Si las promesas de Trump pasaran a ser realidad …
Hay dos grandes acuerdos bipartidarios en Estados Unidos, que corren serio riesgo de terminar con el nuevo mandatario. Al menos, si cumple las promesas hechas durante la campaña electoral.
Uno es la adhesión a acuerdos de libre comercio globales. El otro es la vigencia de alianzas militares a gran escala, lideradas por Washington, para preservar –al menos así reza la declaratoria usual- la paz mundial.
Socios importantes de la superpotencia no esconden su inquietud y sus temores. Las suposiciones alcanzan a todos los gobiernos europeos, a Gran Bretaña (el socio privilegiado), a Canadá y México (el NAFTA peligra), Japón, y también los países nórdicos y bálticos.
Son las políticas enunciadas durante la contienda electoral, pero también los gestos y la personalidad de Trump los que alientan incertidumbres y ansiedades.
Se espera una oleada proteccionista en lo comercial y aislacionista en los actuales vínculos con el resto del mundo. El principal arsenal nuclear del mundo bajo el mando de Trump hace temblar a amigos y enemigos.
Toda la estrategia de contención de China en Asia puede ser abandonada (dijo que impondría aranceles de 45% a los productos chinos), dejando en situación muy desventajosa a los hasta hoy aliados de Estados Unidos.
Si se ingresa en una guerra comercial en gran escala –como muchos suponen- habría una larga etapa recesiva (mucho peor que lo ocurrido en 2008).
Los aliados militares recuerdan bien lo que afirmó en la campaña: los que quieran protección militar de Estados Unidos, deberán pagarla. No la parte proporcional, sino toda la que reciban. Es decir, los tratados defensivos serán una fuente de ingresos para el país. Japón y Corea ya hacen las cuentas y temen que Trump esté listo a tolerar una zona exclusiva de seguridad de China. Estados Unidos absorbe hoy 75% del costo total de la OTAN.
Pero estos tradicionales amigos y aliados de Washington no tienen alternativas. Centros de poder son Rusia, China y Estados Unidos. Y en muchísima menor medida, la Unión Europea.
Todos se preguntan qué ocurrirá en el futuro cercano con organizaciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la OCDE. Entre tanto, la nueva derecha populista europea celebra –por ahora- la llegada del millonario a la Casa Blanca.
Artículos relacionados

Cuando el imperio recuerda que tiene patio: Lula, Trump y la geometría rota del Sur
Hay un instante, antes de que las cámaras se enciendan en el Despacho Oval, en que dos hombres viejos —Trump tiene setenta y nueve años, Lula ochenta— se observan como si midieran la distancia entre sus respectivos abismos. No es un saludo: es un cálculo. Cada uno carga sobre los hombros la historia entera de sus repúblicas, y sin embargo lo que define el encuentro del 7 de mayo en Washington no es el peso del pasado sino la liviandad inesperada con la que ambos eligen, por una vez, no derribarse mutuamente. Tres horas duró la reunión —prevista para apenas hora y veinte— y el comunicado posterior, redactado en el idioma anodino de las cancillerías, deja una sensación que conviene examinar con calma: el imperio sonríe, pero la sonrisa, como en todo Trump, es la antesala de una factura.

Larry Ellison y la nube que redefine el poder de la IA
Oracle pasó de ser un actor rezagado en la nube a convertirse en una pieza central de la infraestructura de OpenAI. El giro reposiciona a Larry Ellison en la disputa por la inteligencia artificial, pero también expone a la compañía a una apuesta financiera y política de escala inédita.

Cannes 79, el año en que la Croisette se quedó sin estudios
Hay festivales que se inauguran como se cierra una temporada de ópera —con un coup de théâtre, una diva de la última fila, un escándalo prefabricado en el guardarropa— y hay festivales que se inauguran como esta 79ª edición de Cannes: con una comedia de entreguerras de Pierre Salvadori, La Venus eléctrica, que llega fuera de competencia y con la modestia programática de quien sabe que abrir Cannes es, sobre todo, no estorbar lo que viene después.

