Colosal deuda pública y privada acumulada
Los gobiernos del mundo están desembolsando más de US$ 5 billones (5 millones de millones) para que sus países no se vean arrastrados hacia un colosal agujero negro económico. Pero ¿quiénes reciben ese dinero? ¿Y cómo se devolverá esa deuda?

La necesidad de ayuda estatal es altísima. En Estados Unidos, Donald Trump firmó un proyecto para canalizar otros US$ 310.000 millones al fondo para pequeñas empresas, El primer desembolso, de US$ 350.000 millones, voló en 14 días. En Gran Bretaña, 185.000 empresas pidieron ayuda para un plan de retención de empleos. El gobierno suizo tuvo que duplicar el monto de su programa de créditos a las empresas. En una crisis como esta, muchos dicen que lo más importante es desembolsar dinero rápido. Aún así, hace falta transparencia: dar a conocer los nombres de los beneficiados. Eso podría impedir las irregularidades en programas creados a la carrera. El dinero debía ir a empresas pequeñas. Eso parece apropiado porque las empresas cotizantes pueden tener acceso a financiamiento institucional mientras que los operadores pequeños no. La
Small Business Administration
señaló que las firmas cotizantes no serán elegibles en la próxima remesa de dinero y abrió la puerta para que las empresas grandes devuelvan los fondos mal asignados de los contribuyentes. Los efectos colaterales de estos programas suelen durar más que los préstamos. Hace 10 años, los US$700.000 millones del programa
Troubled Asset Relief
provocó una revuelta política: se interpretó como un rescate a bancos que habían preferido proteger a sus dirigentes y no al resto de los trabajadores. Esta vez, la Reserva Federal, que durante la crisis financiera se resistió a revelar los nombres de los que recibían la ayuda, anuncia que dará a conocer a quién van los préstamos de emergencia.
La deuda
Según el FMI, las economías avanzadas van a tener este año un déficit de 11% del PBI, aunque en el segundo semestre no haya más cuarentenas y se vea una recuperación gradual. La deuda pública del mundo rico podría ascender a US$ 66 billones (millones de millones, o 122% del PBI para fin de año. Los gobiernos que deseen reducir esa deuda tendrán tres opciones para elegir: 1) repagar los préstamos mediante impuestos. 2) optar por no pagar y acordar una quita con los acreedores. 3) esperar y renegociar los vencimientos de la deuda esperando que con el tiempo se reduzcan con relación a la economía. A la cancelación de deuda con recaudación futura de impuestos la limita el factor político. Esa estrategia requiere combinar suba de impuestos --que molesta a mucha gente-- con recorte del gasto en otras cosas, que también molesta a mucha gente. La segunda opción – incumplimiento o reestructuración de la deuda - puede ser la que se vean obligadas a elegir las economías emergentes que no tienen otra salida. Pero les causa también mucho sufrimiento. Una economía moderna integrada a los mercados financieros globales tiene un problema enorme si los mercados de capitales la excluyen por considerarla de alto riesgo. La tercera opción, renegociar y postergar repagos, implica salir de la deuda con crecimiento. El secreto de esto es lograr que el nivel combinado de crecimiento económico real e inflación se mantenga por encima de la tasa de interés que el gobierno paga por su deuda. Eso permite que con el tiempo la relación PBI/deuda se contraiga.
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