Enron usó al Banco Mundial para sobornar guatemaltecos
Como si fuera poco lo ya conocido, se sabe ahora que Enron usó al Banco Mundial para transferir unos US$ 17 millones en pagos dudosos a empresarios guatemaltecos. Al parecer, eran premios por amañar una licitación.
Investigaciones parlamentarias en Estados Unidos descubrieron que el contrato
para levantar la mayor usina eléctrica en Centroamérica fue ganado
con trampa. Pero el truco quedó a la vista al revisarse erogaciones efectuadas
por Enron (1992-5), en concepto de compras de combustibles, y descontadas a efectos
tributarios. Así figura en un informe de 500 páginas preparado por
la comisión de Finanzas del Senado.
El análisis describe cómo Enron eludía el escrutinio de Washington
sobre operaciones en el exterior, especialmente si incluían sobornos a
funcionarios y gestores. El caso del proyecto eléctrico, años anterior
al colapso del grupo (2001), demuestra la falta de supervisión sobre las
grandes empresas norteamericanas. Enron y sus “socios” guatemaltecos
“también aprovecharon la laxitud del Banco Internacional de Reconstrucción
y Fomento (BIRF, o sea Banco Mundial) y lo empleaban como canal para pagar el
tráfico de influencias”, afirman los senadores.
Tampoco sale bien parada la Comisión Federal de Valores (SEC), que no se
tomó la molestia de colaborar, en 1999, con el Internal Revenue Service
(la DGI de allá). En aquel momento, el IRS tenía dudas sobre aquellos
US$ 17 millones y otras sumas. Por otra parte, la investigación puso en
evidencia que algunos ejecutivos de Enron fueron recompensados por armar ese tipo
de maniobras. Entre ellos, David Haug, Rebecca Mark y Thomas White, luego nombrado
secretario de Ejército por George W.Bush.
Investigaciones parlamentarias en Estados Unidos descubrieron que el contrato
para levantar la mayor usina eléctrica en Centroamérica fue ganado
con trampa. Pero el truco quedó a la vista al revisarse erogaciones efectuadas
por Enron (1992-5), en concepto de compras de combustibles, y descontadas a efectos
tributarios. Así figura en un informe de 500 páginas preparado por
la comisión de Finanzas del Senado.
El análisis describe cómo Enron eludía el escrutinio de Washington
sobre operaciones en el exterior, especialmente si incluían sobornos a
funcionarios y gestores. El caso del proyecto eléctrico, años anterior
al colapso del grupo (2001), demuestra la falta de supervisión sobre las
grandes empresas norteamericanas. Enron y sus “socios” guatemaltecos
“también aprovecharon la laxitud del Banco Internacional de Reconstrucción
y Fomento (BIRF, o sea Banco Mundial) y lo empleaban como canal para pagar el
tráfico de influencias”, afirman los senadores.
Tampoco sale bien parada la Comisión Federal de Valores (SEC), que no se
tomó la molestia de colaborar, en 1999, con el Internal Revenue Service
(la DGI de allá). En aquel momento, el IRS tenía dudas sobre aquellos
US$ 17 millones y otras sumas. Por otra parte, la investigación puso en
evidencia que algunos ejecutivos de Enron fueron recompensados por armar ese tipo
de maniobras. Entre ellos, David Haug, Rebecca Mark y Thomas White, luego nombrado
secretario de Ejército por George W.Bush.
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