viernes, 6 de febrero de 2026

    La era de las máquinas

     

    Por Florencia Pulla 
    Aparecerán, entonces, nuevos desafíos de almacenamiento, implementación y socialización.
    Imaginarlo no es difícil y vale el intento. ¿Cómo sería un día en la vida de una persona si todas las máquinas que lo rodean –entre 1.000 y 5.000 en un día común y corriente, estiman– pudiesen comunicarse entre ellas y compartir información sobre sus hábitos, consumos y preferencias?
    Implicaría, por ejemplo, apagar la alarma del despertador por la mañana y que el teléfono inteligente mande una orden a los sensores de la losa radiante para calentar el piso en el recorrido al baño. O, por ejemplo, llegar temprano al trabajo en un día agitado evitando el tránsito porque el auto “intuye”, por información de semáforos, otros autos y sensores en las calles, cuál es la mejor ruta para evitar congestiones. Si de monitorear la salud se trata tal vez la taza del té pueda comunicarle al estuche de los medicamentos que es el momento de alertar al paciente para que tome sus remedios; luego mandarle un mensaje de texto a la farmacia para avisar que deberá mandar los repuestos del mes.
    La antigua frase de las abuelas –”Dios está en los detalles”– se hace piel en el concepto de “Internet de todas las cosas”: un mundo en el que la comunicación inter-máquina facilita la vida de las personas de modo total. Promete no entrometerse con la vida de todos los días –obligando a los usuarios a aprender engorrosas tecnologías– sino simplificarla y mejorarla imperceptiblemente. 
    La única constante es el cambio
    Su capacidad para transformar el mundo siempre ha sido la gran promesa de la tecnología. La posibilidad de dar al hombre herramientas para mejorar su entorno y facilitar su vida pesada ha entusiasmado siempre a los grandes innovadores. Pero lo cierto es que esta promesa ha permanecido incumplida.
    A pesar de haber experimentado grandes avances en telecomunicaciones, ciencia y medicina –que han tenido impactos positivos, alargando la esperanza de vida y acortando las distancias geográficas– todavía los grandes problemas que atañen a todos, como la desigualdad de género y de oportunidades, continúan su larga marcha.
    La población mundial, que ha triplicado su tamaño en los últimos 100 años, ha acentuado estos problemas. Algunos de los vicios de la industrialización, como la contaminación, se han agravado. Este panorama es bastante pesimista si se lo comprara con la siempre exultante sonrisa de quienes están detrás de los avances tecnológicos, los positivistas de nuestra era.
    Entre los optimistas está Kevin Ashton quien, a fines de los 90, desarrolló el concepto de “Internet de todas las cosas”. Entonces él había analizado que toda la información que existía en Internet, 50 petabytes, había sido creada o capturada por los seres humanos. Según Ashton eso cambiaría en el futuro cercano a medida que las computadoras se vuelvan más inteligentes y autónomas, capaces de generar, recolectar y analizar datos sin la intervención humana.
    10 años es mucho tiempo en términos de avances tecnológicos y el futuro ha llegado; ya está entre nosotros. La tecnología que requieren los cambios más simples –etiquetas RFID para rastrear objetos, sensores para recolección de información y detección de temperatura y movimiento– existe en la actualidad y no son, en absoluto, escenas de las peores películas de ciencia ficción. Lo cierto es que el mayor desafío para su implementación y masificación, lo que implicaría una baja en los costos, tiene que ver con la demanda, que en los últimos años se ha mostrado tímida.
    ¿Interesa en realidad poder manejar remotamente la tostadora? ¿Confían las personas en que su heladera puede hablar con el supermercado exitosamente y reemplazar un sachet de leche? ¿De esas superficialidades se trata “Internet de todas las cosas” o viene a cerrar las deudas que la tecnología tiene para con la sociedad desde hace tiempo?
    Los consultores y especialistas en empresas de IT piensan que los beneficios de la tecnología Machine to Machine (M2M) podrían ir más allá de hacer de la vida más cómoda pero que todavía existen varios desafíos para alcanzar la utopía de un mundo de las máquinas. Se encuentra el proceso en su primera fase y falta tiempo para que las empresas entiendan la necesidad de invertir en tecnologías inmaduras y que el público general las abrace como hizo con innovaciones más recientes.
    Sin embargo, un estudio de Cisco abre el juego y plantea enormes ganancias para quienes, parafraseando a Malcolm X, se adelantan al futuro trabajando hoy. El análisis de la compañía indica que hay US$ 14,4 billones (millones de millones) de potencial económico en juego para las empresas del sector privado durante la próxima década como resultado de la emergencia de “Internet de todas las cosas”. El potencial de aumentar ganancias globales corporativas es enorme y rondará 21% en los próximos 10 años.
    Si es cierto que las empresas, especialmente del sector IT, son punta de lanza para la adopción de nuevas tecnologías, serán ellas las que marquen el ritmo de crecimiento de “Internet de todas las cosas”. Sus opiniones son, hasta ahora, mayormente teóricas. Cuesta ver el potencial del que habla el estudio de Cisco porque los riesgos de convertirse en early-adopters son muchos y la economía no está, en este momento, en un momento de vacas gordas. 
    De la mano de big data
    Entonces si las cosas cobran inteligencia serán capaces de recaudar información sobre hábitos, gustos y consumos. Es obvio, por lo tanto, que se debe contar con infraestructura para almacenar y analizar esta catarata de datos; la capacidad de capturar, gestionar y procesar información alimentada por las máquinas será crucial en el futuro inteligente. Es en esta instancia en la que se debe entender que el famoso término “big data” irá de la mano, necesariamente, –ver Mercado de abril, página 154– del desarrollo de tecnologías para hacer posible “Internet de todas las cosas”.
    Desafortunadamente para quienes estén invirtiendo en hacer posible este proyecto deberán entender que el ritmo de crecimiento del mercado no dependerá necesariamente de la fuerza de la demanda o de la innovación de la oferta sino también de inversiones de terceros que harán posible que grandes cantidades de datos se muevan a gran velocidad. Ya hoy la cantidad de información generada por las personas y las cosas crece tan rápidamente que no alcanzan a ser manipulados por las herramientas de gestión de bases de datos tradicionales. Si se quieren dispositivos más inteligentes, mañana se debe trabajar hoy para crear las condiciones ideales de implementación y eso significa afianzar alianzas estratégicas intersectoriales, esencialmente con empresas de telecomunicaciones.
    La comunicación de las empresas de IT, en este sentido, se vuelve fundamental. Deben salir de sus caparazones corporativos y de sus laboratorios para vender la idea. No es fácil. “Si le hubiera preguntado a la gente qué clase de transporte necesitaban, me hubieran dicho que un caballo más rápido”, supo expresar Henry Ford sobre la aparición del automóvil. Anticiparse a los deseos y necesidades de las personas e instituciones es el desafío del sector y quién logre interpelarlos mejor se ungirá con una mejor cuota de mercado. 
    Una sociedad Gran Hermano
    El dato del principio es revelador. Nadie parece percatarse de que un humano promedio interactúa con 5.000 cosas todos los días. Si, en el futuro, tuviesen la capacidad de comunicarse entre ellas la información recaudada podría ser una radiografía de cada individuo; un archivo lleno de datos que reflejan pasiones y deseos, vicios y rutinas. Aquel libro que supo resumir bien los peligros de un Estado totalitario, 1984, de George Orwell, también podría ser una metáfora para hablar de una sociedad mediada por las máquinas. Y el peligro aquí no es que el Estado se haga de información privada solamente sino también las empresas. El exitoso modelo de negocios de Facebook que se encarga de vender información que sus usuarios entregan libremente a cambio de su servicio de red social es solo la punta de un modelo de negocios que podría extenderse a la vida real.
    Por lo tanto, es lógico que aparezcan algunas preocupaciones relativas a la seguridad de los datos, por un lado, y a su manipulación, por el otro. La privacidad es ya un tema caliente y minimizar los riesgos implicará, para quienes creen la tecnología y administren los datos, políticas transparentes que le den al usuario opciones de salida, si así lo desean. Con los problemas de conexión que existen todavía en el mundo la posibilidad de que las cosas se comuniquen entre ellas de manera exitosa parece, inclusive, más remota.
    Aunque en pañales todavía, la tecnología detrás del concepto de “Internet de todas las cosas” existe y florece lejos de la vida de sus potenciales consumidores. Quienes entienden de estas cuestiones aseguran que los desafíos actuales y los riesgos que se avistan son pequeños en comparación con los beneficios a la vida que podría traer un mundo en donde las cosas se encargarán, finalmente, de servirnos 
    Nuevos procesos, nuevas conexiones 
    Para comprender mejor el concepto de Internet de todas las cosas valen un par de definiciones. Principalmente es importante entender la idea detrás del concepto, que es conectar no solo a las cosas sino también a las personas, procesos y datos a una misma red. Estas nuevas conexiones, como las que ocurren todo el tiempo en el cerebro de las personas, crean nuevos caminos para la información que, a su vez, es utilizada para posibilitar mejores experiencias, más oportunidades de negocios y mejores condiciones de progreso para los países en desarrollo. No es poca cosa.
    Hoy las personas se conectan a Internet utilizando un puñado de dispositivos y plataformas (PC, tabletas, teléfonos inteligentes; redes sociales, sistemas operativos, navegadores) pero a medida que el concepto de Internet de todas las cosas evolucione, los seres humanos se conectarán con su entorno de maneras más relevantes e intuitivas que mejorarán su vida. La idea de poder tragar una píldora que reporte al doctor nuestro estado de salud interno no es futurista. Somos testigos de la transformación: pasaremos de un mundo digital controlado por las personas, antropocéntrico de alguna manera, a otro en el que serán solo un nódulo más dentro del sistema de comunicación. Una verdadera lección en humildad.
    Esto se debe, en parte, a que las cosas se volverán más inteligentes y autónomas. ¿Cómo se logrará esto? Analizando mejor los datos ya existentes y posibilitando la comunicación Machine to Machine (M2M). La independencia de la inteligencia humana permitirá a las cosas tomar decisiones autónomamente y controlar nuestro medio ambiente de manera más eficiente. El ejemplo de un puente que, gracias a sensores simples, logra calcular el estado de deterioro de su infraestructura es espectacular, porque podría salvar muchas vidas pero Internet de todas las cosas promete mejorar la cotidianeidad de manera silenciosa y así utilizar el mismo sensor para un acto tan mundano como reemplazar un sachet de leche en la heladera.
    Se trata, finalmente, de la creación de nuevos procesos para conectar a las personas, los datos y las cosas; con la tecnología adecuada las conexiones pueden ser de veras relevantes y agregar valor a la vida de todos los días.