Muy poco tiempo atrás, en todas partes de hablaba constantemente de la globalización y de los mercados sin fronteras. Eso llevó a muchos políticos y líderes de empresas a subirse al tren de la globalización abierta y a tratar toda interconexión entre países como un hecho igualmente beneficioso. Pero la famosa globalización no era tanta como se decía.

Matías San Juan
Los últimos años de crisis financiera, débil crecimiento y aumento de presiones proteccionistas demostraron que el mundo está mucho menos conectado de lo que parecía. El mundo real solo está globalizado entre 10 y 25%. Esa es la tesis que defienden Pankaj Ghemawat y Steven A. Altman, en la última edición de Strategy & Business.
La mayoría de las actividades que podrían realizarse atravesando fronteras nacionales siguen siendo domésticas y los flujos internacionales existentes muestran amplias variaciones entre países, industrias y tipos de interacciones comerciales.
Ahora la tendencia es hacia la localización. Los mismos legisladores y líderes empresariales que alguna vez buscaron la apertura universal están orientando su inversión, atención y esfuerzo hacia el interior de sus propios países de origen. Pocos, sin embargo, han medido el nivel de globalización que existe en su país. Menos todavía han cuantificado el potencial inexplorado de crecimiento en sus países. De haberlo hecho, admitirían que necesitan más conexión global, todavía más que antes, pero de una forma más inteligente, más consciente y más considerada.
Al trazar un mapa de ruta para una integración más inteligente –como lo han hecho los autores de este ensayo, aquí condensado– las diferencias entre países importan mucho. Dos atributos merecen especial consideración. El primero es profundidad global. Cuando se usa el término para describir las interacciones de un país, se refiere a la magnitud de los flujos internacionales –de bienes, trabajo, información y capital– con relación al tamaño de su economía doméstica. En otras palabras, la profundidad de la una economía representa cuánto de ella se dedica a importación o exportación. Como la inversión y el comercio internacional son generalmente beneficiosos, la receta práctica para la mayoría de los países es trabajar para aumentar esa profundidad.
La otra dimensión de la conexión global es amplitud, que indica hasta qué punto se desparraman por el mundo los flujos de comercio internacional de un país o si, por el contrario, están limitados a un determinado conjunto de naciones socias. La amplitud puede ser demasiado grande o demasiado pequeña: algunos países se podrían beneficiar con más diversificación mientras que otros ganarían con más foco. Pero aunque los detalles pueden variar, la regla general se mantiene en todo el mundo: al aumentar estratégicamente la conexión internacional, los líderes políticos tienen la posibilidad de liberar enormes ganancias sociales y económicas.
Conexión y crecimiento
El primer paso es hacer una lectura fiel del valor potencial de la globalización para el propio país. Como las políticas públicas y los planes de negocios deben implementarse en países y regiones específicas, amplitud y profundidad deben ser analizadas país por país. El DHL Global Connectedness Index, compilado por primera vez en 2001, se basa exclusivamente en datos duros y no en encuestas, justamente para evitar las falsas apreciaciones.
Mide el grado de conexión según la participación de los países en diez flujos internacionales considerados beneficiosos: comercio de mercaderías, comercio de servicios, inversión extranjera directa, inversión de capital, llamadas telefónicas internacionales, tráfico internacional en Internet, comercio internacional en publicaciones impresas, turismo internacional, educación internacional y migración internacional.
El índice de 2011 cubrió 125 países que representan 98% del PBI mundial y 92% de su población. Los primeros diez lugares correspondieron, en orden descendente, a Países Bajos, Singapur, Irlanda, Suiza, Luxemburgo, Gran Bretaña, Suecia, Bélgica, Hong Kong (China) y Malta. Por profundidad solamente, los líderes fueron países pequeños: Hong Kong (China), Singapur y Luxemburgo encabezan la lista. Los países grandes tuvieron mayor amplitud en sus patrones de conexión; Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos encabezaron la lista.
La profundidad, en particular, parece fomentar el crecimiento económico. Para cualquier país, hay una fuerte correlación positiva entre la profundidad de su conexión global y las mediciones de su prosperidad, como su PBI per cápita y su ranking en el Human Development Index de Naciones Unidas. Correlatividad no es lo mismo que causalidad, pero las regresiones estadísticas muestran que luego de controlar los niveles de ingreso iniciales, los países con mayor conexión global tienden a crecer más rápido que los menos conectados.
En cuanto a conexión global general –amplitud y profundidad– los modelos económicos tradicionales captan solo una fracción de los beneficios. Hay seis formas posibles de aumentar valor mediante la globalización: agregar volumen, reducir costos (aumentando escala), diferenciar o especializar, intensificar la competencia, normalizar el riesgo y generar conocimiento.
Los modelos tradicionales suponen pleno empleo y dejan afuera las economías de escala, de modo que captan solo parte de las ganancias de agregar volumen o reducir costos. Como dejan afuera totalmente las cuatro últimas actividades, pierden beneficios como los que obtuvieron en años recientes las automotrices estadounidenses. Hoy, General Motors vende más autos en China que en Estados Unidos. Así diversifica los riesgos y se recupera de sus problemas económicos. Y los autos son cada vez más “verdes” gracias a los flujos internacionales de conocimiento.
Si se toma en consideración todo el grupo de factores, las ganancias provenientes solo de expandir el comercio de mercaderías representan un aumento de 2 a 3% del PBI global. Aunque algunos servicios siempre se van a ofrecer en forma local (cortes de pelo, por ejemplo) liberar el comercio de servicios puede aumentar las ganancias comerciales a 4% del PBI o más.
Reducir las restricciones al flujo de personas, capital e información podría expandir el PBI otro 4%, con lo que se llevaría la ganancias económicas totales a 8% o más billones de dólares en ingresos aumentados por año. Las complementariedades entre los diferentes tipos de flujo llevan el estimado todavía más arriba. Los beneficios culturales, políticos y de seguridad nacional suelen obtenerse con una globalización más profunda y más amplia: la prosperidad por lo general atempera la xenofobia y los conflictos militares disminuyen.
Capitalizando la conexión
Algunas ideas para crear una participación más próspera.
1. Fotografiar el mundo para evaluar posibles ganancias. Los mapas que cambian el tamaño de los países sobre la base de su comercio, población, información y flujos de capital pero que sin embargo mantienen su tradicional forma y posición ayudan a revelar los impulsores de la conexión. Hay a disposición casi 500 de esos mapas extraídos de las perspectivas de más de 190 países (www.ghemawat.com/maps)
2. Comprender qué hay de único en la situación de su país. Las conexiones globales están condicionadas fuertemente por el perfil cultural, político, geográfico y económico de cada país. El índice DHL brinda información resumida sobre esos factores, enfocándose en detalles como afinidad lingüística, integración comercial regional, lejanía y PBI per cápita.
3. Aumentar profundidad mediante políticas internacionales y domésticas. Cada país tiene mucho para ganar aumentando la profundidad de sus conexiones con otros países. Deberá implementar políticas que apoyen directamente los flujos internacionales y medidas que mejoren el entorno comercial interno del país, como reducir los obstáculos legales para comenzar y hacer arrancar un negocio.
4. Analizar la amplitud para encontrar mercados inexplorados. Algunos países se concentran demasiado en solo unos pocos socios comerciales, mientras que otros se pierden oportunidades cercanas. No trate la conexión global como un juego de suma cero; expanda su comercio en lugar de sacar las fichas de un país y ponerlas en otro.
5. Recordar la importancia de la distancia. Para la mayoría de los países, las conexiones más profundas serán con otros países dentro de sus propias regiones. En realidad, 50 o 60% del comercio, inversión extranjera directa, llamadas telefónicas y migraciones tienen lugar “dentro” más que “entre” regiones, y las regiones con más lazos intra-regionales tienden a ser mucho más prósperas. Esto es natural dadas las coincidencias culturales, administrativas, geográficas y económicas que por lo general unen a las regiones.
6. No olvidar la conexión interna. Países grandes y diversos, como India y Nigeria, pueden obtener notables ganancias tendiendo redes entre sus regiones. Hasta algunos pequeños países ricos, como Bélgica, con su división entre Flandes y Valonia, tienen oportunidades de mayor integración interna.
7. Buscar de tener fuertes flujos en ambas direcciones: hacia adentro y hacia afuera. El problema de México de insuficiente amplitud en la exportación de mercancías no se traslada a sus importaciones: casi la mitad de las mercaderías importadas viene de fuera de América del norte. El reciente ascenso de India en los rankings de conexión fue alimentado casi totalmente por la inversión extranjera directa (FDI) saliente, lo cual tapa el hecho de que todavía se ubica en el ultimo 10% de países en la profundidad de su FDI entrante.
8. Reconocer la importancia de las importaciones. No confundir una estrategia de desarrollo exclusivamente exportadora con una verdadera estrategia de conexión global. Las importaciones de bienes de capital –maquinaria, equipos y productos relacionados con infraestructura– aumentan la productividad facilitando la adopción de nuevas tecnologías. Hay nuevas pruebas que sugieren que las importaciones podrían acelerar el crecimiento de la productividad más rápido que las exportaciones. Importar suele también ser el primer paso en la internacionalización de pequeñas y medianas empresas que luego pasan a exportar.
9. Reconocer que el cambio en la demanda mundial se produce a largo plazo. Puede llevar años, si no generaciones, crear sólidas conexiones internacionales; éstas suelen estar basadas en factores autóctonos como la proporción de población de un país que habla un idioma extranjero. Por esta razón, el cambio en el centro de gravedad económico mundial es fundamental para cada país. Ya ha cambiado bastante, desde el Atlántico medio en 1980 a alrededor de Izmir, Turquía en 2008; los pronósticos sugieren que se mudará a la frontera India-China en 2050. Dicho de otro modo, para participar en los mercados de mayor desarrollo del mundo, la mayoría de las naciones occidentales necesitarán aumentar sus alcances para tratar más eficazmente con diferencias y distancias entre países.
10. Resistir el proteccionismo. Finalmente, el caso a favor de la conexión global debe articularse con mayor claridad y mayor fuerza. A menudo los líderes empresariales y políticos encuentran más cómodo seguir a la opinión pública –que es cada vez más proteccionista en muchos países del mundo– que argumentar con fuerza a favor de más integración. Defender la conexión exige despejar mitos sobre daños supuestamente asociados a la globalización.
Para ilustrar cabalmente por qué es tan importante corregir las exageraciones que se producen en su nombre, los respondentes de una encuesta reciente en Francia estimaban que los inmigrantes conforman 24% de la población del país. La cifra correcta es solo 8%. Tal vez la retórica anti inmigración no habría sido tan prominente en las elecciones presidenciales de 2012 si el público hubiera tenido una lectura más fiel sobre el actual alcance de la globalización.
Las oportunidades de ganar con una conexión más global no son evidentes. La mayoría de nosotros debe ajustar su visión del mundo para ver las posibilidades existentes y debemos salir primero a formar nuevas conexiones antes de que aparezcan a la vista oportunidades específicas. Todavía nos podemos beneficiar enormemente con más expansión de los círculos de cooperación humana, especialmente cuando se hace de forma deliberada, captando ganancias tangibles mientras evitamos posibles caídas.

