La gestión de la reputación empresarial frente a la innovación y los desafíos del entorno digital
En Latinoamérica, la gestión planificada de la reputación se consolida como pilar para el crecimiento en sectores tecnológicos y financieros. El auge de noticias falsas y deepfakes plantea riesgos adicionales, según datos de Statista y Redline, impactando en la percepción y credibilidad de las empresas.

La gestión de la reputación ha adquirido relevancia estratégica para empresas que operan en tecnología, banca y ciberseguridad en Latinoamérica. De acuerdo con Mordor Intelligence, el mercado de relaciones públicas se proyecta a alcanzar los 153.180 millones de dólares en 2030, reflejando el valor que adquieren las acciones orientadas a fortalecer la imagen corporativa.
Catalina Jiménez Combariza, fundadora y directora de Sentidos Comunicaciones, sostiene que las relaciones entre empresas y sus públicos deben basarse en autenticidad y transparencia. Para la ejecutiva, la planificación resulta indispensable, y advierte que responder únicamente ante crisis puede poner en riesgo años de trabajo. “Un mensaje equivocado, una vulneración de datos o una filtración pueden comprometer años de trabajo si no se ha construido un ‘ahorro reputacional’”, afirma Jiménez Combariza.
La especialista recomienda tres ejes para una estrategia efectiva: identificar y segmentar grupos de interés, definir mensajes clave alineados con los objetivos organizacionales y seleccionar cuidadosamente los medios y herramientas de comunicación más adecuados. En este contexto, el fenómeno de las noticias falsas y los deepfakes representa un desafío adicional. Según Statista, el consumo de noticias falsas alcanza el 80% en Latinoamérica y el 71% en España; por su parte, Redline informó la difusión de más de 500.000 piezas de deepfakes en Estados Unidos entre 2022 y 2023. El 56,4% de los usuarios de Internet expresa preocupación por la veracidad de la información.
Casos recientes en México y crisis como la de Facebook y Meta evidencian la rapidez con la que la reputación puede verse afectada. El impacto resulta especialmente significativo en empresas tecnológicas y emergentes, donde la percepción positiva de clientes y reguladores es fundamental para el crecimiento.
Jiménez Combariza concluye: “Una estrategia de relaciones públicas no solo da visibilidad: construye narrativas que fortalecen al sector y permiten a las empresas proyectarse más allá de sus mercados locales”.
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