Es importante refrescar la relación entre crecimiento económico, el empleo, la distribución del ingreso y pobreza. Es decir, entre crecimiento económico, una dimensión cuantitativa, y desarrollo económico, una cualitativa. Son conceptos claves a la hora de explicar por qué la política económica está fracasando desde el punto de vista del desarrollo económico.
Aun cuando, como hemos señalado, estamos atravesando un período excepcionalmente favorable desde el punto de vista de las condiciones externas. Lo cual, sin lugar a dudas, deberíamos estar aprovechando para lograr un salto cualitativo sustentable en las condiciones de vida de la población.
Profundicemos en algunos de estos conceptos.
Se entiende por desarrollo económico a la capacidad de un país o región de lograr una mejora sostenida y perceptible de las condiciones de vida de la población.
En tanto, el crecimiento sustentable no es más que la combinación de crecimiento económico sostenido a tasas significativas y relativa estabilidad del nivel de precios durante un período considerablemente largo.
Si bien queda claro que estos conceptos abarcan dimensiones distintas, los dos están íntimamente relacionados. Pues, básicamente, el crecimiento sustentable es la condición necesaria del desarrollo económico.
Para ponerlo en términos más claros, lo dicho implica que: a) No puede haber desarrollo económico sin crecimiento sustentable. b) Puede haber crecimiento sustentable y, sin embargo, no traducirse en desarrollo económico.
Básicamente, para que haya desarrollo económico debe haber una mejora sostenible de las condiciones de vida, en general, y de los indicadores sociales, en particular. Con estos últimos nos referimos a los niveles de pobreza y al grado de equidad de la distribución del ingreso.
La falta de crecimiento sustentable necesariamente implica interrupciones en el proceso de expansión del nivel de actividad y/o relativamente altas tasa de inflación.
Interrupciones del proceso de crecimiento: si no hay crecimiento del producto, no hay demanda de mano de obra. Pues, básicamente, está última es una función derivada del nivel de producción.
En consecuencia, en un contexto de tasa de crecimiento positiva de la población, la ausencia de crecimiento se traduce en el crecimiento del desempleo y, por lo tanto, de la pobreza. En cuyo caso, el deterioro del grado de equidad de la distribución del ingreso es más que evidente.
Peor aún, las contracciones significativas del producto se traducen en reducciones de los niveles de empleo. Sobre todo, de los menos calificados, que son a su vez los peores pagos y, por lo tanto, los más pobres.
Efecto negativo de la inflación
La relativamente alta y sostenida inflación, a la larga, tiene efectos negativos sobre el grado equidad de la distribución del ingreso y los niveles de pobreza y, por lo tanto, se transforma en un escollo al desarrollo económico.
En primer lugar, porque la inflación es un impuesto regresivo. Con lo cual, la alta inflación termina perjudicando más a los que menos tienen, deteriorando a la larga los niveles de pobreza y el grado de equidad de la distribución del ingreso.
Su efecto puede ser asimilable a un impuesto porque, cuando existe inflación, el dinero pierde valor en términos de los bienes y servicios. En consecuencia, para continuar realizando el mismo nivel de transacciones o adquirir la misma cantidad de los mismos bienes y servicios, es necesario incrementar la cantidad de dinero. Es decir, hay que demandar más dinero. De esta forma, el emisor de moneda obtiene ingreso en forma de señoreaje.
En consecuencia, la tasa de inflación corresponde a la tasa impositiva, mientras que la proporción del ingreso que cada individuo mantiene en forma de dinero es la base imponible.
Es regresivo porque una de las principales motivaciones para demandar dinero es la necesidad de realizar transacciones para adquirir los bienes y servicios. Existen otros motivos, como el especulativo y el precautorio, pero el transaccional es el más importante.
Existe una la relación inversa entre la proporción de del ingreso que se mantiene en forma de dinero más o menos líquido y el nivel de ingreso. Es decir, se ha señalado que existen economías de escala en la demanda de dinero por motivo transaccional (Baumol y Tobin). Con lo cual, cuanto menor es el nivel de ingreso, mayor es la proporción del mismo que se mantiene en forma de dinero local.
Como la tasa de inflación es igual para todos, cuanto menor es el ingreso del individuo, mayor es la incidencia del impuesto inflacionario, convirtiéndose en un impuesto claramente regresivo.
En segundo lugar, porque la inflación a la larga, deriva en inestabilidad macroeconómica, lo que implica la ocurrencia de episodios de estancamiento y recesión (destrucción de empleo).
Al combinarse estos últimos con, justamente, alzas sostenidas en los niveles de precios, el resultado es un salto aún más brusco en el nivel de pobreza y un deterioro profundo de la distribución del ingreso.
El crecimiento sustentable puede no derivar en desarrollo económico, justamente porque puede no traducirse en una reducción de los niveles de pobreza o una mejora de la distribución del ingreso. Por eso, no es una condición suficiente.
Una razón para que así ocurra es que el proceso de crecimiento sustentable sea acompañado por un incremento de la desocupación producto de una demanda laboral anémica. Otra razón es que se incremente el perfil regresivo de la distribución de los frutos de ese proceso de crecimiento.
Estancamiento
Realizada esa introducción, resulta mucho más simple explicar por qué el proceso crecimiento local, tan elevado en cuanto a la magnitud de las tasa de crecimiento (dimensión cuantitativa), no ha logrado traducirse en un proceso de desarrollo económico (salto cualitativo).
Ya que, básicamente, si bien el grado de equidad de la distribución del ingreso y los niveles de pobreza mejoraron perceptiblemente respecto del pico de deterioro que implicó la crisis de 2001-2002; no lo han hecho respecto de los promedios de la década anterior y, aún más, permanecen estancados desde 2008 a la fecha, con dos claros picos de deterioro en 2009 y 2012 (combinación de recesión con alta inflación – estadísticas privadas).
Equipo de análisis macroeconómico de Consultora Ledesma.
Generación de puestos de trabajo
El sector público opera
como agencia de empleo
La apreciación real del peso y las tasas de interés negativas cambiaron el precio relativo de los factores productivos, encareciéndose la mano de obra respecto del capital en sentido amplio. Hay que sumar también el efecto negativo, en los últimos años, de niveles casi nulos de capacidad productiva ociosa, resultado de una baja tasa de inversión productiva.
Situación que, a su vez, derivó en un relativamente bajo nivel de capital por trabajador, que necesariamente implica una baja productividad marginal de la mano de obra, encareciéndose aún más esta última en términos relativos al capital (alta productividad marginal).
En consecuencia, ha cambiado la combinación óptima de factores productivos por unidad de producto en detrimento del trabajo, reduciéndose la elasticidad empleo-PIB de la economía local.
Esta última variable nos permite sintetizar la capacidad de una determinada economía de traducir crecimiento del producto en generación de empleo, ya que como toda elasticidad, las misma nos dice cuántos puntos porcentuales se incrementa el nivel de empleo ante un punto porcentual de crecimiento del producto.
La citada variable o relación entre variables no es constante en el tiempo. Por el contrario, es una función de los precios relativos de los factores productivos, del nivel de capacidad ociosa, la dotación de capital por trabajador, las regulaciones laborales, el nivel de conflictividad, el rol del Estado en el mercado de trabajo y las expectativas respecto de todas esas variables y el producto, entre las mas importantes.
La evolución de todas esas variables ha sido negativa durante los últimos años, con excepción de una: el rol del Estado. Justamente por eso, se generalizó la expresión “agencia de empleo público”
En ese sentido, los propios datos oficiales sugieren que, al contrario de lo que ocurrió con la demanda privada de mano de obra, la generación de empleo público estuvo lejos de desacelerar con posterioridad a la crisis recesiva de 2009.
El ritmo de crecimiento anual del nivel de empleo público se sostuvo en torno a 5% / 6% con posterioridad a ese periodo recesivo, pasando el Estado a aportar casi 40% de la generación total de empleo en el período 2009-2012. En el período previo, 2003-2008, solo había aportado 20% del incremento.
En tanto el nivel de empleo privado pasó de crecer a una tasa promedio anual en torno a 3,3% durante el período 2004-2008, a una de tan solo 0,7% anual en el período 2009-2012, evidenciando la desaceleración de la correspondiente demanda laboral, en línea con lo señalado para la elasticidad empleo-PIB y sus determinantes.
En ese contexto, y más allá de la divergencia entre las estadísticas públicas y privadas sobre el nivel real de la variable y su impacto, durante los últimos años ambas fuentes de datos han dejado en evidencia que la incidencia del desempleo se ha estabilizado. Y lo hizo en torno a 7%/8% de la población económicamente activa para las públicas y en torno 9%/10% para las privadas.
Tres coincidencias
Ambas fuentes coinciden en otros tres elementos:
a) Si el Estado no hubiera jugado un rol de agencia de empleo, el desempleo y su incidencia se hubieran incrementado de forma perceptible, ya que, en promedio, la demanda privada de mano de obra creció a un ritmo bastante menor que la oferta laboral. En particular, la oferta laboral promedió una tasa de crecimiento promedio anual en torno a 1% durante el período 2009-2012.
b) El Estado jugó también un rol importante como “agencia de empleo indirecta” a través de los distintos mecanismos de asistencia, en especial, la asignación universal por hijo, ya que esa es la principal razón por la cual la población económicamente activa pasó de promediar una tasa de crecimiento anual en torno a 1,3% a una de 0,9%.
c) Aun a pesar del rol del Estado como agencia de empleo el desempleo creció (+1,8%) durante 2012 como resultado de una demanda privada prácticamente nula y una estatal que no puedo hacerse cargo de todo el crecimiento de la oferta laboral.
En conclusión, el aporte estatal, directo e indirecto, en materia de generación de empleo y reducción de los incentivos de búsqueda, ayudó a ocultar, al menos parcialmente, otro de los efectos negativos del deterioro del esquema de política económica local: la menor capacidad de la economía real para traducir crecimiento del producto en más empleo.
Sin embargo, de cara a lo que vendrá hay que dejar en claro que la profunda situación deficitaria del Estado nacional y de las provincias deja en claro que esa no es una situación sostenible en el mediano-largo plazo.
En consecuencia, si no se avanza en las correcciones de fondo necesarias para que, por un lado, mejoren las expectativas en materia de sustentabilidad del proceso de crecimiento, y, por el otro lado, se produzca un abaratamiento relativo del trabajo; más temprano que tarde, la tasa de desempleo volverá a mostrar una tendencia creciente.
Equipo de análisis macroeconómico de Consultora Ledesma.
Salarios
¿Hay otro déjà vu
de la década de los 90?
La contracara del sostenido proceso de apreciación real del peso respecto de las monedas de nuestros principales socios comerciales es el encarecimiento relativo de la mano de obra local respecto de ellos.




