martes, 28 de abril de 2026

    Un nuevo marketing genera entusiasmo, reservas y objeciones

    Algunos
    objetan que si el elogio de un producto deja de ser espontáneo,
    tampoco es del todo ético.

    El
    método consiste en reunir a un grupo de voluntarios, darles a probar
    un producto que aún no ha salido al mercado y luego pedirles que
    salgan a la calle a contar sus experiencias a su grupo de relaciones.
    La idea es que cuanta más gente escuche hablar sobre el producto
    a personas de su conocimiento y confianza, más probabilidad habrá
    de que terminen comprándolo. El boca a boca es, desde hace mucho
    tiempo, el método por el cual mucha gente descubre productos, películas,
    libros o restaurantes. Pero esta práctica siempre había
    sido espontánea. Lo novedoso es que las empresas, deliberadamente,
    originen y promuevan el boca a boca y, una vez completada "la campaña",
    midan su efecto en las ventas.

    Hay
    diversas maneras de hacerlo. Algunas empresas eligen personalidades que
    pueden ser iniciadoras de tendencias culturales. Son aquellas que la gente
    ve como expertos, conocedores o referentes, personas que, naturalmente,
    definen lo que es de buena calidad, lo que queda bien, lo que vale la
    pena comprar. Todo, antes de que el resto del mundo perciba siquiera la
    existencia de ese producto. Son los que recomiendan un restaurante, los
    que se visten diferente y a quienes los demás les confieren autoridad
    para discriminar entre lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo.

    Procter
    & Gamble inició este método a gran escala cuando reclutó
    a 250.000 adolescentes para difundir la aparición de sus nuevos
    productos. Ahora, hará lo mismo con un grupo de madres.

    Otras
    empresas prefieren elegir, no tanto a personas con influencia, sino a
    quienes tienen contactos en muchos círculos diferentes para que
    la difusión sea más rápida.

    El
    boca a boca inducido (buzz marketing en Estados Unidos) es una
    táctica en abierto contraste con la publicidad tradicional en radio
    o televisión, o sea el clásico marketing masivo basado en
    la premisa de difundir el mensaje al mayor número posible de consumidores
    interesados. Llamado por algunos micromarketing, supone que un
    mensaje persona-a-persona es mucho más poderoso justamente por
    ser individual. En consecuencia, si se reclutara una cantidad suficiente
    de personas con muchos contactos cada una, podría llegar a más
    gente que un mensaje de difusión mediática.

    Reservas

    Hay
    quien teme, sin embargo, que por más éxito que pueda tener
    ahora, la eficacia del método está condenada a licuarse
    si se lo usa en exceso. El profesor de marketing Peter S. Fader cree que
    la práctica entusiasma por ser "no tradicional", pero
    que pronto le puede ocurrir lo que a los avisos saltones (pop-up)
    en la Web o al marketing por e-mail. Ambas cosas, dice,
    parecían muy interesantes cinco años atrás pero,
    de entonces a ahora, se han convertido en un fenomenal fastidio para mucha
    gente. Por el uso excesivo pasaron de técnica inteligente a molestia
    generalizada.

    Con
    este nuevo tipo de marketing podría ocurrir lo mismo. Por lo tanto,
    dice Fader, debe ser utilizado con mucho criterio para que mantenga su
    eficacia. De lo contrario, la gente se volverá inmune al "virus"
    que los anunciantes están tratando de propagar. Pero Fader es pesimista.
    No cree que las empresas logren mantener el método como herramienta
    efectiva porque su experiencia le dice que nunca saben contenerse cuando
    descubren una nueva metodología de marketing.

    David
    R. Bell, también especialista en la materia, ve otro peligro: que,
    siendo una táctica, se lo considere una estrategia. El recurso
    del boca a boca inducido es uno de los muchos elementos que una empresa
    debe poner en práctica cuando trata de llevar un nuevo producto
    al mercado. Es preciso tener en cuenta que no es más que una forma
    especializada y, por tanto, debe combinarse con otras formas de marketing
    tradicional para crear un patrón de tácticas que pueda sostener
    la estrategia general.

    Bell,
    quien realizó a pedido de Netgrocer.com un estudio para detectar
    patrones de compra en los consumidores, descubrió otra cosa. El
    boca a boca tiene un período de duración limitado: "Antes
    de probar algo nuevo, la gente no tiene experiencia propia para emitir
    juicio, por eso hará una prueba sobre la base de lo que le digan.
    Pero para una segunda compra, ya no necesita la opinión de terceros.
    Esa compra la hará solamente si el producto le gustó".

    Objeciones
    éticas

    En
    el ámbito de una mesa redonda sobre el tema, realizada en la Escuela
    de Negocios Wharton, se perfilaron dos posturas. Una advierte un problema
    de tipo ético, y la otra no lo ve.

    En
    la mayoría de los casos —aseguran quienes sostienen la primera—,
    cuando los anunciantes hablan de "agentes" de divulgación
    se refieren a ciudadanos comunes que se prestan voluntariamente a ser
    chanchitos de indias de los productos. Es gente que aunque no recibe compensación
    financiera por su colaboración, sí recibe productos antes
    de su salida al mercado a cambio de la promesa de recomendarlos si les
    gustan. Además, se comprometen a informar a la compañía
    lo que ellos, y los demás, piensan sobre los productos. Eso —argumentan—
    puede ser considerado poco ético ya que, aunque no reciben compensación
    monetaria, sí obtienen compensación en especies a cambio
    de sus servicios. Además, cuando elogian el producto ante otros,
    no revelan su condición de agentes. Desde el punto de vista del
    receptor —quien escucha a un amigo hablar de algo con entusiasmo—,
    es de suponer que si a la larga se entera de que en realidad ese entusiasmo
    era un esfuerzo corporativo preparado especialmente para hacer circular
    la noticia por las calles, se va a sentir decepcionado o incluso engañado.
    En última instancia, el daño lo sufrirá el valor
    de marca de la compañía.

    Para
    otros, el panorama es todavía más grave porque hace pensar
    en un futuro en el cual las empresas anunciantes no dejen resquicio de
    la sociedad sin invadir, hasta el punto de degradar toda interacción
    social para convertirla en una transacción de marketing en la que
    nadie puede estar seguro de las verdaderas opiniones o intenciones de
    los demás.

    La
    profesora Lisa Bolton —quien adhiere a esta línea más
    dura de interpretar buzz marketing— preguntó, durante
    la sesión en Wharton, a un grupo de estudiantes que habían
    actuado como agentes en varias de estas campañas para diferentes
    empresas, cómo veían el procedimiento. Casi en su totalidad,
    dijeron que como sólo actúan como agentes cuando los productos
    les gustan de verdad, no mienten cuando los elogian. Pero admitieron que
    no se identifican como agentes a menos que se les pregunte directamente.
    Cuando un agente no se presenta como tal, la interacción con su
    "cliente" es engañosa y, por lo tanto, poco ética,
    sostiene Bolton.

    Investigaciones
    psicológicas sugieren que los consumidores están más
    predispuestos a convencerse cuando no saben que la otra persona está
    tratando de convencerlos. El hecho de no revelar la verdadera intención
    debilita la interacción social. Por lo general, suponemos que la
    otra persona, en una conversación corriente, no está tratando
    de vendernos algo. Cuando sabemos que lo que escuchamos es un discurso
    de marketing podemos levantar barreras para protegernos, dice la académica.

    Jerry
    Wind forma parte de quienes no coinciden con esta visión: "Yo
    no veo ningún problema ético si la empresa se limita simplemente
    a poner en contacto al futuro agente con el producto, para luego dejarlo
    en total libertad para decir lo que se le antoje. Ahora, si nosotros decimos
    ‘Aquí está el producto y aquí está
    lo que hay que decir’
    , entonces sí se debilita la credibilidad.
    Pero los consumidores son más inteligentes de lo que creemos, esto
    no es como entregar muestras. Esto es poner al producto en exposición.
    Nadie obliga a comprar nada, sólo se les hace saber. La gente lo
    probará, y si es de su agrado, entonces tal vez lo vuelva a comprar.
    Si, en cambio, no le gusta o no le sirve, no lo volverá a comprar
    jamás".

    Para
    Wind, además, el boca a boca obligará a las empresas a crear
    mejores productos. Las investigaciones muestran que el boca a boca negativo
    es siete veces más poderoso que el positivo. Esto realmente empuja
    a las empresas a tener sólo buenos productos. "De lo contrario,
    cuando soltamos a la gente a decir lo que quiera, podríamos buscarnos
    problemas serios", subraya.