Fondos especulativos ¿ante una crisis como la de 1997/8?

El aumento de tasas, aunque todavía no alcance a las básicas que regula la Reserva Federal, perjudicará al sector más volátil y menos necesario del espinel especulativo global. Esto es, los fondos de cubertura que manejan derivados.

En este momento, casi no quedan analistas en Wall Street que no esperen un alza de los tipos referenciales norteamericanos. Pero, de todos modos, el resto de las tasas ya comenzó a elevarse. No sólo en Estados Unidos. Algunas bancas y firmas de valores, inclusive, creen que los especuladores y los inversores adictos al riesgo podrían pasarla mal.

Este mes, se han derrumbado diversos activos y hay luces rojas en Rusia (deuda privada), India (cambios políticos), Unión Europea (escaso crecimiento y una ampliación poco prudente), China (enfriamiento inducido), hidrocarburos y, claro, el desastre iraquí. Pero, señalan los propios operadores, tos arranca de una burbuja, en 2003, cifrada en títulos de la deuda pública norteamericana y la avidez de especuladores millonarios.

En verdad, los inversores y fondos más proclives al riesgo por sí mismo salieron entonces a la caza de letras federales, que –en un marco de intereses muy bajos- ofrecían retornos seductores. Pero, ya en diciembre, un fondo de cubertura bostoniano les advertía a los clientes que, quizá, todas las categorías de activos estuviesen sobrepreciadas.

Por supuesto, según la sapiencia convencional del mercado, ese tipo de fondos desempeña un papel clave en los flujos globales de dinero. Pero eso sólo vale en materia de capitales especulativos que, como ocurre con los derivados, son activos de aire cuyo sustento puede ser inferior a un trigésimo del valor nominal. Los propios expertos de la banca admiten que esas carteras cambian constantemente de composición y geografía, por lo cual su papel real respecto de las tasas y los flujos de capital es una incógnita.

“Las alzas de intereses generadas por fondos de cubertura y movimientos de capitales privados suelen ser tan repentinas como severas”, reconoce el informe “Global Data Watch”, de JP Morgan Securities. La misma fuente detecta otro síntoma peligroso: “los rindes de bonos emergentes están subiendo con más rapidez que los de la Tesorería norteamericana. Eso aumenta la brecha entre ambos y les resta mercado a los más riesgosos”. Como se sabe, “emergente” significa menos desarrollado.<´>

La última vez que la plaza financiera exhibió un fenómeno parecido fue en 1997/8, cuando el desplome de los bonos públicos rusos demolió al entonces mayor fondo de cubertura especulativa, el Long Term Capital Management. Éste había llegado a multiplicar por 50 o 60 los valores de sustento, apostando a que las posiciones armadas tenderían al equilibrio, Fue al revés. Hoy, uno de los riesgos en el horizonte es nuevamente la deuda rusa, pero la privada.

Al entrar en crisis LTCM, el negocio de los derivativos significaba –según el Fondo Monetario Internacional- una masa de US$ 400.000 millones. Ahora, la cifra asciende a los 860.000 millones, estima la consultora Hedge Funds Research.

En este momento, casi no quedan analistas en Wall Street que no esperen un alza de los tipos referenciales norteamericanos. Pero, de todos modos, el resto de las tasas ya comenzó a elevarse. No sólo en Estados Unidos. Algunas bancas y firmas de valores, inclusive, creen que los especuladores y los inversores adictos al riesgo podrían pasarla mal.

Este mes, se han derrumbado diversos activos y hay luces rojas en Rusia (deuda privada), India (cambios políticos), Unión Europea (escaso crecimiento y una ampliación poco prudente), China (enfriamiento inducido), hidrocarburos y, claro, el desastre iraquí. Pero, señalan los propios operadores, tos arranca de una burbuja, en 2003, cifrada en títulos de la deuda pública norteamericana y la avidez de especuladores millonarios.

En verdad, los inversores y fondos más proclives al riesgo por sí mismo salieron entonces a la caza de letras federales, que –en un marco de intereses muy bajos- ofrecían retornos seductores. Pero, ya en diciembre, un fondo de cubertura bostoniano les advertía a los clientes que, quizá, todas las categorías de activos estuviesen sobrepreciadas.

Por supuesto, según la sapiencia convencional del mercado, ese tipo de fondos desempeña un papel clave en los flujos globales de dinero. Pero eso sólo vale en materia de capitales especulativos que, como ocurre con los derivados, son activos de aire cuyo sustento puede ser inferior a un trigésimo del valor nominal. Los propios expertos de la banca admiten que esas carteras cambian constantemente de composición y geografía, por lo cual su papel real respecto de las tasas y los flujos de capital es una incógnita.

“Las alzas de intereses generadas por fondos de cubertura y movimientos de capitales privados suelen ser tan repentinas como severas”, reconoce el informe “Global Data Watch”, de JP Morgan Securities. La misma fuente detecta otro síntoma peligroso: “los rindes de bonos emergentes están subiendo con más rapidez que los de la Tesorería norteamericana. Eso aumenta la brecha entre ambos y les resta mercado a los más riesgosos”. Como se sabe, “emergente” significa menos desarrollado.<´>

La última vez que la plaza financiera exhibió un fenómeno parecido fue en 1997/8, cuando el desplome de los bonos públicos rusos demolió al entonces mayor fondo de cubertura especulativa, el Long Term Capital Management. Éste había llegado a multiplicar por 50 o 60 los valores de sustento, apostando a que las posiciones armadas tenderían al equilibrio, Fue al revés. Hoy, uno de los riesgos en el horizonte es nuevamente la deuda rusa, pero la privada.

Al entrar en crisis LTCM, el negocio de los derivativos significaba –según el Fondo Monetario Internacional- una masa de US$ 400.000 millones. Ahora, la cifra asciende a los 860.000 millones, estima la consultora Hedge Funds Research.

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