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Con
el tiempo, los derivados pasarían a productos primarios, tasas,
riesgo institucional —soberano o privado— y, por fin, a la economía.
En su caso, vía la inflación.
En
escala empresarial, los derivados se aplican a activos y pasivos. Justamente,
ahí surgen los exportadores, "expuestos a riesgos vía
los bienes que venden y las monedas que manejan", señala Fernando
Canzani, representante de Standard Bank London (SB).
"Muchos
exportadores de productos primarios o agrícolas, creen que ese
tipo de riesgos no les atañe. Lo vemos entre nuestros clientes.
Pero no es así". Tanto no lo es que, en octubre pasado, la
entidad realizó un seminario en Carmelo para hacer "trabajos
prácticos" —no teoría— sobre casos concretos.
El SB cree que es preciso educar a los clientes, en particular las empresas
medianas y pequeñas.
Fundamentalmente,
existen dos herramientas para gestionar riesgos: credit deferred swap
(CDS, pase de crédito diferido) y credit-linked note (CLN,
nota ligada al crédito). La primera transfiere el riesgo a un intermediario
especializado. Por ejemplo, el exportador A le vende determinado insumo
al importador B vía un crédito de US$ 200 millones. En cierto
momento, este crédito se agota y, justo, B necesita importar por
US$ 100 millones adicionales.
Sin
tiempo para ampliar el crédito, por una razón u otra, A
acude al mercado y pregunta quién compraría un pagaré
de B y en qué condiciones. Pero, si las cosas se complican, surge
la opción del CDS; o sea, buscar quien tome el riesgo crediticio
mismo. Eso involucra a un banco intermediario, que arma el instrumento.
Ahora
bien, si B tiene graves problemas o se viene abajo, quien compró
el riesgo se hace cargo. Mientras tanto, A retiene aquel pagaré,
pero se ha sacado de encima el riesgo. Esta mecánica vale también
a escala de riesgo soberano. Obviamente, el CDS implica un mercado mucho
más veloz. En último análisis, es un instrumento
a medida, apto para inversores institucionales (esto es, profesionales).
En
lo tocante a la nota ligada al crédito (CLN), es un instrumento
más específicamente orientado a inversores que el anterior.
Por ejemplo, A —otro A, no un exportador— anda líquido
y quiere colocarse en un país X. Llama al Standard Bank y le pregunta
a Canziani qué menú hay disponible.
Éste
le responde: bonos del gobierno a quince, diez o cinco años. No,
el cliente busca un plazo más corto. "Hay letras a seis meses".
Pero ¿no tienen nada en el medio, digamos a dos años? "No".
En este punto aparecen los derivados, que permiten "armar" una
CLN que refleje el riesgo a dos años. La CLN tiene una desventaja:
carece de liquidez, porque no hay un mercado específico detrás.
Muy
bien, pero ¿por qué estos tipos de operatoria surgen recién
ahora en la Argentina? Técnicamente, señala el experto,
"porque las empresas han reestructurado pasivos y pueden bajar sus
riesgos. Además, ya no hay caja de conversión ni paridad
dólar". En cuanto a los exportadores, se encuentran ante monedas
que fluctúan, un escenario inédito desde hace varios años.
Por
ende, "remontan vuelo el mercado monetario y sus derivados. Pero
existe un motivo más de fondo: la inflación y su cuota de
incertidumbre. Tanto local como internacional". Como corolario, convergen
inflación, tasas y monedas, una combinación ideal para los
derivados.
¿Qué
es el SB?
El Standard Bank Group
(fundado en 1862) es la mayor entidad financiera de Sudáfrica y
la segunda proveedora de financiamiento para exportaciones (forfaiting).
Sus componentes son Standard Bank —banco universal—, SB London
(banca de inversión) y Liberty Life (seguros).
A su vez, el SB London
actúa en planeamiento de inversiones, consultoría orientada
al comercio, servicios discrecionales de inversión, inversiones
alternativas (fondos de cobertura, entre ellas) y emisión de deuda
empresarial en mercados de capitales.
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