“El sistema financiero argentino ha demostrado una capacidad notable de adaptación frente a escenarios de alta volatilidad. A lo largo de las últimas décadas, atravesamos crisis profundas, y supimos reconstruirnos sobre bases más sólidas. Hoy, el sistema cuenta con altos niveles de liquidez y capitalización, indicadores prudenciales robustos y una cultura de gestión del riesgo más madura -considera Diego Rivas, CEO de Banco Galicia-. Este año celebramos 120 años de historia, lo que demuestra nuestra capacidad de adaptación. Hemos evolucionado junto a nuestros clientes, adaptándonos a cada contexto y apostando siempre por la innovación y la confianza. Sin embargo, los desafíos persisten: escaso nivel de préstamos bancarios respecto del PBI (según el Banco Mundial, Argentina 15,2% el más bajo de la región); costos impositivos elevados (tanto en nivel de alícuotas a escala provincial y municipal, como impuestos distorsivos que llevan a evitar la formalización, como el impuesto a los débitos y créditos); la obligatoriedad en la gratuidad de algunos productos y servicios, y el tratamiento distinto regulatorio e impositivo siguen condicionando el desarrollo del crédito privado. Argentina está transitando un proceso de estabilización macroeconómica con señales alentadoras, como la baja de la inflación y el orden fiscal. Pero aún queda camino por recorrer para consolidar una estabilidad sostenible que genere confianza y permita desplegar todo el potencial del sistema financiero”, remarca Rivas.
Los nuevos modelos de scoring y tecnológicos permitirían, en principio, incluir a los sectores de bajos ingresos. ¿Qué queda por resolver?
La inclusión financiera es uno de los pilares de nuestra estrategia. La tecnología nos permite llegar a sectores históricamente excluidos, con modelos de scoring alternativos, canales digitales accesibles y productos adaptados a sus realidades. Pero todavía falta. Necesitamos seguir simplificando la experiencia, mejorar la educación financiera y garantizar que la innovación no deje a nadie afuera. La inclusión no es solo acceso, es también acompañamiento y educación. En ese sentido, desarrollamos “Finanzas a Mano”, una plataforma gratuita y 100% online, certificada por la Universidad de Buenos Aires, que permite a jóvenes del país aprender a manejar su dinero de forma simple, segura y a su propio ritmo. La propuesta incluye tutoría con inteligencia artificial y contenidos sobre presupuesto, ahorro, prevención de estafas digitales y uso consciente del dinero.
La innovación no es solo digitalización
¿Qué innovaciones podrían redefinir la relación entre las entidades financieras y los clientes?
La relación con los clientes está siendo transformada por la tecnología. La inteligencia artificial, big data, medios de pagos y la atención 24/7 están redefiniendo cómo nos vinculamos con ellos. En nuestro banco, apostamos por soluciones híper personalizadas, soporte 24/7, y una app con la que los clientes pueden realizar todas sus operaciones. Todo esto requiere inversión en tecnología y, durante 2025, hemos invertido más de US$ 340 millones. La clave está en anticiparnos a las necesidades, ofrecer productos relevantes para cada cliente y acompañarlo en cada etapa de su vida financiera. La innovación no es solo digitalización; es empatía, agilidad y valor agregado que permita mejorar su día a día.
¿Cuáles serían las condiciones necesarias para reactivar el crédito a largo plazo en la Argentina?
Para que el crédito a largo plazo vuelva a ser protagonista, es clave seguir avanzando en la consolidación de un entorno de estabilidad macroeconómica, con reglas claras y sostenibles en el tiempo. Cuando las personas y las empresas pueden proyectar a futuro con confianza, se abren oportunidades para invertir, crecer y generar empleo. También es fundamental fortalecer el ahorro en moneda local y desarrollar instrumentos de financiamiento de largo plazo. Con un marco regulatorio estable, y políticas fiscales y monetarias consistentes, el sistema financiero argentino tiene todo el potencial para ampliar la oferta de crédito y convertirse en un verdadero motor del crecimiento. Y la eliminación o disminución de ciertos impuestos distorsivos como el impuesto al cheque, a los ingresos brutos o las tasas municipales por supuesto ayudarían a la formalización de la economía y a la expansión del crédito. Es fundamental generar los incentivos para desarrollar un mercado de capitales más profundo con jugadores de largo plazo, como son las compañías de seguros, y el ahorro que se canalice para la jubilación futura.












