General Motors: ¿al borde de pasar a categoría chatarra?
Mientras las calificadoras de crédito analizan posibilidades de rebajar a chatarra los bonos de GM, el Wall Street Journal tilda de cacharro a la mayor automotriz del mundo. Accionistas e inversores temen por el futuro.
Esos síntomas salieron nuevamente a la superficie cuando el gigante de Detroit reveló algunos de sus planes para salir de apuros financieros, ante un mercado escéptico. Escenario: la muestra automvilística internacional de Nueva York.
Ahí, Gary Cowger, presidente de operaciones en Norteamérica (Estados Unidos y Canadá, la división más castigada), sostuvo que la mejor forma de superar la anemia de ventas consiste en “cumplir mejor con las tareas de marketing”. También con las de publicidad: “¿por qué la gente no sabe, por ejemplo, que GM será el único fabricante con sistemas de comuincación OnStar en todos sus vehículos?”.
Probablemente, porque sería prematuro sacar avisos sobre algo que recién ocurrirá en 2010. Al ora Argus Research) se mostró escéptico. Puntualizó que la empresa había gastado más de US$ 6.000 millones anuales, en los últimos tiempos, con pobres resultados. ”¿Por qué no cierran la canilla y desisten de productos espectaculares –dijo-, que después no marchan bien?” El ejecutivo interpelado no respondió.
Entretanto, la compañía sigue agobiada por miles de millones en gastos de atención médica y planes de jubilación, espantajos de moda entre analistas de mercado y fanáticos de la productividad. Naturalmente, Cowger admite que “es preciso reorganizar la cobertura de salud, eliminando privilegios y ofreciendo a los trabajadores por hora las mismas prestaciones que las brindadas a los asalariados”. Habría que ver cómo le venden la idea a un sindicato tan poderosos como United Autro Workers.
Días atrás, la firma anticipaba que las malas ventas y los altos costos echarían por tierra sus estimaciones de utilidades y flujo de caja en 2005. Dado que el margen, en el primer caso, puede alcanzar a 80% de los pronósticos anteriores, la acción se desplomó al nivel más exiguo desde 1994 y, de un golpe, redujo en 13% la capitalizaciíon bursátil del paquete. En ese punto, las calificadoras comenzaron a estudiar posibilidades de pasar a chtarra una deuda titulizada cercana a los US$ 300.000 millones.
Esos síntomas salieron nuevamente a la superficie cuando el gigante de Detroit reveló algunos de sus planes para salir de apuros financieros, ante un mercado escéptico. Escenario: la muestra automvilística internacional de Nueva York.
Ahí, Gary Cowger, presidente de operaciones en Norteamérica (Estados Unidos y Canadá, la división más castigada), sostuvo que la mejor forma de superar la anemia de ventas consiste en “cumplir mejor con las tareas de marketing”. También con las de publicidad: “¿por qué la gente no sabe, por ejemplo, que GM será el único fabricante con sistemas de comuincación OnStar en todos sus vehículos?”.
Probablemente, porque sería prematuro sacar avisos sobre algo que recién ocurrirá en 2010. Al ora Argus Research) se mostró escéptico. Puntualizó que la empresa había gastado más de US$ 6.000 millones anuales, en los últimos tiempos, con pobres resultados. ”¿Por qué no cierran la canilla y desisten de productos espectaculares –dijo-, que después no marchan bien?” El ejecutivo interpelado no respondió.
Entretanto, la compañía sigue agobiada por miles de millones en gastos de atención médica y planes de jubilación, espantajos de moda entre analistas de mercado y fanáticos de la productividad. Naturalmente, Cowger admite que “es preciso reorganizar la cobertura de salud, eliminando privilegios y ofreciendo a los trabajadores por hora las mismas prestaciones que las brindadas a los asalariados”. Habría que ver cómo le venden la idea a un sindicato tan poderosos como United Autro Workers.
Días atrás, la firma anticipaba que las malas ventas y los altos costos echarían por tierra sus estimaciones de utilidades y flujo de caja en 2005. Dado que el margen, en el primer caso, puede alcanzar a 80% de los pronósticos anteriores, la acción se desplomó al nivel más exiguo desde 1994 y, de un golpe, redujo en 13% la capitalizaciíon bursátil del paquete. En ese punto, las calificadoras comenzaron a estudiar posibilidades de pasar a chtarra una deuda titulizada cercana a los US$ 300.000 millones.
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