Laura Krochik analiza la culpa materna y su impacto en la crianza
La especialista en vínculos y crianzas abordó cómo la exigencia y los mandatos activan la culpa y por qué, de acuerdo con diversos estudios, 9 de cada 10 madres la sienten al dedicar tiempo al autocuidado, con efectos sobre el bienestar y el vínculo con los hijos

La especialista en vínculos y crianzas Laura Krochik puso el foco en la culpa como una experiencia frecuente en la maternidad y en sus efectos sobre la salud mental, el cuerpo y la calidad del vínculo con los hijos. En Buenos Aires, en febrero de 2026, planteó que la culpa suele activarse cuando una madre siente que “debería ser otra cosa”: más paciente, más disponible o más perfecta, en un marco de exigencias internas y sociales.
El interrogante sobre si es posible maternar sin culpa aparece con regularidad en su práctica profesional. “Es una pregunta que escucho a diario y aparece con fuerza en mis consultas”, dijo Laura Krochik, especialista en vínculos y crianzas. En su enfoque, la crianza no se ajusta a un conjunto fijo de normas, sino que se construye en un vínculo cambiante, que requiere coherencia interna más que exigencias externas.
En Argentina y la región, la tensión entre lo que “se debe” y lo que se desea se expresa en conductas concretas. Diversos estudios señalan que 9 de cada 10 madres sienten culpa al hacer cosas para sí mismas, como ejercitarse, salir a pasear o tomar un café, incluso cuando reconocen que su bienestar también impacta positivamente en sus hijos. Ese dato ubica la culpa no como un episodio aislado, sino como un componente cotidiano de la experiencia materna.
Krochik vinculó esa dinámica con el perfeccionismo sostenido y la autoexigencia. Estudios científicos en salud mental materna muestran que el estrés materno persistente, ligado a autoexigencias internas y sociales, se asocia con mayores síntomas de ansiedad, depresión y estrés psicológico, especialmente en el posparto y en los primeros años de crianza. Ese cuadro también influye en la calidad del vínculo con el niño y en su desarrollo afectivo.
Aunque la mayor parte de la literatura sobre efectos fisiológicos concretos es global y no específica de Argentina, Krochik sostuvo que la evidencia internacional coincide en un punto: cuando la madre vive en un estado crónico de tensión y culpa, esa experiencia se expresa en el cuerpo y en las emociones, con impacto sobre el bienestar integral.
En la práctica, describió cambios vinculados a la sinceridad emocional y a la presencia. “Una de las transformaciones más profundas que observo en mi trabajo ocurre cuando una madre reconoce su deseo real: no “debo” ser perfecta, sino que quiero estar aquí con amor, con coherencia, con verdad”, relató Krochik.
Como herramientas, enumeró la conciencia emocional, las redes de apoyo, el autocuidado realista y un lenguaje afectivo auténtico, orientados a sostener la disponibilidad emocional sin quedar atrapadas en mandatos ajenos. “La culpa se diluye cuando entendemos algo esencial: lo que construye un buen vínculo no es hacerlo todo, sino hacer lo posible, con amor y verdad”, dijo Laura Krochik, especialista en vínculos y crianzas.
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