato paradojal es que el aumento de posibilidades e ingresos en algunas zonas muy pobres del planeta (como por ejemplo Africa) sirvieron para estimular y financiar la intensificación migratoria, o sea que pasar de 1 dólar por día a 3-4 dólares por día en el Africa subsahariana (lo que cualquier economista leería como un verdadero milagro económico) en muchos casos fue el último empujón hacia los países de la UE o los EE.UU (los dos grandes centros receptores) en busca de 20 ó 30 dólares/día.
    La segunda cuestión que funda este proceso es el aumento de la expectativa de vida. Un proceso incesante que lleva ya más de un siglo y que es más marcado en las ciudades que en los territorios rurales.
    La urbanización intensiva, es un dato sobre el que no es menester adjetivar, solo decir que es un contexto que trae consigo una enorme carga de desafíos, empezando por el de la gobernabilidad.

    2. La urbanización que estamos conociendo no es solo aluvional, sino que es pluricultural. Hasta hace unos años Nueva York, Londres o Buenos Aires se jactaban de su multiculturalismo porque albergaban una veintena de colectividades relevantes o una decena de credos; hoy en Barcelona hay casi 100 grupos étnicos diferentes, las particularidades penetran todos los aspectos de la vida cotidiana: las comidas, los feriados, las estéticas, los valores cívicos.
    Todo ello ocurre en momentos de alto cuestionamiento del poder público y su legitimidad (como fenómeno global), y en un proceso de rediscusión de la idea de ciudadanía.
    En ese contexto el espacio público urbano, la materialidad más cabal del sentido cívico, del bien público compartible, se está transformando en un territorio en disputa, a cada paso (y no sólo en el tercer mundo) vemos crecer movimientos urbanos que cuestionan aspectos esenciales de la vida en común y renuevan exigencias a un poder político asediado, desenfocado y altamente vulnerable frente a otros poderes que se han consolidado en los últimos cuarenta años como derivación de un conjunto de posibilidades organizacionales que les brindaron las tecnologías de comunicación.
    La consecuencia de ello es que justamente en momentos de alta necesidad de legitimidad pública, se aprecian crecientes déficits en esa compleja materia.


    Fabio J. Quetglas

    Impacto tecnológico

    3. Este proceso de urbanización es una consecuencia de dos grandes transformaciones tecnológicas.
    Cualquier observador razonable bien podría señalarnos que en promedio en las ciudades se vive con mejores condiciones de confort que (también, en promedio) en las aldeas rurales del tercer mundo, desde hace mucho tiempo y que sin embargo la intensidad de los procesos migratorios se disparó en los últimos 20 años; por tanto esa circunstancia merece una mejor explicación.
    En primer lugar sin dudas está el acceso a la información, conocer de un modo cierto y económico qué sucede en otro lugar, es un precedente que cambia el contexto de la toma de decisiones de cualquiera y no tiene por qué ser distinto en el caso de los migrantes. Las TIC favorecen la decisión de migrar y facilitan la migración en sí al posibilitar un mantenimiento fluido de los vínculos relacionales, a pesar de las distancias.
    En segundo lugar, el auge de los agronegocios y la ausencia en muchos de esos países de políticas específicas destinadas a mejorar la competitividad “en territorio” de los pobladores rurales, ha cambiado el mapa de necesidades funcionales y posibilidades para organizaciones y personas, facilitando la generación de empleos nuevos vinculados a paquetes tecnológicos distintos a los usados ancestralmente y empujando a la emigración a los pobladores originarios.
    Cambios de circunstancias tan notables y ausencia de políticas a los fines de aprovechar oportunidades bajando los costos de adaptación, son un cocktail explosivo.
    Si los países que viven el boom urbano actual, en vez de pretender combatirlo con políticas pretendidamente antiurbanas, usaran políticas de promoción de nuevos modelos de ocupación del territorio (estimulando la calidad de vida en pequeñas y medianas ciudades) puede que tengan más éxito, que oponiéndose a tendencias sociales tan sólidamente fundamentadas.

    4. Pero el sostenimiento de este proceso requiere de 5 grandes cuestiones no definitivamente resueltas.
    a) La vida en mega-ciudades depende mucho más que cualquier otro modo de vida de una cierta “pax universal” lo suficientemente estable y extendida, porque su soporte económico está basada en la especialización económica y el intercambio intensivos. Cualquier ruptura de los flujos comerciales tiene consecuencias enormes, dado que es cada vez más remota la idea de auto-subsistencia territorial. Pensemos por un instante que el flujo de alimentos a China se ve limitado o el flujo de minerales esenciales a los procesos industriales. No se trata de un mundo color de rosa, simplemente de un mundo en el que el comercio sea posible.
    b) A su vez la sobre-especialización económica requiere de disponer de energía barata, si los costos de fletes se multiplicaran solo por 2, el comercio mundial se reduciría en 25% y por supuesto esa enorme brecha sería cubierta por respuestas económicas locales (tal vez menos eficientes “en sí”)
    c) Un mundo de ciudades, necesita irrenunciablemente, políticas y restricciones ambientales más enérgicas. Los servicios ambientales de bosques y selvas, el cuidado del recurso agua, la gestión adecuada de los residuos, etc., pasan a ocupar un lugar esencial en una agenda de urbanización tan sostenida.
    d) La familia aldeana es un modelo organizacional que tiene internalizado culturalmente funciones que son de muy difícil resolución en las megas ciudades de economías “avanzadas”, como el cuidado de niños y ancianos. Cuando hablamos de la ciudad como hábitat, a veces parece que nos referimos al hábitat de los “activos”, lo cierto es que una cuestión no saldada del gigantismo urbano, es el modelo de cuidado de las personas en circunstancias pasivas o con algún grado de dificultad de acceso a la vida activa.
    e) La gobernabilidad metropolitana. Las grandes ciudades están en conflicto casi patológico con los estados-nación que las albergan. Es un problema universal, agravado en las situaciones de pluri-municipalismo y en estructuras federales, pero constante aún donde no se dan dichas circunstancias. Las transferencias económicas entre centros y periferias, las tensiones que generan las inequidades sociales, los escasos recursos políticoadministrativos de las ciudades, se entrelazan hasta constituir una categoría típica de la conflicto territorial a escala global: “la metropolinización fallida”.
    Dicho esto, el futuro urbano parece al mismo tiempo lúgubre e inevitable.

    Síntomas estimulantes

    Sin embargo, vivimos rodeados de prodigios del ingenio humano que seguramente podrán ayudarnos a encontrar respuestas. No es que una visión naif y edulcorada pueda obviar los datos de una realidad ineludible; pero sucede que también es real, lo siguiente:

    1. Hace menos de dos meses, por primera vez las grandes potencias alcanzaron acuerdos operativos concretos en materia de limitaciones a las emisiones de gases que afectan la biosfera.
    2. La espada de Damocles ambiental y la muy concreta crisis financiera global, tienen un punto de convergencia, que no es otro que poner de manifiesto la impotencia de los estados-nación frente a fenómenos respecto de los cuales la frontera no opera. Estamos viviendo los albores de procesos de gobernabilidad global, lo que será ciertamente trabajoso, pero que seguramente se irá consolidando en la medida que una sociedad civil globalizada le de soporte a esas iniciativas.
    3. A pesar de los auges de los planes y los planos (un poco estimulados por la super abundancia de información), parece ser que las mejores recetas prospectivas a largo plazo son las políticas públicas bien diseñadas que operen sobre las causas de los problemas, más que los voluntarismos planificadores.
    En ese sentido las iniciativas globales a favor de la educación de las niñas y niños del tercer mundo (pero sobre todo de las niñas), son el mejor contralor del boom demográfico; el plurilingüismo es un incentivo extraordinario hacia la paz, las infraestructuras adecuadas pueden ser el soporte de una ocupación del espacio más racional, la limitación de los comerciales en los canales para niños pueden prevenir la obesidad futura, equilibrar la dieta y retener pobladores en las zonas periurbanas productoras de frutas, verduras y hortalizas; gravar el uso de la movilidad particular puede densificar las ciudades y hacerlas más sostenibles, evitar el estímulo fiscal irracional al consumo puede ser un freno a la sobrevaloración de los servicios urbanos, etc.
    No hay soluciones mágicas, hay respuestas que afectan a intereses. Pero es posible avanzar si la racionalidad en el debate le gana al péndulo que va entre el estatus quo en defensa de un modelo económico centrado (a escala global) en pautas culturales insostenibles, o el rechazo de toda la civilización que propone el alternativismo ultra.
    Sin embargo, no se trata de un tira y afloje irresoluble, se trata de que con el cambio de civilización, cambian los escenarios de negocio (suponemos que una situación parecida debió preceder el fin del esclavismo). No podemos pensar en negocios por fuera de un mundo sostenible, equilibrado, pacífico, integrador.
    Así como los datos nos abruman, vale la pena emular el esfuerzo de los utopistas que desplegaron sus reflexiones al tiempo que crecía el nuevo mundo industrial, no porque ellos hayan acertado, sino porque su palabra ayudó a muchos a no perder la esperanza.
    Hoy las respuestas de la tecnología pueden jugar el rol que hace doscientos años jugaron el alcantarillado y la cuadrícula, el espíritu sanitarista y las delicias de los parques y las plazas pretendiendo hacernos notar la existencia de la naturaleza.
    Tal vez lo que un urbanista moderno no debe perder de vista cuando piense en las ciudades, es en el sueño del buen vivir dentro del desafío que cada época nos pone por delante; hoy es poder disfrutar sin derrochar, es poder entender al otro diferente y poder controlar al gobierno y a toda fuente de poder.
    Las ciudades son en definitiva algo más que el lugar donde vivimos y soñamos, son algo más que un mercado y una plataforma logística, algo más que un punto turístico o un centro de servicios, algo más que todo eso; son el complejo espacio donde nos reconocemos iguales y diferentes, únicos y al mismo tiempo parte de algo mayor; las ciudades nos ayudan a forjar la identidad a sentirnos en el mar de la historia. Hace 12.000 años decidimos vivir juntos, a pesar de ser distintos, decidimos tolerarnos y enriquecernos, aceptar las normas de un tercero ajeno a nuestra familia. La ciudad materializa el sentido de la civilización, en el futuro tendremos dificultades y también ciudades, porque de eso se trata la historia.

    (*) Fabio J. Quetglas es abogado (Universidad de Buenos Aires, 1988). Master en Gestión de Ciudades y desarrollo local (Universidad de Barcelona, 2004). Master en Internacionalización del Desarrollo Local (Universitá degli Studi di Bologna 2007). Director de Postgrado en Desarrollo Local y Gestión de Ciudades de la Universidad CAECE (2003–2005). Profesor de Posgrado de Desarrollo Local y Economía Social UBA.