Por Juan Manuel Fernández Covaro (*)
La combinación de inflación crónica, informalidad laboral y un marco regulatorio inestable explica esta brecha estructural que condiciona el desarrollo del sistema.
El debate sobre open banking y open finance se encuentra en una etapa inicial. Existen avances puntuales en interoperabilidad de pagos y en el uso de APIs, pero todavía falta un marco integral que dé previsibilidad. La experiencia internacional muestra que la clave está en fijar estándares claros, asegurar la gobernanza de los datos y articular la cooperación entre bancos y fintech. En la Argentina, el sistema aún no tiene la madurez necesaria, aunque sí la posibilidad de dar un salto si se alinean incentivos y reglas.
Las finanzas embebidas aparecen como un vector de crecimiento interesante. La penetración de plataformas digitales y el comercio electrónico ofrecen terreno fértil para integrar servicios financieros de manera casi invisible al usuario. Allí surgen oportunidades en crédito en el punto de venta, soluciones de pago integradas y seguros digitales. El reto es que conviven restricciones cambiarias, una baja formalización de segmentos objetivo y la necesidad de sostener fuertes inversiones tecnológicas para escalar.
Avance algo lento
En cuanto a la segmentación con scorings alternativos, la tecnología hoy permite evaluar clientes con información distinta a la tradicional, mediante comportamiento de pagos, huella digital, facturación en línea. Sin embargo, los bancos locales avanzan con cautela. A las limitaciones regulatorias en el uso de datos no financieros se suma la falta de bases de datos compartidas y el costo que implica desarrollar estas capacidades en entidades medianas. El resultado es una adopción más lenta que en otros mercados.
La banca del futuro se proyecta más como un ecosistema que como una red de sucursales. La intermediación tradicional seguirá existiendo, pero el valor se trasladará a la capacidad de integrar servicios, operar con datos en tiempo real y personalizar la oferta.
Las finanzas estarán embebidas en múltiples interacciones cotidianas, desde el comercio hasta la movilidad. La confianza seguirá siendo el activo central de la banca, aunque se exprese en un formato mucho más digital, abierto y distribuido que el que conocimos hasta ahora.
(*) CFO de BiBank












