
Por Florencia Pulla
En sus años como primer ministro de Gran Bretaña Winston Churchill definió perfectamente a un optimista: dijo que era aquel que veía una oportunidad en cada calamidad y no, como el pesimista, una calamidad en cada oportunidad. Si el mundo se divide en estos dos grupos antagónicos es justo decir que el sector del software de gestión en la Argentina se encuentra en el primero. Son momentos felices para las firmas que se dedican a proveer estos servicios a las empresas, y para explicar la bonanza Mercado decidió hablar con los protagonistas, entrevistados para este informe, que echaron luz sobre el fenómeno.
Crecimiento económico, oportunidad de inversión
Ante la posibilidad de dimensionar el sector, la primera pregunta debería ser: ¿quiénes son los clientes de las empresas que proveen ERP? La segunda: ¿efectivamente invierten en lograr eficiencia en sus procesos a través de plataformas de software de gestión o, progresivamente, han dejado estas inversiones para más adelante, escudándose en la famosa crisis económica global? La respuesta a ambas preguntas tiene que ver con la lógica de la economía argentina de los últimos años, lo que algunos llaman “el modelo”.
La suba en el salario, la innegable presión de la inflación y la imposibilidad de ahorrar en moneda extranjera han favorecido una explosión en el consumo que, a pesar de haberse contraído en el último tiempo, sigue siendo uno de los caballitos de batalla del kirchnerismo. El crecimiento económico logrado en los últimos años –que para 2013 la Cepal pronostica (hasta ahora) que se mantendrá en 3,5%– le ha generado un sobrante a las empresas que se vieron ante la posibilidad de invertir en mejorar procesos o aumentar la producción. Invertir hacia adentro parece haber sido la clave en el último tiempo y aunque muchas empresas de IT hoy ven con incertidumbre la continuidad de este proceso, las cifras de su crecimiento parecen ir en contramano de este miedo.
“Vendemos sistemas para el crecimiento. Los ERP o los software de gestión se venden bien cuando las empresas crecen”, dice Juan Ruggero, fundador y presidente de Buenos Aires Software.
¿Por qué? Quizás porque hoy impera la noción de que, en el medio de una crisis global que también afecta a la Argentina, es mejor invertir para prepararse y poder tomar mejores decisiones. Es, como dicen los protagonistas, una cuestión de management. Las organizaciones que no tienen una práctica de negocios definida son las que se ven más afectadas; aquellas que no cuentan con herramientas que les brinden información para la toma de decisiones terminan siendo abatidas por la falta de control en sus procesos de negocios.
ERP es caro, sí, y los resultados son difíciles de medir, también, porque no se trata de invertir en aumentar la producción sino en mejorar la productividad; no es una urgencia que debe atenderse pero sí esencial si se quiere seguir creciendo. Mejora, por ejemplo, problemas de logística o agiliza cobranzas, ayuda a retener clientes y reduce las pérdidas de un stock poco controlado.
Por eso –y porque el salto cualitativo que deben dar las empresas nacionales es grande si quieren competir en mercados más exigentes– se está dando un proceso de actualización de plataformas e inversiones más fuertes pero puntuales; sin proyectos faraónicos en mente resulta más accesible pero obliga a las compañías a diversificar su negocio y apuntar a las Pyme.
Para Carlos Anino, vicepresidente de Cámara Empresaria de Software y Servicios Informáticos (Cessi) “cada coyuntura compleja como la nuestra (en este caso, por la política cambiaria del Gobierno) también genera muchas oportunidades. La incertidumbre también afecta y produce cierta inactividad, es cierto, que podrá fluir más cuando se levante el cepo, por ejemplo. Pero, mientras tanto, se abren áreas de oportunidad locales que pueden aprovechar esta situación para mostrarle a la demanda local de soluciones informáticas la posibilidad de satisfacerla con productos y servicios locales. Esto se ha dado en muchos mercados verticales de industria que, a raíz de ciertas dificultades para contratar herramientas del exterior, han visto responder sus necesidades con la oferta local y se sorprendieron”.
Sin embargo, la situación que pintan los protagonistas del ERP en el país dista bastante de lo que ocurre en otros lugares del mundo. La consultora Forrester pintó una escena bastante triste tras la crisis de 2009 que continúa hasta nuestros días: según un estudio aunque el gasto en IT ha aumentado en el último tiempo, la inversión en ERP se ha visto reducida año a año. De hecho, solo 25% de las 900 empresas encuestadas aseguraron que tenían pensado ampliar o implementar un sistema ERP.
Otro dato que alarma: la mitad de los clientes actuales de ERP utilizan soluciones o productos en versiones más viejas que las últimas actualizaciones. Las empresas de IT internacionales se esfuerzan, entonces, por innovar: agregan a sus productos nuevas funcionalidades que tienen más que ver con las grandes tendencias como “la nube”, movilidad y big data.
Las Pyme nacionales, protagonistas
Pero de todas las empresas, las Pyme han sido las que más han crecido en sus inversiones. Así lo atestiguan empresas del tenor de Totvs o Process, que han visto crecer el porcentaje de su negocio que comprende a pequeñas y medianas empresas. Hoy alcanzan, en algunos casos, 70% del negocio.
Jorge Fernando Bayá, director de Totvs, dice que las Pyme van entendiendo que es un mito el que implementar soluciones de software de gestión implica inversiones faraónicas o grandes cambios en las a veces frágiles culturas corporativas de empresas locales.
Hoy las empresas de ERP se han diversificado lo suficiente y a través de diferentes unidades de negocios ofrecen soluciones empaquetadas, por partes, que son accesibles para toda clase de organización. Muchas veces, incluso, ofrecen servicios de consultoría para guiar a las empresas a través del valle oscuro que puede ser la innovación tecnológica.
Para Anino esta es una buena noticia pero todavía falta recorrer el camino de la estandarización y de la inversión en la simplificación de procesos de implementación, soporte y actualización. Básicamente “un camino de actualización tecnológica para llevar el producto de software a un servicio y de esa forma reducir los costos operativos y hacerlos accesibles a las Pyme que por su tamaño no podrían tener una infraestructura montada. Requiere que la oferta tecnológica esté a la altura de una escala mejor para lo cual deben pensar su software como un servicio”.
Sin miedo y de la mano de quienes saben, las Pyme se animan. También las impulsa el hecho de que, más robustas, se han decidido a lanzarse a mercados internacionales, más competitivos y exigentes. De la misma manera que la certificación de prácticas ha crecido, también la inversión en procesos más profesionales que les permiten insertarse, desde el país, en un contexto más provechoso. Pensar global desde lo local.
Más inversiones en movilidad
A la hora de vender ERP, se sabe, hay que aggiornarse. Un estudio que la consultora IDC realizó en nueve países desarrollados reveló que un porcentaje importante de empresas a escala global están pensando en aumentar sus inversiones en soluciones ERP móviles.
Tiene sentido: a pesar de que movilidad es una de las grandes tendencias en IT, todavía la gran mayoría de las empresas no cuenta con una estrategia empresaria para abordar el tema. Pero esto puede llegar a cambiar: US$ 1 de cada US$ 10 de los presupuestos de tecnología hoy van a ERP móvil y 59% de los encuestados estiman que estas soluciones ganarán cada vez más espacio, comparativamente con otras áreas presupuestadas. Dentro de lo que es mobile, las inversiones irán 35% a teléfonos inteligentes, 30% a tabletas y 15% a aplicaciones móviles.

