Por Florencia Pulla

Escena: año 1994, primer grado. Una niña de seis años mete sus dedos torpes en una caja llena de lo que –luego sabrá– se llaman discos de cinco y un cuarto. Hay juegos allí, también algunos programas de planillas y cálculos de su padre. Aprendió que si mete el disco cuadrado en una ranura se abre la posibilidad de jugar toda la tarde y no hacer la tarea. Le gusta, lo intenta.
Pasaron 20 años de esa rutina y las cosas sí que han cambiado. Por decir algo, todavía los chicos privilegian los juegos de computadora sobre la tarea pero los discos de cinco y cuarto no se encuentran ni en los museos. La norma no son discos pesados con poca capacidad; hoy imperan los juegos en alta definición, con gráficos de calidad, que corren sin problemas sobre memorias de alta densidad y computadoras tan finitas como las ultrabooks.
Es que las viejas computadoras de escritorio dieron lugar a otros dispositivos, a otras dimensiones de almacenamiento, a otras tecnologías que permiten acceder a películas y libros de las que ni siquiera tenemos una copia física. Como se dio por sentado el uso el abrelatas –¿cómo habrán conservado atunes y palmitos antes?– también hoy es fácil sentirse cómodo entre los almohadones de plumas de conexiones a alta velocidad, pantallas de alta definición y un mundo de información en la punta de los dedos.
En una galaxia lejana
Pero no siempre fue así. Recientemente Intel, la empresa detrás de los microchips que hay en todo, promovió un evento que tenía como motivo el 33° aniversario de la computadora personal, la bienamada PC. Resulta difícil, sin embargo, pensarla como una treintañera de la generación Y. Es que las computadoras tienen una historia más rica y más antigua que esa; una que habla del esfuerzo del hombre por salirse de sus limitaciones y entender el mundo que lo rodea y uno más grande, incluso, que sus cuatro paredes.
Es difícil pensar a las computadoras como armatostes que ocupaban cuartos enteros y que necesitaban de refrigeración especial para no derretir sus circuitos. O incluso antes, cuando el término computadora era usado para designar a aquellos que “computaban”, es decir, a quienes hacían cálculos. No fue hasta 1822 que se desarrolló el primer motor automático para hacerlas funcionar. O que IBM hiciese suyo el mundo corporativo con sus primeras máquinas de fichas perforadas.
Pero la computadora personal no apareció hasta 1981. La historia la cuenta bien Walter Isaacson en Jobs: los primeros modelos populares, como hoy, también tenían el logo de la manzanita. El software de aquellos años no estaba, quizás, a la altura de las necesidades del usuario del hogar y para poder usar cada uno de los programas había que tener un conocimiento rudimentario de programación. Apple y Microsoft hicieron lo suyo en ese sentido proporcionando sistemas operativos point and click que masificaron y abrieron el campo para que la penetración de la PC fuese total. No hubo, ni habrá, vuelta atrás.
El futuro es hoy
“Aunque el estilo de vida hoy esté más enfocado a la movilidad las personas necesitan que la tecnología los acompañe siempre. Los estilos 2 en 1, por ejemplo, se popularizaron mucho porque implican tener lo mejor de los dos mundos”, cuenta Marisol De La Fuente, gerente de Comunicación de Intel para el Cono Sur.
De hecho, según Gabriel Gordon, director de Windows para Microsoft Argentina y Uruguay, “hoy usamos nuestros dispositivos durante todo el día, tanto para entretenernos como para trabajar, y todo lo que queremos de ellos es que nos permitan “hacer más”. Los argentinos pasan casi 7 horas con diferentes pantallas pero no es la PC la que encabeza la lista sino el teléfono, con 166 minutos, frente a los 114 de la laptop, 104 de la TV y 30 de la tablet”.
Son tiempos difíciles para las PC. Pero aunque muchos indicadores muestren que están en retirada (al menos en términos de ventas a escala global) su alcance tan masivo implica inversiones en recambio nada despreciables; ni hablar de que sigue siendo, por más tabletas y celulares que aparezcan, el centro tecnológico en el que ocurre todo. cloud, por ejemplo, ha hecho mucho para que la computadora acompañe el crecimiento de los dispositivos móviles. Evidentemente, por más golpeada que esté la relación entre el público y las PC, el primer amor es más fuerte.

